2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:10:41


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EL PROYECTO (lV)

Asambleas Cibernéticas de Base, ACBs



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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:03:46


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EL PROYECTO (lll)

b) Una vez esbozada (aunque naturalmente de forma somera), que la única manera de poder liberarnos de la utilización a la que nos somete el capital es adquiriendo a través de nuestros desistimientos de los medios con los que estructurar una economía diferenciada, como segunda de las premisas mencionadas con anterioridad tenemos que fundamentar los derechos que nos asisten para llevar a cabo la política económica que cohabitando, participando y respetando la que caracteriza a la convencional economía de mercado, segregada de ésta, ejerza una forma de llevar a cabo esta distribución como una norma de conducta que posibilite nuestra liberación. Y para ello voy a volver a transcribir otros pasajes de la mencionada obra. Dicen lo que sigue:

Si el Estado ha de velar por los intereses generales de la comunidad a la que esté representando, (y con ello vuelvo a reiterar lo que una y mil veces he venido señalando), esta tutela se debe asimismo ejercer, cuando debido a los condicionamientos que impone la posesión de las riquezas, se desmantelan las expectativas de la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad.

Esta manera de observar el dominio y el uso de las cosas, no sólo hemos de contemplarla cuando en nuestras sociedad se den los supuestos que Hobbes señaló. Se ha de tener en cuenta, cuando en nuestras sociedades permanezcan los fundamentos de unas estructuras que defiendan el lucro desmedido y el poder de los menos, y perpetúe el destino y la suerte de los más. Nosotros no podemos admitir la continuidad de un estamento que por el hecho de defender unas funciones de producción y de distribución determinadas, garantiza el bienestar de una manera no generalizada. La sociedad, a través del Estado, ha forjado una legislación que al no haberse sabido, o quizás aún peor, al no haberse querido elaborar en función de los derechos de la generalidad, se ha pretendido resolver a través de la catequización y el unto con los que se supo domesticar a aquéllos que intentaron impugnarla.

Ante la más que cuestionable arbitrariedad que se encierra en una toma de postura que como la que utiliza el capital constriñe y distorsiona tanto la libertad como las perspectivas de los individuos, tendremos que crear una jurisprudencia que nos permita hacer uso de una forma legal de lo que poseamos; de aquello que el capital, en su parcela, dispone y ejecuta como le viene en gana. Nosotros tendremos que aceptar que ni siquiera aquéllos que hayan producido las riquezas a través de la labor efectuada, puedan comandar sobre la utilización de su valor de cambio. A lo único que no podemos renunciar es a disponer del valor del trabajo que en la consecución de lo representado por el valor contractual (el valor de adquisición de los salarios), hayamos insertado en aquel valor de cambio. Lo que nosotros utilicemos del valor del trabajo no tiene que encontrarse sometido a una economía de la que sólo estamos sacando el sustento. Y si nosotros voluntariamente abdicamos a una parte de él, una vez ejercitadas nuestras labores de producción, no se nos puede imponer lo que con él vayamos a hacer. Si del valor de cambio no podemos detraer su valor contractual, del salario sí podemos hacerlo. Todo en él nos pertenece.

6.1.1.3.8. Reiterándome en lo dicho y ampliando su significación, tenemos que observar que a diferencia de lo que ocurre cuando al efectuar la compra de una mercancía, la relación que el vendedor pudiera tener con el objeto de su venta queda finiquitada en el momento de ser efectuado el pago, en el trabajo alienado en ningún momento se mantiene un lazo de identificación entre el objeto o el servicio materializado y el trabajador que los hubiera generado. Esta identificación solamente se dio en el empresario. Al serles sufragados al obrero sus salarios, no sólo se le deja de abonar lo que, aunque totalmente natural y lícito no puede percibir en función de que en este modelo el trabajador sólo ha sido un factor de producción; se le coloca en una situación en la que lo existente es completamente extraño a aquéllos que lo hubiera producido. Lo que nosotros podamos conseguir por la labor realizada (en tanto en cuanto esa labor se encuentre enajenada), es exclusivamente el pago de una capacidad de producción. Ante esta realidad, no se puede pretender que tengamos que identificarnos con lo que nunca nos emparentamos; el fruto de lo producido, constituye el haber de un modelo económico con el cual no nos reconocemos. Lo existente es algo que hemos producido, pero que nunca nos perteneció. En función de la naturaleza del modelo de economía de mercado, sólo nos fue posible recoger (ya que la mayor parte de lo que percibimos tuvimos que reintegrarlo a dicha economía) una retribución que sólo nos sirvió para poder seguir viviendo, o mejor dicho, produciendo. Lo que nosotros poseamos no tiene el mismo valor (al menos en su aspecto moral) que lo que el Capital detente. Nosotros lo hemos ahorrado del valor real de lo producido; el Capital del beneficio y de la plusvalía. Lo que pueda representar al Capital constituye una realidad extraña a nosotros mismos, y por lo tanto difícilmente se nos puede exigir que lo que hemos logrado allegar por engendrarlo, se tenga que mantener en el ámbito de lo que no nos pertenece. Si con lo creado hemos urdido una sociedad que no es la nuestra, para salir de ella e identificarnos con la que podamos modelar, hemos de recrearla.

