2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

En la busca de un Ahora en Común

En la busca de Ahora en ComúnPostado por degregorio sáb, septiembre 19, 2015 01:27:20
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Lo que está ocurriendo en esta sociedad corrupta y canalla que según la terminología capitalista es conocida como neoliberalismo no es más que la expresión de lo que hemos permitido con nuestra cobardía para enfrentarnos con los Poderes que nos están utilizando. Podemos considerar que es un pasotismo derivado de nuestra propensión a no encararnos demasiado con una sistema que de ser molestado nos podría ocasionar toda una serie de complicaciones en función de su dominio del modelo en el que tenemos que desenvolvemos. Podemos esperar sentados a la puerta; pero no podemos olvidar que el monstruo, uno a uno, nos está arrancando de nuestro umbral para llevarnos al lugar en que seamos utilizados como cosas. En su caso, de usar y tirar. Como ha ocurrido con los que el sistema ha dejado cesantes; o lo que está ocurriendo en el Tercer Mundo con las actividades de un imperialismo, que en su búsqueda de obtener los beneficios que ya no puede alcanzar en su guarida está tratando de dominarlo con las armas. No podemos rumiarlo con nuestro pasotismo; está ahí; es la subyugación con la que los cobardes tratan que el monstruo los considere tontos útiles. Sólo cuando vemos imágenes como las de Aylan pretendemos demostrar a los demás cuanto nos conmovemos. Sólo cuando vemos que hasta un niño de tres años ha sido víctima de las ambiciones que los poderosos son capaces de llevar a cabo nos sentimos un tanto culpables. Pero sólo un tanto. Cuando todos sabemos que son miles, por no decir millones los niños que Saturno devora, Aylan es la existencia de una visión que al estar siendo compartida tratamos diluir en una responsabilidad que no nos afecte de forma directa. Es como si en una sociedad en la que todos nos estamos contemplando desde el anteriormente mencionado umbral tuviéramos la necesidad de demostrarnos a nosotros mismos que no tenemos pegado nuestros culo al asiento.

Y sin embargo, a nivel personal, más allá de esta hipocresía socializada ¿qué es lo que podemos esperar sentados, cuando estamos viendo que con la inanición con la que los trabajadores están asumiendo su actual estado, el capital está incrementando las exacciones que detrae de las fuerzas del trabajo? Cuando con las reinversiones que dimanan de sus cada vez más abultados beneficios, cada vez es menos precisa la utilización de dichas fuerzas. ¿No somos conscientes que si no hay una equilibrada relación entre la producción y la distribución – cosa a la que se opone frontalmente el capitalismo -, y consecuentemente siguen incrementándose las diferencias entre pobres y ricos, toda la demagogia y falsas promesas de crear en tres años 3 millones de puestos de trabajo que no sean contratos basura no es posible materializarla. En modelo en el que se defiende prioritariamente los intereses del capital, cuanto más se produzca y no sea repartido, mayor serán las mencionadas diferencias.

¿No somos consientes que la Derecha, como expresión de una inteligencia puesta al servicio de una subjetividad que necesita objetivarse, ha logrado imponer con el miedo y las mentiras todas las tropelías que los gobiernos han forjado para supuestamente defender los derechos de los ciudadanos? ¿Es que no nos damos cuenta que debido a que a estos gobiernos les hemos conferido una delegación “representativa”, en contraposición a lo que verdaderamente representa una democracia participativa, dejamos en sus manos unos organismos (entre los que se encuentran las FF.AA., las de Seguridad, y la Judicatura), que al estar unilateralmente bajo la égida de los que detentan el Poder, nos mantiene durante cuatro años como espectadores de lo que en la ausencia de esta delegación de “representatividad” debería encontrarse sometido permanentemente al consenso consultivo que encontrara en la ciudadanía? ¿Seguiremos esperando que aquellas tres virtudes teologales con las que nos ha estado alimentando la Iglesia, compensen nuestras carencias terrenales, y en una maravillosa transubstanciación lleguemos a asumir como connatural una coexistencia entre nuestro infortunio y las causas que lo han generado? ¿Qué es lo que podemos esperar con una globalización de los mercados, como el TTIP, el TTP, o el CETA (promovida y defendida por esos gobiernos), que al mismo tiempo que libera la circulación de capitales y restringe los poderes de los propios estados, circunscribe a través de unos mandatos la de la circulación de unos inmigrantes que, como actualmente estamos viendo huyen de las canalladas que les hemos causado en sus propios países? Y una vez asumido que esta inmigración es imparable ¿qué podemos exigirle a ese culo para que, dejando de ponderar en su situación sedente, se incorpore y adquiera esa movilidad que caracteriza a los que quieren y tienen que hacer algo?

