2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Danzad malditos

Danzad malditosPostado por degregorio vie, noviembre 20, 2015 17:29:05
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DANZAD MALDITOS. BOTANDO Y VOTANDO SERÉIS LIBRES

Es curioso observar cómo la democracia que ha venido acompañando al progreso nos ha convertido en estúpidos; pero lo que es sencillamente remarcable es que una estupidez que supuestamente no podría trascender de sus propias fronteras nos haya llevado a entender que lo que ha transformado nuestras vidas es una democracia

Cuando recuerdo cómo cuando se nos caía un trozo de pan, después de recogerlo, lo besábamos, me pregunto si precisamos sufrir calamidades para valorar todo lo que nos rodea. Lo que hogaño hemos perdido ha sido una incapacidad de concederle un valor a la escasez; que en función de una afluencia que ha minimizado la significación de ésta, lo existente lo contemplemos como algo, que por ser consiguiente, no necesita ser ni siquiera ponderado. Algo que nos ha llevado a asumir esta realidad como una existencia en la que no existen los valores.

Cuando veo que a esta juventud la ha convertido este modelo en una suerte de seres en el limbo en el que la esperanza es tan solo una promesa; en un conjunto de unidades a las que por su naturaleza sólo puede catalogarse como un hato, me pregunto qué es lo que a esta juventud le espera, cuando en su incapacidad de ser conscientes de la manipulación a la que se encuentra sometida, lo que como vivencia está experimentando le haga llegar la existencia de un presente que no puede perpetuarse. Una juventud que seguirá exigiendo como simple demandante de unos bienes y servicios en los que, al no haber participado en su creación, sólo podrá contar como consumidora en tanto en cuanto se encuentre amparada por los que hasta ahora la han venido sosteniendo. Sólo en este momento habrá adquirido la capacidad de valorar en la escasez. Sólo en ese momento habrá metabolizado su existencia como parias sometidos; unos paria cuya concienciación sólo podrá llevarles a un desenlace tan estúpido como su sometimiento: a una rebelión incontrolada.

Pero es que si a esto es a lo que esta juventud está abocada; si lo que los mayores hemos dado en asumir como un progreso principalmente fundamentado en el consumo no nos lleva conculcar en ella lo que representa la escasez, ¿cómo podemos pretender que esta juventud asuma la responsabilidad y el sacrificio que conlleva el hecho de racionalmente liberarse? ¿No será que es precisamente esto lo que los gestores que están manipulando nuestra sociedad están pretendiendo? ¿Establecer una dicotomía en la que los miembros alfa que hayan acumulado las riquezas y el poder dispongan de un adecuado número de betas que en función de la situación a la que hayan sido obligados, más que un pueblo sea una colmena? ¿No será que entre los que dicen estar representándonos, y los edecanes encargados de prostituir la semántica, nos han estado vendiendo una falsa democracia?

Si ateniéndonos a lo que con este término recoge el diccionario con ella se define un predominio del pueblo en el gobierno político de un estado ¿cómo hemos llegado a dar por bueno un modelo de participación en el que, como unos tontos útiles, delegamos en los que nos contemplan como tales, aquello que debería ser ejercido por el pueblo? Si como tontos útiles no somos conscientes que con nuestro voto no estamos haciendo otra cosa que desestimar lo que como participación deberíamos de ejercer, no nos debe de extrañar lo que nos está ocurriendo. Es lo que les ocurre a los idiotas, cuando a tenor de la entrega que dimana de su estúpida indolencia, se convierten en útiles que necesariamente han de ser utilizados.

Si observando el transcurso en el que se desarrollan los procesos electorales advertimos que entre las opciones que en ellos se contemplan, todas aquéllas que pudieran conllevar unas resoluciones transformadoras quedan inmediatamente suspendidas por los impedimentos coactivos interpuestos por los que dicen estar representándonos, para llevarlos a buen fin hay que invitar a todos aquéllos que las están imposibilitando que vacíen sus maletas y ligeros de equipaje se pongan en la cola de los que tienen que rendir cuentas.

En una sociedad en la que la indolencia y la carencia de valores nos están llevando a que los cambios que tenemos que imprimirle a este modelo los estén y los sigan llevando a cabo otros, el futuro que éste nos ha de deparar será una mengua de lo que hubieran de ser los derechos. Una mengua que nos estará garantizando no sólo las inseguridades e indigencias del presente inmediato, sino asimismo las que habrán de adornar lo que haya de ser nuestro inmediato futuro.