c) Naturalmente, para llevar a cabo esta segregación tendremos asimismo que hacer uso de unos medios de cambio diferenciados de los que encontrándose fuera de nuestro dominio imposibilitarían los fines que se postulan en este proyecto. Uno de los cuales, al objeto de controlar los desmadres y las ocultaciones que se llevan a cabo en el capitalismo, tendría que ser de naturaleza digital, mientras que el otro, para entre otras muchas cosas facilitar las transacciones que se tuvieran que realizar en lugares donde no existieran puntos de pago donde materializarlas (y sobre todo para evitar que la ciudadanía no se encontrara determinada por las circunstancias que se pudieran generar como consecuencia de haber perdido su total dominio sobre la representatividad que tuviera que ejercer sobre la masa dineraria), estaría conformado por dinero fiat. Con la salvedad de que para que éste no constituyera un depósito de valor en el que mantener fuera de control las iniquidades que el subjetivismo suele llevar a cabo, este dinero fiat tendría que ser periódicamente transformado en dinero digital, para una vez registrada su pertenencia, opcionalmente volver a convertirse en fiat. A este respecto transcribo los siguientes párrafos de la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Unos medios que permitan el ejercicio de la iniciativa privada, el derecho a una propiedad que no sea excluyente, así como la obtención de los rendimientos que con esta propiedad sea dable obtener; una propiedad y unos rendimientos que al tener que ser consumidos no atropellen los derechos que habrían de asistir a los demás. A este respecto la estructura de estos medios de cambio tendría que ser la siguiente:

7.4.2.2. En su anverso habría de figurar la fecha en la que iniciaran su vigencia, así como los dígitos que reflejaran su cuantía. En su reverso constaría tachada su fecha de caducidad.

7.4.2.4. Todas las Udas (unidades dinerarias auxiliarias) puestas en circulación por el Banco Central del Sistema, BCS, tendrían que acomodarse a un período inicial y terminal de validez. Durante esta etapa (un transcurso que podría ser de tres años), todas las que se emitieran habrían de tener la misma fecha de vigencia que la que hubieran tenido al iniciarse este período. Una vez alcanzada su fecha de caducidad tendrían que ser renovadas en los Bgfs. (banca)

La razón que justifica esta disposición se encuentra en que si el BCS estuviera emitiéndolas con una fecha actualizada, los tres años de vigencia a los que anteriormente nos hemos referido conllevarían que estuvieran existiendo Udas con diferentes fechas de caducidad. Una circunstancialidad que habría de producir una disparidad de el valor entre las que tuvieran un plazo de validez más largo y aquéllas que fuera preciso ingresarlas en cuenta; y una desemejanza que al promover que pudieran seguir manteniéndose como un medio de cambio que por incontrolado se habría conformado como un depósito de valor, habría de malograr los fines que estamos pretendiendo acordarles.

7.4.2.5. En la conformación de esta renovación, sus tenedores tendrían que ingresarlas en sus Cuentas Personales, CPs, sus Cuentas Colectivas, CCs o sus Cuentas Unicelulares, CUs, con la misma paridad que el Seico. (moneda digital del Sistema Económico de Iniciativa COntrolada)

Para evitar las aglomeraciones que en los últimos momentos de este período de reconversión se habrían de producir, durante los dos meses siguientes a la maduración de su caducidad, las Udas no serían de obligada aceptación en el mercado; si bien seguirían manteniendo su valor en los Bancos de Gestión y de Financiación. (banca)

Con independencia de la cortesía que durante los dos primeros meses subsiguientes a la finalización de su vigencia hubieran de facilitar los Bgfs, en el mercado, a partir de la fecha de su caducidad, estos medios de cambio sufrirían una depreciación anual del 10% de su valor facial, quedando por lo tanto totalmente desprovistos de cotización a los diez años de la iniciación de este proceso.

d) Una vez decidido lo que hayamos de hacer y como consecuencia de su representatividad, substantivarla con la de defender lo que son nuestros derechos utilizando un medio que como el dinero nos proporcione una entidad tanto económica como jurídica, será preciso establecer lo que haya de ser la estructura orgánica de nuestro modelo. Sin olvidar que en la existencia de dos modelos económica y jurídicamente diferenciados, en función de la cohabitación que será preciso mantener, la política (especialmente la económica) tendrá que ser respetuosa con la de aquéllos con los que tengamos que compartir una comunidad. Un modelo que para ser, y siendo absolutamente democrático, tendrá que estar fundamentado en la gobernanza del por y para el pueblo a través de una serie de asambleas que a diferencia de las que hasta ahora hemos conocido conformarían una pirámide en la que su vértice superior estaría determinada tanto por su base como por el continente que la estuviera compendiando.

A mi entender, la estructura orgánica de un modelo al que en la obra publicada he denominado como Sistema tendría que ser de forma muy resumida la siguiente

* Unos Organismos para la Recepción de Bienes del Exterior, ORBEs, en el que se recogerían los desistimientos en el consumo que hubieran llevado a cabo los trabajadores en las actuales economías de mercado.

