2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Sobre la TMM

Sobre la TMMPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:26:58

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TEeORIA MONETARIA MODERNA (lll)

Considerando que con los dos artículos que anteriormente he publicado había dicho todo lo que creí necesario decir sobre la TMM, acabo de recibir un correo en el que discrepando de lo que expuse en ellos me llevan a reconocer que sin desdecirme, a aquellos artículos había que darles un tanto más de consistencia. Cometido que para iniciarlo voy a hacer uso de una fábula atribuida a Michal Kalecki con la que se trata de justificar las bondades de la existencia del dinero (más allá de lo que esta existencia representa), como medio con el que saldar las deudas; dando a entender que una vez que se hubiera alcanzado un equilibrio entre acreedores y deudores, aquello que con su utilización había servido de base para que se hubiera producido el endeudamiento debería ser ...; pero no adelantemos acontecimientos.

El contenido de esta fábula es el siguiente:

En una empobrecida aldea judía, cuyos residentes estaban sumidos en el endeudamiento viviendo del crédito, un rico y pío judío llegó un día y se alojó en la posada local, tomando la precaución de pagar la factura por adelantado. El viernes, para no incumplir la prohibición del Sabbath de llevar dinero, entregó al posadero para que lo custodiase un billete de 100 dólares. El domingo al alba, el judío dejó la posada antes de que el posadero hubiese tenido ocasión de devolverle el billete.

Unos días después, el posadero decidió que el rico judío no regresaría, así que cogió el billete de 100 dólares y lo usó para saldar su deuda con el carnicero local. Encantado, el carnicero entregó el billete a su esposa para que lo custodiase. Esta lo utilizó para saldar sus deudas con una costurera local que le hacía vestidos. La costurera utilizó el dinero para pagar los atrasos de alquiler a su casero. El casero, contento de cobrar por fin, le entregó el dinero a su amante, que ya hacía tiempo le había estado prestando sus favores sin compensación. La amante utilizó el billete para saldar su deuda en la posada local donde de vez en cuando alquilaba una habitación.

Así ocurrió que el billete volvió al posadero. Aunque no se había celebrado ninguna transacción nueva ni se había creado ninguna renta, las deudas de la aldea habían sido saldadas y todos contemplaban el futuro con optimismo renovado.

Dos semanas después, el rico judío regresó a la posada y el posadero pudo devolverle el billete de 100 dólares. Para su asombro, el judío cogió el billete, le prendió fuego y lo usó para encenderse un cigarrillo. Al observar al posadero, el judío se rió y le explicó que el billete, de todos modos, era falso.

De esta fábula podemos extraer un buen número de corolarios. Entre ellos podemos citar que el dinero, como valor de cambio, sirve para saldar nuestras obligaciones; pero sobre todo nos alumbra, que como consecuencia de que con su utilización se suelen generar situaciones que son la base del endeudamiento (y que por tanto se precisan medidas que puedan revertirlas o en el mejor de los casos, impedirlas), la existencia del dinero debe ser debidamente controlada.

La situación que se genera con la utilización del dinero (aunque éste sea falso), es que, como valor de cambio está representando una singularidad que lo está identificando con aquello a lo que le está confiriendo un valor. Con lo cual, sólo M1, como expresión del dinero físico que pueda existir en una economía en un momento dado constituye unívocamente el valor de cambio de todos los bienes existentes en la misma. Las diferencias que concurren entre éste y M2 (y por supuesto con todas las demás Ms utilizadas en la economía), no son más que atribuciones extra-valorativas que no representan de una forma real los bienes que dicen estar representando. Y es por ello por lo que cuando se hace uso de las mismas de una manera que va más allá del estímulo que con ellas se pretende promover, al dejarse de confiar en ellas pierden una parte substancial de lo que como atribución, como unidad de cambio tenían. Con la utilización de un noúmeno que como el dinero virtual tiene una representatividad racional pero carece de representatividad real se estable una función de relación con lo que verdaderamente existe, que necesariamente ha de modificar lo que en su ausencia el dinero fiat hubiera estado representando. Pero esta representatividad es inestable. Tan inestable y tan espuria que solo cuando desaparece se vuelve a restaurar la que con su existencia hubiera generado en los medios de cambio.

