2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La penúltima huida hacia ninguna parte

La huidaPostado por degregorio vie, septiembre 09, 2016 19:46:10

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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (I)

Observando de manera retrospectiva lo que Jack London describió en su novela El Talón de Hierro como la perspectiva que él creyó le ofertaba el futuro, estamos viendo lo que para nosotros constituye el presente; que por mucho que hayamos avanzado en lo que como avance resulta intrascendente, seguimos obligados a tener que observar nuestro futuro con la misma aprehensión con la que él plasmó el que consideraba suyo; que ante las desigualdades generadas por el incremento de las grandes fortunas en manos de unas minorías que se constituyeron como una casta social superior que sustentaba al gobierno y recibía de éste protección tanto jurídica como disuasoria, nuestros desfavorecidos

Se encuentran sometidos a una plutocracia; que a diferencia de lo que ellos hicieron, tenemos que hacer frente a los que estando al otro lado dicen estar representándonos; que ante una inestabilidad que fruto de las desigualdades e injusticias no consiguió dinamizar el miedo a la represión ni ser rechazada a través del análisis, fue justificada a tenor de las mentiras y las actividades mediáticas llevada a cabo por los que hogaño Jean Luc Melenchon califica como “les chiens de la presse”, Que a diferencia de lo que ellos pretendieron hacer con su Senado, la oligarquía que estamos padeciendo sí ha llevado a cabo un asalto contra nuestro Congreso al objeto de delinear lo que hubiera de ser su propia democracia.

Como podemos ver, lo que este autor consideró como pasado, con un signo totalmente diferente lo hemos vuelto a vivir en el presente. Tanto las causas que originaron y han vuelto a recrear aquel suceso como el miedo que se pretende infundir en la ciudadanía a través de una represión feroz. Pero es que hay más. Lo que ocurrió y sigue acaeciendo nos lleva a tener que preguntarnos que si a través del miedo que se deriva de la represión a la que son capaces de llegar para defender su democracia les es dable conformar un hato de corderos ¿qué justificación tienen tanto los medios empleados como los objetivos perseguidos? Porque la existencia del rebaño no está constituida exclusivamente por un conjunto de unidades que en su domesticación no va más allá del balido. Para seguir esquilando su lana, el aprisco tiene que seguir siendo lo que con dicho término se expresa. Para lo cual es necesario mantener una serie de pastores que como fuerzas represivas (conjuntamente con los perros del pastor), den a conocer y sea sumido por las obtusas mentes de aquéllos que pretendan hacer uso de ellas quien es el propietario del ganado. A tenor de que en este mundo bipolar existen dos propietarios enfrentados ¿cómo se justifica que con los medios empleados cada uno de los contendientes van a alcanzar los objetivos perseguidos? ¿Consideran que podrán conseguirlo a través de la lana que puedan esquilar en sus majadas? ¿No son conscientes que con la utilización del expolio que están practicando en los que no tienen voz ni voto están forjando unos medios disuasorios que son los que se están consolidando como los verdaderos dueños de lo que el conjunto de lo existente haya de ser?

No parece haber nada nuevo bajo el sol. Desde tiempo inmemorial el método ha sido establecer una dicotomía entre los de abajo y los que ostentando el poder se consideran diferentes. El proceso es paralizar a la ciudadanía quebrantando la solidaridad social a través del miedo y la resignación. Y para la aceptación de este proyecto, nada mejor que la recurrente instilación que con “la sabio que es el pueblo” se están mofando de su estupidez. Una sapiencia que tiene que ser consecuente con la generación del pánico y la desmoralización en función de la existencia de unas calamidades y desastres programados que nos lleven a tener que asumir lo que como tópico se ha universalizado como “no hay alternativa”. Una asunción que ha quedado plenamente refrendada como consecuencia de la buena voluntad con la que hemos pretendido llegar a unos acuerdos, que los poderes que están llevando a cabo aquella doctrina solamente respetan en tanto en cuanto se vean obligados a tener que respetarlos; una asunción con la que ya Laclau y Mouffe (a través de lo que la Izquierda denominó y aceptó como posmarxismo) trataron de racionalizar los desencuentros derivados de la irracionalidad de quienes nos los estaban imponiendo; y una asunción que no ha sabido ver que este pánico y esta desmoralización han llegado a ser una técnica con la que controlando el disenso, facilitar la gobernabilidad.

No obstante, con independencia de la deslocalización de los poderes a los que anteriormente nos hemos referido,

En el capitalismo hay otros dos factores que estarán determinando su continuidad. El primero de ellos es el que mencionado en el preámbulo de la serie “Origen, patología, evolución y superación del capitalismo dice lo siguiente: ¿No resulta incongruo mantener la estructura de un modelo económico que en su tendencia hacia la globalización y la robotización pretende subsistir más allá de la existencia de los seres humanos?

Y si esta no es la tendencia ¿cómo pretende impedir que esa tecnología alcance una complejidad y autonomía que estaría poniendo en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar? ¿Cómo controlar unas especificidades de lo tecnológico que tendrían que ser supervisadas por unas entidades desvinculadas de la tecnología? ¿Cómo mediatizar el comportamiento de unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojarlos de la facultad de ejercer su libre albedrío? Algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del actual modelo. O bien se necesitaría recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse le estarán obligando a la bestia tener que aceptar algo que la bestia, aunque ya lo sabía no quería reconocer: lo peligroso que es deducir. El segundo, el que en el capitalismo existe un germen de auto-destrucción que trunca los objetivos con los que a través de las mentiras, la represión y el pregón mediático trata de perpetuarse: la corrupción y la mala gestión de los asuntos que dimanan de un poder arbitrario. Y contra esto nada pueden hacer los imperios, puesto que para permanecer necesitan mantener un poder que no siendo contestado está fundamentado en la corrupción y la arbitrariedad. Llega un momento en el que la falta de moral es incapaz de oponerse a la realidad de lo existente; un momento en el que surge una llamada a la concienciación que reclame como lema un “No nos representan” o un “No hay pan para tanto chorizo”; y esta llamada, aunque sea ahogada por ese poder que pretende impedir una contestación, sólo puede silenciarse cuando el ahogamiento haya acabado con el sujeto que la hubiera exteriorizado.

En un pasaje de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? podemos leer lo siguiente: se puede coartar a un país, e incluso a un continente, pero no es dable coercer a la humanidad en su conjunto. Sobre todo si ésta es consciente que tiene que defender sus derechos. Que no podemos permanecer sentados a la puerta porque esta vez no venían por nosotros. “Yo entiendo que las masas, lo mismo que la tierra, se pueden llevar períodos de tiempo larguísimos sin que en ellas germine una semilla; pero cuando llueve, la floración tan solo puede detenerse arrasando y quemando los campos. Y si me apuran, hemos incluso conocido situaciones en las que ni siquiera la persecución más encarnizada hecha desde el Poder ha logrado anular su pertinacia.”



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