2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Exceptuando todas las demás (III)

Exceptuando todas las demásPostado por degregorio lun, agosto 24, 2015 18:09:01
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Exceptuando todas las demás (III)

Una vez que a lo largo de los dos anteriores artículos esbozamos la manera de alcanzar las formas de establecer una verdadera democracia sólo nos queda analizar el poder de coacción y justificación que ejercitado por la ciudadanía cumplimente las expectativas que desde siempre hemos venido persiguiendo.

Para transformar un supuesto paradigma que considera que el trabajador es un simple factor de producción al cual se puede echar a la cuneta cuando el mercado y la acumulación representada por el capital lo estime oportuno, es preciso estar dispuesto no solo a afrontar los sacrificios que ante la opresión y la utilización fueron materializados a lo largo de la Historia. Será preciso llevar a cabo un ejercicio intelectivo que al concienciarnos de nuestra situación, intelectivamente nos lleve resolver que las formas con las que los hemos afrontados conllevan más resoplidos ovinos que aquello que se pudiera derivar de unos seres provistos de intelecto. Mientras que no llevamos a cabo este ejercicio y obliguemos a nuestros cuerpos a que lo que estemos viendo no lo hagamos simplemente contemplando el panorama sentados en el umbral de nuestras puertas, continuaremos condenados a que la sinfonía de nuestras repulsas tan sólo una frecuencia discontinua de balidos.

Las providencias con las que hasta el momento hemos pretendido defender nuestros derechos podemos resumirlas en huelgas, en manifestaciones, en desobediencia civil, en insumisión fiscal (raramente llevada a la práctica en función de las consecuencias con las que personalmente nos castiga) y desgraciada por ser exclusivamente visceral, en el ejercicio de la violencia. Y aunque es verdad que con su concurso hemos logrado una serie de consecuciones, con ellas no hemos hecho más que alcanzar conquistas temporales; unas adquisiciones que en función del debilitamiento de unas demandas que al no ser dable mantenerlas activas a lo largo del tiempo pierden en éste cualquier atisbo de representatividad; como ocurre con las reivindicaciones por mejoras salariales, que con independencia de tener que estar constantemente siendo reivindicadas en el supuesto de ser alcanzadas son imputadas a los precios.

De existir un equilibro entre el poder de coacción del sector del capital y el de los trabajadores, los beneficios que se pudieran alcanzar a través del proceso productivo estarían siendo equitativamente repartidos. Aunque con inevitables tropezones se estaría asegurando una insegura pero al mismo tiempo cotizada paz social. Es lo que vino acaeciendo en las tres décadas comprendidas desde el final de la segunda Gran Guerra y la aparición de los dos nefastos mesías representantes de un moderno Apocalipsis. Aquellos dos descerebrados que en la década de los setenta, desmontando un modelo en el que se redujeron las tensiones y las diferencias entre un sector y otro, demostraron ser dos incalificables trogloditas. Con lo cual, retrocediendo al siglo XIX, a los trabajadores sólo les quedó el ejercicio de la manifestación o el de la violencia.

A mi entender y con relación a esta segunda opción, para restablecer este equilibrio es preciso comportarse de una manera exquisitamente comedida. No sólo porque todos sabemos a los extremos -así como a los resultados- que a lo largo de la Historia tenemos que imputarle a unas confrontaciones en las que la razón (junto con lo que tenía que ser demandado), fue secuestrada por la liberación de los instintos. Es preciso hacer uso de esa facultad de la que tanto blasonamos y a la que desgraciadamente tan poco uso le acordamos.

Si analizando las medidas que hasta ahora se han utilizado para hacer valer nuestros derechos sacamos a colación las huelgas, hemos de constatar toda una serie de secuelas que empequeñecen la importancia que como valor de coacción le conferimos. En primer lugar tenemos el hecho de que en un período de recesión económica en el que la posibilidad de quedarse parado pende como una espada de Damocles sobre las cabezas de los asalariados, tanto los enfrentamientos que se producen en las pequeñas empresas con la patronal, como las amenazas de las grandes a trasladarse a otros lugares, constituyen un freno a este tipo de procedimiento reivindicativo. Especialmente cuando tiene lugar el desmantelamiento del poder que actualmente están sufriendo los sindicatos. Un desmantelamiento que será incrementado como consecuencia de la regulación del derecho de huelga y la legislación laboral con los que nos ha condicionado este nuevo miembro de nuestra saga de gallegos ilustres. En segundo lugar, debido a que a los trabajadores les afecta más en sus economías los efectos de las huelgas que lo que como consecuencia de las mismas puede soportar el Capital.

En cuanto a las manifestaciones (y con ello sólo me estoy refiriendo a las de naturaleza pacífica), hay que tener en cuenta las siguientes circunstancias: Inicialmente debido al cansancio que experimentan los manifestantes en tanto en cuanto sus reivindicaciones no sean lo suficientemente conminativas como para que éstas amenacen un cambio de su naturaleza. Esa contingencia a la que Bertholt Brecht se refirió al decir “Las revoluciones se producen en los callejones sin salida” Subsidiariamente como consecuencia de esa figura jurídica por la que se condiciona el derecho a manifestarse de manera pacífica en función de tener que estar autorizada gubernativamente; una autorización que sólo tiene validez porque nos ha sido impuesta en función de las atribuciones con las que el Poder prostituye tanto el derecho de los manifestantes como el que hubiera de asistir a los que ejercen el Derecho; y que en multitud de casos es desautorizada a tenor de argumentos acomodados a la lógica de una estabilidad social al servicio de lo establecido.