Pero vayamos un poco más allá e indaguemos que es lo que acaece cuando con un incremento del déficit presupuestario que supuestamente habría de generar una reactivación económica con la que se habrían de crear los bienes que este incremento debería estar representando, ese incremento es utilizado en el sector público para con él exorcizar la representatividad de lo que conocemos como Nairu a través de la creación marginal de unas estructuras públicas o una mayor cobertura de servicios sociales.

A este respecto, lo primero que podemos observar es que en función de la propensión hacia el consumo (y yendo un paso más allá al supuesto contemplado por Kalecky, según el cual la clase trabajadora consume la totalidad de lo que perciben como salario), en el sector público, como todo se ha consumido, no se ha creado nada. Es cierto que en este sector se podrían haber forjado o mejorado su estructura; pero no es menos cierto que a tenor de una dicotomía capitalista en la que solo se contempla como un incremento de las riquezas, aquéllas que se hayan podido producir en el sector privado, esta creación y esta mejora constituyen algo exógeno a lo que tiene que ser el desarrollo de su economía. En el único sector en el que en función de la existencia del beneficio lo creado es demandable es en el privado. Como queda demostrado con la existencia de la plusvalía. En el público se podrán alcanzar muchas consecuciones, pero al no estar ninguna de ellas conformando una propiedad, estas consecuciones son extrañas al desarrollo de una economía capitalista. Para que un bien pueda ser valorado por su valor de cambio, ese bien ha de ser contemplado, al menos como una potencial propiedad. La construcción de una red ferroviaria figurará como un activo en las cuentas del Estado, pero como una propiedad no demandable (al menos mientras con ella no se lleve a cabo una actividad económica que como propiedad sea susceptible de generar un beneficio material o espiritual), es completamente independiente de las valoraciones que se suelen adscribir en el sector privado. Presta un servicio y en multitud de casos carga unos gastos que lo asume el sector público como lo hace cuando le abonas unos egresos a una empresa privada por un consumo que como se expresa en su definición ha de ser destruido. La única inversión del sector público que puede generar un consecuente que por su naturaleza esté vinculado con la economía real es aquella con la que se haya puesto en manos de la población y se hayan transferido como propiedad unas infraestructuras directamente relacionadas con la economía capitalista.

Como segunda observación tenemos que admitir que como esta inyección marginal de medios de cambio habría sido consumida en productos y servicios creados por el sector privado, debido a la búsqueda de un beneficio, con la totalidad de lo que con estos medios se hubiera adquirido y consumido no se iría a recrear unos productos y servicios equivalentes a los que con anterioridad se hubieran destruido. Con lo cual, en este proceso no solo se habrían reducido las riquezas de la comunidad, sino que a través de los salarios no abonados concurrentes en esta recreación se estarían incrementando las diferencias entre lo que tuvieran como rendimiento unas rentas del trabajo y los que solo tuvieran el trabajo como fuente de rentas. Con lo cual, volviendo a utilizar una expresión copulativa que exterioriza las consecuencias derivadas de esta inyección marginal, debido a que los resultados que se derivan de las propuestas incursas en la Teoría Monetaria Moderna solo constituyen unas consecuciones a corto plazo, no son ni siquiera el bálsamo de Fierabrás. Y es que ocurre que mientras que con la cancelación de las acreditaciones se destruye esa capacidad adquisitiva que en la fábula de Michal Kalecki se llevó a cabo con la quema de aquel billete de cien dólares, con la creación de un dinero fiat a través de un incremento del déficit presupuestario (al igual que ocurre con la creación de un dinero fiat por parte de la Administración que no se corresponda con los bienes y servicios que marginalmente se hubieran creado, necesariamente se ha de modificar el valor de una unidad de cambio que como determinante de los precios se traduce como una variable en el establecimiento del IPC.

