2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VIl)

Origen y superacionPostado por degregorio mar, enero 24, 2017 19:12:11
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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VII)

Al observar el rastro que ha dejado tras sí el capitalismo no sólo hemos e preguntarnos la vigencia de aquello con lo que nos ilustró el Sr. Smith al decirnos que el beneficio que el individuo busca procurarse para sí constituye el beneficio que como resultado revierte en la sociedad. No sólo hemos de preguntarnos sobre las razones que impenitentemente defienden unos economistas ortodoxos, que siguiendo las pautas de un Böhn Bawerk, un Hayek, un Friedman y últimamente en España, un Ramón Rallo, consideran que el mercado marca sus propias reglas, y que por tanto toda interferencia que se pretenda imponer sobre él se traduce en una disfunción que los gobiernos deben evitar. No sólo hemos de preguntarnos qué es lo que éstos piensan o pensaron aquéllos que ya no pueden sostener sus teorías, tanto porque han resultado falsas como porque no están en situación de sostenerlas. Cuando una vez observadas las injusticias y estragos que ha propiciado el capitalismo lo más florido de la CEOE tiene la desvergüenza de decir que para salir de la crisis es necesario trabajar más y cobrar menos. Cuando instalada en idéntica categoría de la procacidad, la devota onubense nos informa de las bondades de la movilidad geográfica. Cuando blasonando de su liberalismo los monaguillo del capitalismo tienen el descaro de acudir al intervencionismo para reparar con cargo a lo público los destrozos que éste ha generado. En concordancia con todo lo expuesto hemos de preguntarnos ¿esta odisea se puede mantener mucho tiempo?

Con respecto a esta pregunta se abren ante nosotros dos respuestas que necesitan ser analizadas.

La primera es si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo de una forma directa; es decir, a la usanza a la que nos ha acostumbrado la historia.

En este ámbito soy sencillamente pesimista. Por una parte hemos de ser conscientes que ya sea por personalismos o por múltiples intereses subjetivos, es prácticamente imposible compatibilizar las opiniones de los que las estén configurando. Es lo que implícitamente Rousseau no se atrevió a decir en el Contrato Social. Aunque en este área estimo que hogaño, algo sí podemos hacer. Por otra, el Estado se ha investido con toda una suerte de resortes que han completamente metabolizado cualquier acción directa. Entre ellas, la catequización con la que justifica la existencia de una democracia "representativa" que como muchas otras doctrinas consumimos sin ni siquiera ponerla en cuestión. Una democracia que en función de la forma en la que se ha forjado, nos ha llevado a la politización de la justicia, la connivencia de los medios de comunicación, la total incapacitación para opinar sobre las actividades represivas con las que garantiza la existencia y la continuidad de estos "representantes"; y como resultado, la concienciación de que ante nuestra indefensión tenemos que asumir aquello de que "más vale malo conocido que bueno por conocer" Como nos muestra el comportamiento que ante el desconocimiento de lo que podría ocurrir con su voto caracteriza a los más desvalidos de nuestra sociedad.

La segunda es si esta transformación se habrá de producir ante el reconocimiento del propio capitalismo por la imposibilidad de no poder seguir imprimiendo su huella sobre la sociedad. Y ésta, ante la capacidad decisoria que le confiere su control y las razones que se concitan si no se produjera, al menos como tesis sí podría producirse. Lo estamos viendo con el proteccionismo que en contraposición al libre comercio está llevando a cabo algunos Estados; con el paso de un neoliberalismo globalizador a un nacionalismo marcadamente fascista; cuando observamos cómo la banca y las grandes empresas que incurren pérdidas abandonan sus posiciones neoliberales y demandan de los gobiernos la intervención estatal. Lo vemos en la aceptación con la que otros están admitiendo la instauración de una renta básica que reduzca la tensión ante un problema que como el paro es imposible de solucionar debido a que las empresas no pueden aceptar la reducción de una tasa de ganancia que como plusvalía relativa conlleva la reinversión. Se concreta cuando percibimos que para poner a buen recaudo lo que a pesar de esta reducción lleva implícita una desposeción, tienen que recurrir a una deslocalización de los beneficios extraídos, cuando no, a una huida al refugio que este capitalismo ha hecho posible con los paraísos fiscales. Lo que ocurre es que una cosa es lo que a tenor de la razón podríamos contemplar como previsible y otra lo que como consecuencia de la insaciable codicia con la que subjetivamente se suele inhabilitar la capacidad de razonar, el capitalismo encontrará la forma de al menos salvar parte de sus muebles. Ocurre que por lo que estamos viendo, a pesar de la necesidad de utilizar recursos que el mismo capital entiende no le llevan a ninguna parte, éste sigue buscando rutas alternativas que aunque en función de su naturaleza le han de llevar al mismo desenlace. Me estoy refiriendo a algo que se está convirtiendo en una praxis. Verso sobre el último recurso que en su intento de superar los desmanes que ha generado con la creación de unos apuntes bancarios que como colateral no es más que humo, está tratando de darle consistencia a sus manipulaciones a través de la completa desaparición de los medios de cambio y su sustitución por un dinero digital que serían otros los que adquirieran el dominio de lo que de estos medios hubieran de ser. A este respecto saco a colación un párrafo que figura en un artículo de la serie "La penúltima huida hacia ninguna parte" Dice lo siguiente:

Lo que ocurre es que al igual que este gobierno se vio obligado (más allá de su tácita o real procedencia) a crear valor adquisitivo con el que supuestamente satisfacer las exigencias con las que la banca le estaban obligando, con la creación de unos medios de cambio digitales, que por no estar determinados ni por las restricciones que les imponen unos depósitos como M1, M2 y M3, ni por un control de aquéllos que han de sufrir sus consecuencias, se estaría llevando a cabo la mayor homogeneización que fuera capaz de elucubrar cualquier persona decente. Se estaría equiparando el valor que como depósito de cambio debe caracterizar al cuasi-dinero con el valor virtual que tuviera toda la basura que atesora la banca como consecuencia de su confabulación con el capitalismo. Con lo cual todo el valor especulativo que esta simbiosis de la podredumbre habría acumulado a costa de la cofradía de creyentes que está siendo adoctrinada con las excelencias del dinero digital habría adquirido carta de naturaleza substantivada. Con esto acaecería algo parecido a lo que ocurre con la Reserva Federal norteamericana cuando con la enorme profusión de los billetes que imprime, inunda las economías de los demás estados; y con trozos de papel adquiere lo que como productos y servicios le permite su posesión de privilegio. Y esto, sin ser tenido en cuenta que con este volumen de oferta agregada (amén de la que proviene de su propia falta de competitividad (una situación que ellos mismos han generado a través del neoliberalismo y la globalización), lo que como interferencia en su propio proceso económico no pueden cubrir las empresas con salarios, lo tiene que compensar con enormes subvenciones su Administración.

Ante una tesitura que en el mejor de los casos nos habría de conducir a que lo que hubiera de ser el Poder, por la inalienable necesidad de tener que ejercerlo sobre alguien nos concediera el derecho de vivir subvencionados y en el peor a que ese Poder tuviera que consumir todas sus miserias encerrado en un bunker bajo tierra, hemos de replantarnos la opción de si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo. De si en la asunción de esta elección podríamos superar la visceralidad con la que desde siempre hemos pretendido alcanzar resultados racionales.

A este respecto ya dije que en este área, hogaño, algo sí podemos hacer. Pero esto es algo que necesita más espacio de lo que se puede insertar en un artículo. Así es que si tuviera la suerte de poder lograrlo trataré de establecer en el que siga a éste las bases con las que con un tanto de esfuerzo y un cuanto de honestidad, poder lograrlo.




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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VI)

Origen y superacionPostado por degregorio mié, junio 03, 2015 16:35:33
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ORIGEN, PATOLOGÍA, EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO (VI)

A tenor de nuestro proyecto de analizar la naturaleza, y consecuentemente las dependencias con las que nos obliga la Deuda, como determinante han de ser tenido en cuenta los tres requisitos que el jurista ruso Alexander Sack consideró tendrían que concurrir para que ésta contuviera elementos con los que poder considerarla como conminatoria. La primera, que se hubiera contraído con el conocimiento y la aprobación de la ciudadanía. La segunda, que la misma se hubiera utilizado en proyectos y estructuras al servicio del pueblo. Y la tercera, que los acreedores hubieran concedido sus préstamos reconociendo las observancias derivada de los dos requerimientos anteriormente mencionados.

En realidad, lo que desgraciadamente ocurre es que estos prerrequisitos no suelen ser contemplados más que como condicionantes de naturaleza teórica. En última instancia y más allá de los razonamientos que pudieran concurrir en la recusación de las obligaciones que conlleva la mayor parte de las deudas, lo que verdaderamente determina la vigencia de su pago se encuentra por una parte en el poder con el que los acreedores puedan forzar su cumplimentación, y en otra, la seguridad con la que los gobiernos deudores, en nombres de una representatividad que en este caso más que en otros resulta ser espuria, aseguran que el pueblo, más allá de tener que afrontar sus consecuencias, nada tiene que ver en este asunto.

Los factores que de manera impositiva determinan la obligatoriedad de tener que afrontar su pago son totalmente extraños al Derecho Natural; el que por encima de cualquier otro Derecho defiende las prerrogativas en las que se sustenta la naturaleza humana; es decir, que es anterior y superior al ordenamiento jurídico positivo. Como se desprende de los requerimientos establecidos por dicho jurista. En este contexto ha de ser tenido en cuenta lo incoherentemente ilegítimo de la representatividad que se arrogan los gobiernos, con cuyo concurso se ha contraído una deuda sin el conocimiento y la aceptación que en función de su utilidad le hubiera de otorgar la ciudadanía. En la conformación de la Deuda Pública concurren unas obligaciones tan espurias como la de la representatividad con la que éstas han sido aceptadas. Y es aquí donde tienen lugar las diferencias que tienen lugar entre la Deuda Pública y la Privada.

En lo que se refiere a la primera, las instituciones financieras conocían que la corrupción de Mobutu estaba llevando a su país al caos; y sin embargo, en función de la segura responsabilidad con la que había de responder el Estado, le siguieron concediendo unos créditos que llevó a el Zaire a tener una Deuda de trece billones de dólares. Fue lo mismo que ocurrió con las deudas contraídas durante muchas décadas por gobiernos dictatoriales y corruptos como el de los Duvalier con el pleno conocimiento de sus acreedores.

La responsabilidad que ésta conlleva no puede ser atribuida a un sujeto pasivo que no ha participado en su conformación. Y como un ejemplo marginal que justifica este aserto, tenemos las transferencias de la Deuda Privada de las cajas y los bancos a la Pública; sin que la sociedad (que es en primera y única instancia la manifestación de lo público), hubiera sido consultada sobre este saqueo. Las obligaciones y garantías dimanantes de la conformación de una Deuda Pública son totalmente incompatibles con la representatividad ejecutiva que se adjudican los gobiernos como sujetos activos de este proceso. La legalidad de las obligaciones sólo puede ser asumida con la aquiescencia de las partes que se hayan obligado. Las demandas que se puedan ejercer sobre las actuales Deudas Públicas no pueden estar determinadas por lo que conocemos como Derecho Positivo; entre otras cosas porque este Derecho tan solo constituye una serie de normas jurídicas con las que el Estado trata de regular la relación entre los miembros de una sociedad que a tenor de sus derechos como ciudadanos puede impugnar y reestructurar. En este contexto, a ese Gobierno (y por derivación, a ese Estado), no es dable adscribirle una representatividad que sólo puede corresponder al ciudadano. Los gobiernos, en función de una representatividad que está siendo subjetivamente utilizada, (como queda demostrado por las innumerables veces que la ciudadanía los ha echado a patadas de sus posaderos), no se pueden arrogar el derecho, en su peregrina forma de interpretar que el Estado es el pueblo, de conferirle a éste unas obligaciones y unas responsabilidades ajenas a un dominio que el pueblo no ha ejercido sobre la cosa objeto de estos compromisos. Es en la utilización con la que los gobiernos interpretan esta representatividad por la que los acreedores (a diferencia de lo que ocurre con el sector privado) no ponderan los riesgos que habrían de conllevar sus acreditaciones al sector público.