Observando las diferencias de comportamiento con el que los gobiernos tratan a los poderosos y a los más oprimidos ¿es lícito admitir que el Capital sea intocable; que el fraude fiscal se considere como algo incontrolable en función de los beneficios que individualizadamente reportan a Estados mafiosos; que la corrupción de los políticos no trascienda más allá del papeleo de unos jueces y de unos abogados (como hasta ahora ha venido ocurriendo y en ciertos casos continúa resurgiendo de sus propias cenizas), a los que ya la sociedad no cree; que hasta los clubes de fútbol hayan acumulado unas deudas multimillonarias tanto con Hacienda como con la Seguridad Social, mientras que un humilde autónomo se le condene a pagar un 20% de recargo si no ha podido satisfacer las onerosas cargas que le han impuesto? ¿Es dable admitir que mientras que los que pueden desafiar a esos Gobiernos se sitúan por encima de lo legislado, los que manifiestan su desafío en las calles sean objetos de persecución, de palos y sanciones? ¿Ante la infamante disparidad de trato con la que estos gobiernos de mierda han prostituido el concepto democracia, podemos asumir que el ejercicio de la violencia por parte de las Fuerzas de Seguridad (y en su caso, el Ejército), se encuentra al servicio de una ciudadanía, que es en última y única instancia la entidad a la que deberían representar? ¿No es esta representación una muestra de lo irrepresentable a lo que han llegado todos los gobiernos?

La situación a la que nos han llevado los mercados se ha caracterizado por una prostitución del liberalismo que ha permitido a la acumulación llevar a cabo operaciones que son abiertamente delictivas; hemos alcanzado una situación en la que “los de abajo” hemos sido desprovistos de nuestra seguridad en el trabajo; de una gran parte de nuestra capacidad adquisitiva; y de una degradación de lo que deben ser nuestros derechos. Y esto sólo ha podido materializarse a través de una violencia institucionalizada; una violencia que al perpetrarse con la connivencia de las leyes (y especialmente de aquéllos que supuestamente han de interpretarlas), adquiere visos de legalidad a lo que no es más que un atropello. Ya en el siglo XVIII Malesherbes dijo:” Mayoría silenciosa, enterarse.” "Cuando los abusos son acogidos con sumisión, el usurpador no tarda en convertirlos en leyes" Ante esta situación, el ejercicio del poder que puedan llevar a cabo los gobiernos queda neutralizado por la utilización con la que llegan a prostituir las leyes. Con la confabulación del Estado, el Capital ha materializado una revolución inerte; un alzamiento supuestamente revolucionario que a diferencia de aquél que fue catalogado nacional, aparentemente no ha ocasionado suficientes bajas como para llevar ante los tribunales tanto a ese Capital como a ese Estado.

Ante esta situación y ante el hecho de tratar de evitar las consecuencias que se podrían derivar del ejercicio directo de la violencia ejercito mi jurisdicción a contemplarme como un ser con una potestad que no puede estar condicionada por las formas con las que unos pocos han estructurado los mercados. Por el qué he de comprar. Y sobre todo por a quién se lo he de comprar. Desempeño una soberanía que no tendría que ser permanentemente renovada; que es y que por tanto debería ser más efectiva que unas huelgas y que unas manifestaciones que el Sistema ha aprendido a metabolizar.

Entiendo que esta conducta habrá de llevar a una desestabilización de nuestra economía. Percibo que con esta alternativa serán muchos los que habrán de sufrir las consecuencias. ¿Pero nos queda otra elección? ¿No estáis viendo lo que ha ocurrido en Grecia? ¿No es esto mismo lo que está llevando a cabo permanentemente el Capital con aquéllos que ni pueden, ni son debidamente defendidos? ¿No está tratando éste, a través de la asistencia de una banca que es el vehículo de todas sus ignominias, de acaparar entre sus garras no sólo el bien ajeno, sino incluso conculcar los derechos y la dignidad de los que simplemente considera como un factor de producción y de consumo? ¡Pues, actuando resolutiva y al mismo tiempo civilizadamente, aunque tengamos que sufrir para lograrlo, procuremos que se les indigeste!

