2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio vie, enero 20, 2017 02:00:48

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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (?)

Mucho es lo que se ha escrito sobre economía y mucha las mentiras con las que se ha enaltecido la realidad para mostrarnos las excelencias de un proceso que al ser puesto al servicio de una mano invisible sólo lo fue por estar ésta recubierta de basura. Mucho lo que se ha apuntado para intentar sensibilizar a la ciudadanía de que todos los gobiernos; absolutamente todos, están rebozados por la misma inmundicia de aquéllos a los que protegen. No se puede ser cómplice y al mismo tiempo pretender que lo que están haciendo lo llevan a cabo en nombre del pueblo. Hay una cita bíblica que dice "Por sus hechos los conoceréis". Lo que ocurre es que si el templo en el que ésta se produjo estaba lleno de sepulcros blanqueados, ya podéis imaginaros lo que ocurre en una sociedad en la que como consecuencia de la corrupción, el nepotismo y la desigualdad, el color de los sepulcros, en función de su hedor carece de importancia. Como exegetas y docentes de la doctrina que se genera en la existencia del dinero, como escribas y como fariseos se han trajeado con túnicas blancas tratando de ocultar que su "representatividad" no es otra cosa que es la encarnación de hasta dónde puede llegar la estupidez de los que los han elegido y los mantienen con su voto. Una estulticia que nos viene a mostrar que con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, ni sabemos lo que verdaderamente son, ni lo que nosotros mismos somos.

No voy a hacer una relación ni de las mentiras con las que tratan de justificar sus actos, ni de las consecuencias que estos actos tendrían que procurarles. Son tan evidentes y tan numerosas, que a pesar del adoctrinamiento con el que las asumimos, existen situaciones en las que lo innegable debería producir algo más que una manifestación reprobatoria. Que es lo que impenitentemente solemos hacer. No voy a hacerlo porque como dije con anterioridad, mucho se ha escrito sobre el tema y mucha la indolencia con la que nos llevan a la cama. Voy tan solo a relatar que a la larga, el futuro de esta sociedad, conjuntamente con el de estos rufianes; así como de los mentores que proveen el burdel, los enseres y la cama, como me comprometo demostrar en este artículo, vamos a tener que convivir como si de una familia más o menos decente se tratara. Lo único que en este devenir me decepciona y temo, es que lo que haya de ser en el futuro no lo habremos conseguido en el ejercicio de nuestra hominidad y nuestros derechos. Será el resultado de un proceso que por estar podrido tendrá que encontrar la manera de modificar su desenvolvimiento. Digo que me decepciona y temo, porque lo que no se alcanza con una conquista dice mucho de la naturaleza de los que ni siquiera participaron en su consecución.

Y entretanto los promotores y arquitectos que financiaron y diseñaron este nuevo templo siguen engrosando las filas y obligando a estos execrables dominguillos a justificar y difundir que los cimientos diseñados mantienen un edificio que juzgan será eterno. Sin entender que en la cúpula de este diseño cada vez caben menos; y cada vez se mueve más la basa que tendría que sostenerlos. Porque cada vez es mayor el peso que han de sostener las espaldas. Y es que el capital ya no se conforma con exarcir una plusvalía absoluta que es la única forma de obtener un beneficio no transaccional; ni siquiera utilizando una plusvalía relativa que reduciendo el número de los expoliados, junto con la producción en cadena y la robotización aseguran la obtención de dicho beneficio. Ha superado la incapacidad de que los trabajadores no puedan consumir con sus salarios aquello que hubieran creado recurriendo al establecimiento de un consumo que a través del crédito tiene que ser pagado no se sabe cómo en el futuro. Con lo cual, al haber endeudado a la ciudadanía, con estas deudas y los intereses que con las mismas se generan, se establece una situación en la que lo que se ha subsanado en el presente hipoteca en el futuro el propio desarrollo del capitalismo.

Esto es algo que el capital conoce y aunque con reluctancia lo tiene que asumir, se encuentra maniatado por lo que como propensión conductual se encuentra implícito en sus genes. En consecuencia y en su busca de evadir lo que lo está determinando, últimamente ha recurrido a la globalización, al desplazamiento de capitales y de empresas, a tratar de justificar la necesidad de establecer un fondo de pensiones, así como, a través de un incremento masivo de acreditaciones carentes de representatividad física, seguir obteniendo unas tasas de retorno que junto con su principal sólo pueden mantenerse en la existencia de una banca corrupta que al estar respaldada por unos gobiernos de igual naturaleza garantizan el mantenimiento de lo que no es más que una estructura piramidal.

Lo que ocurre es que el capital también conoce que como consecuencia de que el valor de estas acreditaciones es muy superior a su valor real, su patrimonio esta inmerso en un proceso insostenible. Y para exorcisar esta incidencia su penúltimo recurso está siendo el de superar esta insostenibilidad eliminando la representatividad que posee el dinero físico.

Entre la multitud de datos que es dable reseñar como consecuencia de la instauración de este tipo de dinero digital se encuentran los siguientes:

a) Si con la imposición de intereses negativos al capital ocioso se favorece la inversión y consecuentemente la reactivación de la economía, con la completa digitalización del poder adquisitivo podría obligar a todos sus depositantes a tener que gastar más allá de lo que como ahorro hubieran tenido en sus cuentas. Es decir, habrían perdido su potestad para ejercer un dominio sobre aquello que económica y socialmente hubiera de pertenecerles. Sería una proyección corregida y aumentada de lo que actualmente sucede cuando en función de las facultades que a sí mismo se atribuye el Poder entra a saco en las cuentas para cobrar un impuesto una multa o una exacción. Pero esto, como podremos ver más adelante sería tan sólo un supuesto que se completaría con la concurrencia de otros factores que contemplaremos con posterioridad. Esta hipótesis no podemos asumirla como aceptable.

b) Habiéndose convertido la banca en la gestora de los fondos en ella depositados, ésta habría adquirido la potestad de impedir o cuestionar el pago de aquellas adquisiciones que el Capital que es el que (a través de la banca y los gobiernos) verdaderamente detenta el Poder, considerara procedentes. Un sueño fascista que debido a nuestra pasividad ovina lo tenemos a la vuelta de la esquina.

c) Pero lo que con mayor incidencia afectará a lo que haya de ser esta sociedad en el futuro, tanto económica como moralmente, lo tenemos en el imperio que tendrá el Capital para a través de los partícipes anteriormente mencionados hacer comunero de todos sus expolios a la mayor parte de la humanidad. Con ello me refiero a la desaparición del dinero físico. Haciendo que todas las transacciones que se hayan de efectuar sean de la misma naturaleza que lo que como patrimonio carece de representatividad fáctica. Eliminando la representatividad adquisitiva de los medios de cambio físicos y generando la utilización de unos medios digitalizados que al estar sometidos a y regulados por una personificación del capital como es la banca, a través de las manipulaciones que en ésta se llevaran a cabo se estarían superando todas las determinantes que se establecen con lo físico. Porque ¿cómo podremos mantener la medida de depósito de valor que es una de las tres funciones que han de caracterizar al dinero fiat si éste ha de estar representado por un medio digitalizado que por su utilización será virtual? ¿Qué es lo que ocurre en la actualidad cuando un banco, más allá de su efectivo en caja, concede un crédito que tiene como contrapartida en su balance exclusivamente el débito que ha contraído su acreedor? ¿No está incrementando una capacidad adquisitiva que hasta que no sea reintegrado no se corresponde con la existencia de las riquezas que esta capacidad estaría comandando? ¿No es cierto que con estas acreditaciones - a diferencia de la creación de un dinero fiat que esté relacionado con el incremento del PIN -, independientemente de sus connotaciones positivas, se está atentando contra la medida de depósito de valor que el dinero supuestamente debería tener?