El derecho y la fuerza con la que se habría de ejercer la materialización de esta recepción de bienes, ver lo que en 6.1.1.3.8. anteriormente ha sido mentado en este mismo artículo.

* Una Organización para la Distribución y Orientación de los Bienes en el Interior, ODOBI, en la que se encontrarían insertadas una serie de empresas encargadas de llevar a cabo los diferentes cometidos que se les hubieran encomendado para llevar a cabo esta distribución y orientación. Unas empresas públicas que tendrían que dar cuenta de sus gastos y cometidos alcanzados.

* Unas Empresas Unicelulares, EUs, conformadas por una sola individuo y en las cuales toda labor ajena tendría que ser considerada como asalariada.

* Unas Empresas Colectivas, ECs, en las que los miembros que estuvieran conformándolas recibirían como retribuciones unos salarios, unas obvenciones integrales y en su caso, unas contributivas.

* Unas Empresas Públicas Institucionalizadas, EPIs, que como parte de las empresas colectivas estarían formando parte del organigrama operativo del Sistema.

* Unas Empresas Públicas de Mercado, EPMs, en las que como empresas asimismo colectivas se desarrollaría la mayor parte del proceso económico de este Sistema.

* Unas Cuentas Personales, CPs en las que se materializarían y estarían registradas todas operaciones que efectuaran se llevaran a cabo en Seicos por todos los miembros del Sistema.

* Unas Cuentas Colectivas, CCs, en las que asimismo figurarían todas las transacciones que se llevaran a cabo en las EPIs y en las EPMs.

* Unas Cuentas Unicelulares, CUs, representativas de las operaciones efectuadas en las EUs.

* Unos Puntos de Adquisición, PAs, en los que se efectuarían las compras que los miembros del Sistema realizaran tanto en Seicos como en Udas. Para lo cual estos puntos de adquisición tendrían que estar provistos de elementos informáticos en los que se registraran las operaciones efectuadas.

*Puntos de Pago, PPs, consistentes en dispositivos en los que las empresas podrían efectuar el pago tanto de las transacciones con otras empresas como el pago de salarios y otros egresos.

* Unos Bancos de Gestión y Financiación, BGFs, en los que como banca pública entre otras gestiones se materializarían la mayor parte de las operaciones del Sistema.

* Un Centro de Estudio Regulador de la Economía del Sistema, CERES, encargado de la gestión económica que en éste se hubiera de seguir.

* Un Banco Central del Sistema, BCS, encomendado entre otras muchas funciones con el control de las operaciones que se realizaran en los BGFs.

* Un Organismo para la Creación y Destrucción de Efectivo, OCDE, dependiente del BCS , encargado de supervisar la cuantía de los Fondos de Interés Variable, FIVs y de Deuda Pública relacionada con la creación y destrucción de la masa monetaria.

* Un sistema de Obvenciones Integrales en los que se recogerían los rendimientos de esta naturaleza obtenidos por los miembros de las empresas de las que formaran parte.

* Un sistema de Obvenciones Contributivas relativas a los intereses y otras retribuciones a las que estos miembros fueran acreedores en función de su aportación marginal al desarrollo de las empresas del Sistema.

* Un Censo de Bienes Ordinarios, CBO, en el que opcionalmente estarían reflejados los de naturaleza no registrable que ostentaran los miembros del Sistema.

* Un Censo de Bienes Registrables, CBR, en el que figuraría el valor y en su caso las características de estos bienes.

* Unas Declaraciones de los Rendimientos Económicos y del Patrimonio de las Empresas, DREPEs; deposiciones que en poder del CERES servirían para analizar y programar la economía de nuestra comunidad.

* Un Operador para la Informacion el Tanteo y el Retracto, OITR ubicados en los BGFs y a los que se podría entrar a través de las tarjetas identificativas de acceso a la Red.

* Unas Declaraciones de Bienes personales, DBPs, que en función de los valores a los que hubieran sido declarados podrían ser objeto de licitación a través de las funciones encomendadas al OITR.

* Una Acreditación a la Cuenta General de Pensiones, ACGP en la que figurarían las cantidades que por este concepto se mantuvieran caucionadas en las empresas hasta la jubilación de sus miembros y su remisión a la CGP. Unas cauciones que estarían garantizadas como consecuencia de las medidas que a este respecto se mencionan a lo largo de la obra citada.

* Una Cuenta General de Pensiones, CGP, en la que se recogerían y distribuirían las que por este concepto hubieran de recibir los miembros jubilados; así como en función de sus posibilidades, facilitar préstamos con los que marginalmente incorporar nuevos miembros al Sistema.