Dicen que el tiempo lo repara todo. Y es verdad. El tiempo (siempre que podamos contarlo) siempre nos ha llevado a superar nuestros inconvenientes síndromes. Una vez que Rusia, China y Europa del Este se han insertado en la economía de mercado, para esos culos, estas virtudes teologales justifican su sedentarismo. O al menos podríamos pensar que lo hacen. Sobre todo asumiendo la premisa de que la fe y la esperanza obran milagros que hacen completamente redundante la necesidad de tener que depender de la caridad. Según Fukuyama “la democracia capitalista aparece como el régimen político absoluto e ideal” Lo que ocurre es que un régimen político, que por antonomasia está representando al capitalismo no es en absoluto democrático. Podrá ser absoluto, pero al ser completamente extraño a lo que se define como democracia, el pueblo, que es la entidad a la que supuestamente tendría que estar representando, no puede considerarlo como ideal. En concordancia con lo expuesto existe un permanente estado de constatación entre aquéllos a los que les pesa demasiado la parte que tildamos más innoble de nuestra anatomía y los que más ligeros de equipaje les mueve mucho más las situaciones que han provocado el asesinato de Aylan; entre los que deciden inclinarse y compartir conmociones hipócritas, y los que optan, si no por eliminar a un monstruo que cual Medusa tiene mil cabezas, sí por confinarlo en su propia madriguera. Y están surgiendo como setas, agrupaciones que contestan los derechos con los que a sí mismo se han investido los gobiernos. Se está volviendo a reproducir aquella conciencia de clase que desde mediados del siglo XIX cuestionó y se enfrentó con la explotación y la desigualdad que vino denunciando Dickens. Una desigualdad que caracterizó las relaciones sociales y económicas entre los miembros de una población que ni siquiera podía ser catalogada como sociedad. En este contexto, no podemos dejar de advertir que si no establecemos una metodología que por su naturaleza fáctica se encuentre más allá de las subjetividades con las que traten de ponerlas a su servicio las singularidades, las reafirmaciones que hasta ahora henos pedido a la ciudadanía estarán determinadas por el cansancio que dicha reafirmación exige: un cansancio derivado de unos enfrentamientos que estarían reproduciendo el temor que ya mencionó Rousseau en el Contrato Social; y un cansancio que de nuevo nos habrá de llevar a la misma abrogación de las revoluciones que una y mil veces hemos tratado de materializar a lo largo de la Historia. Es necesario que estos pronunciamientos estén anclados en una función de relación intersocial que al soslayar las propensiones subjetivas con las que defendemos nuestros puntos de vista e intereses, se desarrollen a través de las máquinas; unas máquinas que ya están siendo utilizadas por los que nos mantienen excluidos, y que con independencia de que su utilización por parte de personas ajenas al trabajo les habrán de llevar a una situación tan impensada como no deseada para sus intereses, en función del servicio que a la generalidad les habrían de prestar, para poder hacerlas nuestras hemos de superar las diferencias que separan a la Izquierda. Y esto, a mi entender no podremos lograrlo tremolando la bandera y llevando en la cartera la credencial de un partido que por ser un distintivo conllevaría la existencia de una identificación en principio excluyente. Tenemos que llevarlo a cabo a través de un proceso que haciendo uso de nuestra propia identidad y respetando la que puedan ostentar los demás es superficialmente detallado en los artículos que figurando en la bitácora <degregorio.unaeconomiasocial.es> llevan por título “… entre todas las demás” y “Unidad Popular” Esta es, a mi entender, la única forma de aprehender un Ahora en Común, que sin estar conformando un partido, a través de la informática, pondere, filtre y de cuerpo a esa Voluntad General que ante la falta de la máquina no pudo antes ser llevada a la práctica.








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