Como tercera de estas observaciones, si a tenor de lo que ha sido mencionado y teniendo en cuenta que para superar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia los empresarios tratarían de utilizar ese incremento marginal de los medios de cambio que llegaran a sus manos como consecuencia de la implementación de la TMM en la adquisición de medios de producción que redujeran el volumen de la mano de obra, lo más lógico es que se produjera el resultado que ellos hubieran estado buscando; es decir, un desplazamiento relativo de los salarios hacia las ganancias. Con lo cual se llegaría a una situación en la que, como ya Marx predijo, por la acumulación de los medios de producción se estaría asegurando un mayor consumo a largo plazo. El problema que la producción en este proceso encontraría (y esto ya lo abordó Marx con su análisis sobre la plusvalía absoluta y relativa), estaría en el que al existir una gran disparidad entre la producción y la distribución, el consumo aborta esta secuencia en el mismo momento en la que se inicia.

Por último ha de ser tenido en cuenta lo que a tenor de las resultas que se generan como consecuencia de la desregulación financiera se conoce como efecto Minsky, Y es que ante la existencia en manos de los empresarios de unos medios de cambio marginales que debido asimismo al descenso de la tasa de ganancia no son muy proclives a utilizarlos en la producción y la distribución, su tendencia se ha de manifestar como una inclinación por emplearlos en operaciones que les rindan beneficios no ganados. Como son los que llevan a cabo a través de esas instituciones mafiosas que mafiosamente se autodenominan como entidades de crédito. Esto queda plenamente demostrado cuando a pesar de la flexibilización cuantitativa que perpetra la Fed y el BCE, amén de la instrumentalización de un interés cercano al cero y el establecimiento de unos intereses negativos para aquellos depósitos impuestos en la mencionada cueva, la reactivación económica brilla por su ausencia. Y es que la Fed, el BCE y la cohorte de conniventes instituciones al servicio del capitalismo que se denominan como Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y entre muchas otras Organización Mundial del Comercio, pueden llevar el caballo al agua, pero no le pueden obligar a que beba. En este contexto, no es de extrañar que el mercado de los derivados haya alcanzado en un año la suma de 600.000.000.000.000 de euros. Diez veces más que el PIB mundial anual. Todo lo cual se lo debemos a la política económica llevada a cabo por dos desacreditados Premios Nobel, la practicada por los dos más nefastos dirigentes que ha dado a luz el imperio anglosajón y las subsecuentes disposiciones de un Congreso de Washington patrocinado por los paladines de los rendimientos no ganados.

Como una resulta de todo lo que ha sido expuesto (una exposición en la que claramente se ve que todas las medidas que se puedan tomar en una economía en la que las diferencias entre la producción y la distribución sean tan brutales solo pueden resolver situaciones puntuales en el corto plazo), es necesario establecer una metodología que por tener como objetivo, como nos dijo Keynes, evitar que en el largo estemos todos muertos, no esté determinada por los parámetros de una política económica ortodoxa que ha sido diseñada y utilizada para facilitar los objetivos de los poderosos. Pero este es un tema que por su complejidad (y consecuentemente por el cansancio que habría de producir en el lector), considero que es mejor dejarlo para el desarrollo de la serie que estoy tratando de forjar. Una serie que he denominado "El Proyecto" con la que pretendo pergeñar unos parámetros entresacados de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? con los que, a mi entender podrían ser superadas las contradicciones que se generan en esta economía que no lo es. Por ahora lo que accesoriamente espero es que el que con su correo me comunicó sus discrepancias, tanto si me concede su reconocimiento, como si a pesar de lo que expongo, honestamente persiste en su postura, me haga saber qué es lo que piensa. Y es que es descorazonador tener que observar que cuando se manifiestan unos argumentos que ni siquiera son contestados, el que los ha realizado se encuentra en una situación en la que no solo se siente aislado; es que además, antes este aislamiento, como un ramalazo incontrolable pasa por su mente la interrogación de si lo que expone posee algún valor para la sociedad.



