2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Más allá de lo inmediato

Más allá de lo inmediatoPostado por degregorio lun, junio 06, 2016 10:22:48

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MÁS ALLÁ DE LO INMEDIATO

Después de haber leído y ponderado el artículo elaborado por Alberto Garzón bajo la intitulación “Cómo evitar una nueva recesión económica” y someramente revisadas las 115 propuestas que en la obra “Hay Alternativas” (con la colaboración de Juan Torres y Vinçent Navarro), recientemente ha sido publicada, debo expresar que como consecuencia de las disparidades que concurren entre las medidas que en ella se proclaman y las que considero necesario implementar para alcanzar aquel objetivo mi entendimiento se debate en un litigio invadido por lo que considero unas inasumibles dudas. Y es que, si por una parte sé que las providencias con las que se trata de racionalizar este modelo son totalmente consiguientes; por otro, al entender que éste está podrido en su base, los remedios que en esta obra se explicitan, sólo nos es dable contemplarlos como paliativos.

Es cierto -como menciona Alberto-, que “para salir de la crisis es necesario que las pequeñas y medianas empresas inviertan; cosa que ahora no pueden hacer, porque los bancos prefieren satisfacer las demandas que hacen entidades más solventes para especular en los mercados financieros.” Hasta ahí todo parece concordar con la innegable lógica que espuriamente caracteriza a este modelo. Es cierto que son estas pequeñas y medianas empresas las que generan más puestos de trabajo y consecuentemente las que con mayor efectividad incidirían sobre lo que hubiera de ser la demanda agregada. No obstante, a mi entender es necesario examinar si con el crédito que pudieran obtener e invertir (y el subsecuente descenso del paro), habríamos superado las contradicciones e inconsecuencias que se dan en el modelo de economía capitalista. Y no lo digo tan solo porque con independencia del incremento de su actividad, debido al plusvalor se estaría reproduciendo una mayor diferenciación entre el valor de lo que se hubiera producido y la capacidad de adquisición de los salarios que hubieran intervenido en dicha producción. Lo digo porque al consistir mayoritariamente sus actividades en servicios, una mayor actividad de las pequeñas y medianas empresas no coadyuva a que por ser las que más empleo suelen proporcionar contribuya a un incremento de la riqueza real aquistada. Y para indagar sobre lo que esta realidad representa en nuestra economía nada mejor que analizar lo que se pretende catequizar publicando las diferencias que concurren entre dos PIBs consecutivos.

La primera consideración que se habrá de de inducir de este análisis es la de que, en la asunción de que en el PIB se recogen vía consumo vía ingresos todas las actividades que en una economía se hayan podido producir en un período dado, al comprender las mismas un resultado que se materializa como PIN, lo que haya sido recogido como PIB no podemos contemplarlo como un incremento de las riquezas aquistadas en dicho período. En todo caso está representando un acrecentamiento con respecto al PIB que fue registrado en el período de tiempo anterior. Y es que si asumimos que este incremento lo utilizamos para justificar la mejora global que se haya producido en la economía, lo que ha sido consumido no puede figurar como una parte de la medida con la que se pretende establecer dicho incremento. Es lo que ocurre en el supuesto de que incrementáramos de una manera exponencial unos servicios y un consumo que como el que se produce con la escenificación teatral de unos titiriteros ni necesitaría un incremento substancial del gasto ni demandaría un mayor nivel de los ingresos. Una escenificación que al no dejar constancia en el espacio y en el tiempo de su manifestación no puede contabilizarse como el substrato de un resultado. Es lo que ocurre con las interminables horas de trabajo que relacionadas con las labores domésticas tampoco son contabilizadas en el Producto Interior Neto. Y esperemos que este gobierno no haga con ellas lo mismo que ha hecho con su detallada contabilización de los gastos incurridos con las drogas y en la prostitución.

En este contxto y como primera consideración, el incremento de las riquezas que este personaje al que le dijeron que “no era de fiar” le atribuye al acrecentamiento del PIB (junto con el aval que le conceden entidades tan poco de fiar como él) constituye un incremento que ni se ajusta a la realidad ni sirve para reducir las demandas de un empleo que quizás por no entenderlo sí sería de fiar.

Como segunda apreciación de lo que verdaderamente hay que contabilizar para conocer la situación de nuestra economía (teniendo en cuenta las amortizaciones y las pérdidas ocasionadas por situaciones fortuitas) hemos de hacer uso del PIN. Lo que ocurre es que, como hemos señalado con anterioridad, la mayor parte de lo materializan las pequeñas y medianas empresas no constituye un acrecentamiento de las riquezas del país. Instituye un incremento que con independencia de la limitada acumulación de riquezas que pudieran detraer del proceso las pequeñas y medianas empresas, así como las que, aún menores, como compra de vivienda llevaran a cabo los trabajadores, al salir del proceso en el que intervinieron dejan de formar parte de la contabilización con la que el PIB registra el mismo.

Como tercera estimación, hemos de ser conscientes que aquellas empresas que por sus dimensiones y su especialización se dedican a la creación de bienes, e incluso servicios que constituyen un valor permanente en el mercado, es decir, aquéllas que por no formar parte de un círculo vicioso en el que la mayor parte de lo producido es consumido y que por tanto se inicia y se agota en sí mismo, representan un sector de la producción que por su identificación con lo materializado se está personificando como la principal beneficiaria de la mayor parte de la riqueza que se está generando en el país, debido a que como una derivada de su tecnología y a lo excluyente de su naturaleza progresivamente tienden a reducir la demanda de puestos de trabajo se están conformando como una agrupación diferenciada del resto de la sociedad. Se están convirtiendo…, iba a decir una comunidad, pero creo que es más correcto decir un casino, en el que con las cartas marcadas están dejando fuera del proceso económico a un sector laboral que ni puede ni debería ser absorbido por una parte de la economía que por su naturaleza es en cierta forma extraña a la verdadera creación de riquezas.

De todo lo cual y como cuarta consideración hemos de preguntarnos ¿si como consecuencia de todo lo antedicho las diferencias que concurren entre dos PIBs consecutivos mayoritariamente están reflejando los resultados de unas actividades que como producto se generan y quedan mayoritariamente en el sector de las grandes empresas (o en poder de los especuladores), no justifican éstas la que nos muestra el índice Gini? ¿No es asimismo cierto que como consecuencia de esta apropiación y la proclividad de seguir incrementándola nos encontramos ante una situación que difícilmente se puede solventar por medio de un diálogo en el que se ponderen los argumentos de las partes?



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