Como algo inevitable tenemos que prever que debido a esta batería de organismos y declaraciones, así como de muchos otros cometidos que por su prolijidad no han sido mencionados, tanto los de arriba como los medios de desinformación y los de desgobierno van a poner el grito en el cielo argumentando que con este proyecto estaríamos conformando una comunidad equiparable a la descrita en la obra de George Orwell. Ocultando que lo que los verdaderos dueños del cortijo no quieren es que a través de la información y de los medios que en esta obra se postulan, se sepa lo que están detentando, la utilización a la que someten a esa comunidad; y lo a través de esa utilización pretenden seguir acumulando. Sacarán a la palestra, proclamándose paladines de la misma, la palabra libertad. Una libertad que es totalmente incompatible con las dependencias que se generan cuando los hechos nos están mostrando la existencia y el continuo incremento de las diferencias. Como sepulcros blanqueados intentarán ocultar, que a diferencia del control con el que desde arriba determinan y expolian a los verdaderos ciudadanos, un control ejercido por éstos no puede ser en absoluto ni arbitrario ni dictatorial. Este control estaría asimismo controlado por la Voluntad General que informáticamente el pueblo ejerciera en las distintas asambleas a las que posteriormente nos referiremos. Y por tanto, si puntualmente, con la intervención de este control se pudiera lesionar algún derecho, con el control que el pueblo estuviera ejerciendo sobre el mismo se estarían reparando las consecuencias que puntualmente se hubieran podido ocasionar. Es el pueblo y no los de arriba lo que pueden substanciar la palabra libertad.

Hoy he leído en un artículo titulado "La cumbre de los muertos vivivientes" que teniendo en cuenta el hedor que despiden sus sepulcros, como hace muchos años me ha vuelto a impactar. Decía: Un espectro recorre Europa, dí que sí, Karl.





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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:01:19


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EL PROYECTO (ll)

En función de no estar dispuestos a tolerar que desde arriba se perpetúe la subjetiva interpretación con la que se ha asumido el Derecho Positivo, a mi entender hemos de colegir que la única manera de superar las disfunciones que se generan en la distribución de las riquezas es asumiendo y estando dispuestos a afrontar la conformación y la existencia de un modelo en el que el empresario y el obrero sean la misma persona. Y con ello, no me estoy refiriendo a la proliferación de unas cooperativas, que aunque mucho más sociales que las empresas que utilizan una mano de obra asalariada, conllevan una serie de rasgos que impiden la transformación integral de este modelo de economía de mercado. Aludo a una estructura, que cohabitando, participando y respetando la que caracteriza a este mercado, segregada de éste, ejerza una forma de llevar a cabo esta distribución, como una norma de conducta que sea totalmente incompatible con la naturaleza que caracteriza, a lo que ni es modelo, ni es economía de libre mercado. Exhorto a la estructuración de una economía, en la que sus miembros, formando parte de lo que sean sus empresas, determinen lo que tanto ellos como éstas hayan de ser; en la que los beneficios que en las mismas se puedan alcanzar, no sólo sirvan para asegurar su jubilación, sino para que con ellos se garantice el porvenir de los que como nuevos miembros se hayan de incorporar a esta economía. Sugiero el establecimiento de un paradigma, en el que lo conseguido, no se utilice para generar dependencias; que lo que hayamos obtenido, en lugar de erigir mausoleos a una trascendencia con la que se busca asegurar nuestras carencias presentes y futuras, en función de que tan solo asegura la inseguridad del futuro y del presente, sirva para vivir una vida digna; una vida que siendo temporal, es completamente extraña a esa identificación con la que de una forma absurda tratamos en otros de continuarla a través de una subjetivada trascendencia,. A este respecto vuelvo a sacar a colación otro pasaje de la primera parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado. En él se dice lo siguiente:

"El origen de todos los males que en lo social aquejan al mundo se encuentra en esa propensión de la que todos somos víctimas. En detentar, en arrancar y disfrutar lo deseado de quien pudiera real o potencialmente poseerlo. Una tendencia que podemos encontrarla en la explotación, en la apropiación, en el engaño, en la estafa, en la violación, en el robo y hasta en la enseñanza y el adoctrinamiento interesado."

"Parece por tanto natural, como ya hemos señalado, que para evitar que esta constante agresión pueda producirse, no basta con un decálogo, con una educación, ni con un buen corazón. Se precisa algo más tangible de lo que el hombre en sus demandas subjetivas está capacitado a utilizar. Se necesita de un control, que siendo material y estando universalmente aceptado por todos, impida que lo que haya sido establecido por consenso, pueda ser invalidado por los deseos interesados que de una forma natural tengan las singularidades."

"Para que una sociedad funcione son necesarios dos fundamentos. El primero es que exista una concienciación colectiva de cuáles son las reglas de conducta a seguir. Normas que lógicamente tienen que ir modificándose, en función de la transformación evolutiva a la que dicha sociedad se ha de ver sometida; pero que en todo momento tienen que plasmar una metodología que, fundamentada en una legislación, han de llenar de contenido las expectativas que todo ser humano tiende a considerar como esenciales. En segundo lugar, los condicionamientos físicos que como consecuencia de esta concienciación se hayan de establecer, tienen que estar completamente emancipados de la segura injerencia que sobre ellos se habrá de efectuar. Es necesaria la convicción de que esto tiene que ser así; pero asimismo se precisa que la capacidad de justificación y de transformación a las que nos puede llevar nuestro intelecto, se encuentren determinadas por unos condicionamientos que, siendo físicos, sólo sea factible modificarlos a través del consenso de la comunidad; unos impedimentos que al ser instituidos con un carácter de universalidad, se pueda poner en tela de juicio la procedencia de su establecimiento por las individualidades, pero nunca su validez en el ámbito de lo colectivo; que al igual de lo que ocurre con la existencia de una pendiente, sea enjuiciable que de vez en cuando, de acuerdo con nuestra manifiesta voluntad y asumiendo los riesgos que conlleva, podamos ascenderla a la carrera, pero que lo que es determinante, es que esta pendiente, en sí misma, constituye un condicionamiento incuestionable.