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Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio mar, marzo 14, 2017 12:15:15
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Sobre la Teoría Monetaria Moderna (ll)

Entre aquellas personas a las que les he enviado mi anterior artículo sobre la Teoría Monetaria Moderna no ha habido ninguna que me haya cuestionado lo que en el mismo expuse; y humildemente espero que la razón de esta carencia se encuentre más bien por considerar que estando en lo cierto, todo alegato resultaba inconsecuente que por estimar que por no estarlo habría de concurrir idéntica resulta. De todas formas, como creo en lo que creo, aunque puedan haber sido muchos los que sin haberlo expresado hayan estimado que lo que expuse constituye un desbarro, a fuer de creer que lo que expuse fue suficientemente consecuente, trataré de promover, junto a una pizca de interés, una serie de argumentos que quizás pudieran conseguir, si no modificar puntos de vista, al menos conferirles una pizca de recelo. Y para ello, utilizando un párrafo que figura en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? voy a hurgar en las diferencias que concurren entre las acreditaciones con las que las empresas facilitan sus ventas, como con la creación de dinero que se pretende promover a través de la TMM.

En el mismo se explicita lo siguiente:

7.16.5.8.2. La expansión de la capacidad adquisitiva no sólo ocurre en función del proceso crediticio que le hemos conferido a la banca. Cuando cualquier particular está vendiendo a crédito manteniendo en su Haber este crédito como un activo, genera una capacidad de compra que está ejerciendo las funciones del dinero. Conforma una expansión que sólo finaliza cuando a través de su pago se ha cancelado el crédito suscrito; constituye realmente una creación que nace y muere con el apunte y su cancelación en los libros contables. El hecho que nos muestra que estas actividades no constituyen una verdadera y definitiva creación de dinero, lo tenemos en que, en el caso que alguno de estos créditos resultara fallido, su falta de resolución no estaría acompañada por una disminución de la masa monetaria; constituiría una disipación que no iría más allá de la existencia de unas pérdidas. En la banca, este malogro terminaría con el registro de un evento que al tener que ser considerado como pérdida haría disminuir su capacidad de concesión de crédito. Con lo cual se induciría una cadena de destrucción de lo que habría sido una creación de dinero ficticio. A este respecto tenemos que añadir que tanto en una venta a crédito como en la creación del dinero bancario concurre la existencia de una deuda que ha de ser cancelada con las rentas que o bien nosotros, o nuestra descendencia hayamos de obtener en el futuro.

Por el contrario, en el caso de la TMM el endeudamiento del sector público a través de la financiación llevada a cabo con la creación del dinero fiat no parece que los defensores de esta teoría lo consideren como una deuda que haya de ser cancelada. Que en consecuencia sea una medida que haya de ser interrumpida. Y que en el hipotético caso que se pretendiera reducir, sólo podría realizarse en función de la imposición de gravámenes. Hecho que a tenor de las elusiones de la política fiscal y las relacionadas con la Seguridad Social que Mosler aconseja, difícilmente podría llevarse a cabo, ya que con la utilización de estos recursos (por no hablar de una quitada de esta financiación) disminuiría la incidencia de las medidas adoptadas con la TMM. Que esta situación tendría que ser resuelta juzgando que lo que se hubiera considerado como un incremento marginal del déficit publico habría de ser cancelado a través de una falacia de composición consistente en que (debido a que el sector público forma parte de la sociedad), con la depreciación sufrida por los bienes reales se habría cancelado lo que figurara como apunte en lo que fuera su contabilidad. A mi entender, el silogismo con el que se trata de acreditar los resultados dimanantes de la TMM se encuentra en considerar al componente involucrado en este proceso como una unidad de cuenta en detrimento de lo que también sería un depósito de valor. Lo que ocurre es que con independencia del efecto inflacionario real que se habría de producir en la economía, con este recurso no se superarían las contradicciones que concurren en ella. Y entre ellas hemos de señalar las siguientes:

a) ¿Qué utilización se le habría de dar a los medios de cambio dimanantes de una capacidad infinita de endeudarse? La pregunta que como ejemplo más actualizado nos es dable observar es la que se refiere a lo que está ocurriendo en Aragón con los presupuestos destinados a depuradoras. La que por su persistencia ha alcanzado la naturaleza de lo atemporal; la concepción con la que los que tienen en sus manos la cuchara consideran que lo público no es de nadie. Por lo que onsecuentemente se podrían utilizar los recursos creados para llevar a cabo megalomanías al servicio de aquéllos que con su potestad gobernativa los hubieran interpuesto.

b) ¿Es comprensible, como Warren Mosler sostiene, que el Estado puede determinar el nivel de los precios, ya que de la misma manera que en función de la cantidad de medios de pago que emita por aquellos bienes que haya de adquirir del sector privado, estará estableciendo la valoración que dichos bienes hayan de tener en el mercado? ¿ Qué será en función de la cuantía de estos medios la que dicho sector haya de pagar como impuestos?