Con respecto a la Deuda Privada, cuando entre dos entidades jurídicas (y aun entre dos sujetos no determinados por esta categoría de lo legislativo) conciertan la concesión y la toma de un crédito, el sujeto acreedor pondera tanto la solvencia del deudor como del uso que se vaya a hacer de lo acreditado. Es esta solvencia y esta utilización las que en cierta forma le están garantizando la rentabilidad del concierto allegado. Es en virtud de esta ponderación y del riesgo asumido, por lo que las deudas adquieren una categoría sometida a la jurisdicción de las leyes. Por el contrario, cuando estas acreditaciones tienen como deudores unos gobiernos exclusivamente representativos (o por extensión una banca que por su naturaleza son respaldada por estos gobernantes), concederles la categoría de lo jurídico a este tipo de deuda constituye una arbitrariedad que sólo se sostiene con el concurso de la fuerza y de unas leyes que no teniendo en cuenta los derechos primigenios del hombre los contemplan exclusivamente como representados.

Una de las secuencias que nos muestra el empirismo se encuentra en que con independencia de la necesidad de crédito que tienen todas las empresas para desarrollar sus actividades económicas, el Capital, como manifestación de lo que en función de su naturaleza está obligado a hacer con su ociosa acumulación de bienes, necesita también que su utilización sea demandada. Entre otras cosas para a través de la obtención de un interés, soslayar una segura devaluación. Ésta es una realidad que a pesar del retraimiento con el que se trata de disminuir su importancia es asimismo innegable. En consecuencia, con esta incuestionable apreciación se cierra un círculo que circunscribe a acreedores y deudores del sector privado. De todo lo cual hemos de deducir que los intereses que los acreedores demandan por la concesión de deuda privada no sólo han de ser compensados por los beneficios que los endeudados hayan de obtener como consecuencia de sus actividades productivas, sino asimismo como una compensación de la supuesta devaluación que como una derivada del incremento marginal de las actividades productiva habrían de ocasionar en los precios. Y es que de no concurrir los mencionados rendimientos y el asimismo citado incremento de lo producido, con el pago de esta Deuda se llevaría a cabo una transferencia desde el sector deudor hacia el acreedor. Una transferencia que en lo que se refiere a la conformación de la Deuda Privada presumiblemente debería de ser de suma cero. En este supuesto, al tener ambos sectores una naturaleza privada, en principio no estaría directamente afectando a aquéllos que no hubieran intervenido en estos trapicheos.

Por el contrario, los que en nombre de una “representatividad” que transgrede lo que como democracia debería estar representando, endeudan a la ciudadanía con una Deuda Pública que en función de los intereses que devenga como de una utilidad que más allá de no haber sido concertada en la mayor parte de los casos no se generan unos beneficios para los “representados”, en nombre de esta representatividad simplemente nos están estafando. Como queda demostrado con la conformación de unas obras faraónicas cuya rentabilidad está más relacionada con aquello de ¿os gusta el aeropuerto del abuelo? (y los gastos que conllevan su mantenimiento), que con el producto que debería revertir en lo Público… Como queda revelado cuando observamos que una parte substancial de lo endeudado tiene que ser utilizado en la cobertura de servicios sociales que deberían haberse subvenido a través de un modelo fiscal “democráticamente” diseñado… Cuando observamos que para equilibrar nuestro déficit primario se considera necesario poner en mano del sector privado lo que estando al servicio de la ciudadanía, el “representante” lo pone al servicio del sector privado. La rentabilidad que para el pueblo tiene la adquisición de Deuda Pública por parte de una estructura de gobierno en la que el ciudadano es sólo un convidado de piedra no está relacionada con las obligaciones que de la misma se desprenden. Lo cual nuevamente nos lleva a cuestionar la vigencia de unas garantías que sólo tienen su respaldo en los malversadores que justifican la procedencia y la prudencia de su pago.

La manifestación que a mi entender, de la forma más acertada nos está mostrando las desestabilizaciones a las que, como consecuencia de las deudas inducidas y debidamente recogidas en la Cuenta Corriente de nuestra Balanza de Pagos con el Exterior nos está mostrando las dependencias a las que nos encontramos sometidos la tenemos en la necesidad de independizarnos de una Europa que, a semejanza de las funciones representativas que se han conferido los gobiernos, ni es una Unión ni en consecuencia puede estar jurídicamente investida con el patrocinio de establecer lo que haya de ser nuestro propio devenir a través de un Parlamento engolado entre las fauces de una Comisión y un Banco Central. A este respecto, considero necesario sacar a colación lo que con respecto a la Deuda Pública con la que nos está condicionando esta Europa secuestrada ha manifestado el profesor de Derecho Andreas-Fisher, comisionado por la Cámara de Comercio de Viena. Según él (y según la opinión de cualquier persona decente), los programas de la troika son ilegales en virtud del propio Derecho Europeo e Internacional. En concreto, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Carta Social Europea, los dos pactos de la ONU sobre Derechos Humanos, la Carta de Naciones Unidas, la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, pero también los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que tienen el estatus de Principios Generales del Derecho (PGD).

Sé que habrá de ser multitud (entre la cual yo mismo me encuentro), que argumentará que con el impago de esa deuda indecente - y que además ha sido financiada a través de la desposesión de los bienes reales ostentados por la sociedad -, se habrá de ocasionar una cataclismo en las relaciones económicas que se hayan de desarrollar en nuestra economía. En lo que diferimos es precisamente en la necesidad o no necesidad (como se resolvió a través del “new deal”) de si este descalabro tenemos que intentar soslayarlo. Porque lo cierto es que contra más tiempo tarde en producirse (y no hay manera de que una forma inteligente el Capital reniegue de la depredación que constituye su alma matter); mientras más tiempo estemos sufriendo su barbarie, más grande serán las consecuencias que tengamos que penar. Llevamos siete años de crisis, y con los remedios que el neoliberalismo está aplicando sólo se está consiguiendo que la que siga a ésta sea mucho peor que la que conocemos. Lo único que se ha conseguido es una nueva concepción de lo que tiene que ser la sociedad. Una sociedad en la que junto a un incremento de las diferencias entre pobres y ricos la ha acompañado una devaluación de los valores; una devaluación que no es más que una anticipo de la sociedad que nos está esperando. En consecuencia y habiendo asumido que el contenido de este cáliz tenemos que catarlo (para seguidamente escupirlo como lo que verdaderamente es), tanto en función de una serie de razonamientos que habrían de reducir considerablemente su incidencia como por la extensión que puedo dedicar a este artículo, dejo para uno posterior el desarrollo de lo que a mi entender estamos obligados a llevar a cabo.







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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (V)

Origen y superacionPostado por degregorio mié, mayo 27, 2015 19:44:39


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ORIGEN, PATOLOGÍA, EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO (V)

Lo que está ocurriendo con la Deuda (y el empecinamiento con el que los acreedores pretende recuperar la totalidad de lo que con sus trapicheos consideran se les debe, me hace recordar lo acaecido en Wall Street en el año 29. (Me pregunto si habrían escogido este lugar porque el nombre de esta calle era una advertencia de que los pícaros corrían el peligro de estrellarse en ella contra un muro). Concurrió una variante de lo que acaeció y sigue lastrando a Japón desde hace más de dos décadas. Lo que en economía se conoce como una recesión de los balances. Entonces era preciso pagar sólo el 25% de los activos adquiridos. El resto se le quedaba a deber al agente. Con lo cual, éste al tener que responder por un 75% que era sólo humo se encontraba caminando por encima de un cristal de hielo. Al ser factible la adquisición de un bien por una fracción de lo que a través de esta factibilidad era dable alcanzar, el hecho de que existieran unas acreditaciones que tenían que saldarse a través de unas ganancias que sólo eran expectativas, desencadenó difidencia entre aquéllos que empezaron a desconfiar en el futuro para abordar lo que probablemente pudiera ocurrir en el presente. La variable fue que ahora no ha sido necesario pagar un margen del 25%. Con la creación por parte de la banca de un dinero virtual que en algunos casos excede en mil veces los medios de cambio que a través de su rotación y su velocidad supuestamente deberían regular el precio de las cosas, se ha generado una economía que al igual que en el pasado, está exclusivamente fundamentada en las expectativas. Es decir, en lo que pueda existir en el futuro. Y ahora, a semejanza del año 29, al ser imposible materializar en bienes reales las operaciones que se han llevado a cabo, los que han detentado unas riquezas carentes de representatividad pretenden evitar sea ésta sea cuestionada en el mercado.

Ahora las empresas se tienen que desendeudar como sea. La actividad empresarial está mucho más motivada por la reducción de su pasivo que por las expectativas que el mercado pudiera ofrecerle. Y en este contexto la existencia de unos tipos de interés cercanos a cero resulta insuficiente para reactivar la economía productiva. Ahora, cuando el BCE lleva a cabo una política de flexibilización cuantitativa (QE.)…; cuando no existe una demanda de crédito solvente en función de la contracción de los mercados y además los bancos sean reacios a concederlo debido a que la economía está en recesión, las expectativas prácticamente nulas y el riesgo muy elevado, esta política sólo puede servir para que este incremento de la masa monetaria sea utilizado por parte de la banca y de aquéllos con acceso a él, en una mayor financiarización de los mercados. Y a las pruebas me remito: el 1 de junio de 2012 el IBEX cotizaba los 6605 puntos; el 20 de Marzo de este año 2015 ha alcanzado los 11.400. Sin que realmente se haya reactivado la economía productiva ni recuperado el empleo. Sólo se ha incrementado una economía ficticia fundamentada en las actividades de unas grandes empresas que constituyen la parte más sombría de lo que se mantiene en sombra, así como en operaciones vinculadas con la especulación. En este contexto, al estar la mayor parte de la Deuda de España en poder de unos bancos y unos agentes financieros dedicados a la especulación que han incrementado de forma virtual la validez de los medios con los que han venido llevando a cabo sus operaciones, el concepto de Deuda conlleva a la necesidad de tener que analizar lo que ésta representa a través de una auditoría. No podemos aceptar la vigencia de las acreditaciones que nos han llevado a la existencia de una Deuda que al haber sido fomentada por una ingeniería financiera sin que con ella se haya llevado a cabo un proceso productivo, no sólo no ha creado nada, sino que además de depredar de nuestra sociedad a través de intereses lo que las empresas y los trabajadores hayan podido crear, con independencia de que el acrecentamiento de un PIB que en su mayor parte ha sido sólo nominal (en función de un incremento virtual de M3 y M4 y la contabilización de la prostitución y el consumo de droga), se ha establecido una relación entre el valor de un producto interior bruto que ni se corresponde ni con el valor real de lo existente, ni con la capacidad adquisitiva que deberían haber alcanzado los salarios. En consecuencia, lo que estos férvidos promotores de la desestabilización han conseguido ha sido incrementar el número de millonarios y el de indigentes en lo que con la mayor desvergüenza denominan sociedad.