Atendiendo a los argumentos que sostiene Warren Mosler; según los cuales y en total desacuerdo con la TMM postula que tanto el desempleo como la retraída demanda agregada en los EE.UU. podría superarse a través de la potestad que tiene la Resera Federal para imprimir medios de cambio de una manera ilimitada, (amén de sugerir que los tipos de interés a los que se debería financiar a la banca deberían ser de forma permanente el 0%), creo entender que en el universo de los economistas (utilizando un término empleado por Paul Samuelson) hay tantos "cranks" como desnortados hay entre los académicos y grúas existen en el muelle de Rotterdam.

Resulta incomprensible que su visión no vaya más allá del argumento de que "los impuestos no son una herramienta para pagar las deudas o incluso para hacer frente a los desembolsos corrientes, sino la palanca con la que cuenta el Estado para retirar dinero de la circulación y enfriar la demanda" Es decir, los impuestos son tan solo el antídoto con el que controlar las toxinas que se puedan haber generado en la economía debido al resultado de un proceso económico que se habría envenenado como consecuencia de un descontrol de la masa monetaria. Aunque ahora que lo pienso, si tenemos en cuenta las atribuciones que a si mismo se han dado los EE.UU. para a través de la Reserva Federal crear de la nada cuantos medios de cambio les a apetezcan, su incomprensibilidad no resulta tan, digamos exótica. Mientras que el mundo mundial siga aceptando la avenida de una moneda que es el medio de pago con el que se materializan transacciones tan importantes como las relacionadas con las fuentes de energía le acompaña no sólo la lógica, sino incluso la escolta de la fuerza. lo que ocurre es que esta ingente suma no sólo se conforma como un déficit monumental, genera toda una serie de efectos financieros que hacen que lo que se ha creado sea una parte infinitesimal de las operaciones que habiéndose gestado en algo tan etéreo como fue su génesis se ha convertido en una amenaza real.

Y es que sabiendo que la inmensa mayoría de las transacciones económicas que se llevan a cabo no intervienen los medios de cambio, a través de acreditaciones que posteriormente han forjado un entramado que las ha elevado a la enésima potencia lo que se ha transaccionado se ha prácticamente substanciándolo en unos apuntes contables.

En la base monetaria están fundamentadas todas las actividades financieras que se puedan llevar a cabo en una economía. En ella se apoya el total desarrollo las magnitudes crediticias y financieras; y si ésta se ha multiplicado por tres en los últimos diez años fehacientemente nos está demostrando que la mayor parte de estas actividades nada tienen que ver con lo que como poder adquisitivo deberían estar representando.

El problema no escapa a la representatividad que es necesario adscribirle a los medios de cambio; el problema está en que hemos hecho uso de unos artificios que sin desdecir un ápice dicha representatividad le atribuimos una facticidad per se de la que per se carecen. Y la prueba la tenemos en que todo lo que esos apuntes tratan sus detentadores de representar es infinitamente más que lo verdaderamente representan.

Si con los medios de cambio físicos que los ciudadanos utilizan en sus transacciones (así como con los coeficientes de caja con los que de alguna forma se pueden limitar los excesos) la banca en cierta forma esta supeditada a su existencia (ya que incluso con el uso de tarjetas de pago, éste supuestamente tendría que tener como contrapartida la existencia de un depósito), con unos digitalizados se habría liberado de que una parte substancial de sus actividades se vieran constreñidas por la existencia de unos depósitos.

Cuando debido a las reparaciones que los aliados le impusieron a Alemania tras la Primera Guerra Mundial el gobierno de Weimer recurrió al Papiermark (y con él, a la inviabilidad de que éste estuviera representando el valor de cambio que tuvieran las riquezas del país) se produjo la hiperinflación que todos conocemos. Lo que ocurre es que al igual que este gobierno se vio obligado (más allá de su tácita o real procedencia) a crear valor adquisitivo con el que supuestamente satisfacer las exigencias que le estaban obligando, con la creación de unos medios de cambio digitales, que por no estar determinados ni por las restricciones que les imponen unos depósitos como M1, M2 y M3, ni por un control de aquéllos que han de sufrir sus consecuencias, se estaría llevando a cabo la mayor homogeneización que fuera capaz de elucubrar cualquier persona decente. Se estaría equiparando el valor que como depósito de cambio debe caracterizar al cuasi-dinero con el valor virtual que tuviera toda la basura que atesora la banca como consecuencia de su confabulación con el capitalismo. Con lo cual todo el valor especulativo que esta simbiosis de la podredumbre habría acumulado a costa de la cofradía de creyentes que está siendo adoctrinada con las excelencias del dinero digital habría adquirido carta de naturaleza substantivada. Con esto acaecería algo parecido a lo que ocurre con la Reserva Federal norteamericana cuando con la enorme profusión de los billetes que imprime, inunda las economías de los demás estados; y con trozos de papel adquiere lo que como productos y servicios le permite su posesión de privilegio. Y esto, sin ser tenido en cuenta que con este volumen de oferta agregada (amén de la que proviene de su propia falta de competitividad (una situación que ellos mismos han generado a través del neoliberalismo y la globalización), lo que como interferencia en su propio proceso económico no pueden cubrir las empresas con salarios, lo tiene que compensar con enormes subvenciones su Administración. Unas subvenciones que aunque incrementan su deuda exterior, a diferencia de lo que ocurre en otros estados, en función de la situación de privilegio anteriormente mencionada no tiene la misma representatividad con la que a éstos les conmina. En el caso de los demás países esta situación constituiría una simbiosis que al no corresponderse con las riquezas existentes ocasionaría una tormenta inflacionaria que aunque dañosa para unos promotores que tan solo habrían sido propietarios de humo, para los que practican la fe y la esperanza, además de haberles hundido, les estaría mostrando hasta donde acostumbra llegar la estulticia del ovino. Porque lo indiscutible es que le seguirán dirigiendo hacia el hato. No sólo a través de llamadas. Cargando comisiones bancarias a nuestras actuales transacciones bancarias y eliminando gastos a aquéllas que se hacen de manera digital nos cierran y nos abren la puerta del redil. Mientras tanto unos con otros seguimos balando.