Cuando no existe un prestamista de último recurso (a diferencia de lo que ocurre con unos medios que como los emitidos por la Reserva Federal son emulsionados en el resto de las economías y por tanto no afectan directamente a su índice de precios), los que se puedan inyectar en una economía que no tenga este privilegio, sólo pueden ser enjugados cuando esta política monetaria sea seguida en el resto de los demás países. Lo cual nos lleva a la tercera de estas contradicciones.

c) ¿En lo que se refiere a nuestras relaciones con el Exterior, no es cierto que como consecuencia de la diferencia comparativa que dimana de la depreciación promovida como consecuencia de la instauración de la TMM (al igual que ocurriría con una devaluación llevada a cabo por el Banco Central), con las divisas que con nuestras exportaciones hubiéramos obtenido podríamos mercar menos bienes reales que lo que desde el. Exterior se hubiera mercado? ¿Y no representa esto que tanto con un incremento de los precios como tras una devaluación, desde ese Exterior se están apoderando (como ocurrió y sigue ocurriendo con las colonizaciones) de nuestras riquezas? ¿No es ésta una muestra más de las consecuencias que se derivan de nuestra incompetencia relativa con respecto a otros mercados? ¿Y si hay que ser más competitivos, que futuro nos ofrece este modelo en lo que se refiere al de nuestro mercado laboral?

d) Aunque podríamos pensar que con una mayor cuantía de medios de cambio estaríamos materializando una depreciación de los bienes reales de aquéllos que los estuvieran detentando; y que por tanto habríamos conformado una sociedad más igualitaria, hemos de retrotraernos al supuesto mencionado en aquel primer artículo de esta serie en el que se contemplaba una situación en la que un miembro de una comunidad ostentaba diez unidades dinerarias en bienes reales y otro con una capacidad adquisitiva de otras diez unidades exclusivamente dinerarias. Y hemos de hacerlo porque en nuestro caso, la inmensa mayoría de las unidades dinerarias que se inyectaran a través de la TMM (en función de un necesario proceso productivo extraño a la distribución) quedarían en manos de los que estuvieran comandando dicho proceso; es decir, aquéllos que hubieran estado ostentando las riquezas de nuestra comunidad.

e) Lo cual nos lleva tener que hacernos la pregunta del millón. La que queda substanciada en el hecho de que en la economía convencional (con independencia de los rendimientos que se puedan obtener de una manera implícita; es decir, a través del trabajo que personalmente se haya efectuado), sólo existen dos formas de extraer un beneficio en función de la mayor cuantía de medios de cambio que se hayan inyectado en la economía. Bien a través de los salarios no abonados a las fuerzas del trabajo (lo que se conoce como plusvalía absoluta); bien a conquistarlo en función de la depredación que unas empresas perpetren sobre otras. En ambas concurre la pretensión de alcanzar una consecución que se ha de sustanciar a través de un incremento de la tasa de ganancia; un incremento que con independencia de las derivadas que se habrían de producir en lo relativo al interés, no estará ni primaria ni esencialmente dirigido a la formación y especialización de las plantillas de trabajadores, sino a la inversión de aquellos medios que reduciendo su participación en el proceso laboral conlleve como resultado un descenso substancial de los gastos; es decir, incrementar el uso de la plusvalía relativa. Con lo cual, una de las derivadas que estaríamos consiguiendo con la implantación de la Teoría Monetaria Moderna no sería otra cosa que acelerar todavía más el proceso de informatización y robotización. A que la progresiva desaparición de la plusvalía absoluta nos esté llevando a tener que contemplar como una maldición el que tenga que extinguirse lo que como condena fue explicitado en aquella frase que decía: comerás el pan con el sudor de tu frente.