Las alternativas que aquí se proponen no tienen un coste demasiado excesivo para aquéllos que las pongan en práctica. Constituirán una reorientación de la demanda especialmente dirigida a combatir aquellas empresas que forman parte del Gran Capital. Serán unas medidas coactivas. Serán una suerte de confabulación de “los de abajo” contra los que consideran que se encuentran “más arriba” Representan que al tener que prescindir de utilidades cuya producción está en manos de las grandes empresas, tendremos que sacrificarnos al objeto de adaptar nuestro consumo al que nos puedan facilitar empresas que estén dispuestas a desprenderse de sus relaciones con el Gran Capital. Y para ello será preciso conformar lo que haya de ser una sólida Unidad Popular. Una Unidad completamente distanciada del patrocinio con el que pretenden monopolizarlas religiones, sindicatos y partidos. Una Unidad que tendrá que ser forjada a través de mensajes en la Red (y de ser esto imposible de llevar a cabo como consecuencia de la dictadura con la que desde el Poder se controla su dinámica), con manifestaciones visuales periódicas que tendrían que ser programadas a la usanza en la que se materializaron en aquellas épocas en las que la Represión intentó atenazar las disidencias. Una unidad cuyos objetivos se verán completamente confirmados cuando en principio transfiramos todo lo que tengamos depositado en entidades mafiosas, a una banca ética, que dando cuenta detallada de sus operaciones a la ciudadanía, imposibilite tanto la financiarización como las transferencias y manipulaciones que la banca corrupta llevan a cabo con paraísos fiscales.

Es cierto que “los de arriba” tratarán de impedir todo lo que pueda desestabilizarlos. Y para ello contarán tanto con la utilización de unos medios de difusión como con su empoderamiento de la Ley y del Orden. Una Ley y un Orden que durante siglos han venido modelando y poniendo a su servicio. Lo que haya de ser sólo podemos hacerlo nosotros. Lo demás son instrumentos accesorios que en función de su accesorialidad se han de adaptar a los requerimientos que les ha de hacer el pueblo; ese pueblo que es el que como conjunto de individualidades está representando lo que como individualidades somos. Hemos de concienciarnos de que como la acumulación que es la representación del capital es la única fuente sobre la cual nos es dable ejercer un trabajo, mientras que ésta no esté siendo compartida, nos encontraremos sometidos por la falta de medios con los que poder modificar nuestro destino. Esta situación es la que aprovecha el capital para a través de nuestras necesidades imponer lo que a su entender ha de ser ese destino. Aprovechando nuestra falta de medios, provocar un desabastecimiento acompañado de un incremento de los precios. Y por si esto fuera poco, siempre le queda al Capital el uso de unas Fuerzas a las que, en función de que éstas forman parte de lo que ha de ser defendido, les ha sido encomendada la defensa del Orden Establecido. Tendremos que seguir soportando los ladridos de los perros, Pero aprenderemos a reconocerlos. Y esto debido a que sus funciones como oráculos de las amenazas de aquéllos que les dan de comer será testimonio de lo que pueden llegar a hacer los malos perros. Lo que haya de ser hecho tendrá que hacerse a través de un consenso ponderado que haciendo uso del Derecho a la Vida como el más fundamental de los derechos, nunca nos pueda ser arrojado a la cara. Todo lo que de él hemos hecho germinar (como son los derechos que se recogen en el Derecho Positivo), pueden - y en muchos casos llegan a - constituir violaciones de los que defendemos en aquél. ¿Porque con esta connotación de Positivo lo que verdaderamente hemos hecho ha sido interpretarlo en función de requerimientos fundamentados en intereses y derechos tanto personales como colectivos.

Sin tratar de sajar un nudo gordiano que como símbolo de interconexión en nuestras actividades económicas establece lo que han de ser las relaciones existentes entre la cosa y el sujeto al que la cosa pertenece, hemos de convenir la procedencia del Derecho a la Propiedad que se recoge en ese Derecho Positivo. Lo cual no obsta para que convengamos que un derecho a la propiedad que conculca un derecho natural, que como el Derecho a la Personalidad directamente está relacionado con el Derecho a la Vida, tenemos que asumirlo en todas las facetas con las que racionalmente tendría que contemplarlo el Derecho. Sin connotaciones subjetivas. Y para ello considero procedente sacar a colación el siguiente pasaje de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.

El capitalismo está determinado por su propia estrategia: la permanente acumulación a toda costa y a costa de todos; incluso a costa de los fundamentos de dicha estrategia. Evolutivamente no ha conseguido traspasar aquello que le hermana al jumento. En consecuencia y al contrario de lo que sostienen Laclau y Mouffe (y en concordancia con lo que sostuvo Marx), los objetivos no podemos alcanzarlos acordando concesiones que más pronto que tarde son invalidadas con las coces y rebuznos con las que condicionan a los gobiernos. Ha de ser la Unidad Popular y no el partido que llegue a gobernar la que pueda imponer una alternativa programática que sea la que se enfrente al neoliberalismo. El posmarxismo es tan solo una elaborada estratagema concebida para desarticular cualquier proyecto que cuestione su continuidad. Por muy elaborada que ésta sea, lo que sostiene el posmarxismo no es más que una manufacturada estupidez; una majadería que si por una parte queda al descubierto cuando empíricamente constatamos que el capital sólo respeta compromisos cuando la realidad le obliga respetarlos, por otra, sus autores parecen no haber llegado a entender que el capitalismo no puede ya dar más de sí. La única vía que aún le queda al capitalismo es la de ir transubstanciándose para que pueda seguir manteniendo y disfrutando de lo que, con todo el dolor de nuestros corazones ha conseguido depredar. Su tiempo concluyó. O al menos, en tanto en cuanto mantengamos vigente el imperio con el que desarrollemos lo que nosotros hayamos de hacer. En esta transubstanciación del modelo económico que estamos padeciendo habrá de ser tenida en cuenta la mesura con la que tendremos que actuar para que ante lo inevitable de lo que se habrá de producir, nuestra premura malogre la naturaleza de dicha transubstanciación. Los cambios que se precisan materializar son de tal envergadura, que sólo asumiendo tanto las formalidades que se hayan de desarrollar en las distintas Asambleas como las que posteriormente serán preciso implementar a tenor de las directrices señaladas en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?, podremos alcanzar lo que tras tantas algaradas, saqueos y sangre nos vino a mostrar que la falta de coordinación y el exceso de visceralidad sólo nos pueden llevar al reconocimiento de nuestra impotencia.