Fin de la cita

La primera vez que aprovechando la relación epistolar que con él mantenía envié hace ya varios años un ejemplar de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? a un economista que solía participar en un programa radiofónico, recibí un escueto "el contenido de esta obra es demasiado denso". La única opinión que formuló fue tan concisa que no me extraña que no se haya involucrado desde entonces en su análisis. La que posteriormente puse en manos de un versado entendido en el tema de los números fue, aunque sintética, más consiguiente. Su opinión fue que era demasiado utópica. Pero la que más me volvió a decepcionar fue la que tras unos prolongados y prolijos contactos, facilité a otro reputado economista, cuando después de haber mantenido un personal cambio de impresiones con él; al final del cual le entregué otro ejemplar de la mencionada obra, al igual que ocurrió con aquella primera relación epistolar, de ésta y de lo que en este libro se decía nunca más se supo. Con lo cual, a mi entender, queda demostrado, que el ser humano es un ente que por naturaleza se deja llevar por la inercia; que con independencia de las objeciones que conscientemente tenga sobre la idoneidad de lo establecido, lo que ha asumido, lo contempla como una realidad incuestionable. Ante el hecho de que no esté de acuerdo con lo que esta realidad representa, su falta de fervor con el que remediarla, ha llegado a forjar en su consciente, que como es imposible luchar contra fuerzas superiores, lo que no venga dado, hay que considerarlo como utópico. Y así nos va. Aunque vemos que nos engañan una y otra vez; seguimos asumiendo lo que nos dicen unos políticos, que salvo ocasiones difícilmente constatables, están al servicio de quienes les permiten estar y repetirse en sus posaderos.

Para llegar asegurar un modelo en el que los de abajo no sean sistemáticamente utilizados, será preciso establecer como más fundamentales las siguientes premisas:

a) Ser capaces de reconducir el convencimiento que siente la mayor parte de la población, de que personalmente somos incapaces de transformar el sistema en el que estamos inmersos. Concienciarnos de que si individualizadamente estamos en manos de un sistema que conscientemente sabemos nos está utilizando, colectivamente es ese mismo sistema, el que lo podemos poner a nuestro servicio. Somos nosotros los que "somos". Los que hemos de ser lo que "sea". Y lo que ese somos y ese sea hayan de ser no puede estar determinado por lo que individualizadamente le hemos permitido a ese sistema lo que es. Necesitamos la colaboración que L.Vigotski describió como la reacción simpático-primitiva que el individuo encuentra en la masa. Se necesita seguir las premisas que se manifiestan en un artículo que como "La Unidad Popular" entre otras cosas dice lo siguiente:

Una Unidad que no puede ser la exteriorización con la que se manifiesta la turba, sino por el contrario, una unidad que sea la resulta de lo que se haya alcanzado en las distintas Asambleas a que hago referencia en los artículos “Exceptuando todas las demás” (I) y (II). Y esta Unidad, y la manera de desarrollarla constituye un principal tan inconmensurable que para sí ya quisieran tenerlo aquéllos que sólo las riquezas tienen.

Fin de la cita.

Sólo si somos capaces de ponernos de acuerdo de que sólo a través del acuerdo nos habrá de ser dable desarrollar lo que deseamos ser, podremos alcanzar los objetivos que, más allá de subjetivismos personales todos deseamos. Y es por ello por lo que, tratando de expresar lo que de una manera plástica intentamos lograr, la única manera de superar las disfunciones que se generan en la distribución de las riquezas, es (volviendo a repetir lo que manifesté en otro lugar), asumiendo y estando dispuestos a afrontar la conformación y la existencia de un modelo en el que el empresario y el obrero sean la misma persona. Para lo cual tenemos que conquistar los recursos con los que adquirir los medios de producción que nos permitan conformar un modelo económico en el que la "utilización del ser humano" haya sido excluida. En este contexto vuelvo a insertar un par de párrafos de la obra anteriormente mencionada; unos párrafos en los que habiendo sido descartado que esta conquista no podría ser alcanzada con la acumulación de las dejaciones que pudiéramos hacer a través de un tiempo de trabajo marginal, tenemos que alcanzarla por medio de un sacrificio en el consumo. Dice lo siguiente:

"Pero es que además, si en el sector productivo, los empresarios estuvieran dispuestos a permitir esos minutos de trabajo adicional, como consecuencia de una sobreproducción que no encontraría demanda, su más lógica contramedida sería la de reducir el número de sus empleados. Lo que pudieran suplementariamente percibir los más afortunados, determinaría las posibilidades laborales de otros. Se tendrían que producir enfrentamientos entre los miembros de la clase trabajadora. Y éste no podría ser el mejor caldo de cultivo en el que labrar la colaboración que precisáramos."

