2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La estupidez del bárbaro

La estupidez del bárbaroPostado por degregorio dom, agosto 23, 2015 14:20:00

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LA ESTUPIDEZ ES EL PRINCIPAL PATRIMONIO DE LOS BÁRBAROS

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La razón en la que se fundamente el enunciado es este artículo queda suficientemente evidenciada leyendo la magnífica descripción que en su crónica “La lógica del campo de concentración” hace el historiador Joseph Fontana. Se basa en que el bárbaro es tan tremendamente estúpido que es incapaz de comprender que con su presuntamente culta subjetividad (como ha sido demostrado a lo largo de la historia) ni ha logrado consolidar sus objetivos, ni en función de este fracaso avalar con su conducta otra cosa que no sea la estupidez que se concita en la barbarie,

Como este autor expone, los campos de concentración no fueron primariamente un lugar de exterminio. Como tampoco lo fueron los galeotes, ni los esclavos que construyeron las pirámides. Los que hicieron uso y siguen utilizando estos conglomerados son aquéllos que dispusieron de ellos con criterios económicos; son la bestia que prescinde de ellos cuando en su irracional inteligencia no llega a entender que considerándolos no rentables o bien tie4ne que eliminarlos extinguiendo lo que para la bestia constituye una fuente de extorsión; encerrarlos en mazmorras bajo la vigilancia de una guardia pretoriana y unos directores espirituales que les provean de entereza y esperanza o sometiéndolos a una terapia que bien les hagan ver lo negro como blanco o les incapacite para ejercer nuestra supuesta capacidad de entendimiento.

Como se explicita en esta crónica (tomando como referente el sistema de dominación nazi), entre los objetivos de la bestia se encontraba la eliminación de los costes improductivos; una eliminación que nuestros nuevos bárbaros nos están imponiendo a través de una reconocida e inoperante austeridad. Mientras que Grecia se endeudaba con gobiernos como el Pasok y Nueva Democracia comprándole a los alemanes, franceses y norteamericanos aviones, submarinos y tanques, la Troika no creyó necesario cuestionar la viabilidad de sus finanzas. Aunque todos sabían que Grecia no contaba con una estructura económica lo suficientemente sólida, esos todos igualmente sabían que lo que constituiría una insolvencia sería un problema que afrontaría la “representatividad” que le hemos conferido a los Estado. Es decir, unas entidades a las que la bestia considera que a tenor de dicha representatividad tienen que endosar sus obligaciones a los únicos que en el proceso productivo cuentan como objetos de endoso. De todo lo cual podemos deducir que cuando concurre una situación como la que está acaeciendo en Europa ese conglomerado tiene que responder de las irresponsabilidades en las que hayan incurrido sus gobiernos. Para la bestia el Estado no existe. No es más que una fachada. Lo que verdaderamente existe son los que no contando para nada tienen que soportarla. una existencia en la que parasitan unos gobernantes que al hacernos partícipes de las garantías que ellos le confieren y dan cuerpo al Estado nos endosan unas obligaciones de las que tendrían que ser ellos los que deberían responder. El Estado no es más que una entelequia que desde siempre se ha venido utilizando para, con himno y con bandera justificar las tropelías de los que comandaban las trompetas.

Nuestros estados no son más que la representación de unas entidades que al estar confrontadas con otras dan como resultado la conformación de un conglomerado que en su pluralidad no es más que la suma de lo que como singularidades no pasaban de ser una entelequia. Una entelequia al servicio de los que ponen la trompeta y el tambor. Y la prueba la tenemos en lo que ha devenido esta Europa. Una Europa en la que desde mediado del siglo pasado se ha tratado de planificar los objetivos del capitalismo como un aglutinado que provisto de la representatividad conferida a los Estados fuera un instrumento con el que hacer posible la globalización de un neoliberalismo geopolítico. Era preciso crear una Europa en la que a través de la utilización de una moneda única se evitara el enfrentamiento de intereses que durante el siglo XX los había estado caracterizando. Sin advertir con esta creación sólo se soslayaron en función de que estos Estados dejaron en la cuneta incluso su propia y cuestionada representatividad.

Con esta planificación no se desarrolló el hermanamiento que estaban impidiendo los intereses de las nacionalidades sino tan solo los de aquellos que trataban de apropiárselos. Fue fruto de la planificación de unas estrategias patrocinadas por el M16 y la CIA convenientemente asumido por Mitterrand en 1992; una planificación que por su naturaleza y su falta de una verdadera inteligencia era completamente inviable. Pero esto no representaba un obstáculo para la materialización de aquellas estrategias. Es más; constituían la implementación de un bloque que por su falta de cohesión no podría conformarse como una homogeneidad que pudiera ser amenazante para otros bloques debidamente cohesionados. Fue la estrategia de contrarrestar en suelo europeo los potenciales desafíos que se pudieran derivar de la pujanza que estaba adquiriendo el bloque soviético. Y esta unificación la propició el colectivo anglosajón; un colectivo en el que Inglaterra, en función de sus relaciones y su identificación con sus primos allende el Atlántico tuvo como objetivo servir como árbitro y topo de lo que en este conglomerado hubiera de desarrollarse.