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Exceepto todas las demás (II)

Exceptuando todas las demásPostado por degregorio jue, agosto 13, 2015 13:42:54
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… EXCEPTUANDO TODAS LAS DEMÁS (II)

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Asambleas Cibernéticas de Notables, ACNs

Tras haber sido analizadas y debidamente argumentadas las manifestaciones que hubieran arribado a las Asambleas Cibernéticas de Base y una vez alcanzado un consenso (o en su defecto, enfrentado a una posible discrepancia), los resultados obtenidos tendrían que ser remitidos a las Asambleas Cibernéticas de Notables para su posterior ponderación y análisis. En este contexto y en tanto en cuanto no se hubiera llegado a un acuerdo mayoritario entre las partes, las decisiones a tomar tendrían que ser pospuestas; es decir, la sociedad tendría que seguir soportando y reclamando lo que por falta de acuerdo no se hubiera alcanzado.

Las exposiciones que hubieran de llegar a estas últimas, a pesar de condensar una opinión suficientemente unívoca no tendrían que ser de jure asumidas como una imposición determinante,

Aunque existirían bastantes similitudes entre ellas y las de Base, debido a su mayor especialización será preciso observar lo que sigue:

Mientras que la participación de los miembros que hubieran de conformar la ACBs sería elegida por todos los componentes de la sociedad, la de las ACNs debería pasar este trámite en función de la elección efectuada por los integrados en las Asambleas de Base. Y esto a tenor de la cultura, la experiencia y buen juicio que demostraran a lo largo de su delegación.

La dedicación de sus miembros a los cometidos de estas asambleas habría de ser exclusiva.

Debido a la mayor especialización que se habría de requerir a los miembros de estas Asambleas Cibernéticas de Notables, los salarios que éstos hubieran de obtener tendrían que estar en consonancia con la mayor o menor preparación que para desarrollar sus cometidos tuvieran que realizar.

Su permanencia como miembros de estas asambleas estaría supeditada a la licencia o el repudio que sobre sus gestiones pudieran formular las ACBs. Sin que las asambleas impugnadoras tuvieran necesariamente que ser aquellas que los hubieran elegido. Accesoriamente, los miembros que las compusieran les sería dable cesar en sus funciones por voluntad propia en el momento que lo consideraran oportuno.

Con respecto a la manera en la que los miembros de estas asambleas deberían llevar a cabo sus funciones, considero que una vez que cada uno de ellos hubiera recibido y ponderado las exposiciones que les llegaran de las ACBs, tendrían que comentarlas y analizarlas informáticamente entre sus miembros, para posteriormente concertar las manifestaciones y consideraciones que hubieran de ser decantadas ante la Asamblea Cibernética Legislativa, ACL. Como complemento a lo manifestado es necesario señalar que para evitar que las exposiciones que las Asambleas de Notables hubieran de deponer ante la Legislativa no fueran exclusivamente un compendio de la problemática que se suscitara en las áreas en las que individualmente estuvieran ubicadas, con anterioridad a sus deposiciones, la mayor parte de la jornada laboral de sus miembros debería consagrarse a mantener contactos con el resto de las Asambleas de Notables. De esta manera les sería dable ponderar la prioridad y pertinencia de las demandas que en cada una de ellas estuvieran concurriendo.

Debido a la necesidad de tener que comprobar y analizar las manifestaciones y denuncias que se pudieran presentar en estas asambleas, los miembros de las ACNs habrían de tener la potestad de investigar sin ningún tipo de reparo, tanto en las empresas privadas como en las públicas; así como dar a conocer el resultado de estas indagaciones. La excepción a esta regla se habría de producir cuando por una razón justificada que tendría que ser analizada y ponderada en la ACL, las exploraciones que hubieran de realizarse pudieran poner en entredicho la seguridad o el buen funcionamiento de nuestra comunidad. En este caso y entendiendo que las razones que han sido argüidas no deberían impedir una investigación que en el supuesto de no ser hacedera podría conllevar la ocultación de intereses espurios, las indagaciones que hubieran de ser efectuadas tendrían que ser realizadas por equipos especializados de la Administración especialmente conformados para llevar a cabo esta encomienda.