"Con respecto a la segunda de aquellas dos alternativas; es decir, la relativa a la dejación en el consumo, hemos de señalar que siendo nuestra potestad la de invertir el producto de nuestro trabajo en aquellas opciones que más se acomoden a nuestros necesidades, lo que no podemos aceptar es que el Capital se inmiscuya en qué tipo de consumo tendremos que llevar a cabo. Y esto en función de que en una economía de libre mercado, los capitalistas no sólo no se encuentran constreñidos por esta imposición, sino porque además, no devuelven al mercado la totalidad de los beneficios obtenidos con la plusvalía. Ya que una parte importante de los mismos sigue continuando en su poder como consecuencia de haber obtenido con ellos bienes de producción o de naturaleza permanente. En este contexto y como consecuencia de nuestra disposición a hacer uso de los bienes que hubiéramos llegado a desistir en la adquisición de aquellos medios que pudieran liberarnos, se habría de producir una reestructuración de la producción; pero esta reestructuración, a diferencia de la que hemos contemplado con anterioridad, sí sería practicable. Habría que efectuar una reconversión que en el caso que ahora nos ocupa, contaría con suficientes argumentos para que pudiera llegar a producirse."

Fin de la cita.

Con lo cual se posibilitaría una financiación con la que adquirir los bienes con los que los nuevos miembros de este nuevo modelo económico pudieran ejercer sus funciones como trabajadores y a la vez como empresarios. Algo que según se explicita en la mencionada obra sólo se puede conseguir a través de la acumulación de un ahorro en el consumo que los trabajadores aún no liberados del modelo de economía de mercado puedan proporcionar. Constituye un proyecto en el que los trabajadores estarían forjando de una manera colectiva los mismos objetivos que los que individualizadamente lograron convertires en empresarios. Y esto podemos conseguirlo sin recurrir a un Mayo del 68; que como muchas otras rebeliones fueron desmanteladas por el ejercicio de unas fuerzas que nosotros mismos hemos dejado al libre albedrío de quienes con nuestro voto interpretan el significado de aquel Derecho Positivo. A mi entender podemos superar las aberraciones que están ocurriendo en esta sociedad (tanto económicas como morales e identitarias), sin asonadas; utilizando un atributo que generalmente no empleamos. El único rasgo que nos hace entender que lo que haya de ser ha de ser hecho; y que esto tenemos que hacerlo nosotros.

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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 10:45:36
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EL PROYECTO (l)

Después de haber publicado y no haber podido distribuir la obra ¿Es posible otra economía de mercado?...; después de haber tratado a través de numerosos artículos darla a conocer en función de referencias que mencionadas en la misma contrastaban con las perversidades que concurren en el capitalismo...; y después de haber constatado que ni con lo expuesto en las crónicas difundidas en periódicos digitales, ni con los contactos que a nivel personal he mantenido con economistas que íntimamente se consideraban progresistas, haya conseguido que lo que expongo en la mencionada obra pueda ser considerado como objeto de debate, con esta serie que ahora inicio quiero ver si acentuando los contrastes que hasta ahora he venido utilizado y removiendo las consciencias de los que están demasiado ocupados, consigo emplearlos en un proyecto que a buen seguro va mucho más allá de lo que con la privativa dedicación que le adscriben a los suyos, a aquél le están negando. No estoy pidiendo mucho. Solicito tan solo someterlo a debate. No me conformo con aquello de que, como "No hay alternativa", lo que pueda alterar el normal desarrollo de lo anormal sea considerado como una utopía; una utopía, que rememorando aquella frase de Oscar Wilde, decía que un mapa en la que no figure ésta es un mapa que no merece ni siquiera ser mirado. Como le dije a uno de estos economistas, Colón les demostró a los doctos de su época, que el huevo se podía mantener verticalmente fragmentando tan solo aquella parte de éste que impedía que pudiera permanecer en pié y estable. Y lo más curioso fue que ni siquiera con este argumento pretendió entablar un debate. A pesar de ser tremendamente crítico con este modelo mal llamado de economía de libre mercado, su cátedra no le permitió cuestionar lo que a tenor de lo que ésta representaba constituía una heterodoxia.

Es cierto que para cascar el huevo sin que éste se destroce es necesario ser muy cuidadosos. Que hasta ahora, todo lo que consiguieron los que trataron de ponerlo en pié, fue convertirlo en algo que ni siquiera era, con todas sus imperfecciones, lo que fue. Ni lo consiguieron con la Revolución Francesa ni con la toma del Palacio de Invierno. Pero esto, siendo un tema de indudable relevancia, por trascender a lo que en el inicio de esta serie intento pergeñar, considero que es necesario dejarlo en el arcén. para ser analizado más adelante. Por el momento, lo más importante es dar a conocer el objetivo que a mi entender hemos de perseguir, para evitar los desencuentros que siempre nos han llevado a un desenlace en el que lo único que conseguimos fue la aparición de unas caras nuevas que al poco tiempo se convirtieron en unas cara viejas. Y para ello (aunque sé que al hacerlo, tanto el capitalismo como los medios de desinformación que subsisten debido a su tutela, van a hacer uso de mil argucias con las que desacreditarme), nada mejor que, para andar con paso firme, sacar a colación aquel dictamen en el que se decía que la plusvalía es aquella parte de la fuerza del trabajo que en la conformación de los bienes y servicios creados no había sido pagada. Un informe al que ya David Ricardo se refirió, pero que fue Marx el que fundamentó.