Resultado de imagen de imagen de reichsmark

Sin embargo hay algo más allá de lo que ha sido dicho que considero es preciso mencionar. Con ello en primer lugar me refiero a aquella cita que mencionada con anterioridad decía “a tenor de otros factores que contemplaremos con posterioridad, esta hipótesis no podemos asumirla como aceptable” Y es que si a pesar del surgimiento de una contestación que firmemente se opusiera a su implementación, tanto el capitalismo como estos malhechores se empecinaran en continuar estableciendo medidas con las que conseguir eliminar los actuales medios de cambio, a mi entender, el que dispusiera de ahorros en el lupanar bancario utilizaría sus diferentes formas de cuasi-dinero en la adquisición de bienes tangibles de un valor duradero; es decir, no empleados en un proceso económico que estuviera determinado por unas actividades y unos rendimientos que adquirieran una naturaleza digital. En segundo lugar tendríamos el hecho de que si al dinero tenemos que concederle las funciones de unidad de cuenta, depósito de valor y medio de pago, el dinero digital de un país determinado (debido a la falta de control que sobré él tendría que ejercer los afectados) carecería de representatividad en otros países. Sólo a través de la unificación mundial de todas las economías se podría superar esta mutilación en el intercambio comercial. En realidad éstos serían los únicos obstáculos que les impedirían a estos bellacos materializar sus miserables pretensiones.

Con respecto a su última huida hacia delante prefiero no manifestarme. Resultaría tan macabra que sólo podría ser producto de mentes paranoicas. ¿Qué digo mentes? Sería mejor decir estructuras en las que todo fuera estómago.





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La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio sáb, noviembre 26, 2016 19:58:41
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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lV)

Refiriéndonos ahora a lo que como tecnología constituye el segundo factor que con su utilización está determinando de forma marginal otra de las contradicciones que concurren en el capitalismo, no podemos dejar de advertir que con ella, las empresas, al estar reduciendo la tasa de empleo obtienen riquezas de una forma gratuita. Lo que ocurre es que con los robots y las máquinas inteligentes se puede estar incrementando nuestro PIB, pero al mismo tiempo no sólo se reduce el consumo que pudiera demandar el sector laboral; se necesita subsidiar a todos aquéllos que han perdido su trabajo. Se habrá conseguido una sociedad cada vez más rica, pero debido a que toda esa riqueza habrá ido a para a los dueños de los robots que la han propiciado, será preciso que el Estado establezca una legislación que amparando un régimen policial carente de autonomía hermenéutica reprima a los que se revelen ante las desigualdades. Es la única forma que al capital tiene para de siempre seguir adelante. Por el hecho de que trata de reducir a un mínimo el tiempo de trabajo que ha de ser abonado está dejando de entender que al ser el trabajo la única medida con la que socialmente se pueden repartir las riquezas creadas, de utilizarse un medio con el cual la mayor parte de la sociedad esté excluida (de no ocurrir lo que mucho antes de este estadio habría de acaecer), se está llevando a ésta a una situación en la que dicha sociedad no tiene salida. Los beneficios que pudiera obtener un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para asegurar el plusvalor que se puede obtener a través del trabajo tendría que ser el propio empresario el que hiciera las funciones del trabajador; que es lo que como fundamento racional se establece en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?

Pero es que hay más. Además ocurriría que para impedir que esa tecnología alcanzara una complejidad y autonomía que pusiera en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar, estas especificidades de lo tecnológico tendrían que ser supervisadas y consecuentemente controladas por unas entidades desvinculadas de la tecnología; es decir, unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojados de la facultad de ejercer el libre albedrío; (algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del modelo). Para lo cual, o bien se necesitaría recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse necesitarán a alguien que provisto de ese libre albedrío contrarreste las decisiones que se pudieran derivar de la máquina. Algo que obligaría a la bestia (aunque ésta, a pesar de saberlo se niega a aceptarlo), a tener que admitir lo peligroso que para ella es nuestra capacidad de deducir.

En concordancia con lo manifestado en el párrafo anterior, lo más curioso y al mismo tiempo lo más esperanzador de lo que, a través del supuesto contemplado nos habrá de ser dable alcanzar es que en lo que ha sido dicho tenemos la manera de poder soslayar su rigor. Y es que como ha sido mencionado el factor principal con el que el Capitalismo ejerce su imperio es el control. El control con el que fiscaliza y verifica las actividades de todos los que se hallen fuera de su esfera. Mientras que los de abajo nos encontramos controlados a través de la tecnología, los de arriba supervisan e intervienen el control; y consecuentemente eluden sus funciones. Pero el control se le está escapando de sus garras. Por muchas pseudos leyes con las que sus lacayos le quieran amparar, le habrá de acaecer lo mismo que ocurrió cuando se inventó la imprenta. A pesar de las leyes y las quemas de libros, la expansión del conocimiento fue y es tan imparable; como lo es la de la tecnología. Sobre todo si tenemos en cuenta que, como ha sido anteriormente señalado, para llevar a cabo ese control, el Capital necesitará de la colaboración de los de abajo. Incluida la de aquéllos embridados por la “obediencia debida”; es decir, el control tendrá que ser ejercido por unas entidades extrañas a lo que por su naturaleza está representando el Capital.

Por último hay que sacar a colación otra de las derivadas que dimanan de la utilización de la tecnología. Con ella me refiero a que si asumimos que para ser competitivas las empresas tiene que reducir de una manera relativa los gastos laborales con respecto a inversiones en innovación tecnológica; en función de esta busca de competitividad cada vez ha de ser mayor la diferencia que haya de concurrir entre los costos salariales y las inversiones en nueva maquinaria. Es decir, el ritmo de incremento en inversiones industriales tendrá que ser mucho más rápido que el invertido en mano de obra. De todo lo cual hemos de deducir que si la única fuente de beneficios proviene del trabajo, si la inversión en tecnología aumenta relativamente más que la fuente de donde provienen los beneficios, el ritmo de la obtención de éstos (como estamos viendo desde hace varias décadas) tiende a ralentizarse.

Por otra parte, cuando se compara un incremento puntual del PIB con el número de trabajadores y las remuneraciones salariales que éstos han recibido en su elaboración, el aumento de la productividad es un concepto extraño a lo que se trata de pontificar cuando se toma aquel incremento como la demostración de las diferencias de naturaleza positiva que han concurrido entre dos PIB consecutivos. La verdadera productividad, es decir, la que ha de ser considerada como un producto social seguiría incrementándose si se tomara como un resultado que dimanara de un trabajo asalariado asistido por una mayor tecnología. Lo que ocurriría sería que en un modelo en el que lo social es completamente secundario para seguir manteniéndola se precisa reducir la participación de los asalariados. Con lo cual la productividad sólo está al servicio de los que poseen los medios de producción y distribución. Lo único que ésta nos viene a demostrar son los por qué que justifican las diferencias que concurren entre el 1% y el 99%

La tercera medida que las empresas utilizan para superar las disfunciones que concurren en una economía en la que lo producido no se corresponde con lo distribuido es la exportación. Lo que ocurre es que como ya le expuse a un destacado economista de este país, cuando con una estructura relativamente menos desarrollada los salarios son bajos (como acaece en aquéllas en las que sus empresarios no van más allá de utilizar esta medida para ser competitivos), y en cierta forma su endémica menor capacidad adquisitiva conlleva la existencia de unos precios que son relativamente inferiores a los existentes en economías más desarrolladas, la exportación comporta una diferencia entre el poder de adquisición de las mismas que se traduce en que al tener en otros mercados un mayor precio los bienes producidos, la diferencia de poder adquisitivo en estos últimos les permite adquirir en el menos conseguido una parte substancial de lo que sean sus riquezas. Como ha ocurrido siempre con las colonizaciones. Es algo parecido a lo que sucede con el cuarto factor que dimana de las disfunciones que concurren en un modelo que busca una salida en lo que ha sido denominado como la “descentralización de las empresas” Una planificación a través de la cual se utiliza la relativamente menor capacidad adquisitiva que en función de sus salarios concurriría en otros mercados para con el producto en ellos fabricados hacer uso del mayor poder de adquisición existente en el mercado de la empresa matriz.