Estas asambleas tendrían que ser consideradas como empresas adscritas al sector Público y consecuentemente financiadas por éste. Sin embargo, debido a que sus diligencias constituirían un compendio de las denuncias y demandas de los administrados, y consecuentemente habrían de defender frente a la Administración los derechos de sus requirentes, estos entes atípicos no podrían estar condicionados por los intereses que pretendiera imponerles lo Público. En este contexto, cualquier interferencia por coacción o cohecho que intentara ejercer la Administración sobre estas asambleas, constituiría una prevaricación; una transgresión que de llegar a ser conocida por las Asambleas de Base, induciría un proceso que habría de remover a aquél o aquéllos que pudieran verse en la misma involucrados.

Asamblea Cibernética Legislativa, (ACL)

Entre las funciones ejercidas por esta asamblea habrá de estar la de proponer, desarrollar y promulgar la legislación que haya de servir de Carta Magna para todos los miembros del Sistema. Esta legislación tendría que ser el resultado de las conclusiones alcanzadas en el seno de esta entidad entre sus miembros y los que estuvieran representando a los distintos Ministerios existentes en nuestra comunidad.

Una comunidad vertebrada (a diferencia de aquélla invertebrada a la que Ortega le adscribió como singularidad la de no contar entre sus filas con unas minorías selectas), sólo puede ser la que, a través del concierto y del entendimiento entre sus componentes, lo que haya de ir engarzando su espinazo sea gestado en concordancia con las necesidades y las iniciativas de sus miembros. Las excelencias son el destello que surge del chisquero; pero para que este mechero pueda llegar a alumbrar se necesita que intervengan, unas manos que materialicen lo que con el chisque sea posible conseguir. Y esto en función de que lo que haya de ser hecho siempre deberá estar determinado por la representatividad participativa que democráticamente tenga que ostentar la mayoría. Como expone Carlos Fernández Liria en su artículo “Republicanizar el Populismo”, lo malo de nuestros sistemas parlamentarios no es que sean parlamentarios, sino que no es verdad que lo sean: son dictaduras económicas con una fachada parlamentaria. Bastaría con que el poder legislativo fuera de verdad, lo que dice ser y no es.

Asamblea Cibernética Ejecutiva, ACE.

Esta entidad estaría constituida por dos componentes absolutamente diferenciados entre sí: el primero estaría conformado por una parte asamblearia, el segundo, la formada por aquellas entidades que hubieran de desarrollar ejecutivamente las normas y ordenanzas que hubieran sido establecidas por la Asamblea Legislativa.

A tenor de todo lo que ha sido mencionado creo necesario sacar a colación el posicionamiento expresado por Rousseau en el capítulo XV de su Libro Tercero, relativo a la representatividad conferida a nuestros delegados (por otra parte conculcada cuando defiende la representatividad que debe de asistir al soberano), según el cual, ésta “procede del gobierno feudal; de ese inicuo y absurdo gobierno en el cual la especie humana se ha degradado y el nombre del hombre se ha deshonrado.” “En las antiguas repúblicas y en las monarquías, el pueblo no tuvo jamás representantes.” “En el momento en el que un pueblo se da representantes ya no es libre; ya no existe”

Para tratar de superar las disonancias que creo encontrar en el Contrato Social, estimo que, en concordancia con el entrecomillado del texto mencionado, en todos los casos, la representatividad debería ser abolida. Considero que un pueblo que sepa y quiera decidir lo que haya de ser su futuro, debe ser el único partícipe de lo que, en función de su presente, aquél haya de ser. Que en el conocimiento y en la libertad con el que pueda modelarlo, la existencia de una entelequia con perfiles supra-ciudadanos atenta contra el buen juicio y la libertad que deberían avalar a los miembros del sistema que estamos pergeñando. El único prototipo de gobierno que nos debe caracterizar es aquél que los ácratas pretendieron institucionalizar; y que debido tanto a la imposibilidad de establecer un “modus operandi” con el que poder llevar a cabo sus designios, como a las secuelas que en función de esta carencia se originaron a tenor del comportamiento subjetivo de los que se adscribieron a su credo, llegó a adquirir connotaciones tan espurias como las que encontramos en el anarquismo desbocado. A mi entender, aquella Voluntad General (que sin ser la suma de todas las voluntades individuales tendría que ser expresión del “interés común”), podría ser alcanzada, cuando habiendo sido depurada de forma impersonal ante las Asambleas de Base y de Notables, las inducciones que pudieran haberla prostituido, fueran consideradas como lo decidido a través de un consenso despersonalizado por la generalidad. Un “interés común” que para ser llevado a la práctica sólo se le habría de adscribir el marchamo de la legislación y la cumplimentación de su debida ejecución ejercidos por la Asamblea Legislativa, así como los diferentes organismos emplazados en la Asamblea Ejecutiva.

