2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

El endemismo del capitalismo

El endemismo del capitalismoPostado por degregorio sáb, marzo 19, 2016 19:41:39
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EL ENDEMISMO MUNDIAL DE LAS CRISIS CAPITALISTAS

Acabo de leer el incitador artículo ¿Estamos en la base de una crisis estructural del capitalismo? publicado en El Ciudadano por Paul Walter, y al hacerlo he podido constatar cuan generalizadas están la entrega y la apatía que reinan en la izquierda. Desde luego hay suficientes razones para ello. Y éstas dimanan de la naturaleza de la democracia con la que a sí mimo se ha investido el Poder Gubernativo. Un Poder que para ser Ejecutivo (y en cierta forma hasta Legislativo y Judicial), se ha entregado a la asistencia y la participación del Poder Económico. En este contexto, cuando la naturaleza de aquel Poder se siente inclinada a ejercer sus funciones (a tenor de los juramentos con los que se ha comprometido con la ciudadanía) pretende defender los derechos de ésta, aquella asistencia y aquella participación hacen valer los que avalan al Económico. ¿Cómo si no se puede entender que habiendo países enormemente ricos, las carencias orquestadas por el capitalismo hayan llevado a esa ciudadanía a contemplar que las injerencias económicamente regresivas con las que la condiciona el capital constituye un “No hay alternativa” que junto a ese Poder que se ha juramentado las tienen que asumir como algo inevitable?

Sacando a colación una frase de este artículo que dice “Chile gozó de un precio promedio del cobre sobresaliente durante el inicio de la actual década, precio que permitió disfrutar de altas tasas de crecimiento del PIB”, hemos de preguntarnos qué es lo que ha ocurrido, para que actualmente eso que fue, se haya convertido en una situación en la que las pensiones en este país son expresión de la indecencia con la que las ha depravado el capitalismo. ¿No será porque lo que ocurrió en este país el 73 (al igual que lo que se produjo en España el 36) les dejó y nos ha dejado unas secuelas que no ha llevado a contemplar la procedencia del gatopardismo? Hay suficientes razones coactivas para aquella entrega y aquella apatía. Quizás debido a que existen razonamientos que en función de esa categoría de lo incuestionable contribuyen a asumirlas. Porque no otra cosas son las asociaciones con las que se pretenden superar las diferencias entre derechas e izquierdas defendidas por Laclau y por Mouffe. Razonamientos que han prostituido la semántica haciendo del socialismo y de la democracia simples términos de usar y tirar.

En otro pasaje de este artículo figura una frase que es tremendamente significativa. Dice: “tenemos la evidencia que los países desarrollados golpeados durante la década pasada nunca lograron levantarse con fuerza como para sostener una demanda persistente en el tiempo” Y digo que posee esta naturaleza porque en el proceso económico que se ha dado en llamar economía de libre mercado concurre una serie de factores que la hacen endogámica. Unos factores que siendo sobradamente conocidos, por su ascendencia, el capitalismo por no puede evitar. Y con ellos me refiero a la naturaleza de unas plusvalías absoluta y relativa que son elementos sine qua nom con los que el capitalismo considera se ha que alcanzar el beneficio y la existencia de la propiedad privada. Lo que ocurre es que con esta consideración y esta existencia condicionamos las consideraciones y la propia existencia de aquello ciudadanos sometidos a las plusvalías.

A mi entender, para poder superar la incidencia de estos factores, respetando la vigencia que es necesario adscribirle a la obtención de un beneficio y la que ha de asistir a la propiedad privada, lejos de defender las manifestaciones de Proudhom, tenemos que modificar la manera con la que los contemplamos. Y para ello cito unos pasajes de una obra publicada que por no haber sido publicitada no se encuentra en el mercado. Dice lo siguiente:

“Pero es que si nosotros -independientemente de la potencialidad instintiva que podemos sentir hacia lo que nos puede proporcionar placer o la satisfacción de una necesidad biológica-, con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándola como algo fusionable.

Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.



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