Una vez llevada a cabo esta analogía considero necesario seguir ahondando en las secuelas que esta deslocalización de empresas comporta. Entre ellas podemos citar las siguientes:

Una búsqueda de beneficios a través de inversiones en otros mercados en función de que los que le es dable obtener en el propio progresivamente se está reduciendo. Sin ninguna consideración de que las inversiones que estas empresas sustraen de sus propios mercados no solo las han obtenido en el suyo propio, no solo que al hacerlo están empobreciendo aquel enclave en el que se forjaron, sino que además dejan en el paro a los artífices de esta forja.

Enmascaramiento de los beneficios y domiciliación de éstos en aquellos lugares menos gravosos para la imposición de gravámenes; cuando no una cuasi completa ocultación a través de una ingeniería financiera.

Al esgrimir permanentemente una amenaza de desplazarse a otros mercados, las grandes empresas (que son las que verdaderamente ostentan el Poder; y no los monaguillos que dicen estar representándonos), condicionan la política económica (y con ello me refiero no sólo a la impositiva), que se haya de hacer en el país. Esto, más allá de las coacciones que éstas ejercen sobre los que supuestamente deberían estar legislando lo observamos en su disposición a acoger en su buche a los que anteriormente estuvieron defendiendo y justificando sus desmanes. Esto es algo que vemos en la zorra que fue raptada y seducida. En esa cuadrilla de facinerosos que en la defensa de los poderosos no sólo han sumido en la miseria a millones de familias, sino además completamente destruido aquel espíritu de unión y de fraternidad que inserto en el himno con el que tratan de esconder sus miserias evocamos en aquella incipiente comunidad del carbón y del acero.

Una destrucción de un sector productivo que más allá de la contención de los precios se estaría personificando como un descenso de las inversiones, una consecuente desindustrialización (como especialmente ha ocurrido en los UEA); un incremento del ejército de parados que o bien tienen que ser subvencionados o emigrar a otras economías en la busca de un puesto de trabajo; una búsqueda que de ser llevada a cabo en el país en el que dicho desafuero se hubiera producido (exceptuado en aquellas empresas que por sus peculiaridades técnicas no se encontraran determinadas por una desigual competencia), se tendría que materializar a través de la prestaciones de unos servicios que por su naturaleza no estarían aportando a la economía un valor añadido que fuera tangible.

Un déficit en la cuanta de capitales de las balanzas de pago con el exterior que como consecuencia de los desequilibrios existentes en sus cuentas corrientes tendrían que ser compensados con un endeudamiento que últimamente se ha descubierto que hay que contrarrestar a través de recortes. Es lo que ocurre con una globalización que al estar al servicio exclusivo de las grandes empresas, por el poder que ejercen sobre los monaguillos son las únicas beneficiarias de engendros como el NAFTA, el TTP, el fallido TTIP, el malparido CETA y el felizmente el abortado ALCA. Con la globalización acaece lo mismo que con la conformación de la supuesta unificación de Europa. Los lobos, según Hobbes (a pesar de lo que traten de vendernos), no entienden de unificaciones. Los lobos, a menos que aparezca una pantera que sin entender de sus aullidos, según este filósofo los mantenga at bay, seguirán predando en una sociedad a la que consideran un pseudo cadáver hibernado. La unificación es imposible en tanto en cuanto existan unos subjetivismos que nos estén controlados. Unos subjetivismos que nos han llevada a la conformación de bloques no sólo económicos, sino en función de la incidencia que se deriva de la economía, a la estructuración de una geoestrategia que potencialmente nos está abriendo el camino a pasar de la penúltima, a materializar (o mejor sería decir, a inmaterializar), la última huida hacia ninguna parte.

Como quinta medida que entretanto lleva a este modelo a buscar esta salida fue inventado el establecimiento de unas acreditaciones con las que desplazar hacia el futuro las diferencias que en el presente concurren entre la producción y la distribución del sistema capitalista; pero esto es algo que por lo basto de la trayectoria que hay que recorrer, para mostrar sus consecuencias posponemos para el siguiente artículo.



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La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio dom, noviembre 20, 2016 21:16:28
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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lll)

Al iniciar la tercera entrega de esta serie, considero necesario mencionar que debido a que las contradicciones que se generan en el modelo de economía de mercado capitalista han sido divulgadas a través de unos análisis que por su naturaleza no han llegado a una gran parte de la ciudadanía, sin obviar la representatividad que en un estudio serío hay que imputar a esta metodología (sobre todo si estos análisis son objetivos), considero pertinente hacer uso de unos gráficos que aunque no ajustados a las realidades que se dan en un proceso vivencial (y por tanto son exclusivamente indicativos), permitan asumir lo que en función de su manera de abordar dicho estudio no ha logrado motivar a esa mayor parte de los ciudadanos. En este contexto y con el fin de propiciar una mayor motivación a este abordamiento, saco a la palestra dos conceptos que al formar parte de nuestra cultura sociológica y conformar los fundamentos que deben caracterizar a toda economía, espero sirvan para materializar este objetivo: “la búsqueda del beneficio” y “la substantivación de la propiedad privada”

El gran problema que hace que esta economía no se desarrolle de la forma en la que debería hacerlo no se encuentra en abrogar la funcionalidad de una búsqueda de beneficios que son el leit motiv de una actividad económica (como ha quedado demostrado en los regímenes totalitarios); ni tampoco en la substantividad de una propiedad privada que es expresión del resultado que hayamos obtenido a través de la busca de unos beneficios. El gran problema está en la utilización que le damos a estos dos fundamentos de la economía.

Una vez aceptadas estas premisas podemos constatar que la causa por la cual en las economías de mercado se prostituyen tanto la representatividad de la búsqueda del beneficio como de la substantividad de la propiedad privada se encuentra en que una propiedad que vaya más allá de lo que debe ser una seguridad que trascienda al tiempo, está condicionando tanto la posibilidad de que esas substantividad puede ser potencialmente disfrutada por otros, como la derivada de que la búsqueda del beneficio que puedan obtener los que no hayan accedido a la consecución de esa propiedad lo tengan que alcanzar exclusivamente a través de los salarios.