Como podemos observar de lo antedicho, nuestra intención no es organizar un modelo de sociedad que siendo ácrata esté desprovisto de instituciones que puedan gobernarla. Nuestro propósito es el de establecer un tipo de gobierno en el que la participación de la autoridad se transubstancie en unas entidades en las que lo que haya de ser decidido, legislado y ejecutado, se realice con el concurso de una Voluntad General que necesariamente habrá de ser manifestada y analizada de forma impersonal. Cuando los agentes que tengan que llevar a cabo lo que haya de hacerse tan sólo sean intérpretes de lo que haya decidido el pueblo. La acracia que aquí se propugna no es un modelo de regulación social que por carecer de la figura de la autoridad está ignorando la propia concepción de gobernabilidad. El paradigma que aquí se contempla es el de un sistema de gobierno en el que, como consecuencia de la estructura piramidal que se habría de seguir en la toma de las decisiones, así como las funciones de control que estarían siendo ejecutadas a través de las máquinas, lo que haya de ser legislado y practicado sea el resultado de un consenso elaborado por la generalidad.

Es cierto que esta manera de exteriorizar nuestras interpelaciones no estaría exenta de subjetivismo. Es de entender que en un gran número de casos las denuncias de muchos de los miembros del sistema no serían más que unas declaraciones reivindicativas que se pretenderían resolverse en detrimento del bienestar de la generalidad. Sin embargo, aunque esta situación es totalmente previsible, lo que asimismo tenemos que asumir como presciente, es que estas denuncias sólo podrían prosperar en su contraste con lo que a este respecto pudieran substanciar los demás miembros de nuestras Asambleas de Base. Es más, teniendo en cuenta que las exposiciones decantadas en su seno tendrían que ser ponderadas en las de Notables, las únicas que podrían florecer serían aquéllas que atendieran al bienestar y a los derechos de la pluralidad.

Asamblea Cibernética Judicial, ACJ.

Siendo tal la independencia con la que habría de actuar esta Asamblea, considero que más allá de los principios que en ésta se habrían de aplicar a tenor del Derecho, nada




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Exceptuando todas las demás (I)

Exceptuando todas las demásPostado por degregorio jue, agosto 13, 2015 13:37:47
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EXCEPTUANDO TODAS LAS DEMÁS (I)

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Acabo de leer un artículo de José Ignacio Anzorena que bajo el título “Hacia un asamblearismo real” nos muestra el hartazgo que siente la ciudadanía a lo que ha sido denominado como una “democracia representativa”. Hacia la prostitución con la que se ha degradado una calificación y un término que a tenor de dicho desmerecimiento llegó a ser catalogado como la peor forma de gobierno exceptuando todas las demás.

A mi entender y en el de aquéllos que acuñaron la palabra democracia, su ejercicio tenía que ser desempeñado por y para el pueblo. El que este ejercicio tuviera que ser delegado se debió a los problemas inmanentes en una participación que en el pasado era totalmente impracticable. Tanto por el conflicto que Rousseau encontró en la imposibilidad de mantener a la ciudadanía permanentemente sometida a un proceso consultivo, como por la disparidad de intereses que concurren en convenciones en las que priman las subjetividades. Aunque a todo esto habría que añadirle la estulticia de una sociedad que no ha sabido o estado dispuesta a revelarse ante el tipo de cultura que le han ido imbuyendo.

Estoy totalmente de acuerdo cuando su autor dice:

“El asamblearismo propone la asamblea de iguales como eje de debate, discusión, organización y decisión política.”

Disiento cuando agrega:

“Un asamblearismo extenso y verdadero debe proponerse impregnar las distintas realidades sociales, incluyendo también y sobre todo la organización del trabajo y la de la totalidad de los procesos educativos, y actuar de manera material y concreta sobre la realidad. Mientras el asamblearismo se limite a la asamblea pública o de grupos de activistas, seguirá siendo un proyecto político inacabado. Se hace necesario extender en lo posible el proyecto de la asamblea –que es un proyecto político, pero también y fundamentalmente educativo y social– a todos los ámbitos de la realidad colectiva.” “Mientras el asamblearismo coexista con la democracia parlamentaria, su potencial y su efectividad reales quedarán fuertemente mermadas. La implantación de un asamblearismo real sólo será posible con la sistemática desaparición del parlamentarismo y su substitución por una red compleja de asambleas de iguales”.

Y no lo hago porque con este argumento se pretenda establecer una metodología que sea extraña a las necesidades que precisa nuestra sociedad; disiento porque con el modelo asambleario que aquí se propone se estaría conformando una red compleja de asambleas de iguales que nos llevaría a la conformación de unas banderías; unas asambleas que enfrentadas entre sí (en función de sus intereses colectivos), habrían de cristalizar como un conjunto de asambleas verticales. Y estos enfrentamientos han sido la causa principal de que la Izquierda (exceptuando aquellos casos en los que ha recurrido a una violencia asamblearizada), nunca haya constituido una verdadera fuerza con la que enfrentarse de manera efectiva a la Derecha.

A mi entender, en función de lo que expuse en algunos de los pasajes de la obra ¿Es posible otra economía de mercado?