¿Sois conscientes que en el supuesto que hubiera que hacer una reestructuración y una quita de la Deuda, en función de que no desaparecería ni un ápice de las riquezas existentes, no serían sus merecidos perdedores los que estarían obligados a tragarse este humo? ¿Somos nosotros los que, a pesar de las frontales oposiciones que estas élites habrán de maquinar, los que tengamos que padecer esta humareda?

Una vez manifestado lo que sólo ha sido el resultado de un proceso, considero necesario analizar las razones por las cuales aquello que como acreditaciones tenemos que considerar como algo positivo, nos ha llevado a la sentina en la que nos encontramos. Un albañal que (por sus hechos los conoceréis) se ha ganado un nombre: el de mafia bancaria. Porque si es comprensible que (asumiendo la inevitabilidad de que a través de “la fuerza de trabajo” no abonada) con los beneficios obtenidos como plusvalía se concedan unas acreditaciones con las que lubricar el funcionamiento del sistema, lo que resulta completamente incomprensibles es que más allá de la cuestionable rentabilidad que se pueda obtener con una utilización racional de las imposiciones depositadas en la banca, ésta, las hienas y las garrapatas que se esconden bajo su pelaje hayan forjado una forma de financiación en la que al no haberse creado nada, los intereses que por su utilización final se han de abonar nos vuelve a llevar a una desposesión de los bienes reales que conforman las riquezas de la sociedad.

Cuando en lo que otrora fue la banca, un impositor retiraba de la misma una indeterminada cantidad de efectivo, aquélla se encontraba obligada a poner a la venta los activos que le permitieran restablecer lo que se conoce como coeficiente de caja. Hogaño ha conseguido no tener que dar cuenta de las acreditaciones que concede. No sólo ha logrado recalificar el riesgo de éstas (en una clara asunción de que lo que acreditan sólo está determinado por los beneficios que este riesgo le ha de reportar); sino que incluso (con la colaboración de las agencias de calificación) ha falseado los albures de éstas, inundando el mercado con lo que sólo era basura. Ahora la banca no tiene necesidad de insertar en sus reservas lo que hubiera de equilibrar sus balances; ahora se puede permitir la canallada (en función de que los gobiernos no son más que guindadas marionetas), de echar a la gente a la calle y además exigirle que sigan pagando.

---------------Estos también llevan casco------------------------------------

Ahora se puede permitir la indecencia de que sean los ciudadanos los que tengan que pagar lo que tendría que haber sido su quiebra. Ahora, debido a la reducción de la tasa de ganancia que se deriva de las andanzas del capitalismo, están tratando de ampliar su campo de acción no sólo gerenciando empresas que como la sanidad, la educación, y entre otros incluso la seguridad, por ser servicios públicos no deben encontrarse sometidas al rendimiento de unos beneficios económicos; con el apoyo de los esbirros de esta economía neoliberal (entre los cuales, además de los políticos se encuentran los alguaciles del capital), proyectan gestionar las pensiones de los que ¡oh maravilla estén trabajando! Gestionar el futuro de aquéllos que en función de la eficiencia de este modelo vean como peligra su jubilación.

Esta es la economía que defienden los esbirros del neoliberalismo; ésta la desposeción con la que se está enriqueciendo de una parte minoritaria de la sociedad; un vergonzoso empobrecimiento presente y futuro de la inmensa mayoría de la población. Sin embargo, han ordeñado de tal forma a la vaca que se está aproximando el momento en el que sólo les quede tirar de imaginación con el becerro.








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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (IV)

Origen y superacionPostado por degregorio lun, mayo 18, 2015 12:36:53

ORIGEN, PATOLOGÍA, EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO (IV)

Como consecuencia de todo lo que se ha descrito y en función de las dependencias con las que nos obliga una Deuda Pública que hasta cierto punto ha estado determinada tanto por nuestras diferencias estructurales como por la desvergüenza de nuestros políticos y los economistas enganchados a la noria, considero necesario examinar algunos de los rasgos que accesoriamente la han estado caracterizando. Lo que en su asunción podamos decidir es algo que compete tanto a nuestra discrecionalidad, como a la capacidad que nos puedan permitir nuestros recursos.

Recuerdo hace muchísimos años cómo, leyendo a Samuelson, comencé a ponderar sobre los aspectos positivos y negativos que sobre la economía ejercía la creación y destrucción de dinero bancario. De cómo a través de una reserva legal 1/5, un depósito de 1.000 unidades dinerarias (es decir, dinero de alta potencia), podían generar unos préstamos de 800 u.d. y una suficiente reserva en demanda de 200 u.d. Proceso que con el concurso de todos los bancos podría llegar a que estas 1.000 u.d. se convirtieran en 5.000 u.d. en depósitos; 4000 en préstamos y 1.000 en reservas bancarias. De cómo con la retirada accidental de aquéllas 1.000 u.d. iniciales de dinero de alta potencia, el conjunto de la banca (para hacerle frente a la descapitalización de lo depositado) tendría que ir reestructurando sus reservas en u.d. de alta potencia, restringiendo la cuantía de sus acreditaciones en dinero bancario. De todo lo cual me fue dable allegar a que, aunque esto era suficientemente conocido, lo increíble es que la mayor parte de esos economistas enganchados a la noria no asumieran con la debida anticipación, que un incremento de la masa dineraria, en función de unos tipos de reservas legales como los que alimentan este modelo neoliberal carecen totalmente de lógica; que lo que actualmente está ocurriendo es una versión más (en este caso sensiblemente “mejorada”) de lo que ocurrió en el 29.

El primer discernimiento que motivó este tipo de creación de dinero bancario fue que a través de él era posible reactivar el desarrollo de la economía; el segundo, el que nos ha hecho recapacitar sobre la procedencia de su abrogación, la constatación de que como consecuencia de una creación de unas acreditaciones que no se corresponden con el valor de aquello que deberían estar representando, con esta reactivación se ha venido generando una lentificación de mayor magnitud que la incentivación que con aquélla se había pretendido alcanzar y la tercera y la más importante, la de que unas u.d. de alta potencia que estarían representando la existencia de unos bienes reales nada tienen que ver con las que, virtuales, sólo lo están en función de la credibilidad que les puedan otorgar, en su faceta más humana, los limpios de espíritu, y en su perfil más degradado, los especuladores. En este contexto, un incremento de la masa utilizado en inversiones que, debido a su proliferación, hacen disminuir la tasa de ganancia, con independencia de los aspectos positivos y negativos recogidos en el párrafo anterior, ha de tender a manifestarse como la reactivación de unas actividades especulativas que no conllevan un incremento real de las riquezas.

Si ponderamos sobre la validez de las razones que acostumbra esgrimir ese exiguo porcentaje de la población que pretenden justificar que las enormes acreditaciones con las que en función de la naturaleza de este modelo nos han financiado como obligación tienen que ser devueltas en su totalidad, nosotros, los que sólo somos dependientes de las obligaciones que racional y voluntariamente hayamos contraído (como ocurre en el sector privado), razonamos que la naturaleza tanto de la reestructuración y auditoría de la Deuda, como de las quitas que se han venido materializando a lo largo de la Historia son de un rango superior al que esgrimen esos moral y tácitamente disminuidos demandantes. Y para ello, sin entrar en las formas con las que debería ser materializada esa reestructuración, saco a colación unos pasajes que ya fueron señalados con anterioridad. En ellos se decía: “que habiendo sido uno de los orígenes que por dos veces nos han llevado a una gran depresión, la gestación de unas acreditaciones virtuales que han elevado a la enésima potencia la cuantía de unas deudas infinitamente superiores al valor de las riquezas que deberían estar representando, a los agentes de bolsas que propiciaron la debacle del 29, a esta banca y a esta ingeniería que han asumido las reglas del neoliberalismo, ni les quedó ni les queda esperar que lo que figure en sus balances para obtener de la nada unos beneficios tan obscenos como injustificados tenga que ser compensado, ni a través de los bienes existentes en la comunidad, ni de los que posteriormente se generen en su economía productiva. Ni a través de desahucios y recortes sociales, ni de una creación y una inyección masiva de recursos dinerarios que por su cuantía conllevarían una pavorosa inflación. Las riquezas involucradas en una actividad especulativa han de ser substanciadas en función de la representatividad real que en el momento de su cancelación éstas tuvieran en el mercado.” Es decir tendrán que ir retrocediendo hasta alcanzar el valor que en su génesis las hubieran estado representando.

A mi entender hemos de ser conscientes que los beneficios obtenidos a través de unas actividades especulativas que en función de su naturaleza sólo han representado una desposición de las riquezas que otros hubieran venido ostentando (término utilizado por David Harvey) no sólo nos muestra la idiosincracia de los explotadores; podemos ver que utilizando tanto la acumulación que se genera a través de aquella parte del trabajo no abonado que conocemos como plusvalía, como con los recursos obtenidos como consecuencia de esta desposición necesariamente se han de incrementar las desigualdades entre pobres y ricos.

Debido a que la disposición de estos especuladores es la de garantizar el resultados de sus agios en activos que previsiblemente tendrían que ir permanentemente incrementándose, con el aumento de la creación de dinero bancario y consecuentemente con sus inversiones en vivienda y en industrias que, como las farmacéuticas, las gasísticas y las eléctricas, son lo suficientemente fuertes e independientes del Poder han conseguido prácticamente estar desvinculados de las injerencias que sobre las mismas pudieran ejercer los gobiernos. A tenor de la inelasticidad de una demanda que, como los productos y servicios prestados por esta empresas, garantizan una seguridad a su hegemonía como oligopolios; una seguridad una dominación y una licencia para el atropello que son partes inherentes de las obligaciones que el neoliberalismo le impone al Poder. Estas son las razones por las cuales las empresas involucradas en la creación de unas demandas de las cuales la sociedad no puede prescindir necesitan de la colaboración pasada y futura de personajes como José María, el de las Azores, como Felipe, el que por un plato de lentejas mal cocinadas y mal distribuidas, desmanteló gran parte de nuestro tejido industrial, o como el de una Elena que con la componenda a la que llegó con las Eléctricas consiguió permanecer instalada en su sillón al otro lado del Atlántico. Unos personajes que no sólo nos siguen expoliando. En el colmo de su desfachatez han encontrado en nuestra displicente rebelión (lo que Alberto Garzón denomina como “La revolución pasiva”), elementos suficientes para que nos tomen por idiotas. A este respecto espero que con su debida demanda en los juzgados, me den pábulo y justificación para seguir analizando este proceso.