En consecuencia y asumiendo los hechos, recurro a un gráfico que (como el representado por la Fig.1), recoge una parte cardinal de nuestras relaciones económicas.



Con independencia de otros factores que como los señalados en la figura 1 como A,B,C,D,E y G, los agentes que primigeniamente intervienen en un proceso productivo son las materias y la labor realizada para que éste pueda ser llevado a cabo. Y digo “primigenio” porque el ahorro, la inversión y sobre todo la acumulación constituyen factores que derivados de los resultados obtenidos de un proceso de creación de riquezas, no constituyen partes privativas de lo que por su génesis pueda sea esta creación. Tanto el consumo, los ahorros, la inversión, la acumulación e incluso los gravámenes que se le hayan impuesto a este proceso son derivadas de su materialización; y por tanto, aunque haya que tenerlas en cuenta en su desarrollo, al ser marginales, tan solo nos están demostrando los por qué en una economía en la que lo creado sea fruto de la obtención de un beneficio que ha sido conseguido más allá del factor que primigeniamente lo hizo posible, es una economía en la que los fundamentos que deberían avalar a una propiedad privada que está condicionando aquello de lo que surgió, ha perdido una gran parte de su predicamento.

Y para demostrar gráficamente lo que ocurre en esta economía de mercado vamos a hacer uso de otro gráfico en el que como el que se describe en la Fig. 2, de no ser por las derivadas que posteriormente se habrían de producir, nos muestra lo que supuestamente habría de ocurrir cuando siguiendo el espíritu del capitalismos manipulamos lo que el capital considera un factor de producción. Concretamente los salarios:



Sin pretender ajustarnos a la realidad, si observamos los espacios ocupados por estos sectores (incluso asumiendo un imaginario incremento del PIB), con una reducción de los salarios podrían ser deducidas las siguientes consecuencias:

Las empresas se habrán hecho más competitivas con respecto a las ubicadas en el Exterior; pero sólo en lo que se refiere a este sector. En el Interior lo que se habría alcanzado sería (G) una reducción de la capacidad adquisitiva de la población; lo cual conllevaría una desaceleración de la demanda interna que en lo que se refiere al anteriormente mencionado hipotético incremento del PIB estaría siendo compensada por el aumento de las exportaciones. Un incremento de los beneficios (B), representados en ahorro, acumulación o inversión potencial o real que habría sido logrado a tenor de haberle reducido (H) los salarios a aquéllos que llevaron a acabo este incremento.

A este respecto hemos de recordar que si la búsqueda del beneficio es uno de los dos factores fundamentales en los que se debe apoyar toda economía, el proceso que se materializa con esta política económica (en función de que la única búsqueda del beneficio que el obrero tiene, si podemos llamarla de esta forma es la que se substantiva en los salarios), constituye un latrocinio avalado por la substantividad del segundo factor en el que se debe apoyar cualquier economía: la propiedad privada. O mejor dicho, la utilización de una propiedad que condiciona la naturaleza de los beneficios que pueden obtener los trabajadores.

A mi entender, como expreso en la obra “Es posible otra economía de mercado?, “la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva.

A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.”

Una vez sacados a la palestra dos elementos tan fundamentales en toda economía como son la búsqueda del beneficio y la substantivación de la propiedad privada, considero necesario mencionar el por qué, debido a las derivadas que se recogen en la figura 2 (como son una reducción de los costos laborales y un aumento de los beneficios, ahorro y acumulación de los no asalariados), este proceso nos lleva a una situación que no tiene salida. Y para hacerlo, nada mejor que volver a observar lo que ocurre en el transcurso de las operaciones que se llevan a cabo en esta economía.

Sabemos que ante una disminución de la demanda y la subsecuente exigencia de contender por una cuota de mercado que obliga a las empresas a ser más competitivas, las soluciones que subyacen en esta economía mal llamada de libre mercados son por una parte , como ha sido mencionado con anterioridad, reducir los salarios y por otra, invertir en una tecnología que permita una menor utilización de mano de obra; exportar a otros países la producción que por falta de capacidad adquisitiva no sea demandada en la economía local; contrarrestar la disminución puntual de la demanda de consumo a través de una expansión del crédito que permita al solicitante llevar a cabo un consumo presente endeudando su futuro o el de aquéllos que las leyes determinen como responsables subsidiarios; conformar mega empresas que por su poder de compra y su logística de distribución expulsen del mercado a las de menor capacidad de satisfacer las demandas de los consumidores; descentralizar las empresas a lugares en los que los salarios sean de miseria; y por último, a través de un proceso de financiarización, conseguir reproducir los beneficios de una acumulación improductiva en función de una especulación completamente extraña a lo que debe ser considerado como una economía; una acumulación que sin generar riqueza e imposibilitando su propio desarrollo no es más que una guerra entre los que detentándola hace que unos simplemente pierdan para que ganen otros. En todos estos casos se generan unas situaciones que afectan al desarrollo de la economía. En los cuatro primeros, debido a una disminución de la demanda agregada derivada a una menor capacidad adquisitiva del sector laboral ; en el quinto, como consecuencia del incremento de los demandantes de un puesto de trabajo que habiendo sido expulsados del mercado como pequeñas empresas, o bien aumentan el número de los que buscan un puesto de trabajo, o se han de organizar como autónomos al servicio y provecho de las grandes empresas; en el sexto, convirtiendo a los trabajadores en una suerte de parias que, como una denuncia a lo pomposamente establecido en los artículos 35, 40, 41, 42 y 43 de nuestra accidental Constitución los ha convertido este modelo en unos suplicantes que ni siquiera tienen el delirante derecho de ser explotados; y por último, en el séptimo lugar, por medio de una metodología que siendo totalmente extraña a la naturaleza del proceso productivo, incrementa exponencialmente los problemas que con la penúltima huida hacia ninguna parte se ha pretendido superar.

Hemos tenido épocas en las que estos problemas y contradicciones fueron parcialmente eclipsados por el comportamiento keynesiano que desde la segunda guerra mundial hasta la llegada al poder de los dos gobernantes más nefastos que han protagonizado lo que como neoliberalismo ha venido imperando en el mundo occidental en las últimas décadas; lo cual nos obliga a tener que advertir que como todas las consecuciones que les podamos arrancar al capitalismo están fundamentadas en el poder de coacción con el que se las podamos imponer (como ocurrió con la representatividad que para Occidente encarnaba la URSS), cuando este poder desaparece volvemos a encontrarnos en el punto de salida. Ocurre que con este comportamiento keynesiano se reducen los buscados beneficios (o lo que viene a ser lo mismo, la rentabilidad de las empresas). Y esto es un atentado contra el primero de los puntales básicos que sostienen a cualquier economía. Lo que sin embargo asimismo acaece es que la rentabilidad de las empresas se encuentra a su vez sometida por los resultados que se derivan de otra de las contradicciones que patógenamente determinan la existencia del capitalismo; una acumulación de beneficios que socialmente cuestiona el segundo puntal de esta economía: la propiedad privada. En consecuencia, volviendo a hacer uso de aquellas siete derivadas que se generan en función de la búsqueda del beneficio y de la substantividad de la propiedad privada, vamos a tratar de escarbar un poco más en los fundamentos en los que estas derivadas se generan.