“Hemos de ser concientes que como factor fundamental con el que iniciar nuestra andadura será preciso conformar unas Asambleas de Base en las que el pueblo se manifieste informáticamente con respecto a los problemas que a su entender deberían ser abordados. Unos problemas, unas sugestiones y unos requerimientos, que tras su análisis y su decantación como acuerdos asamblearios, tendrían que ser propuestos a unas Asambleas de Notables, en las que tras haber sido éstos debidamente evaluados (en función de que ya no estarían tan estrictamente determinados por las subjetividades que pretendieran imponerles las de Base) las conclusiones que se hubieran de adoptar y transferir a una Asamblea Legislativa, principalmente contemplaran con mayor aplicación los intereses de la generalidad, que los que pudieran demandar las individualidades. En un proceso en el que lo que hubiera de ser decidido y llevado a cabo, no lo hubiéramos dejado en manos de unos poderes representativos, sino que estuviera promovido por el propio pueblo; que surgieran de éste las políticas y las actividades que a través de su decantación se hubieran de seguir.”

En este contexto, a mi entender, el asamblearismo no debe ser objeto de una impregnación que sea exógena a lo que en el seno del mismo racionalmente se pueda desarrollar. Y es que hasta ahora estas impregnaciones han constituido en las personas impregnadas la materialización de unas subjetividades que las han puesto al servicio de aquéllos que han sabido utilizarla. Unas inculcaciones de las que se han derivado la conformación de unos partidos, religiones, nacionalismos y castas que en la defensa de sus subjetividades no sólo establecen unas fronteras que separan; al ser asumidas como únicas y axiomáticas, anatematizan nuestra propia capacidad de reflexión. Recuerdo que una vez le preguntaron a un exegeta de la religión islámica (aunque hace años también podrían habérselo requerido a uno que impartiera la doctrina cristiana), la razón por la cual consideraba superior aquélla en la que fundamentaba sus creencias; a lo cual respondió que por ser la única y verdadera.

La gestión del Poder debe ser un ejercicio de responsabilidad y de consenso, pero este consenso no debe materializarse como una aquiescencia doctrinal. El debate primario tendrá que decantarse en las Asambleas de Base; el secundario, en las de Notables y finalmente será en la Asamblea Legislativa, donde como último escalón en el proceso que recoja la Voluntad General de la ciudadanía se construya lo que haya de ser establecido. Un peldaño que se encontraría en la cima de los que le estarían sirviendo de soporte; pero que para alcanzar esta posición, su preeminencia estaría siendo sustentada (y que por tanto habría de dar cuenta del poder que desde el mismo se pudiera ejercer) por el ejercicio de pilar llevado a cabo por los peldaños inferiores. El ejercicio del Poder debe ser comisionado por el pueblo. Y esto, no como consecuencia de la celebración de unos comicios en los que, creyendo ser por un momento, soberanos, sólo estaremos designando quienes habrían de ser nuestros propuestos embaucadores, sino a través de la omnipresente actuación de las Asambleas de Base y de Notables. Y es que, en puridad, al no existir en las decisiones concertadas en estas Asambleas ningún personalismo, (debido a que las decisiones que en ellas se tomaran reflejarían las sugerencias y demandas expresadas por la generalidad de forma impersonal a través de la informática) no podrían concurrir en su conformación ningún tipo de interés connotado a una facción.”

Al objeto de justificar los por qué tenemos que establecer un sistema asambleario que nos manumite de las supeditaciones con las que nos somete la pseudo-democracia que estamos padeciendo, sólo tenemos que observar las diferencias que habrían de concurrir entre una Asamblea Legislativa que verdaderamente estuviera representando los intereses y la voluntad del pueblo y un Parlamento que sólo es representación de los poderes económicos. Lo malo no es el parlamentarismo. Lo diabólico es que el Parlamento, a tenor de cómo ejercita sus funciones, no es más que un conjunto de monigotes bien alimentados que han aprendido a pulsar los botones en función del número de dedos que el director que los orquesta muestra a los que se han apecebrado en sus escaños. Es por esto por lo que la representatividad que se arrogan los gobiernos a través de las urnas constituye una falacia de composición. Los Estados y los gobiernos, tales como los conocemos son tan solo unas concreciones en las que emerge y se reproduce la mayor parte de la clase política dirigente. Lo que hasta ahora hemos conseguido con la conformación de los partidos ha sido proporcionarles una forma de gobernar que justifica y resume muy bien una columna escrita por Gideon Rachman en el Financial Times en diciembre del 2014: “en un mundo ideal, Europa debería deshacerse de su “eslabón más débil” y dejar que los expertos asuman el poder para imponer de manera directa la política económica. Si acaso deban persistir las elecciones, su función sería tan sólo la de confirmar el consenso de los expertos.”

Esta es la tendencia que en función de la naturaleza a través de la cual han sido conformados, prima en todos los partidos que alcanzan el poder. ¿Estamos en consecuencia irremisiblemente condenados a tener que acomodarnos a un estado de cosas que a pesar de repugnarnos no tenemos el coraje de afrontar? Según nos dijo un poeta y filósofo como Krishanamurti; un poeta y un filósofo que con sus palabras pretendió despertarnos a la vida: “no es un signo de buena salud estar bien adaptados a una sociedad completamente enferma”

A mi entender de una manera un tanto somera, las funciones que hubieran de desarrollar estas asambleas serían las siguientes:

Asambleas Cibernéticas de Base, ACBs

En las Asambleas de Base se habrá de debatir de una forma informática; es decir, no personalizada, las opiniones, las denuncias y las demandas de la ciudadanía a través de unas discusiones compartidas informáticamente, en las que se estarían ponderando y sometiendo a consenso aquello que los intervinientes hubieran opinado, denunciado o propuesto.