Entendiendo que con toda lógica lo que tendríamos que esperar sería que el incremento exponencial de esta masa virtual de dinero fiduciario habría de llevar a estos fallidos especuladores a la quiebra, lo cierto es que en función de la impunidad que los gobiernos les otorgan, lo que tendría que ser considerado como una forja de dinero falso, son demasiado poderosos como para dejar que se ahoguen en su propia mierda. Las inmundicias hemos de repartírnoslas entre los de abajo. De esta forma podemos asegurar que el modelo, a trompicones (y siempre incrementando las diferencias entre pobres y ricos) siga funcionando. Y para ello, esos que dicen nos están representando, con independencia de haber transferido al sector público la insolvencia del sector privado, en su desvergüenza han permitido que esa mafia en la que se han gestado todas las maldades que están asolándonos restauren lo que hubiera de figurar en sus reservas, a través de una serie de acreditaciones que en función de su valor son tan falsas y malolientes como la naturaleza de esta hermandad de la “omertá”

Los que causaron esta situación no fueron los que suscribieron hipotecas, sino los que irresponsablemente concedieron unas acreditaciones por un valor marginal que ellos mismos habían generado. Y la prueba de que su codicia por incrementar sus beneficios fue superior a la prudencia que debe concurrir en todo crédito la tenemos en que con independencia de las acreditaciones concedidas como contraprestación al valor de la vivienda, indujeron a los hipotecados a que ampliaran sus obligaciones en la adquisición de bienes que ni siquiera eran raíces. Es lo que ocurre cuando esa banca sabe que los dominguillos encaramados en éste y en otros gobiernos van a acudir a rescatarla. Según publicó el FMI (una de las entidades - entre otras - más serviles a los intereses del Capitalismo), el rescate que en España se le ha proporcionado a los bancos con cargo a un sector que no ha sido responsable de lo que ellos mismos crearon, asciende a 246.441 millones de euros. Cuando el 95% de nuestra deuda está en manos de entidades financieras cuyos recursos en gran medida provienen de una especulación fundamentada en unas revalorizaciones exclusivamente virtuales ¿es comprensible, decente y jurídicamente admisible que estos deleznables ejemplares del capitalismo, con independencia de haber dejado sin futuro al futuro, en el presente tengamos anualmente que pagarles en intereses cerca de 37.000 millones de euros? ¿Podemos admitir los razonamientos de la casta mundial (especialmente de países que como Alemania, Noruega y Holanda, que en el pasado se vieron afectados por el pago o el cobro de su deuda), cuando existiendo en el mercado más de 700 billones de dólares en activos tóxicos que no está representando más que humo, se pretenda que los países que se han visto afectados tanto por manipulaciones especulativas como por las rémoras que para las economías periféricas representa el euro, tengamos que hacer “honor” a la deuda contraída? ¿Recuerdan estos tres valedores de ese “honor” (especialmente esa Alemania que ya desestabilizó a Europa por dos veces), cómo se resolvió la ingente deuda que contrajo tras su segunda desestabilización? ¿Y la de los barcos que vendieron los noruegos a Ecuador, Egipto, Jamaica y Sierra Leona? En lo que se refiere a la de los tulipanes creo que no debo pronunciarme. Ocurrió hace tanto tiempo que como consecuencia de su putrefacción, supongo habrá servido para abonar los que actualmente florecen en Holanda.

¿Qué honorabilidad” le corresponde ejercer al pueblo griego en lo que se refiere a las adquisiciones que los Karamanlis y los Papandreus llevaron a cabo, entre otros muchos, con Siemens y las empresas aeronáuticas norteamericanas? La honorabilidad que tenemos que adscribirle a una nación sólo puede ser consubstancial con la participación recogida en un “por” “para” y “con” el pueblo. ¿Es necesario sacar a colación los miles de casos que nos han llevado a que nuestra Deuda se haya multiplicado por tres en los últimos siete años? ¿Ha servido para consolidar un tejido industrial que nos hiciera más competitivos y consecuentemente redujera la brecha que se ha venido generando en nuestra Balanza de Pagos con el Exterior? La cancelación de las acreditaciones con las que nos ha embargado este gobierno de nuestras desdichas está fundamentada en dos premisas: la primera en el consabido, aunque en la práctica, repetidamente desmontado indicio de la “honorabilidad” de una caterva de arrivistas que solamente cuidan los intereses de sus propios partidos. Está íntimamente vinculada con una “honorabilidad” que, tan espuria como la de la naturaleza de los que la defienden pretenden justificar la bondad de sus desmanes; una “honorabilidad” que estos impresentables creen tener como una derivada de la representatividad que inocentemente (por no dispensarle un calificativo más certero) les ha conferido la ciudadanía; la segunda, en la necesidad de estos acreedores (en función de esta supuesta “honorabilidad”) de obtener unos rendimientos, que como consecuencia de las contradicciones que se suscitan en el modelo capitalista, no les es dable conseguir en sus propios mercados. Lo cual nos lleva a tener que asumir si estamos o no estamos obligados a ponderar la propia “honorabilidad” de las acreditaciones que han sido utilizadas. Los Estado especialmente el español, han sido los más firmes defensores de la “honorabilidad”; aunque a fuer de ser firmes en esta encomienda han dejado en el camino la moral y la ética; una “honorabilidad” que desde tiempo inmemorial ha sido el lema de los hidalgos y demás personajes de la farándula de nuestra historia.c

Es inconmensurable la desvergüenza de los acreedores de Argentina apelando a un honor que como escoria nunca conocieron.







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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (III)

Origen y superacionPostado por degregorio lun, abril 20, 2015 09:28:30

2015: El año del cambio


A diferencia de lo que ocurre con las inversiones de naturaleza productiva, las que tienen lugar con las financiarizaciones especulativas no necesitan ni siquiera materializarse a través de la acumulación. Solamente precisan la credibilidad con la que los especuladores adquieren unos beneficios tan espurios como carentes de fundamentos en los que cimentarse. Y si a esto le aunamos que el producto de estas financiarizaciones se ha llevado a cabo por medio de una ingeniería en función de una irresponsable creación de medios de cambio, o a través de un endeudamiento ante terceros, ni pueden pretender justificar unos beneficios en la conformación de unas transacciones económicas en las que no se ha creado nada, ni en función de la naturaleza de un proceso meramente especulativo demandar que el producto de sus especulaciones esté asegurado.

Considerando necesario mencionar las razones por las cuales anteriormente dije que para afrontar la situación con la que tenemos que enfrentarnos hemos de romper nuestras dependencias con la UE., será preciso recobrar nuestra independencia monetaria y cambiaria; así como superar las regulaciones con las que una Europa en la que todos seguimos enfrentados nos condena a un desarrollo al servicio exclusivo de los países que pueden imponer sus intereses. Para forjar una comunidad en la que estando todos podamos forjar un proyecto común, lo común no puede exclusivamente estar representado por el medio de cambio con el que tengamos que desenvolvernos. En un proyecto en lo que lo común sea la existencia de un corsé con el que evitar unas políticas monetarias con las que los países con unas estructuras económicas menos desarrollas equilibren las diferencias que se producen en sus cuentas corrientes, los resultados sólo pueden ser el tener que recurrir a unos endeudamientos con los que compensar las que se generen en sus cuentas de capitales. En una Unión en la que no se hayan superado las disparidades que nos distan debido al establecimiento de las fronteras que nos han venido separando (tanto lingüísticas, culturales, religiosas, como limítrofes y estructurales), la exclusiva utilización del medio de intercambio con el que hemos pretendido alcanzarla constituye una entelequia. En este contexto será necesario instaurar una banca pública en la que todas las operaciones tendrán que estar permanentemente fiscalizadas por nuestro propio Banco Central” Tendremos que asumir que a pesar de los escollos que se habrán de abrir a nuestro paso, habremos de abandonar el euro. A pesar de que al ser el euro una moneda común lo suficientemente fuerte como para estar por encima de las operaciones de los especuladores, la dependencia con la que nos obliga nos ha llevado a que seamos una economía, en lo interior, depredadoramente soberana; y en lo exterior, supeditada a la soberanía que en esa Unión ejercen los más fuertes.

A pesar de las dificultades, la unificación alemana fue posible porque existiendo una identificación lingüística (y como una derivada de ésta una comprensión cultural), para superar el resto de sus diferencias sólo se precisaba el ejercicio de una voluntad consuetudinariamente compartida. La frontera existente entre la DDR y la DBR era sólo un muro; y cuando éste cayó, todos formaban parte del mismo proyecto. En la constituida Unión Europea, las diferencias que están separándonos representan la existencia de unas identidades que estúpidamente somos incapaces de dejar atrás. Son infinitamente superiores a las ventajas y la armonía que como Unión podríamos tener. Son cosas del homo homini lupus. Y el sobreseimiento de estas disparidades, especialmente las lingüísticas (ya que las limítrofes, las religiosas y culturales han sido ampliamente superadas) requiere un proceso integrador que está ausente en el proyecto con el que se ha querido plasmar esta Unión; constituye una coalición en la que prima la identidad del individuo como miembro diferenciado de lo que se pretende concienciar como una Unión. Esto demanda no sólo voluntad y tiempo. Requiere la desaparición de unos intereses que siendo nacionales son contrarios a los que son necesarios para conformar un ayuntamiento a nivel supranacional.

El euro nos ata. Y nos ata, porque para que hubiera podido unirnos tendríamos que haber adquirido una manera de entendernos que al ser común superara las disparidades que se generan en lo que por principio no es común. Disparidades que al estar separándonos, concitan que las diferencias que como individualidades nos segregan se incrementen de una forma irracional; y en función de nuestra capacidad de razonar inconsecuentemente desnaturalizada.

Hasta nuestra entrada en esta mal llamada Unión Europea podíamos compensar nuestra falta de competitividad relativa a través de continuas devaluaciones. (*A este respecto pretendo analizar más adelante la representatividad que para las riquezas del país tienen estos detrimentos). Ahora sólo podemos hacerlo endeudándonos. Algo que estos ineptos y podridos manijeros que dicen gobernarnos, en su alucinada ceguera y sometimiento siguen manteniendo. Y para en cierta forma controlar que una Deuda que han multiplicado por tres en los últimos años les lleve a la tumba (sin entender que ya se han convertido en vacíos caparazones), pretenden que con recortes, con regulaciones del mercado laboral, con una treintena de impuestos indirectos y con paletadas de privatizaciones (como manifestación de esos “ciclos virtuosos” que este impresentable gallego ha adscrito al resultado de su malgobierno), les permitamos seguir dando los pasos inciertos de los zombis. Viven otra dimensión y en consecuencia consideran que los que se encuentran fuera de ella somos prescindibles. La mayor parte de nosotros sobramos. Lo mismo que sobraron los indios americanos, los judíos, el pueblo palestino y entre muchos otros, el pueblo saharaui. Lo cual nos lleva a tener que volver a sacar a colación el comportamiento al que alude la escritora Susan George en su obra “El Informe Lugano II”. Entre otras cosas dice:

“Jerarquía contra democracia, sí, pero sutilmente, a través de un poder blando con la ayuda de los medios de comunicación, las editoriales, las instituciones, etcétera. Si a pesar de todos nuestros consejos no hubiera más remedio que emplear la violencia, no se debe dudar lo más mínimo: dureza máxima y empleo de las nuevas armas de orden público.” “Una economía capitalista de mercado en pleno desarrollo debe decidir el grado de desigualdad social que puede tolerar. Cada país debe, por decirlo así, determinar su propio ‘coeficiente de Gini’ óptimo” ¿Deben tener el mismo derecho al voto las personas que viven de prestaciones sociales que aquéllos cuyos impuestos garantizan el pago de dichas prestaciones? ¿Deben tener las personas que no pagan impuestos los mismos derechos que quienes sí los pagan?” “Aunque es indispensable mantener cierto tipo de democracia formal, hay que restringir el voto a un segmento de la ciudadanía a partir de un determinado nivel de renta mínimo. En cualquier caso, el problema que se nos pudiera plantear va camino de solucionarse por sí mismo, porque amplios sectores de la población pobre ya se va alejando de las urnas. Los poco instruidos no suelen votar”

El Capital precisa eliminar todo aquello que no considere necesario para seguir medrando. Y en ese todo estamos incluidas las personas. El Capital considera que el futuro de la inmensa mayoría de la población es algo totalmente extraño a la eficiencia con la que el modelo tiene que desarrollarse. El Capital suele echar mano de la Biblia para en cierta forma, a través de su alusión, redimir sus tropelías renegando de ellas por boca de ganso. Al igual que la parábola decía “mirad a las aves del cielo”, el Capital, sin proveerles ni techo ni alimento, pretende soslayar sus canalladas en cierta forma equiparando exclusivamente su lenguaje con las citas en las que se decía que un padre celestial las estaba alimentando.