En lo que se refiere a los salarios no creo que sea necesario validar la representatividad que en el proceso productivo tiene el plusvalor. Es tan evidente que considerándolo como personificación de la obtención del beneficio provenido de un desarrollo de producción asalariada, en su materialización se encierra una serie de concausas que son las que determinan las contradicciones que concurren en el capitalismo. No voy a prodigarme sobre el hecho de que a través de éste se producen las modificaciones gráficamente representadas entre las figuras 1 y 2. Y no voy a hacerlo porque como ha sido mencionado en otro lugar, sin la materialización del beneficio no podría existir una actividad económica. Por el momento sólo trataré de sacarlo a la palestra relacionándolo con una de las secuelas que con mayor incidencia lleva a esta economía de mercado a seguir una trayectoria que no puede ser más que una huida hacia ninguna parte. Me refiero en concreto a la inexcusable reducción de la tasa de ganancia. Y para ello nada mejor que hacerlo a través de la utilización de un gráfico en el que, como se recoge en la figura 3 se recogen los gastos en los que se incurre para llevar a cabo un proceso productivo.


Como todos sabemos, independientemente de los gastos fijos que representan la utilización de las mercancías y otros insumos, el relativo a los salarios es el que con mayor ahinco (por considerarlos que pueden ser arbitrados en función de múltiples circunstancias), tratan de reducir todas las empresas. Especialmente en aquellas economías en las que bajo el patrocinio y la tutela de entidades como la CEOE se recomendó por parte de uno de sus dirigentes actualmente encerrado en la cárcel que para salir de cualquier recesión se necesita trabajar más y ganar menos.

Imaginemos ahora que como consecuencia de la robótica y los progresos tecnológicos se hubieran eliminado todos los gastos salariales. A bote pronto los primeros resultados que aparentemente se habrían de producir serían los de haber conseguido una competitividad exponencial, o en su defecto un incremento de los beneficios de igual naturaleza. Lo que ocurre es que, puestos a imaginar, no podemos pretender que lo conjeturado vaya a afectar tan solo a los que lo utilicen. ¿Qué ocurriría (con independencia de que se habría eliminado la capacidad adquisitiva de los que solo tuvieran como beneficios los salarios), si esta reducción del gasto hubiera sido generalizada? Pues que al no haber tenido lugar en la producción un componente del que, como los salarios, no se habría podido detraer la diferencia que concurre entre lo que se hubiera pagado por la labor realizada y el valor que hubiera adquirido en el mercado el producto elaborado, los empresarios estarían compitiendo exclusivamente en función de lo que éstos hubieran tenido que pagar tanto por las mercancías utilizadas como por los gravámenes que estuviera imponiéndosele a la producción. En sus transacciones (como se muestra en la figura 4), sólo estaría interviniendo el valor de unos factores en los que por tener el mismo precio para todos no podría concurrir un beneficio.


En la asunción de que en estas transacciones no se hubiera aplicado una transformación que sólo podría llevarse a cabo por medio de un proceso laboral, los beneficios que obtuviera un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para que estos beneficios no estuvieran directamente relacionados con pérdidas, éstos tendrían que estar fundamentados en la bendita situación de que el trabajo personal que el empresario hubiera aplicado a lo que siendo un valor añadido y un incremento de lo producido fuera transaccionado. Lo cual a su vez nos viene a reafirmar que el trabajo es la única forma de lograr un beneficio que por haber sido una consecución real es completamente extraño al beneficio especulativo.

Unos bajos salarios no representan la única manera de alcanzar un bajo coste de la producción. Lo que con toda seguridad representan es una menor utilización de infraestructuras que posibiliten la capacidad productiva de los medios empleados; el ingenio y las iniciativas de los empresarios así como la uso de una ponderación responsable del riesgo.

La rentabilidad de una empresa no se puede alcanzar únicamente a través de una reducción de los salarios; ¿pero puede lograrse con la robotización y las innovaciones tecnológicas cuándo lo que éstas conllevan es una menor necesidad de mano de obra?

Aparentemente sí. Es la única respuesta que tiene el capitalismo para salir del callejón sin salida en el que él mismo se ha encerrado. Y sin embargo algo marcha mal con este posicionamiento. Y es ¿por qué desde que se empezó a hacer un uso intensivo de las innovaciones tecnológicas la tasa de ganancia de las empresas se ha ido reduciendo año tras año?

¿No será quizás porque si como ha sido señalado con anterioridad un verdadero beneficio sólo puede alcanzarse por medio de la parte no abonada que como plusvalor se obtiene en una producción asalariada, con el progresivo empleo de las innovaciones tecnológicas se están reduciendo las posibilidades de obtener plusvalor?

¿No representa esto que la única manera de encontrar una salida (como se establece en la obra “Es posible otra economía de mercado?), es asumiendo que el beneficio tendrá que dimanar exclusivamente del trabajo que invistamos de una manera personal en aquello que haya de producirse? O lo que viene a ser lo mismo, en una economía en la que el empresario y el trabajador sean la misma persona?





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La penúltima huida hacia ninguna parte

La huidaPostado por degregorio vie, septiembre 09, 2016 19:50:38
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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (ll)

Hay una serie de factores en el desarrollo de la economía capitalista que en función de su naturaleza justifican el por qué este modelo sólo se puede mantener con la utilización de la mentira, de la colaboración de una estructura de gobierno a-democrática y de unas fuerzas represivas que garanticen su continuidad; unos factores que en el lenguaje de los economistas se conocen como “contradicciones” y que en el popular lo interpretamos empíricamente como expolio, dolor y la desigualdad que en su desarrollo se concitan. Y para demostrar su iniquidad no existe un ejemplo más significativo que el que insuficientemente contemplado en su bibliografía se produce en una crisis por estanflación.

