2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La pesada carga

La pesada cargaPostado por degregorio dom, noviembre 29, 2015 19:24:45
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LA PESADA CARGA QUE SOPORTA LA IZQUIERDA. UN TRIBUTO QUE EN FUNCIÓN DE SU PESO LA HA DESNATURALIZADO

Si echamos un vistazo a lo que podemos encontrar en la Historia constatamos que lo que como reivindicaciones, derechos y justicia social ha venido reclamando el hombre ha sido desde siempre un patrimonio que como doctrina tendríamos que adscribírselo a la Izquierda. La Derecha podrá argumentar que como resultado de la eficiencia que dimana de la iniciativa privada (y en esto no le faltan razones con las que refrendarlo), se alcanza un nivel de prosperidad que como una derivada cumplimenta todos los requerimientos que racionalmente pudiera demandar la sociedad; una derivada que al ser practicada a través de una metodología totalmente subjetiva, careciendo de la objetividad que ha de ser puesta al servicio de la generalidad, es contraria a la razón. Incluso Jesús (y no creo que la Derecha, a pesar de ser capaz de todo lo imaginable se atreva a catalogarlo de marxista), fue el mayor y el más digno representante de las reivindicaciones y derechos defendidos por la Izquierda. A este respecto considero necesario sacar a colación la hipocresía con la que la Derecha, y vergonzosamente la Iglesia (como intérprete y representante de lo que Él nos enseñó), lo han utilizado como si sólo de un icono se tratara; una hipocresía que al llevarnos a tener que descalificar las actividades de esta última, curiosamente ha sido asumida como si hubiéramos descalificado lo que Jesús y su doctrina defendió.

El motivo por el cual a mi entender la Izquierda tiene que soportar una pesada carga ya lo expuse en mi artículo “La unidad popular” Está fundamentado en el hecho de que “mientras que el único objetivo que persigue la derecha es el de la obtención de un beneficio completamente subjetivizado; un objetivo que se manifiesta como una substantividad perfectamente definida, el que mueve a la Izquierda, se desenvuelve en lo que Rousseau denominó como Voluntad General; un objetivo que sólo puede plasmarse como el resultado de un consenso que al precisar la anuencia de un indeterminado número de personas, se encuentra sometido a unas disidencias que condicionan el ideal a perseguir. La Derecha sí está identificada con lo que está buscando. Y lo está porque sus designios nada tienen que ver con la intangibilidad de las idealizaciones. Desenvolviéndose en lo exclusivamente material (una realidad que para enmascararla necesita arroparse en la espiritualidad que tan convenientemente encuentra en las religiones), ha endilgado a la Izquierda aquello de la dialéctica del materialismo. Cuando no hay nada más materialista que la propia Derecha. La Derecha (a diferencia de lo que acaece en la Izquierda) constituye un bloque cuya identidad es completamente coherente con esta identificación.”

Es a tenor de todo lo que ha sido expuesto por lo que nos es dable colegir que con independencia de la falta de unidad que ha caracterizado a la Izquierda, con la persecución y la consecución de objetivos concretos, la Derecha ha logrado detentar una serie de poderes, tanto económicos como mediáticos con los que ningunea los que individual e idealizadamente ha tratado de forjar la Izquierda. Es por tanto comprensible, aunque nunca fue tan cierto el dicho de que el fin no justifica los medios, que como consecuencia de este empoderamiento, la Izquierda se vio obligada en el pasado a alcanzar sus objetivos a través de la fuerza, en función de una actividad coactiva que si en principio fue ejercida por la ciudadanía, como consecuencia de haber sido “impuesta” no sólo fue tachada de totalitaria; en el ejercicio de esta imposición fue preciso instituir toda una serie de interpretes y ejecutores que expulsaron de este nuevo empoderamiento a la propia sociedad que lo promovió. Esta es la verdadera carga que desde hace más de medio siglo viene soportando la Izquierda; una hipoteca que habiendo sido utilizada por la Derecha como justificante de los males que concurren en la Izquierda, identifica lo que fue una dictadura con todo aquello que pretenda desembarazarse de la que verdaderamente está ejerciendo el capitalismo. Sin embargo, una cosa es abjurar de un modelo que por innegables circunstancias se vio obligado a actuar totalitariamente contra las disidencias, y otra totalmente distinta mercadear sus objetivos con un adversario que si entra en razón en función de los condicionantes coactivos que se pudieran ejercer en el pasado, una vez esfumados, vuelve a imponer la razón de su imperio. Esta es la carga que tuvo que soportar y que hundió a Grecia. La que descalificó a un primer ministro que en su necesidad de contemporizar se desdijo de lo que prometió. La que han soportado y hundido a un Martín Shultz, a un Felipe Gonzáles, a un Matteo Renzi y a un François Hollande entre otros en Europa; y la que desgraciadamente está volviendo a adquirir carta de naturaleza en América Latina. Esta era la carga que en el mundo anglosajón se conoce como TINA. La que una convencida de lo que tenía que persuadir compartió con unos economistas que, como Laclau y Mouffe, rechazando el determinismo económico marxista inventaron lo del posmarxismo. Como si lo que hubiera de ser hecho no tuviéramos que hacerlo los de abajo; los únicos sobre los que ha de descansar todo lo existente.

Y seguimos entendiendo que son ellos los que deben de regir nuestro destino. Como si lo que hubiera de ser nuestro futuro necesitara estar “representado” por unos agentes extraños a nosotros mismos. Y seguimos entendiendo, a tenor de lo que llegó a “instruirnos” Hegel, que las tendencias subjetivas que llevan a las masas a comportarse de una manera incontrolada imposibilitan el entendimiento que debería existir en la pluralidad; que como consecuencia de esta falta de consenso, lo que fue imposible llevar a cabo entonces (en función de que en su tiempo no existían unos medios con los que controlarlas), esta carencia justificaba y aún hoy día justifica la existencia de un Estado que vele por su cumplimentación. Sin entender que más allá de este alegato es la existencia de Estados enfrentados por intereses nacionales (que en la mayor parte de los casos son ajenos a los defendidos por la ciudadanía), los que nos han llevado a ser utilizados como carne de cañón. Sin entender que al haberse desarrollado unos medios con las que controlarlas, es precisamente su existencia lo que, al ser utilizados por los poderes económicos que encarna el Estado de una manera subjetiva, los únicos que estamos controlados somos los que con nuestro voto le hemos conferido nuestra representatividad.

Estoy sinceramente harto de que nos manipulen. Y es que con independencia de tener que asumir la existencia de unos Estado que a tenor de sus connotaciones nacionalistas, religiosas o lingüísticas conforman un totum revolutum que sólo el empirismo es posible en el tiempo decantar, para que este proceso lo podamos llevar a buen fin, tenemos que ser los ciudadanos los que, a través del empoderamiento de esos medios de control, no solo nos liberemos de la utilización a la que nos encontramos sometidos; podamos controlar esas tendencias subjetivas que justificaron la existencia hegeliana de lo que “representativamente” personifica al Estado y toda su cohorte de sindicatos y partidos políticos. A este respecto sugiero la lectura de los artículos “… entre todas las demás”, insertos en la bitácora <degregorio.unaeconomiasocial.es>





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