En concordancia con lo expuesto, la respuesta a una pregunta que nos ha llevado a tener que ponderar lo que pudiendo ser un anatema debería ser una liberación se encuentra en un hecho extraordinariamente significativo: en que para que el trabajo no sea una condena, el trabajador y el empresario deben de ser la misma persona. Pero esto es algo que excede a lo que puede ser contemplado en este artículo.



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Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio vie, marzo 03, 2017 12:30:13

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SOBRE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA (l)

Siendo simplemente un estudioso de la economía que rechaza la mayor parte de los argumentos que sostienen los economistas autodenominados como liberales, entiendo que un incremento de la masa monetaria -siempre que esta creación llegue a mano de los consumidores-, necesariamente crea inflación. No la crea cuando la Q.E. (flexibilización cuantitativa), proporcionada por la Reserva Federal y el BCE es utilizada, en el primero de estos casos para, a través de los bonos del estado, proporcionar a la mayor parte de los países un medio de cambio que como una unidad dineraria que se ha adjudicado el patrocinio de moneda universal, ser mantenida como un depósito de valor; en el segundo caso, cuando en función de la generada crisis que estamos experimentando la banca europea lo crea y debido aa sus propias contradicciones no utiliza esa afluencia de dinero para con ella crear crédito. Hasta el momento en el que la criis ha vuelto a reventar la banca lo creaba de la nada. Una creación en la que participaban no solo los que tenían esta potestad, sino además el complejo entramado que a través de esta creación conformó la financiarización. Lo que ocurrió y volverá a ocurrir fue que como el proceso de financiarización que ha venido definiendo la naturaleza del neoliberalismo constituye un discurrir económico fundamentado en la existencia de unos activos exclusivamente virtuales al carecer de la debida representatividad fáctica tuvieron y volverá, a saltar por los aires.

Por el contrario, lo que se propone con la Teoría Monetaria Moderna (si bien a mi entender con una serie de connotaciones que siendo diferentes de las que dimanan de una flexibilización cuantitativa y una creación de dinero bancario, conlleva una serie de secuelas que tanto por sus derivaciones funcionales como por su imposibilidad de superar los objetivos estructurales que con ella se pretenden alcanzar no podemos contemplarla como la encarnación del Ave Fenix que logró resurgir de las cenizas en las que se encontró atrapada. Se trata de incentivar a través de un incremento del déficit presupuestario, un mayor gasto que habría de redundar en un mayor consumo, un aumento de la actividad de los medios de producción y consecuentemente una mayor contratación de mano de obra; una saga de eventos que subsidiariamente contribuiría a que se recaudan más impuestos. Pero para que esto ocurra (como no ocurrió en Japón en los últimos veinte años es necesario que el aumento de lo que se haya producido sea equiparable a la capacidad adquisitiva plasmada en el mayor consumo que a través de esta TMM se pretendería alcanzar. Y es aquí donde radica el hecho de que esta teoría constituye la programación una reactivación de la economía que en función de sus contradicciones, con independencia de haber incrementado el déficit presupuestario y originado un efecto inflacionario, habrá fagocitado los fundamentos en los que se posibilitó.

Los defensores de esta teoría aducen que si con esta afluencia se promueve un mejor desarrollo de la economía, con el mayor volumen de lo producido se estaría enjugando el mayor incremento del gasto inyectado en la economía; y que por tanto no podría concurrir un efecto inflacionario. Sin asumir que con la concurrencia de este supuesto mejor desarrollo (no podemos olvidar que una parte muy substancial de los mayores recursos que gestiona la Administración, a nivel económico son insuficientemente productivos), se han producido innumerables casos de hiperinflación. Conscientemente ignoran que el bien que ha de estar representando los bienes existentes no posee la categoría de un medio que como el oro tiene un valor consuetudinariamente aceptado por la sociedad. Que es la sociedad la que en función de la cuantía de medios de cambio con los que se esté representando un bien la que ha de establecer cuál es el valor que les ha de conferir a estos medios.