Una vez dicho esto, antes de continuar con el desarrollo del objetivo anteriormente mencionado, considero necesario abrir un pequeño paréntesis con el que desmontar algunas de las alegaciones con las que las Derechas tratan de impugnar la validez que Marx le adscribió a este dictamen. Con ello me refiero, entre otras cosas, a aquellas opiniones en las que se argumenta, que si la plusvalía sólo puede provenir de la creación de unos bienes y servicios por los cuales las fuerzas del trabajo no han sido pagadas ¿qué es lo que ocurre con esta creación si en su consecución no ha participado una mano de obra asalariada? Y en este contexto ¿cómo se puede entender, que en contraposición a lo que los Sraffians sostienen, sea el trabajo la única fuente de plusvalías,? ¿No es cierto que con los avances tecnológicos que actualmente utilizamos, estamos creando unos bienes que por su valor de cambio y la no participación de una trabajo asalariado hemos desvirtuado la vigencia e incluso la validez que impenitentemente pretendemos otorgarle a la plusvalía?

Con respecto a este argumento es preciso decir, que teniendo en cuenta que el valor de compra es el resultado de todos los factores que intervienen en la producción, mas la incorporación del beneficio, de no existir un trabajo asalariado al que no se le hubiera pagado el valor añadido que se le hubiera incorporado a lo creado, el valor de compra que el producto y los servicios hubieran adquirido estaría representando una valoración, que al comercializarse con aquellas entidades que estuvieran produciendo otros bienes y servicios, habría que imputarles la calificación de trueque; un intercambio donde tan solo se estaría mercadeando valores de compra. Y es que al haberse abonado exclusivamente el trabajo muerto invertido en su consecución, los rendimientos obtenidos por unas empresas serían las pérdidas que sufrieran otras. Ni siquiera con la participación de un trabajo implícito se podría conseguir un beneficio. Con una producción llevada a cabo por empresarios o unidades individualizadas en un proceso de esta naturaleza se estarían incrementando las riquezas; pero de no concurrir un incremento de la masa dineraria que hubiera de representar a esta producción, en la economía se produciría una reacción deflacionaria, originada por la enorme devaluación con la que esas riquezas se abrían de ofertar en el mercado. Y la única manera de superar esta vicisitud sería la de que la Administración adquiriera esa producción marginal de productos y servicios por medio de la creación de unos medios de cambio que se destinaran a subvenir las necesidades de los que no tuvieran un trabajo. Una adquisición que aunque habría servido para representar monetariamente el valor de esa producción marginal, y consecuentemente moderado la deflación que en su ausencia se hubiera producido, se habría llevado a cabo intercambiando ese producto por lo que no sería más que una promesa de pago. Una vicisitud que al ser algo inevitable obligaría a las empresas a emplear una mano de obra asalariada, que al no obtener el total del valor de cambio de lo que se haya creado, permite la continuidad de un proceso económico en el que el valor de cambio de lo producido sea la representación de la demanda efectuada por la clase trabajadora y el empresariado, así como la de los beneficios que se hubieran de emplear en ahorro e inversión. Y este es un algo que a nivel microeconómico los empresarios no han llegado a asimilar; que con la fórmula de minimizar los costes a través de la reducción del trabajo vivo, las empresas podrán incrementar su patrimonio depredando unas sobre otras; pero que el beneficio, como factor universal que permita que todas ellas acrecienten sus riquezas sólo les es dable conseguirlo a través de la parte no abonada a las fuerzas del trabajo. Es por ello por lo que disiento del argumento empleado por Marx a tenor de lo que él denominó como prueba negativa con la que justificar la no necesidad de tener que demostrar la existencia de la plusvalía. Y es que según él, el uso, aunque sea parcial de las maquinas, al ser éstas una acumulación de lo representado por las fuerzas del trabajo están formando parte de la mencionada plusvalía. Y vuelvo a disentir porque en contraposición con su argumentación como prueba positiva de que con la utilización de las maquinas se transferiría a lo producido un valor añadido que iría en detrimento de la depreciación que éstas sufrieran, no se justifica la rentabilidad que microeconómicamente el empresario obtiene con su utilización. De hecho, estas máquinas y todo lo representado por la tecnología utilizada en la moderna producción, son partes inequívocas de lo que el sector de los medios de producción se ha anexionado. Como lo son todas las demás detracciones que el capital le ha arrancado a las fuerzas del trabajo.