Si asumimos que la disminución de la tasa de ganancia que obtuvieron las empresas como consecuencia de las políticas económicas keynesianas que se estuvieron practicando durante las tres décadas doradas del capitalismo que siguieron a la Segunda Guerra Mundial era una situación que el capitalismo no podía tolerar indefinidamente ¿es muy aventurado imaginar que para superarla maquinara una desestabilización que con la interesada connivencia de los países productores de petróleo se materializara en una subida de precios imposible de ser puntualmente asimilada por la economía; y que en función de su incidencia permitiera establecer otros parámetros que aquéllos que estuvieron vigentes durante tres décadas? ¿No hemos visto como este recurso ha sido recientemente practicado (a pesar de los daños que su implementación habría de ocasionar en la industria del “fracking”), en función del mayor daño que habría de ocasionar en aquellos países que no se habían plegado a los intereses del imperio? ¿Acaso desconocemos lo que en la economía se conoce como “la destrucción creativa” del capitalismo? ¿No fue cierto que ante una crisis desaforada y cuidadosamente planeada de los precios del petróleo se tenía que producir un efecto inflacionario que al hacer disminuir la demanda agregada, y consecuentemente incrementar el paro, se estaría generando un estado de deflación que tendría que ser corregido a través de una manera diferente de entender cómo se tenía que desarrollar la economía? ¿No es consecuente que a tenor de este entendimiento desde la FED se llevara a cabo una política monetaria restrictiva que al estar supuestamente dirigida a impedir la inflación, en el caso de un encarecimiento premeditadamente importado estaría justificando que para contenerlo era preciso aminorar los gasto que tuvieran que afrontar las empresas a través de una contención salarial, una reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social y una minoración de los gravámenes fiscales? Lo que a mi entender acaeció fue que aunque estas medidas servían para incrementar la tasa de ganancia que los empresarios obtenían en el proceso productivo, en función de la incidencia que las mismas originaban en una demanda que con estos reglas secularmente se había mantenido restringida, la única manera de salir del horizonte generado por aquella contención instrumental del crédito (una vez activado el proceso productivo), era relajar su incidencia permitiendo que la ciudadanía se endeudara más allá de lo que racionalmente tendría que aconsejar su presente. De esta manera, una vez contenidos los salarios y llevados a cabo los recortes oportunos, los ciudadanos se habrían endeudado de tal forma que se encontrarían sometidos de por vida a los dictados que el capitalismo dispusiera. Lo que ocurrió es que con este desmedido incremento de las acreditaciones el capitalismo no llegó a prever que como su monto era infinitamente superior al valor real de los bienes que deberían estar representando, su devolución sólo podía llevarse a cabo en función de las riquezas que en el futuro los endeudados pudieran generar. Algo que al ser totalmente coherente con su disposición a seguir esquilándonos nos está mostrando qué es lo que piensan y creen que somos. En el sistema financiero prácticamente no hay dinero. El dinero real, el constituido por billetes y monedas que no está siendo utilizado como deuda, escasamente representa un 3% del dinero circulante. El resto figura como préstamos que sólo pueden cancelarse a través de los beneficios obtenidos que como producto de una actividad económicamente productiva hayan pagado aquéllos que se constituyeron en deudores. Es por ello por lo que tenemos que entender que en el neoliberalismo no puede existir un crecimiento sin que exista una deuda creciente.

Lo cual nos lleva a tener que asumir que como las deudas contraídas con unas acreditaciones fundamentadas en la creación de un poder adquisitivo que no se corresponde con los bienes que ese poder pudiera adquirir, estas deudas jamás podrán ser restituidas,. Lo que el capitalismo pretende asegurar es la perpetuación de unos intereses que al no haber sido aquistados a través de un proceso productivo, acrecienten las acumulaciones que no les fue dable obtener como una derivada de las tasas de ganancia. Lo cual no es óbice para que en el ejercicio un poder que el Poder ha sido diseñado con la connivencia de unos gobiernos indignos, se implementen medidas que como la dación en pago (después de haberse practicado los vergonzosos desahucios que han llevado a cabo unas fuerzas conminadas por los que contemplando la posibilidad de acefálicamente justificar aquello de la obligación debida), obliguen a los endeudados a cancelar unos pasivos conformados exclusivamente por medio de unos apuntes contables. Y es que para ese Poder asesino y corrupto, de no ser satisfechas estas acreditaciones con dinero real; es decir, contante y sonante, como las hipotecas otorgadas habían sido vendidas al capital improductivo a través de titularizaciones, lo que en estos bancos figurara como colateral por dichas acreditaciones tendría que ser enjugado con los activos tangibles que estas entidades hipotéticamente pudieran poseer. Y esto es algo que no completa el proceso en el que nos han enclaustrado. Ocurre que (independientemente de que este gobierno estructurado a través de un partido podrido haya rescatado a estas entidades con cargo a lo público), el endeudamiento que la banca privada española había contraído con la banca extranjera tenía que ser cancelado con dinero contante y sonante, ceteris paribus, había que condenar al sector público (a través de recortes y privatizaciones) a que fueran los de abajo los que tuvieran que sufragar las consecuencias de una burbuja que según estos indeseables se había generar debido a que el pueblo había vivido por encima de sus posibilidades. Es decir, el capitalismo no sólo pretende asegurar el pago de los intereses de una deuda que es consciente no podrá ser abonada. El capitalismo, en tanto en cuanto las circunstancias no lo impidan (en función de que supuestamente las fuerzas represivas están comandadas por lo que hemos dado en llamar “el gobierno), obliga a éste no sólo a costear los intereses de una deuda pública que a tenor de ese “inconsecuente buen vivir” hemos venido disfrutando en los años anteriores a esta crisis, ha pasado de ser 439.771 millones de euros en 2008, a 1,07 billones al cierre del año 2015. No sólo a tener que pagar a esta nueva estructura del capital ocioso más de 35.000 millones al año de intereses, sino además, pagar lo que el mismo capital considera incobrable. Como vergonzosamente han hecho Francia y Alemania en Grecia después de haber sido transferidas las acreditaciones de los bancos a obligaciones del estado heleno. Lo de la reducción del déficit presupuestario es una milonga que sólo pueden aceptarla aquéllos que no entienda que su existencia está fundamentada prioritariamente en una desigualdad estructural; y secundariamente en un modelo de fiscalidad nacional y europea que no puede imputárseles a aquéllos que están obligados a afrontarlo.

Con la financiarización, los derivados, las titulizaciones, los swaps y demás engendros forjado por la banca en la sombra (actividades que han sido posible materializarlas por unas acumulaciones que domiciliadas en “rat holes” son expresión de lo que Thomas Harvey ha definido como “acumulación por desposesión”), el capitalismo ha llegado a un punto en el que sus manipulaciones, al carecen de credibilidad, él mismo no puede aceptarlas. Y si él no las acepta ¿cómo espera que podamos aceptarlas nosotros? El capitalismo es un endriago que a tenor de las fuerzas coercitivas que ha puesto a su servicio permanentemente nos está expoliando en función de estar utilizando una forma de obtener beneficios a través de una actividad que nada tiene que ver con el proceso productivo. Y este saqueo tenemos que pararlo. En este contexto, sin expresar las medidas y los medios que serán preciso utilizar para frenarlo (y no digo interrumpirlo, ya que al monstruo tendremos que seguir durante un tiempo echándole carnaza), será preciso que pongamos encima de la mesa la alternativa de que los intereses que tengamos que pagar por una deuda pública cuyo monto ni ha sido demandado por aquéllos que tienen que abonarla, ni otra cosa que el producto de una ingeniería financiera fundamentada en la desposesión por acumulación, sirvan para que progresivamente vayamos reduciendo las obligaciones en las que estos gobiernos tan “representativos” nos han endeudado. Se alegará que si planteáramos esta alternativa se habría “secado” la posibilidad de que a través de créditos futuros pudiera ser establecido lo que hubiera de ser una futura deuda pública auditada y consensuada por la ciudadanía. No obstante, a mi entender, este alegato carece de base. Es tan colosal el capital improductivo que deambula como un zombi apestoso en esta economía, que teniendo un aval que no podría ser cuestionado, lo que se hubiera de allegar constituiría otro de los factores que estarían presentes encima de la mesa.