Esto es lo que tenemos y lo que le va a acaece a nuestros descendientes. Si no actuamos con firmeza nuestra suerte está echada. En nombre tanto de una supuesta imposibilidad de pagar las pensiones como de un déficit presupuestario que cuestiona el pago de las actuales, esta caterva que se ha encaramado en el Poder ha puesto y se ha comprado a sí mismo en el mercado más de 7.000 millones de euros en 2012; más de 11.600 en 2013 y unos 14.000 millones en 2014 del Fondo de Reserva de la Seguridad Social; se ha apoderado de la mayor parte de los fondos que garantizaban nuestras pensiones futuras. Y lo han detraído sin consultar ni al Parlamento ni a los integrantes del Pacto de Toledo, que es en última instancia el que debe regular el sistema público de pensiones. Y lo han hecho porque al no existir en su economía neoliberal otra forma de hacerle frente a sus obligaciones han vuelto a recurrir a lo más fácil: a seguir atracando a los más débiles.

Observando la tendencia hacia la pauperización que se está produciendo en todas las economías de mercado tenemos que hacernos una serie de preguntas a cual más importante:

¿Es en la actualidad y será en el futuro el nivel de riquezas en nuestra sociedad equiparable al que existía en la época de Marx? Y si no es ni será equiparable; y las riquezas han crecido y crecerán mucho más que la población, en qué se fundamentan estos agoreros que están tratando de justificar sus robos, para afirmar que en el futuro no habrán recursos suficientes para subvenir las necesidades de los que toda su vida hayan estado trabajando? Y si en ese futuro será mayor nuestra riqueza ¿si no nos alcanza, no será porque otros se han apoderado de ella? ¿no será porque debido a la existencia de unas plusvalía a través de las cuales una parte minoritaria de la población se ha apoderado de la mayor parte de lo producido ha dejando en la miseria a un indecente porcentaje de ésta? ¿Si no se habrá cotizaciones suficiente para cubrir nuestras pensiones ¿no será porque como consecuencia de la automación una gran parte de la población, al no haber podido trabajar, no le habría sido dable cotizar?

Para equilibrar el déficit que con su política neoliberal nos está llevando al abismo, a estos miserables se les ha ocurrido más que el recurso de decir que estamos saliendo de la crisis debido a que incrementamos nuestras exportaciones, así como que se está viendo un tímido repunte del consumo que está contribuyendo a que no se sigan cerrando pequeños negocios. Sin entender que con independencia de que estos incrementos son tan solo anecdóticos, en una Unión, este argumento constituye una falacia de composición imposible de mantener en el tiempo. Sin entender (porque su entendimiento está embrutecido por la basura que acumulan en su mentes, sólo les lleva a repetir una y mil veces sus mentiras), que la incipiente reducción del déficit por cuenta corriente es ampliamente superado por el que, como consecuencia del que tiene lugar en el consumo aminora el PIB. Sin entender (porque como consecuencia de esa acumulación, lo que una y mil veces pregonan no puede generar ningún tipo de eco), que esa pequeño incremento de la demanda se debe una cada vez más deficiente distribución de las riquezas. Como queda demostrado ante el aumento de las diferencias que se están produciendo en la mayor parte de los países en los que impera el neoliberalismo. Como queda demostrado en una economía que como la norteamericana está creciendo a un ritmo superior al 3% y en la que en su ciudad más emblemática, a duras pena están coexistiendo más de 60.000 indigentes que han dejado de ser considerados como personas.

------------------------------------El señor Gini--------------------------











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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (II)

Origen y superacionPostado por degregorio lun, abril 06, 2015 20:05:05

2015: El año del cambio

ORIGEN, PATOLOGÍA, EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO (II)

Continuando con lo que a mi entender deberían ser las pautas con las que superar una economía que condena a la mayor parte de la humanidad a ser simple factores al servicio de los que han acaparado las riquezas, saco a colación dos acepciones de la R.A.E. en las que se contemplan lo que para esos humanos puede significar la economía. En el primero de ellos se dice que ésta consiste en la “Administración eficaz y razonable de los bienes” Con lo cual se asevera que como disciplina, la economía debe estar al servicio de esa humanidad a través de aquéllos que ejercen sus funciones. En el segundo, se fija que es un “Sistema en el que las decisiones tienden a obtener el mayor beneficio según los precios de la oferta y la demanda con un mínimo de regulación.” Es decir, ha dejado en la cuneta lo que entendemos debe ser su principal premisa, para poner la eficacia al servicio de una racionalidad que sólo es contemplada por aquéllos que tienen que desarrollarla. Da primacía a una metodología a través de la cual son aquéllos que por estar ostentando las riquezas se atribuyen la categoría de mercado. En detrimento de una generalidad a la que supuestamente debería esta economía estar al servicio.

A mi entender, para que una sociedad funcione son necesarios dos fundamentos. El primero es que exista una concienciación colectiva de cuáles son las reglas de conducta a seguir. Normas que lógicamente tienen que ir modificándose en función de la transformación evolutiva a la que dicha sociedad se ha de ver sometida, pero que en todo momento tienen que plasmar una manera de actuar que, fundamentada en una legislación, ha de llenar de contenido las expectativas que todo ser humano tiende a considerar como esenciales. En segundo lugar, los condicionamientos físicos que como consecuencia de esta concienciación se hayan de establecer, tienen que estar completamente emancipados de la segura injerencia que sobre ellos de forma subjetiva se habrá de efectuar. Es necesaria la convicción de que esto tiene que ser así; pero asimismo se precisa que la capacidad de justificación y de transformación a las que nos puede llevar nuestro intelecto se encuentren determinadas por unos condicionamientos que, siendo físicos, sólo sea factible modificarlos a través del consenso de la comunidad; unos impedimentos que al ser instituidos con un carácter de universalidad, se pueda poner en tela de juicio la procedencia de su establecimiento por las individualidades, pero nunca su validez en el ámbito de lo colectivo; que al igual de lo que ocurre con la existencia de una pendiente, sea enjuiciable que de vez en cuando, de acuerdo con nuestra manifiesta voluntad y asumiendo los riesgos que conlleva, podamos ascenderla a la carrera, pero que lo que es determinante es que ésta, en sí misma constituye un condicionamiento incuestionable. Es como si en esta ascensión concurriera una suerte de control que es en definitiva el necesario requisito que condiciona cómo podemos ascenderla.

En las últimas décadas, en su ingénita proclividad por dominar el mundo, el capitalismo se ha apropiado de tal cantidad de recursos y puesto a su servicio a tal número de aquéllos que desvergonzadamente los usufructúan, que con su aprovechamiento ha logrado controlar y consecuentemente regular las actividades e incluso las inclinaciones de los seres humanos. Es más, ha conseguido que seamos nosotros los únicos que estemos controlados.

Hay muchas maneras de desmontar este dominio. Tenemos el modelo revolucionario al uso, en el que a través de la violencia se destituye el Poder establecido y se promueve la creación de otra forma de gobierno; un nuevo mandato que lógicamente se ha de forjar en función de otros poderes emergentes con nombres y apellidos. Es lo que ocurrió tras la superación de El Terror, del asalto al Palacio de Invierno y la Gran Marcha que llevó a China a ser un país con “dos sistemas” y dónde solamente impera uno. Desde una auto-coronación que puso el broche a todo un proceso revolucionario, hasta el modelo económico que se practica en ciudades como Shangai (con sus evasiones a paraísos fiscales, explotaciones y enriquecimientos); pasando por un totalitarismo que no teniendo en cuenta al pueblo, desmanteló la democracia e implantó el poder y las prevaricaciones del partido comunista. En todos ellos, el pueblo, es decir, los que llevaron a cabo las revoluciones, tuvieron que conformarse con ser convidados de piedra. La democracia, como piedra angular del socialismo brilló por su ausencia. Todos estos modelos han sido fagocitados por el nuevo Poder instituido; y éste a su vez, por el poder que ejerce el dinero. Toda la sangre que corrió sólo sirvió para abonar la repetida reencarnación de un modelo económico que al estipular lo que se hubiera de desarrollar como proceso, condicionó a los propios dirigentes que se fueron erigiendo. El pueblo jamás participó en lo que debió de ser hecho; y consecuentemente, la democracia sólo pudo alcanzar un carácter representativo. Un carácter que al ponerse (en función de lo que conocemos como empírico) al servicio del Capital nos ha llevado a que de esa democracia sólo nos quede el nombre.

Otro de los modelos a seguir es el de recusar las violencias que se generan en las revoluciones. Hacer uso de la inteligencia. A la manera en la que el Capital, utilizando formas con las que controlarlas utiliza sus propias revoluciones. Coaccionar y dejar exclusivamente una salida a los procesos que se hayan de seguir. Y esto está en nuestras manos conseguirlo. Lo que haya de ser en el futuro ha de ser hecho. Y esto sólo podremos hacerlo nosotros. Pero antes de analizar cómo podemos llevar a cabo estas coacciones es necesario establecer qué modelo es el que nosotros tendremos que forjar.

Yo entiendo que haya quienes aseguren que debido a las inconveniencias que se concitan en un modelo participativo (como ya manifestó Rousseau), el mejor modelo es el representativo; pero a la vista de las actividades (o sería mejor precisar, la naturaleza de las actividades), de unos representantes que más que a los intereses de los que los hayan elegido, representan los de los partidos que los han puesto en sus listas, si superamos lo que anteriormente fue calificado como inconveniencias, el sistema participativo es el que mejor se puede adaptar a que el Poder sea ejercido por el pueblo y para el pueblo. Y esto, como se ha dicho en otros artículos, podemos hacerlo a través de unas asambleas informatizadas en las que se decantarían las demandas solicitadas y asumidas por la ciudadanía; y en la que lo que se hubiera de alcanzar cristalizara como la materialización de un Poder, que sólo lo sería, en función de que se habría puesto al servicio de los más débiles. El Poder debe encontrarse al servicio de los que lo posibilitaron, y no al de los que se lo apropiaron. La gestión del Poder debe ser un ejercicio de responsabilidad y de consenso. Como Poder, la Asamblea Legislativa (como culminación de las que la hubieran estado precediendo) habrá de ser el último escalón en el proceso que recoja la Voluntad General de la ciudadanía. Un peldaño que se encontraría en la cima de este proceso; pero que a su vez, como una escalera, estaría determinado por la existencia de otros peldaños que al estar sosteniendo al encargado de la legislación estarían personificando de forma irrebatible la preeminencia de esa Voluntad.