En concordancia con lo expuesto y con independencia de unos argumentos que como éstos, humildemente considero ni tuvieron la misma relevancia que el resto de sus análisis, ni por supuesto invalidan los que le llevaron a mostrarnos la existencia de la plusvalía, los economistas enganchados en la noria han utilizado otras argumentaciones con las que cuestionar la validez que Marx le adscribió a ésta. Entre ellas encontramos la de que el capitalismo se reproduce a sí mismo como una consecuencia natural del proceso productivo; una argumento que sólo podemos catalogarlo como cierto si asumimos como válido que fagocita en uno de los componentes que participa en esta reproducción. En su reproducción tiene lugar el establecimiento de una valoración contractual representada por unos salarios con los que es imposible adquirir lo que como valor de compra ha sido creado. Por lo que como axioma, nos es dable establecer, que en el ámbito de la producción y la distribución de los productos y servicios, se genera una dicotomía entre lo que como vivencia experimentan los que dependen de un salario y los que como empresarios llevan a cabo una exacción, con la que no solo cubren su consumo, sino que adicionalmente están forjando una acumulación, que es la que determina la naturaleza de su reproducción.

Es cierto que una igualdad total es incompatible con las disimilitudes que de una forma natural determinan a los individuos; como asimismo es cierto que sin la existencia de un beneficio estaríamos imposibilitando tanto la materialización de una labor, como el emprendimiento y el riesgo que en sí mismo conlleva cualquier actividad económica. Pero lo que tampoco es menos cierto se encuentra en que con la acumulación del beneficio se posibilitan una serie de condicionamientos que determinan la forma de desarrollarse que de forma natural caracterizan a esos individuos. Lo cual nos posa un tremendo problema. Porque por una parte tenemos que asumir la procedencia del beneficio, y por otra, la de que si sancionamos como válido que el beneficio tan solo nos es dable alcanzarlo a través de la plusvalía estamos condenados a tener que aceptar el continuado expolio que se perpetra con la misma. Y sin embargo, en este drama ha intervenido un actor, que con su comportamiento la convierte en un sainete; una pieza dramático-burlesca que podría ser contemplada como un desenlace aceptable.

Con ello me refiero a la concurrencia en esta tragedia de una forma de obtener el beneficio por medio de un trabajo implícito llevado a cabo a través de la conformación de una colectividad. un beneficio que como plusvalía, constituyendo el incentivo que es preciso adscribirle a toda actividad económica, estaría directamente relacionado con el valor de compra que en la conformación de sus actividades estuvieran ejerciendo el resto de colectividades.

Es cierto que en función de este proceso, y de no concurrir en este sainete otro actor regulador, sólo habríamos conseguido que la acumulación practicada por los empresarios la materializaran las colectividades. Pero este "sólo" nos coloca en una posición desde la que ese "qué hacer" de Lenin que ninguno encuentra la manera de poder llevarlo a cabo nos permite la adopción de una serie de medidas que por sus connotaciones que son precisas aplicar en la puesta en pié del huevo, hacen que las relaciones entre esas colectividades no tengan que estar enfrentadas como consecuencia de una producción una distribución antisocial.

A mi entender, ese "que hacer" tan solo se pueden materializar haciendo uso de una metodología que sin incidir en el derecho individual que como parte del derecho colectivo debe asistir a todo ser humano, condicione unas relaciones económicas que, como substrato de una relación intersocial, establezca el decurso que en todo momento la sociedad considere como más idóneo; cuando entendamos que una propiedad, que como posesión no nos puede trascender, nos está excluyendo de esa identificación que como ser social podríamos compartir en su sabia utilización con aquéllos con los que debiéramos identificarnos. La propiedad nos convierte en un ser que por no ser es un producto de su incapacidad para llegar a serlo. Con la propiedad se establece un permanente enfrentamiento entre los que la ostentan y los que (más allá de las regulaciones sociales con las que a través del Derecho Positivo se pretenden defender los derechos), y los que no pudiendo disfrutar de ella no disponen ni siquiera del derecho de que ese mismo Derecho Positivo regule y garantice lo que sea de ellos.

No creo que subjetivamente vayamos a asumir a bote pronto la representatividad de esta realidad. Y mucho menos esperar que los poseedores lo vayan a entender. Tan solo aguardo a que ante la falta de salida que en su desarrollo sigue el capitalismo, se generen convicciones que sin agredir a esa posesionalidad que ha venido amparando el derecho Positivo nos permitan transformar poco a poco las relaciones entre la producción y la distribución. Y como fundamento en el que apoyar lo que como proyecto pretendo seguir desarrollando, voy a sacar por primera vez a colación unos pasajes de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

"Si los animales no pueden valorar es porque forman parte de las cosas; porque son incapaces de valorarla de una forma consciente; porque al no advertir la existencia de los vínculos que los están condicionando, difícilmente pueden sentir la necesidad de asumirlos o impugnarlos."

"Pero es que si nosotros -independientemente de la potencialidad instintiva que podemos sentir hacia lo que nos puede proporcionar placer o la satisfacción de una necesidad biológica-, con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándolo como algo fusionable."

"Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.

Fin de la cita



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