2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Para no dormir

Para no dormirPostado por degregorio dom, agosto 23, 2015 18:22:45

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HISTORIAS PARA DEJAR DE DORMIR

degregorio.unaeconomiasocial.es

A veces pienso que ante el callejón en el que se encuentra ese 1% que ocupa la cúspide del capitalismo, la salida que habrá de adoptar para tratar de desembarazarse de las secuelas en que se ha metido será la de utilizar el poder que le confiere las riquezas que ha acumulado, estableciendo una sociedad estratificada en la que no sea posible manifestarse e incluso abstraerse en disidencias. Algo que al no poder ser alcanzado ni con una utilización increíblemente civilizada de la fuerza, ni con la catequización que llevan a cabo los que cariñosamente Jean-Luc Melènchon llama les chiens de la presse, demandará la planificación de una regulación del sistema cognitivo. Una fiscalización de nuestra supuesta capacidad intelectiva que impida que podamos llegar a ensimismarnos en la contemplación de una censura en función de una sistematización del enjuiciamiento que, más allá del adoctrinamiento que hogaño utiliza el Poder, constituya un acto reflejo de lo que como comportamiento se haya fisiológicamente programado. No podemos olvidad que ese 1% , en función del poder económico y la dependencia intelectual con la que la habrían conformado sus élites pensantes, rememorando a Ortega constituiría una sociedad vertebrada. Una sociedad en la que lo que debería de ser un grito sería tan solo un balido con el que el difusor no exprese otra cosa que el dominio y la resonancia que en el éter generan sus cuerdas vocales. En este contexto podemos entender las razones por la cuales lo que debería de ser un grito de recusación a unos partidos podridos, progresivamente se está convirtiendo en una manera de expresarse con la que el ciudadano e incluso los gobiernos cada vez tienen menos que decir.

Algo va mal en nuestra sociedad y en la aldea global cuando acostumbrados a convivir en una sociedad enferma admitimos como natural la existencia de un Orden Mundial que reglamentado por los poderosos sólo puede estar a su servicio; cuando, como consecuencia de la degradación a la que nos ha llevado unos atropellos que necesariamente tenían que concitar la desaparición de los valores, vemos como una serie de bastardos como Blesa, como Rato, como los Pujols y un etcétera que por su etceteridad resulta vergonzosa, ni están en la cárcel ni han devuelto lo robado. Lo único que no nos lleva a tirar la toalla es ver como un muchacho de 19 años rescata a una mujer en un coche en llamas. A pesar de que por la mencionada etceteridad, un grupo de personas estuviera mientras tanto grabando la secuencia con sus móviles. Algo va mal cuando una parida, en una suprema dejación de la maternidad arroja a la basura el resultado de sus más que presumibles desvergüenzas; o que unos hijos de puta aprovechen el uso de la impunidad, que es lo que caracteriza a los cobardes, para incendiar el monte. Algo va mal cuando con las escasas manifestaciones de sublimidad que subjetivamente somos capaces de expresar hemos forjado una pseudocultura en la que las bajezas con las que materializamos los instintos nos dan fe del intelectivo lobo que llevamos dentro. Algo va mal cuando (recordando aquella frase de Freud), la historia de la cultura es la historia de la represión.

Recordando las doctrinas de Marx podemos observar cómo el capital, a través de la natural obtención del beneficio ha prostituido todo lo que de positivo se pudiera encerrar en una economía en la que las actividades económicas deberían estar al servicio de todas las personas involucradas en su desarrollo; vemos que con la obtención de un rendimiento que ha sido utilizado como un medio con el que condicionar la existencia de los que no pudieron tener a través de un patrimonio la posibilidad de conseguirlo, para poder seguir subsistiendo tuvieron que sustituir la potencialidad de alcanzar esta consecución por la que sólo era un salario; que como consecuencia de una contestación que obligó al capital a tener que conceder a los trabajadores unas mejoras laborales, que imputadas a los precios (y consecuentemente absorbidas por el conjunto de la población), primariamente tenían que ser detraídas de sus beneficios, el capital adujo que con la disminución de la tasa de ganancia se reducían las oportunidades de crear más puestos de trabajo. Una disminución que si bien representaba el tener que compartir, el capital siempre ha considerado que una vez abonado a un factor de producción como el trabajo los precios que el mercado hubiera establecido como remuneración con los salarios, la obtención del beneficio tenía que corresponderle al que subjetivamente se había proclamado como el creador de las riquezas; advertimos que para someter las demandas ejercidas por el sector laboral, los empresarios recurrieron al fordismo; así como a la utilización de una tecnología que al reducir el número de los asalariados hacía surgir otra suerte de demanda: la que les permitiera la mayor capacidad de producción y la menor capacidad adquisitiva existente en el mercado; un exceso de oferta que sólo podía ser subsanado a través de un consumo cuyo pago tenía que ser pospuesto “ad futuro”; constatamos cómo se recurrió a institucionalizar la utilización de un crédito con el que implementar el desarrollo de un poder adquisitivo que si por una parte era equiparable al valor de los bienes existentes, condicionaba la existencia d aquéllos que se habían endeudado; sin que ni el deudor ni el acreedor fueran conscientes que con haber pospuesto la falta de demanda del presente se estaba hipotecando la que se debiera de llevar a cabo con posterioridad; sin que ni uno ni otro llegaran a entender que con unas acreditaciones que tendrían que devengar unos intereses, los deudores –con independencia de tener pagar lo que hubieran en su día dejado de abonar-, tendrían que abonarle al capital el importe de unos intereses que habrían dimanado de la necesidad de seguir operando como un mecanismo de desposesión.