Es curioso que en detrimento de una aserto que apuntado por el profesor Rallo (con el cual discrepo desde la pe hasta la pa), defendía que al igual que en las anginas concurren factores que determinan un incremento de la fiebre, un aumento de M2 tiene necesariamente que materializarse como un aumento de la inflación, para recusarlo, a mi entender de una manera completamente inconsecuente con lo que se pretende argumentar es que (utilizando el símil de un rio en el que un incremento del caudal puede llegar desbordarlo), con lo que se propone con la TMM es imposible que ocurra esta avenida en función de que un gobierno que tenga la potestad de crear sus propios medios de cambio nunca puede incurrir en default. No se asume que un déficit, aun siendo presupuestario sigue siendo endógeno; que ha de conllevar una inflación; que con independencia de generar una mayor capacidad exportadora; y que con independencia de su efecto inflacionario, en función de la mayor capacidad adquisitiva derivada del incremento de la actividad económica, ésta ha de ocasionar un déficit exógeno que en lo que se refiere a la financiación de sus importaciones estaría condicionando el desarrollo de la economía. Conscientemente se intenta ignorar que un aumento de la masa dineraria tiene que estar determinado por un incremento marginal del PIN; y que para que esta masa no revierta en mayores acumulaciones este incremento marginal tiene que ser consumido. Es cierto que el déficit del sector público es el superavit del sector privado. Lo que no podemos caer es en la falacia de composición con la que se asegure que dos términos que son complementarios, en este caso pueden mantenerse indefinidamente.

Pero es que además, en este rio no participa sólo una mayor cuantía de dinero fiat. Siendo literalmente precisos, con la creación de medios de cambio se consuma una apropiación a través de la cual el que tiene la potestad de imprimirlos adquiere la capacidad de hacer uso de una parte substancial de los bienes que hayan sido aquistados a través del trabajo. Con lo cual y como consecuencia de que el mayor gasto no redundaría directamente en un mayor consumo, lo que se invirtiera en una mejora de las estructuras públicas estaría ralentizando una parte substancial de lo que con este gasto se hubiera tratado de alcanzar. Lo que tienen lugar con la creación de medios de cambio con la que la TMM pretende reactivar la economía y consecuentemente incrementar la contratación laboral conlleva una serie de secuelas que son comentadas en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ella se dice lo siguiente:

“Para analizar el protagonismo que ha de caracterizar a los distintos tipos de bienes, si un miembro del Sistema poseyera diez unidades en dinero, y otro miembro, otras diez en bienes materiales, de adquirir el primero cinco unidades del acervo material del segundo, entrambos entenderían poseer un patrimonio de veinte unidades. Cada uno pretendería comandar unas riquezas conformadas por cinco unidades en bienes materiales y otras cinco en unos medios investidos con un derecho demandable que presumiblemente tendría que ser real. Una asunción que aunque puntualmente tomamos como contrastada, en realidad no es más que un embeleco; una impostura que como certidumbre socialmente hemos asumido. Y es que si haciendo uso de la singularidad de los extremos contemplamos la posibilidad de que el poseedor de los medios de cambio adquiriera la totalidad de los bienes materiales ostentados por su otro congénere, éste se habría quedado sólo con una capacidad potencial de adquisición; una aptitud que sólo sería dable plasmarla como una pertenencia, en el supuesto de que hubiera otro que, al igual que el detentador de estos bienes exclusivamente nominales, compartiera lo que ambos estuvieran valorando” “Con el dinero hemos llegado a falsificar el truismo de que el todo es equivalente a la suma de sus partes. El que las individualidades contabilicen tanto dichas pertenencias como los medios de cambio que obren en su poder está fundamentado en el hecho de que, como estos medios constituyen un poder adquisitivo sobre los bienes tangibles que posean otras individualidades, se ha producido un desdoblamiento que ha adquirido per se naturaleza propia. El dinero es el sin par elemento que poseyendo todas las apreciaciones valorativas que le concedemos a lo material, trasciende sobre lo que cabría representara. Es un factor contable cuya naturaleza, al mismo tiempo que valora los medios materiales, personifica dicha valoración”



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