En concordancia con la supeditación con la que nos condicionan los Poderes que actualmente estamos padeciendo, considero que para iniciar nuestra confrontación hemos de romper nuestras dependencias con la UE. Tenemos que afrontar con decisión (y sobre todo con un convencimiento que habrá de dimanar de nuestra capacidad de razonar) las circunstancias, tanto positivas como adversas, que nos han de acompañar en este periplo. Será preciso recobrar nuestra independencia monetaria y cambiaria; así como superar las regulaciones con las que una Europa en la que todos seguimos enfrentados nos condena a un desarrollo al servicio exclusivo de los países que pueden imponer sus intereses”.

Hemos de concienciarnos que la política de esta Europa de los Mercaderes (en una muestra más de su connivencia con los EE.UU. en la conformación del TTIP) no es más que una estrategia más; una estrategia del Capitalismo para superar las contradicciones que se concitan en su desarrollo. Aquéllas que comentamos dimanaban de las distintas plusvalías, del fordismo, de la disminución de la tasa de beneficios y últimamente de una globalización, de una deslocalización de empresas, de una libre circulación de capitales y de una creación de riqueza virtual que al estar fundamentada en humo ha llevado a la ruina a los que creyendo en la calificación que se le confirió al “libre mercado” les ha demostrado que esta adjetivación no es más que una falacia. Y para superar estas contradicciones (que no resolverlas) han recurrido a una estrategia que aunque utilizada desde tiempo inmemorial por los banqueros italianos nunca ha perdido su vigencia; una táctica con la que a través de un endeudamiento se consigue dominar (en el supuesto que no sea factible, racional u oportuno dominarlos por la fuerza bruta) a los que eufemísticamente son denominados como prójimos.

Comoquiera que somos conscientes del enorme daño que nos están causando tanto una financiarización, como una Deuda que por sus relevancias son los principales causante de la enorme crisis que desde hace siete años estamos sufriendo; que como consecuencia de su incidencia marginal en las que hasta ahora se han venido produciendo, ésta se ha caracterizado por un desarrollo totalmente diferente de los que conocimos como ciclos clásicos (unos ciclos en los que desciende la actividad productiva como consecuencia del incremento de los inventarios que no han sido vendidos); que esta crisis trasciende a la plusvalía, al fordismo, a la tecnocracia y a la robótica, considero que es necesario dar un paso más y contemplar su génesis como una pura estafa. A diferencia de las acreditaciones que las empresas emplearon para facilitar la venta de sus productos y servicios (unos productos y servicios que al ser pagados cancelaban la representatividad del monto acreditado), la banca; es decir la entidad más nefasta, podrida y corrupta que ha parido la mente del infausto embarazo en el que se gestó, ha utilizado a la enésima potencia lo que hasta ahora fueron unas acreditaciones racional y funcionalmente respaldadas por bienes reales, como un medio con el que erigirse como mentor y gestor de los mercados. En la búsqueda de unos beneficios con los que retribuir tanto a unos accionistas cuya sola ambición era seguir viviendo sin dar un palo al agua, como la de una directiva directamente motivada hacia la estafa de la comunidad, esta institución mafiosa (a instancias y con la cooperación del capital), diseñó una venta de humo tan mudable como nauseabundo. Creó y sigue creando de la nada una serie de activos que al ser irresponsablemente aceptados, por no estar representando los bienes que deberían personificar, han promovido una actividad económica ficticia; una actividad que en lo que se refiere a la burbuja inmobiliaria, forjó una oferta laboral que por lo efímero de los factores en los que estaba sustentada carecía de futuro; y una actividad que contribuyó a un agregado del precio de las cosas asimismo carente de base; unos precios que al no ser dable seguir manteniéndolos, ocasionaron que el valor de los activos que deberían estar representándolos, como la creación de una ignición que sólo podía generar humo, nos cayera encima como lo que verdaderamente era, como hollín y cenizas.


-------------------------------------Revista elroto-------------------------

Si como es notorio, las contradicciones internas del capitalismo obligan a éste a tener que resolverlas a través del empobrecimiento del vecino, es lógico entender que en una comunidad en la que existan 27 nacionalidades (y consecuentemente 27 Parlamentos) que traten de medrar en detrimento unos de otros, la pretensión de que sus problemas tengan que ser resueltos a través de la exportación constituye una falacia de composición. Y esto es lo que ocurre en una unión ficticia en la que con una moneda única no se puede estar representando la equiparación de las riquezas creadas en cada uno de los países implicados en esta proyectada Unión.





















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Origen, patología evolución y superación del capitalismo (I)

Origen y superacionPostado por Leopoldo lun, febrero 16, 2015 16:47:35

...................................2015: El año del cambio .................................

ORIGEN, PATOLOGÍA EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO (I)

Aunque fueron muchos los autores que desde el medioevo observaron, definieron y trataron de superar los efectos que en las economías causaban sus crisis, sólo Marx nos dio a conocer científicamente que éstas, como origen, estaban radicadas en lo que él, en sus diversas acepciones llamó plusvalías.

De antiguo se entendía como algo congénito que una inversión debía tener una rentabilidad; una categoría de lo connatural que al no contemplar la importancia que en sus transacciones tenía el trabajo, sólo la vinculaban con las correlaciones que concurren en el proceso comercial que era preciso materializar para la evolución y el desarrollo de la especie…

Ya Hobbes definió como una utopía un modelo de socio-economía que denominó como de mercado simple, especificándolo como un prototipo en el que “todo el mundo intercambia mercancías; que éstas hacen pasar lo que era poder de inversión en unos, en una resultante que constituye la posesión de otros." que al ser las transacciones que entre sí se han de hacer tan solo productos, este intercambio mercantil no puede ser un medio por el cual se puedan obtener ganancias haciendo pasar algunos de los poderes ajenos a sus propios usos” Con lo cual la ganancia que obtienen cada uno de ellos consiste en el mayor beneficio que se consigue al producir una cosa para el cambio, en vez de producirla para sí."

(C.B. Macpherson, La Teoría Política del Individualismo Posesivo. Editorial Fontanela, pág. 65).

Este modelo no sólo es utópico; en función de que es falso que en este intercambio mercantil no se obtengan ganancias, no podemos considerarlo como un prototipo en el que lo obtenido sea deseablemente distribuido; y que consecuentemente no se hayan suprimido las desigualdades que se generan como acumulación. Lo que para Marx era preciso concienciar era la trascendencia que tenían aquellos factores relacionados con la producción y la distribución; unos factores que condicionaban la existencia de aquéllos que no participaban en los anteriormente mencionados intercambios mercantiles. Concienciar que el trabajo que se hubieran de aportar para facilitar el desarrollo de sus trapicheos constituía un simple factor de producción.

Ocurre que como consecuencia de la asunción por parte de los trabajadores de esta concienciación, (y una vez que los operadores del intercambio mercantil fueron conscientes que la compleja apropiación de una parte del trabajo no abonado estaba generando una contestación), los que con anterioridad se habían considerado exclusivamente como propietarios, terratenientes o rentistas, dejaron de contemplar la relación interesadamente patriarcal con la que hasta ese momento los había venido explotando transformándola en el comportamiento que caracteriza al capitalista. Tuvieron que asumir las relaciones y las obligaciones que dimanaban del trabajo enajenado; y en este contexto, al tener que admitir que esta situación condicionaba en cierta forma las conductas que los poseedores de los medios habían venido desarrollando, para poder asegurar y compensar las demandas llevadas a cabo por los trabajadores decidieron que era preciso ir mucho más allá de la pragmática que regulaba exclusivamente el intercambio. Sobre todo, tras su apercibimiento de que debido a la concienciación que había inculcado Marx, esta concienciación había cristalizado en un nuevo orden social.

En un principio se recurrió al fordismo y al taylorismo. Después, cuando se observó que los rendimientos dimanantes de la plusvalía relativa conllevaba una disminución asimismo relativa con respecto al proceso de inversión, se utilizó como llave con la que superar la imposibilidad de que la oferta se equiparara a la demanda, haciendo uso de un incremento desusado de las acreditaciones; se pospuso el pago ad futuro de lo que en el presente no podía ser consumido. Y todo esto con independencia de estar condenados a continuar este proceso, so pena de ser eliminados; un proceso que demandaba un continuo incremento de la estructura productiva.

Es por ello por lo que Marx aseveró que “el capitalismo sólo puede existir como una esfera que para mantenerse ha de estar supeditada a un proceso de acumulación.”

Algo que socialmente es tan insostenible como lo es para la física la imagen siguiente::

A este respecto adjunto unos fragmentos de una obra no comercializada que lleva por título ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos” “Cuando en nuestra sociedad reclamamos como natural el derecho a poseer (es decir, nuestro derecho a la propiedad privada), estamos demandando algo más que el derecho a su uso. Estamos intentando conseguir una substantividad extrínseca; una materialización que al no poder ser incorporada a nuestro ser, va más allá de nuestro natural derecho a considerarla como algo posesible. Nosotros debemos entender que de una forma biológica y hasta psicológica, dependemos de nuestro mundo exterior y que por tanto, necesitamos satisfacer nuestras carencias en las singularidades que para repararlas podemos encontrar en lo que nos rodea. Sin embargo, tenemos que advertir que lo que nosotros tendríamos que demandar de ese mundo exterior, debería ser la cumplimentación de un gozo o la satisfacción de una necesidad; que cuando pretendemos materializar el disfrute de la mayor parte de nuestras demandas, estamos asumiéndolo como la idealización de las cosas en las que se fundamentan; cuando nunca podrán ser las cosas en sí mismas. Lo que nosotros generalmente demandamos no es la complacencia inmediata que en ellas podamos encontrar; lo que invariablemente pretendemos, es que esas cosas sigan estando ahí para que podamos seguir potencialmente disfrutándolas. Ahora bien, aunque aparentemente esta permanencia constituye una razón que supuestamente asegura lo que hubiera de ser nuestro futuro, debido a que hay que conformarla a través de un acaparamiento que obligatoriamente nos tiene que enfrentar con los demás, ésta no es la manera más idónea de conseguir los fines que con nuestra identificación con la cosa poseída hubiéramos pretendido lograr.”

Fin de la cita

Nada ha engañado más a nuestra sociedad que el argumento relativo a la existencia de aquella mano invisible. Y esto, por dos razonamientos a cual más significativo. El primero, porque con ella se nos intentó mostrar la capacidad autorreguladora del libre mercado: el segundo, porque con esta autorregulación se asumía la existencia de una libertad que por contrahecha resultaba inexistente. Y para demostrarlo no es necesario recurrir a demasiados ejemplos. Con respecto al primero, los rebalses de una producción que al no poder ser consumidos constituyen la base de las crisis convencionales. Con respecto al segundo, la existencia de un proceso de acumulación que al estar fundamentado en la utilización de un sector poblacional que para subsistir tiene que alienar su fuerza de trabajo, es totalmente incompatible con esa libertad; un proceso que al no existir hogaño como una concienciada oposición, ha permitido que el Capitalismo la utilizara como una forma de compatibilizar una tendencia relativa a la baja de los salarios con respecto al incremento de la productividad. Como queda demostrado si observamos que entre 1999 y 2011, el aumento de la productividad del trabajo medio en las economías desarrolladas ha sido más de dos veces superior al de los salarios medios; un aumento de la productividad que por otra parte no ha servido para que se produjera una reducción de la jornada laboral. Lo único que ha conseguido ha sido un decremento del número de trabajadores.