A estos que nos están utilizando como monaguillos hay que barrerlos por no ser nada más que basura. Y este proceso no podemos hacerlo votando a unos partidos que nos han repetidamente demostrado servirse a sí mismos; unos partidos que a tenor de una espuria y subjetivamente otorgada representatividad están secuestrando las decisiones que democráticamente tienen que ser ejercida por el pueblo. Este proceso no puede ser llevado a cabo desde las instituciones. Aquel whither away que Marx consideró como posible desde dentro de las mismas sólo pudo estar fundamentado en un intempestivo exceso de buena voluntad. Entre los rasgos que caracterizan a este monstruo que encarna el capitalismo no podemos adscribirle ni la competencia ni la voluntad de dejar de ser un monstruo. Los buitres comen carne que ya no tiene vida; y el capitalismo, mucho más refinado, para saciar su insaciable hambre no le importa que estén vivas. El sacrificio es tan solo un rito de naturaleza darwiniana. El canibalismo de este modelo excede en mucho a lo que Marx se refirió al hablarnos de la plusvalía absoluta y del proceso de proletarización que dimanando de una plusvalía relativa no revierte en los trabajadores ni como una mejora de sus condiciones laborales, ni en una reducción de su jornada de trabajo. Como estamos viendo, entre las mil formas con las que depreda a la sociedad podemos citar, la globalización que llevan a cabo las grandes empresas, la libre circulación de capitales, la creación de entidades a través de las cuales eludir el pago de impuestos, los paraísos fiscales, las manipulaciones llevadas a cabo a través tanto de la financiarización, como de las otras actividades marginales practicadas por la banca en la sombra, las transferencias al sector público de las deudas contraídas por el sector privado, la corrupción institucionalizada, la privatización de las empresas públicas, el lavado de cerebro con el que mediáticamente se condiciona la opinión pública, la explotación en el Exterior de recursos ajenos a tenor del uso de una fuerza materializada en el poder militar, o en el Interior, a través del espurio mantenimiento de unas estructuras que en la defensa de unas minorías reprimen a la mayor parte de la sociedad, El pretender que el capitalismo y la recua de bastardos que participan en sus actividades se barran a sí mismos; o en su defecto que desde dentro de las estructuras del modelo que encarnan, se genere una modificación real y permanente (como el que tan inocentemente ha intentado materializar la Izquierda) no constituye ni siquiera una utopía. Es una monumental aberración; un extravío que ya intentó descaradamente justificar en las últimas décadas del siglo XIX un conocido socialista alemán, amigo de Engels, de nombre Eduard Bernstein en sus escritos “On revisionism” al afirmar “En todos los países avanzados vemos como los privilegios de los capitalistas están dando paso a organizaciones democráticas en función de unos movimientos de las clases trabajadoras que están volviéndose cada día más fuertes; se ha instalado una reacción social contra las tendencias explotadoras del capital que aunque todavía actúan de una manera poco expeditiva está influyendo en todos los departamentos relacionados con la economía” Un posicionamiento que durante siglo y medio se ha pretendido validar sin que los resultados obtenidos hayan mermado las pretensiones de unos promovedores que, como entre otros, Laclau y Mouffe han seguido sin entender que, como ha señalado Raul Zibechi “El hundimiento del socialismo real no puede llevarnos al lodazal del posibilismo ni de la rendición a la cultura hegemónica. Si el riesgo es la soledad y la intemperie, habrá que afrontarlas. Lo único que no podemos hacer es dejarle a las generaciones futuras un legado de sumisión y pragmatismo sin ética.”

¿Qué avances hemos conseguido en este siglo y medio cuando actualmente decenas de millones de ciudadanos de Estados Unidos han renunciado a su derecho constitucional para acudir a los tribunales, debido a que las trasnacionales han estado insertando cláusulas individuales de arbitraje en los contratos de empleo y de usuarios, dando la vuelta a los tribunales y previniendo a la gente de emprender juicios de acción colectiva?. El mismo tipo de avance que están tratando de poner en marcha estos bastardos del TTIP, del TISA y del CETA.

Como señala el profesor Fernando Luengo “El capitalismo, cada vez más oligárquico, nos empuja hacia un escenario de degradación social, institucional y medioambiental. Por esa razón, el desafío al que se enfrentan los partidos del cambio es enfrentarse de manera decidida a esta problemática”

Ante esta situación y ante esta deriva, en nombre de esta juventud desnortada nos queda un “qué hacer” y sobre todo, como hacerlo para que este quehacer, como ha ocurrido tantas veces, no se nos vaya de las manos. Y para ello es preciso volver a Bernstein. Esta vez para acordar con él lo que manifestó en sus escritos “On Democracy and Socialism” En ellos se decía: “¿Cuales son los principios de la democracia?” “Podríamos decir, el gobierno del pueblo. Sin embargo esta definición es demasiado superficial. Nos acercaremos mucho más si asumiendo los aspectos negativos que concurren en aquella afirmación la definimos como la ausencia de un gobierno de clases que en sus gestiones de gobierno atienda las necesidades del conjunto de la sociedad”

A este respecto señalo una acotación que hace muchos años hice en el margen de estos escritos. Dice: “O mejor aún. Un gobierno sin personificar”

Que es lo que transcurrido el tiempo, desarrollo en los artículos “Unidad Popular” y “Exceptuando todas las demás”



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