Con independencia que la totalidad de la ciudadanía podría manifestar de manera directa ante las ACBs lo que tuviera que decir, para evitar en lo posible nuestra capacidad de pretender validar nuestros asertos sin decir prácticamente nada, los que objetivamente hubieran superado nuestra ingénita inclinación hacia el protagonismo tendrían la oportunidad de trasladar sus opiniones denuncias y demandas a las comisiones que periódicamente se hubieran de celebrar en sus empresas. De esta manera con lo que hubiera de ser vertido en estas ACBs, sin el concurso de la presencia física visual o auditiva, estaríamos superando el consiguiente número de escollos que se producen en la mayor parte de los debates como consecuencia de los personalismos. Lo que con este proceso se perseguiría sería que con la ponderación de lo que hubiera de ser manifestado en estas asambleas se estarían validando las razones que estuviéramos buscando. Sin que las impugnaciones que se pudieran producir estuvieran fundamentadas más en un rechazo hacia la persona o la institución que los hubieran formulado, que al espíritu y la significación de lo manifestado.

Los receptores de estas sugerencias y demandas en estas ACBs deberían sondear en sus contactos con aquéllos que las hubieran emitido las razones que las estuvieran acreditando. Y esto, al objeto de que una vez que éstas hubieran sido transferidas a las Asambleas Cibernéticas de Notables, ACNs, poder efectuar in situ un somero cotejo sobre la procedencia de las mismas; para posteriormente llevar a cabo las investigaciones oportunas y emitir un juicio que habría de ser contrastado y ordinariamente sometido a los que formulara la generalidad.

Extendiéndonos un tanto en una materia que por su complejidad no puede ser contemplada con más dedicación en estas líneas, creo necesario señalar que cuando una persona está exaltada por los motivos o argumentos que esté formulando, la vía oral no es la más adecuada. No es sólo que con su posible o natural desabrimiento induciría en sus semejantes un estado de ánimo que llevaría el marchamo del enfrentamiento. Es que además, al perder el dominio y la mesura, se habrían dejado atrás la prudencia y el tacto. Por no decir la propia capacidad de razonar. Puede que en un buen número de casos esta actitud que estamos impugnando sea premeditadamente positiva para aquél que la esté practicando. Lo que no hay duda es que junto a la imposición que habría de imprimir en sus semejantes, su desmesura no estaría justificando la validez de lo que éste estuviera tratando de comunicar. Por el simple hecho de perder los estribos, el exaltado da un paso atrás en la evolución del ser humano. Vuelve a ser reo de sus instintos más primarios. En este aspecto, el arrebatado está empleando en sus relaciones o contactos con otras personas una faceta de sus insuficiencias o inaptitudes que no están dando fe de sus supuestas potencialidades de analizar y de reaccionar. Se está manifestando como un ente que se considera lo suficientemente cualificado y consecuente como para menospreciar las razones que pudieran impugnar sus argumentos mostrando al mismo tiempo su incapacidad de transmitir la posible validez de su argumentación. Para eludir el mencionado retroceso es necesario recurrir a una metodología que por ser más reposada que la que se suele utilizar a través de la palabra, nos obligue a hacer más uso de nuestra capacidad intelectiva que de aquélla que, mediatizada por nuestra sensorialidad, se encuentra sometida a nuestras dependencias fisiológicas. Se precisa hacer uso de un recurso que, como la escritura, no sólo obliga al que lo ejercita a, en cierta forma filtrar lo que pudieran ser sus argumentos; sino que con respecto al que tuviera que actuar como lector, al no verse constreñido por la técnica o la emotividad que se suele imprimir en las exposiciones de naturaleza oral, tendría asimismo que ajustarse a lo que en el escrito se hubiera tratado de plasmar. Como hemos dicho con anterioridad, de esta manera se lograría evitar, si no esa habilidad de expresar de una forma atractiva una visión elaborada en concordancia con los intereses personales de determinadas individualidades o sectores, sí, la influencia que sobre miembros menos categóricos pudieran emplear aquéllos que tuvieran una personalidad excesivamente dominante.

Como podemos ver por lo expresado, las ACBs no serían equiparables a esas entidades en las que hasta ahora hemos depositado nuestras expectativas para, a través de ellas, resolver los problemas que acostumbran acuciarnos. Y con ello me refiero a los partidos, los sindicatos y demás entidades en las que pretendemos hacer valer nuestros derechos. Entiendo que nuestras reivindicaciones se habrán de conformar como un ente de presión; sin embargo, lo que no podemos permitir es que la representatividad subrogada en estas demandas, sea asumida por entidades físicas que puedan interpretarlas de una manera subjetiva y hacer de estas interpretaciones la justificación que garantiza su participación en la interpretación de los derechos que deben asistir a la generalidad.

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