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La penúltima huida hacia ninguna parte

La huidaPostado por degregorio vie, septiembre 09, 2016 19:46:10

............................. 2015+1 El año del cambio .........................

LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (I)

Observando de manera retrospectiva lo que Jack London describió en su novela El Talón de Hierro como la perspectiva que él creyó le ofertaba el futuro, estamos viendo lo que para nosotros constituye el presente; que por mucho que hayamos avanzado en lo que como avance resulta intrascendente, seguimos obligados a tener que observar nuestro futuro con la misma aprehensión con la que él plasmó el que consideraba suyo; que ante las desigualdades generadas por el incremento de las grandes fortunas en manos de unas minorías que se constituyeron como una casta social superior que sustentaba al gobierno y recibía de éste protección tanto jurídica como disuasoria, nuestros desfavorecidos

Se encuentran sometidos a una plutocracia; que a diferencia de lo que ellos hicieron, tenemos que hacer frente a los que estando al otro lado dicen estar representándonos; que ante una inestabilidad que fruto de las desigualdades e injusticias no consiguió dinamizar el miedo a la represión ni ser rechazada a través del análisis, fue justificada a tenor de las mentiras y las actividades mediáticas llevada a cabo por los que hogaño Jean Luc Melenchon califica como “les chiens de la presse”, Que a diferencia de lo que ellos pretendieron hacer con su Senado, la oligarquía que estamos padeciendo sí ha llevado a cabo un asalto contra nuestro Congreso al objeto de delinear lo que hubiera de ser su propia democracia.

Como podemos ver, lo que este autor consideró como pasado, con un signo totalmente diferente lo hemos vuelto a vivir en el presente. Tanto las causas que originaron y han vuelto a recrear aquel suceso como el miedo que se pretende infundir en la ciudadanía a través de una represión feroz. Pero es que hay más. Lo que ocurrió y sigue acaeciendo nos lleva a tener que preguntarnos que si a través del miedo que se deriva de la represión a la que son capaces de llegar para defender su democracia les es dable conformar un hato de corderos ¿qué justificación tienen tanto los medios empleados como los objetivos perseguidos? Porque la existencia del rebaño no está constituida exclusivamente por un conjunto de unidades que en su domesticación no va más allá del balido. Para seguir esquilando su lana, el aprisco tiene que seguir siendo lo que con dicho término se expresa. Para lo cual es necesario mantener una serie de pastores que como fuerzas represivas (conjuntamente con los perros del pastor), den a conocer y sea sumido por las obtusas mentes de aquéllos que pretendan hacer uso de ellas quien es el propietario del ganado. A tenor de que en este mundo bipolar existen dos propietarios enfrentados ¿cómo se justifica que con los medios empleados cada uno de los contendientes van a alcanzar los objetivos perseguidos? ¿Consideran que podrán conseguirlo a través de la lana que puedan esquilar en sus majadas? ¿No son conscientes que con la utilización del expolio que están practicando en los que no tienen voz ni voto están forjando unos medios disuasorios que son los que se están consolidando como los verdaderos dueños de lo que el conjunto de lo existente haya de ser?

No parece haber nada nuevo bajo el sol. Desde tiempo inmemorial el método ha sido establecer una dicotomía entre los de abajo y los que ostentando el poder se consideran diferentes. El proceso es paralizar a la ciudadanía quebrantando la solidaridad social a través del miedo y la resignación. Y para la aceptación de este proyecto, nada mejor que la recurrente instilación que con “la sabio que es el pueblo” se están mofando de su estupidez. Una sapiencia que tiene que ser consecuente con la generación del pánico y la desmoralización en función de la existencia de unas calamidades y desastres programados que nos lleven a tener que asumir lo que como tópico se ha universalizado como “no hay alternativa”. Una asunción que ha quedado plenamente refrendada como consecuencia de la buena voluntad con la que hemos pretendido llegar a unos acuerdos, que los poderes que están llevando a cabo aquella doctrina solamente respetan en tanto en cuanto se vean obligados a tener que respetarlos; una asunción con la que ya Laclau y Mouffe (a través de lo que la Izquierda denominó y aceptó como posmarxismo) trataron de racionalizar los desencuentros derivados de la irracionalidad de quienes nos los estaban imponiendo; y una asunción que no ha sabido ver que este pánico y esta desmoralización han llegado a ser una técnica con la que controlando el disenso, facilitar la gobernabilidad.

No obstante, con independencia de la deslocalización de los poderes a los que anteriormente nos hemos referido,

En el capitalismo hay otros dos factores que estarán determinando su continuidad. El primero de ellos es el que mencionado en el preámbulo de la serie “Origen, patología, evolución y superación del capitalismo dice lo siguiente: ¿No resulta incongruo mantener la estructura de un modelo económico que en su tendencia hacia la globalización y la robotización pretende subsistir más allá de la existencia de los seres humanos?

Y si esta no es la tendencia ¿cómo pretende impedir que esa tecnología alcance una complejidad y autonomía que estaría poniendo en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar? ¿Cómo controlar unas especificidades de lo tecnológico que tendrían que ser supervisadas por unas entidades desvinculadas de la tecnología? ¿Cómo mediatizar el comportamiento de unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojarlos de la facultad de ejercer su libre albedrío? Algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del actual modelo. O bien se necesitaría recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse le estarán obligando a la bestia tener que aceptar algo que la bestia, aunque ya lo sabía no quería reconocer: lo peligroso que es deducir. El segundo, el que en el capitalismo existe un germen de auto-destrucción que trunca los objetivos con los que a través de las mentiras, la represión y el pregón mediático trata de perpetuarse: la corrupción y la mala gestión de los asuntos que dimanan de un poder arbitrario. Y contra esto nada pueden hacer los imperios, puesto que para permanecer necesitan mantener un poder que no siendo contestado está fundamentado en la corrupción y la arbitrariedad. Llega un momento en el que la falta de moral es incapaz de oponerse a la realidad de lo existente; un momento en el que surge una llamada a la concienciación que reclame como lema un “No nos representan” o un “No hay pan para tanto chorizo”; y esta llamada, aunque sea ahogada por ese poder que pretende impedir una contestación, sólo puede silenciarse cuando el ahogamiento haya acabado con el sujeto que la hubiera exteriorizado.

En un pasaje de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? podemos leer lo siguiente: se puede coartar a un país, e incluso a un continente, pero no es dable coercer a la humanidad en su conjunto. Sobre todo si ésta es consciente que tiene que defender sus derechos. Que no podemos permanecer sentados a la puerta porque esta vez no venían por nosotros. “Yo entiendo que las masas, lo mismo que la tierra, se pueden llevar períodos de tiempo larguísimos sin que en ellas germine una semilla; pero cuando llueve, la floración tan solo puede detenerse arrasando y quemando los campos. Y si me apuran, hemos incluso conocido situaciones en las que ni siquiera la persecución más encarnizada hecha desde el Poder ha logrado anular su pertinacia.”



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