El capitalismo es insaciable. Y lo que consideró como una solución, al hacer uso de ella de una forma extensiva (y con ello me estoy refiriendo a la creación de unas acreditaciones que yendo más allá de la transaccionalidad de lo que se hubiera producido se ha convertido en la transaccionalidad de una promesa), con la financiarización hemos llegado al penúltimo escalón en el que el capitalismo puede sostenerse.

Se ha producido el hecho de que con la utilización de unas acreditaciones que excedían de una manera exponencial la representatividad de lo transaccionado, una parte substancial de lo que figuraba como capital sólo está representando humo. Mientras que en este modelo ponzi han estado interviniendo demandantes de crédito, el toco-mocho ha estado funcionando; cuando la base de la pirámide empieza a cuestionar lo que está sosteniendo, por mucha flexibilidad cuantitativa con la que se pretenda tranquilizar a los intervinientes en el engranaje, la cúspide adquiere (que es lo que estamos viendo, lo que se conoce como un equilibrio inestable.

Como podemos ver, con la conformación de unas acreditaciones fundamentadas en la creación de un dinero bancario, y sobre todo, de la naturaleza de una financiarización, surgida del humo, hemos tenido que pagar este año en España a este capitalismo de nuestras vergüenzas una suma cercana a los 37.000 millones de euros; una suma que no va a ser utilizada para incrementar el desarrollo de la economía, sino para acrecentar la base de una estructura de desposesión. Pero es que esto no es todo. Con independencia de haber abonado esta suma a través de la creación de unas riquezas que han tenido que servir como remuneración a unos intereses que como exacción representan una detracción de las riquezas producidas, ante la obligación de tener que reducir lo que para el capitalismo es otra de las fuentes con las que apoderarse del esfuerzo de los que sólo tienen como fuente el trabajo, para pagar el principal tenemos que entregar a estos trileros una parte substancial de lo que tendría que haber sido utilizado en sanidad y educación. Y todo ello sancionado con la prioridad con la que 316 diputados democráticamente hermanados pisotearon la Constitución haciendo caso omiso de lo que significa la palabra democracia. Sin consultar a los que tendrían que haber sido sus protagonistas. Todo ello en una cesión de soberanía a la UE con “Prioridad absoluta” para ejecutar el pago de la deuda con condiciones que “no podrían ser renegociadas”

Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.

Hemos llegado a un punto en el que habiéndose llegado a secuestrar los derechos que la democracia le adscribe a la ciudadanía, en el colmo de la abulia creemos que al menos nos queda el derecho, de una forma discreta, de poder expresar qué es lo que pensamos.




Craso error. 1984 se ha hecho omnipresente. Todo lo que estamos exteriorizando a través de las redes es analizado y registrado. Hemos llegado a un punto que no se habría atrevido a imaginar el más enejenado de los dictadores. El que ni Himmler se habría atrevido a soñar. Ya no se trata de tener una jauría aullando que impida que el rebaño, después de haber pastado en las “neolenguas” de Montoro, Rajoy o Báñez sea reacio a ponderar sobre las vallas del aprisco. Ya es necesario contemplarnos como lo que verdaderamente somos. Lo que se encuentra dentro de esas vallas. Definan ustedes el término. Ha llegado el tiempo que aquel 1% estaba buscando. Ahora sólo nos queda digerir lo que le hemos dejado a otros elaborar como nuestro destino. Si nos han de integrar en Eurasia, en Estasia o en Oceanía.



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