Y es curioso porque esta realidad choca frontalmente con la tan traída y tan llevada curva de Kuznets; una curva en la que se describe la tendencia a una reducción de los desequilibrios en la distribución de la renta debido al incremento del crecimiento económico; una curva en la que teniendo que ser asumido como cierto que este crecimiento posibilita una mejora en las familias con menores rentas, a tenor de las diferencias relativas que se suscitan entre los más necesitados y las que obtienen rentas superiores es totalmente incompatible con la reducción real de estos desequilibrios.

Para entender las razones que conlleva ese desmedido afán de acaparar riquezas hemos de convenir en que una gran parte de nosotros llevamos en nuestro ADN los mismos componentes que caracterizaron a Fagin. Utilizamos a nuestros semejantes de igual manera a aquélla que éste empleó al hacer uso de unos necesitados que por haber devenidos sujetos de una pésima distribución de las riquezas se veían obligados a colaborar con el que interesadamente les ofrecían un cobijo. Y para contrarrestar la patología que nos condiciona de una manera subjetiva hemos utilizado la cultura, la represión, el pasotismo y en última instancia aquellas prácticas que Marx pretendió superar con la modificación de las relaciones sociales de producción y de distribución.

Aun siendo cierto que según Freud “La Historia del hombre es la historia de su represión.” que “La cultura restringe no sólo su existencia social, sino también la biológica, no sólo partes del ser humano sino su estructura instintiva” lo que no es dable tener que aceptar es que esta Historia tenga necesariamente que ser tan cenicienta. Los hombres inventaron el zapatito de cristal, la calabaza convertida en carroza y la existencia de un príncipe azul que solo por serlo daba color a nuestras vidas. Es cierto que la historia determina lo que haya de ser nuestras culturas, pero no es menos cierto que en función de que éstas generalmente conllevan una serie de rasgos que como las religiones y el lenguaje establecen fronteras, lo que hasta ahora ha sido nuestra Historia, no ha sido más que un cúmulo de desencuentros culturales.

Exminando nuestro comportamiento a lo largo de esa Historia podemos darnos cuenta que desde el momento en el que los hombres dejaron de practicar la caza (que hasta entonces les había servido como medio de vida) y comenzaron a ejercer el pastoreo y la agricultura; es decir, desde el momento en que empezaron a ejecutar el acto represivo de renunciar al disfrute inmediato de las cosas -al obligarles los condicionamientos que demandaban su nuevo estilo de vida a posponerlo en el espacio y en el tiempo -, se originó una transformación social de enorme importancia. Lo que hasta entonces tuvo que ser una comunidad (debido a la necesidad de forjar una unión que proveyera a los miembros que pudieran componerla de una manera de afrontar su indefensión), se transformó en una asociación en la que la persona adquirió un carácter de individualidad que actualizando sus ancestrales propensiones, le confirió la convicción de ser una singularidad enfrentada con aquélla en la que anteriormente se había desenvuelto. La noción que como grupo había estado experimentando el individuo se metamorfoseó en un conglomerado de subjetividades que dejaron de contar como partes necesarias en el desarrollo de su comunidad. Es más, me atrevería a decir que ante la disminución de dependencias que en su nueva forma de ganarse la vida lograron alcanzar, incluso llegó a diluirse la vigencia de esa noción de grupo que anteriormente estuvieron manteniendo. A no ser que ese grupo representara una proyección de su propio yo; una proyección puesta al servicio de sus intereses comunalmente subjetivos. Y las consecuencias de esta subjetividad, (suavizando el ascetismo con el que trató de sortearlas Freud), Herbert Marcuse intentó exorcizarlas a tenor de la natural desublimación represiva que supuestamente habría de traer la revolución tecnocrática. Lo que ocurre es que esta revolución ni tuvo ni tiene una naturaleza desublimadora. Como consecuencia de un subjetivismo que ha puesto a su servicio los avances de la ciencia, se ha producido lo que con toda su crudeza menciona Pedro Luís Angosto en su artículo “La izquierda, la ignorancia y el pueblo” Ha servido para derruir los valores que antaño adscribimos a nuestras culturas. Ha provocado“la dejación de las funciones educativas consustanciales al Estado moderno”; se ha producido, gracias sobre todo a la televisión y sus millones de mensajes directos y subliminares, un tipo de ciudadano que no merece ese nombre, grosero, autista, egoísta, déspota, insolidario; un tipo que cree que él y los suyos son sujetos de todo tipo de derechos y de ninguna obligación; un tipo que mide sus triunfos en relación a los fracasos ajenos; un ser cuya forma de vida primaria ha llegado a modificar el urbanismo de muchas ciudades; ciudades que se han llenado de reservas en forma de urbanizaciones cerradas, de jardines privados robados al espacio público, de colonias periféricas ultravigiladas, dónde sólo ellos, los nuevos notables, tienen cabida.” Hemos llegado a un punto en el que como consecuencia de las inconsecuencias de un modelo que ni ofrece futuro ni conlleva la ética con la que éste tendría que materializarse, una parte substancial de nuestros jóvenes ni estudia ni trabaja. ¿Qué futuro les espera? ¿Cómo sacian sus ansias de consumo en una sociedad en la que abundan los recursos? ¿Cómo podemos esperar que su conducta discurra por los cánones que otrora conformaron nuestras culturas?

Y ocurre lo mismo con la forma de superarlas con las que nos catequizó Norman O. Brown. Aquéllas con las que se nos arengó (sin ninguna indulgencia para con los aspectos positivos que deben caracterizar a una cultura), que la forma de solventar los contrariedades con las que tenemos que enfrentarnos se encontraba en nuestra disposición a asumir una completa desmitificación de nuestros condicionamientos culturales.

Pero es que si con la transformación del modelo económico que dimanó de la Revolución Industrial no logramos conformar una sociedad mejor (puesto que en gran medida no se dieron las pautas para que los individuos pudieran ejercer la iniciativa privada); si observando las secuelas de lo que hemos dado en llamar "revolución tecnocrática"; si advertimos que con ella hemos podido conseguir tan solo una transformación de las estructuras del poder; si constatamos que la pérdida de los valores que constituyen lo que haya de ser nuestra cultura está llevando a nuestra juventud a una manera de afrontar la vida que pretende simplemente discurrir por ella en la conformación de una manera erótica de concebir la realidad; en la forja de un ego Dionisiaco que nos lleve a tener que observar (como escribió Nicola Chiaromonte en “Encuentro”) que "los jóvenes nacidos después de 1940 se encuentran viviendo en una sociedad que ni ejerce ni merece respeto”, ¿podemos esperar ser redimidos por un modelo que hasta ahora sólo ha sido una reposición de caras nuevas que con su apalancamiento en el Poder indefectiblemente se tornan caras viejas?

Con independencia de los efectos adversos que suelen acompañar al progreso, tenemos que reconocer que sin éste, todavía estaríamos viviendo en las cavernas; lo cual nos posa una serie de preguntas que obligándonos a tener que buscarles una respuesta, aunque por su variedad y su importancia deberían ser analizadas una a una, en función del cometido que debo perseguir con estas líneas me obliga a limitar a solo una la que debo sacar a la palestra. Con ella me refiero a ese prácticamente unánime reconocimiento de que para que en el ámbito de la economía este progreso pueda materializarse éste tiene que ser algo compartido. Serán necesarias la reinversiones que nos permitan materializar los anillos que Böhn Bawerk nos mostró en su Teoría Positiva del Capital; pero lo que no podremos permitir será que estos beneficios y estas inversiones reproduzcan unas acumulaciones personales que materialicen en muchas partes del planeta las disfunciones y carencias que existieron en aquellas cavernas. En un modelo en el que los beneficios obtenidos a través de una mayor complejidad de la actividad económica éstos no sean equitativamente repartidos no se puede esperar que esta bonanza justifique la que a éste se le haya de adscribir. El bosque hay que contemplarlo desde fuera. Dentro, incluso psicológicamente formamos parte de nuestro entorno; aunque nos sintamos perdidos en él, estamos condicionados por lo que somos. Desde dentro sólo estamos constatando que este progreso, en su busca de continuos e incrementados beneficios, evoluciona de una forma que en función de su naturaleza y como consecuencia del patrocinio que sobre él ejercen los que representativamente dicen gobernarnos, nos confina a unos espacios cada vez menos transitables. Lo cual nos lleva de nuevo a preguntarnos ¿si la ortodoxia es generalmente positiva cuando su utilización es la base de un modelo socialmente razonable, cuando es empleada para garantizar la existencia de una tiranía, no es obligatorio hacer uso de la heterodoxia? Cuando esa ortodoxia está al servicio de las desigualdades, con la acumulación no sólo se detrae de la sociedad lo que debe ser comunitario, se crea una situación en la que se excluye a los que no son necesarios para seguir incrementando las riquezas. Cuando en función de esta ortodoxia se postula que para superar las crisis es necesario ser más competitivos, la propuesta de los empresarios es la de utilizar unas máquinas inteligentes que les permitan con menores costes incrementar el PIB. Y aquí me viene a la memoria la alocución del pregonero de las raíces vigorosas con la que nos “alumbró” que debido a un aumento de la productividad y una legislación laboral que sólo ha repartido miseria, ese incremento del producto interior bruto es la prueba de que estamos saliendo de la crisis. Como si la crisis no se hubiera producido debido a la política económica que conllevó una productividad y una legislación laboral puestas al servicio de los que como él están al servicio del capitalismo.

Como muy bien apunta Marco Antonio Moreno en su bitácora Jaque al neoliberalismo “El estancamiento de los salarios en los países desarrollados pese al continuo aumento de la productividad confirma que una parte cada vez mayor del ingreso es recaudada por la clase capitalista, mientras el porcentaje relativo que reciben los trabajadores sigue disminuyendo. "En general, en el grupo de las economías desarrolladas, el crecimiento del salario real va a la zaga del crecimiento de la productividad laboral en el período 1999 a 2013."

Es decir, incluso en épocas de bonanza los salarios reales han estado descendiendo


Actualmente estamos viendo como el sumo sacerdote y sus escribas están pregonando a bombo y platillo que la crisis es cosa del pasado; que la prima de riesgo ha caído por debajo de los cien puntos básicos (como si fuera en el templo de estos fariseos donde radica esta caída); que el consumo está repuntando (sabiendo que ante el desplome salarial, el descenso del total de las horas trabajadas, y el festival de las horas extras no abonadas, las empresas se han visto obligadas a incrementar sus ventas a crédito). Y este consumo marginal, al estar hipotecándonos todavía más, nos va a pasar factura. Tanto a nosotros como a los que lo publican como una señal de bonanza.

¿Ante la descomposición y el olor a podrido que se desprende de este modelo, no creéis que debemos abrir las ventanas y hacer nuestra aquella frase que decía?: “Nosotros somos aquéllos a quienes hemos estado esperando.”

Profecía Indígena Hopi

¿Somos, o simplemente seguimos esperando?