Ya lo dijo Winston Churchill antes de que los ingleses se enfrentaran con sus principales al rechazar involucrarse en la contienda que los americanos mantuvieron en Vietnam, “Inglaterra no es Europa,” Y siguieron diciéndolo los que, de su misma grey posteriormente rehusaron (a mi entender, con toda lógica) asumir el uso del euro. Ellos, en la utilización de una Europa en la que nunca creyeron, no podían acomodarse a estar atados por los condicionamientos que se derivaban de la implantación de una moneda que con independencia de los nefastos resultados que habrían de conllevar unos déficits por cuenta corriente que tendrían que ser equilibrados a través de un continuado endeudamiento, demandaba hacer entrega de una soberanía. El euro ataba. Ya que al estar indisolublemente unido a una austeridad de los menos desarrollados. ni solventaba ni solventa los problemas que se derivan de las ataduras. El euro no era más que una moneda con la que facilitar la implantación en Europa del neoliberalismo. Y en este contexto, lo que esta Europa sodomizada por el colectivo anglosajón tenía que evitar era que reapareciera la encarnación de un Alejandro que cortara de un tajo el nudo representado por el euro. El euro ata. Y si alguien lo está poniendo en duda solo tenéis que echar un vistazo a lo que se explicita en el memorando que estos nuevos fascistas de Europa han impuesto a Grecia. Dice lo siguiente: “El Gobierno debe consultar con las instituciones (con las de ellos), y acordar con ellas cualquier proyecto legislativo en los ámbitos afectados en un plazo adecuado antes de someterlo a consulta pública o al Parlamento”. Y esto lo imponen, cuando al igual que ha ocurrido en España con el rescate de una banca corrupta, se transfiere del sector privado al público toda la basura que el neoliberalismo ha acumulado en sus sentinas. En el caso de Grecia, esto lo llevó a cabo el FMI (con el visto bueno del BCE), creando una sociedad anónima que al ser ilegal se tuvo que establecer en un paraíso fiscal; que es el lugar más idóneo para llevar a cabo una estafa institucionalizada. Precisamente en el país del inefable besucón; el de las palmaditas en la espalda que estuvo incurso en los Papeles de Luxemburgo. Y esto lo impuso la sucesora de Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Khan a través de lo que se denominó como Financial Stability Facility; es decir, una entidad en la que los bancos europeos se libraban de los paquetes tóxicos que habían adquirido, transfiriéndoselos a los estados europeos; con el inconfensable propósito de que fueran asumidos como garantía de lo que no era más que unos depósitos de basura.

El colectivo anglosajón ha sido de siempre un conglomerado muy unido en lo que se refiere a su identificación con el desarrollo de sus intereses. Eso pudimos verlo no sólo con su participación, un poco tardía, en las pasadas dos guerra mundiales; en los objetivos que se pretendían cubrir con el Plan Marshall y la conformación de un organismo que como la OTAN tendría que asegurar militarmente los programas que habían sido diseñados por unas élites que por no haber sido elegidas democráticamente se atribuyeron el poder de atribuirse una capacidad de veto que confirmaba la naturaleza de dicha elección. Lo estamos viendo con lo que se está pretendiendo organizar en Europa a través del TTIP y en Asia, con el TTP. Y es tan grande el poder de su “identificación” con lo que consideran sus propios intereses que tanto en Europa como en Asia ha conseguido que estos burócratas de la peor calaña que se han enganchado en el carro del Imperio se “identifiquen” con sus postulados neoliberales. En comunión con esta plebe de lacayos han conseguido eliminar, como ha ocurrido en Grecia y anteriormente aconteció con Zapatero y Berlusconi, cualquier disidencia que pudiera contestar sus intereses. Lo que ocurre es que estos siniestros personajes a ambos lados del Atlántico son incapaces de entender (léase, son tan estúpidos) que lo que están llevando a cabo en Grecia; y las exhortaciones con las que tratan de exorcizar cualquier disidencia en los países periféricos sólo nos pueden llevar a una generalización de los enfrentamientos que con anterioridad a la instauración del euro vino caracterizando a Europa. Léase. una nueva arribada de todo tipo de fascismos. Lo que ocurre, o mejor dicho, lo que probablemente ocurrirá, es que aparezca un nuevo Alejandro que al cortar el Nudo con el que se pretendió mantener de una manera irresponsable lo que solamente podía ser un brindis a Zeus, de una manera asimismo irresponsable se produzcan las mismas irresponsabilidades con las que se ha tratado de forjar un modelo que por su falta de racionalidad tendría asimismo que ser peyorativamente considerado como mitológico. Un modelo que nos da fe de los absurdos a los que nos puede llevar la institucionalización de las diferencias.






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