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ORIGEN, PATOLOGÍA EVOLUCIÓN Y SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO

Origen y superacionPostado por Leopoldo lun, febrero 16, 2015 16:28:47

PREÁMBULO

Antes de entrar a desbrozar los temas relacionados en esta serie de artículos someto a vuestra consideración el previsible desarrollo que se habrá de concitar como consecuencia de las pretensiones del Capitalismo por mantener incólumes las desigualdades de las que se ha venido aprovechando; unas desigualdades que han llegado casi a su máxima expresión con una globalización, y una financiarización que se han saltado todos los parámetros que deben de regir en una economía al servicio de la ciudadanía.

Las previsiones son las siguientes:

Asumida su necesidad de seguir obteniendo beneficios sea cual fuere el método que hubiera de seguir, el Capitalismo se habrá de ver enfrentado con la virtualidad de que debido a la competitividad que demanda el modelo productivo será preciso seguir prescindiendo de mano de obra asalariada para reemplazarla por la informática y la robótica; por una parte se encontrará con que como consecuencia del pronóstico de que en muy pocas décadas el 1% de la población detentará la misma riqueza que el 99% restante, esta enorme diferencia porcentual, al no tener trabajo y tener que ser subvenida con los beneficios que el Capital pueda obtener a través de la tecnología, se producirá la singularidad de que al no existir el plus valor, no existirían beneficios que pudieran seguir engrosándolo. Se habría convertido en cocinero de unas viandas que constituirían el fruto de sus propias contradicciones.

Mientras que por una parte se produciría el degradante y triste episodio de que el 99% de la población sólo podría gastar lo que como subvenciones hubiera recibido, al no haberse obtenido ninguna plusvalía a través de la producción materializada con la tecnología difícilmente sería dable llevar a cabo unas subvenciones que o bien tendrían que ser extraídas del capital acumulado o eliminadas a través de una proyectada eliminación de tener que subvenirlas. Las actividades depredadoras del Capitalismo habrían terminado. De no ocurrir lo que con toda probabilidad habrá de acaecer estaría endógenamente consumiendo sus propios recursos. Lo cual me lleva a rememorar el contenido de la obra “Informe Lugano” de Susan George. Aquél en el que según su autora, para soslayar una situación en la que una parte sustancial de la población estaría sobrando, tendría que recurrir a algo tan antiguo como aquello que se solventó con el invento del garrote. Lo que ocurre es que en la actualidad el dominio no se suele imponer a garrotazos. Se intenta llevar a cabo a través de una tecnología que, como consecuencia de la intromisión de un matrimonio apellidado Rosenberg no es dable imponerla de una manera unipolar. Y esto le ha puesto un molesto bozal a la bestia. Ha incrementado el riesgo; pero ha evitado que a tenor de la existencia de ese riesgo, la bestia, más que bestia se haya convertido en un morlock. Una bestia con etiquetas supuestamente democráticas que amparándose en los singulares derechos que como consecuencia de este supuesto tremolan los amantes de las banderitas, considera lo que unilateralmente le es dable inmolar. Y lo hace de una forma tan solapada, tan abyecta y tan hipócrita, que para la mayor parte de la sociedad es prácticamente imposible demostrar, qué elementos de los que constituyen su ADN son los que instruyen estas inmolaciones; una bestia que encarnada en un conjunto de sujetos que constituyen una canalla cobarde y estúpida, en su egoísmo no puede entender que en el supuesto de que el Capital se pudiera liberar de una u otra forma de las gabelas con las que tendría que subvenir a ese 99% ¿para quién iba a producir?; ¿Para sí misma? En la asunción de que los que conformaran ese 1% tendrían que solventar este problema detrayendo unos de otros lo que supuestamente consideraran como beneficios ¿no estaría el Capital fagocitándose a sí mismo?; ¿No sabemos que el beneficio principalmente se genera en la plusvalía obtenida a través del trabajo enajenado? ¿Qué unos beneficios que no tengan como fuente el valor no abonado por lo que se haya producido sólo puede dimanar de las pérdidas que hayan sufrido la otra parte de los intervinientes en una transacción?

Según dijo Epicuro y nos confirma la realidad, "El hombre es rico desde que se familiarizó con la escasez"; es decir, desde que se estableció una diferencia entre lo que poseían unos y lo que no poseían los demás. En el momento en el que todos fueran ricos, ninguno podría serlo.



Sabiendo que entre los últimos métodos con el que el que el capitalismo ha tratado de consolidar su hegemonía se encuentra en la utilización de una tecnología que a través de una destrucción positiva lo haga más competitivo, parece no haber entendido que para impedir que esa tecnología alcance una complejidad y autonomía que ponga en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar, estas especificidades de lo tecnológico tendrán que ser supervisadas y consecuentemente controladas por unas entidades desvinculadas de la tecnología; es decir, unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojados de la facultad de ejercer el libre albedrío. Algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del modelo. Para lo cual, o bien se necesitará recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse estarán obligando a la bestia a tener que aceptar algo que la bestia, aunque ya lo sabía, no quería reconocer. Lo peligroso que para su totalitarismo es deducir.

En concordancia con lo manifestado en el párrafo anterior, lo más curioso y al mismo tiempo lo más esperanzador es que en lo que ha sido dicho tenemos la manera de poder soslayar su rigor. Y es que como ha sido mencionado el factor principal con el que el Capitalismo ejerce su imperio es el control. El control con el que fiscaliza y verifica las actividades de todos los que se hallen fuera de su esfera. Mientras que los de abajo nos encontramos controlados a través de la tecnología, los de arriba supervisan e intervienen el control; y consecuentemente eluden sus funciones. Pero el control se le está escapando de sus garras. Por muchas pseudos leyes con las que sus lacayos le quieran amparar, le habrá de acaecer lo mismo que ocurrió cuando se inventó la imprenta. A pesar de las leyes y las quemas de libros, la expansión del conocimiento fue y es tan imparable; como lo es la de la tecnología. Sobre todo si tenemos en cuenta que, como ha sido anteriormente señalado, para llevar a cabo ese control, el Capital necesitará de la colaboración de los de abajo. Incluida la de aquéllos embridados por la “obediencia debida”; es decir, el control tendrá que ser ejercido por unas entidades extrañas a lo que por su naturaleza está representando el Capital.

Es cierto que a través de la globalización y la financiarización, el Capital ha encontrado la forma de prologar su agonía, pero no es menos cierto que a pesar de que está demorando el vaticinio con el que lo sentenció Marx, debido a su insaciable propensión a esquilmar todo lo existente, le resulta imposible evitar lo ineludible. Ha generado tal cúmulo de asonadas y tal el de expolios al que ha sometido al 99% de la población que racionalmente (y digo racional porque las fuerzas que están manteniéndolo no pueden permanecer indefinidamente en contra de la ciudadanía, del ejercicio de una justicia con tal nombre y de la propia capacidad de razonar), que una salida hacia el Exterior en la búsqueda de otros mercados no podrá superar lo que se está produciendo en sus propias entrañas. Esto es lo que el Capitalismo trata de resolver a través del TTIP. Aunar fuerzas con los que se encuentran en su misma situación para poder seguir ejerciendo un predominio ante terceros. Al igual que en este país trató de solventar el problema de la Cajas de Ahorro que fueron quebradas, unificándolas en una entidad que hubo de ser rescatada, el Capitalismo es incapaz de entender que a diferencia de las matemáticas, con la unión de dos menos no es posible conseguir un más. Lo que entre otras cosas de naturaleza subjetiva a la bestia le es dable elucubrar, es estafar a los pequeños ahorradores con unas “Preferentes” que han sido otro de los muchos pillajes perpetrados por la banca.

Como fue denunciado en el video ¿Preparan PP, PSOE, UPyD y Ciu un golpe de Estado bajo la forma del TTPI?, los “Tratados” no pueden imponérseles al pueblo (como tratan de forzar estos cuatro partidos). Sobre todo sin que el pueblo conozca que es lo que se le trata de imponer. Y sobre todo, denegándole el derecho a que se celebre una consulta popular. Que es lo que estos partidos han votado en contra. Que el PP y Ciu estén de acuerdo en que esta consulta no se lleve a cabo es completamente natural. Están siendo consecuentes con su ADN; pero que los otros dos participen en este contubernio no digo clama al cielo; digo que el cielo, como representación de lo justo y de lo deseable es la antítesis de aquello a lo que con su participación tratan de condenarnos. Lo que nosotros entendemos por cielo se encuentra más allá de los intereses partidarios; de las violencias y miserias con las que estos partidos y nosotros mismos pretendemos alcanzarlo. El cielo no se gana a través de un asalto que en función de la fuerza con la que habría de ser éste alcanzado estaría condenado a defenderse por medio de otras fuerzas que subjetivamente trataran de arrancarle su dominio. Se gana dando un salto que nos permita alcanzar un escenario en el que nuestras subjetividades personales (y utilizo este término en la acepción con la que el sujeto se contempla a sí mismo como un ente en oposición al mundo externo), se encuentren determinadas por un control de-subjetivado; un control que a su vez controlado por las subjetividades que democráticamente hubieran participado en su materialización nos identifique con ese mundo externo con el que permanentemente nos encontramos en oposición. Se gana haciendo que el hedor a podredumbre sea irrespirable para quienes lo generen. Construyendo una comunidad en la que podamos respirar el aire limpio (no sé por cuanto tiempo) que nos está ofreciendo lo coloquial de su bóveda.

Este es el salto que hemos de dar para que, teniendo que seguir utilizando la robótica, al Capital le sea dable hacerle frente a la coyuntura de no poder ofertar una demanda de mano de obra tanto en su propio mercado como en el mercado exterior. Y es que desde la posición en la que nos encontramos, se está viendo obligado a controlar más o menos despóticamente las inmigraciones que están llamando a nuestras puertas. Está viéndose forzado a llevar a cabo unas importaciones de bienes de carácter primario que están determinando lo que como exportaciones de productos más elaborados pudiera materializar. Se encuentra constreñido a que el mayor porcentaje de valor añadido inyectado en sus exportaciones tiene que ser equilibrado con unas acreditaciones que indefectiblemente están endeudando a los países menos desarrollados. Está obligado a exportar a crédito. Se encuentra ante el hecho consumado de que al tener en su propio mercado un volumen ocioso de mano de obra que ha de subvenir, y que por su naturaleza es comparable al que por su escaso desarrollo existe en otros mercados, “su” solución sea la que Susan George argumenta en su libro. La de ampliar lo presumible y evitar sus consecuencias, contemplando una vez más su subjetivo y encubierto consecuente como una acción que por ser alarmante, considera que es justificable. O la de, para decirlo de una manera menos sinuosa (como manifiesta Víctor Arrogante en su artículo “La solución final”), la que está llevando a cabo el PP con su falta de atención a los ancianos sin medios; a los enfermos y a los dependientes. Nos quiere muertos mejor que viejos, parados, enfermos, dependientes o marginados. Nos quiere pobres mejor que ricos, que para eso ya están ellos. Inducen al suicidio al expulsarnos de sus casas sin miramientos y con violencia policial, que es violencia de Estado contra el pueblo necesitado. Una solución totalmente compatible con la cultura y la conducta de los promotores, representantes agregados y afectos que siguen sin darse cuenta que son ellos los que están enfermos; tan enfermos como ese ser auto-interfecto al que trata de continuar refrigerando.










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