2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La penúltima huida hacia ninguna parte

La huidaPostado por degregorio vie, septiembre 09, 2016 19:50:38
............................. 2015+1 El año del cambio .....................

LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (ll)

Hay una serie de factores en el desarrollo de la economía capitalista que en función de su naturaleza justifican el por qué este modelo sólo se puede mantener con la utilización de la mentira, de la colaboración de una estructura de gobierno a-democrática y de unas fuerzas represivas que garanticen su continuidad; unos factores que en el lenguaje de los economistas se conocen como “contradicciones” y que en el popular lo interpretamos empíricamente como expolio, dolor y la desigualdad que en su desarrollo se concitan. Y para demostrar su iniquidad no existe un ejemplo más significativo que el que insuficientemente contemplado en su bibliografía se produce en una crisis por estanflación.

Si asumimos que la disminución de la tasa de ganancia que obtuvieron las empresas como consecuencia de las políticas económicas keynesianas que se estuvieron practicando durante las tres décadas doradas del capitalismo que siguieron a la Segunda Guerra Mundial era una situación que el capitalismo no podía tolerar indefinidamente ¿es muy aventurado imaginar que para superarla maquinara una desestabilización que con la interesada connivencia de los países productores de petróleo se materializara en una subida de precios imposible de ser puntualmente asimilada por la economía; y que en función de su incidencia permitiera establecer otros parámetros que aquéllos que estuvieron vigentes durante tres décadas? ¿No hemos visto como este recurso ha sido recientemente practicado (a pesar de los daños que su implementación habría de ocasionar en la industria del “fracking”), en función del mayor daño que habría de ocasionar en aquellos países que no se habían plegado a los intereses del imperio? ¿Acaso desconocemos lo que en la economía se conoce como “la destrucción creativa” del capitalismo? ¿No fue cierto que ante una crisis desaforada y cuidadosamente planeada de los precios del petróleo se tenía que producir un efecto inflacionario que al hacer disminuir la demanda agregada, y consecuentemente incrementar el paro, se estaría generando un estado de deflación que tendría que ser corregido a través de una manera diferente de entender cómo se tenía que desarrollar la economía? ¿No es consecuente que a tenor de este entendimiento desde la FED se llevara a cabo una política monetaria restrictiva que al estar supuestamente dirigida a impedir la inflación, en el caso de un encarecimiento premeditadamente importado estaría justificando que para contenerlo era preciso aminorar los gasto que tuvieran que afrontar las empresas a través de una contención salarial, una reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social y una minoración de los gravámenes fiscales? Lo que a mi entender acaeció fue que aunque estas medidas servían para incrementar la tasa de ganancia que los empresarios obtenían en el proceso productivo, en función de la incidencia que las mismas originaban en una demanda que con estos reglas secularmente se había mantenido restringida, la única manera de salir del horizonte generado por aquella contención instrumental del crédito (una vez activado el proceso productivo), era relajar su incidencia permitiendo que la ciudadanía se endeudara más allá de lo que racionalmente tendría que aconsejar su presente. De esta manera, una vez contenidos los salarios y llevados a cabo los recortes oportunos, los ciudadanos se habrían endeudado de tal forma que se encontrarían sometidos de por vida a los dictados que el capitalismo dispusiera. Lo que ocurrió es que con este desmedido incremento de las acreditaciones el capitalismo no llegó a prever que como su monto era infinitamente superior al valor real de los bienes que deberían estar representando, su devolución sólo podía llevarse a cabo en función de las riquezas que en el futuro los endeudados pudieran generar. Algo que al ser totalmente coherente con su disposición a seguir esquilándonos nos está mostrando qué es lo que piensan y creen que somos. En el sistema financiero prácticamente no hay dinero. El dinero real, el constituido por billetes y monedas que no está siendo utilizado como deuda, escasamente representa un 3% del dinero circulante. El resto figura como préstamos que sólo pueden cancelarse a través de los beneficios obtenidos que como producto de una actividad económicamente productiva hayan pagado aquéllos que se constituyeron en deudores. Es por ello por lo que tenemos que entender que en el neoliberalismo no puede existir un crecimiento sin que exista una deuda creciente.

Lo cual nos lleva a tener que asumir que como las deudas contraídas con unas acreditaciones fundamentadas en la creación de un poder adquisitivo que no se corresponde con los bienes que ese poder pudiera adquirir, estas deudas jamás podrán ser restituidas,. Lo que el capitalismo pretende asegurar es la perpetuación de unos intereses que al no haber sido aquistados a través de un proceso productivo, acrecienten las acumulaciones que no les fue dable obtener como una derivada de las tasas de ganancia. Lo cual no es óbice para que en el ejercicio un poder que el Poder ha sido diseñado con la connivencia de unos gobiernos indignos, se implementen medidas que como la dación en pago (después de haberse practicado los vergonzosos desahucios que han llevado a cabo unas fuerzas conminadas por los que contemplando la posibilidad de acefálicamente justificar aquello de la obligación debida), obliguen a los endeudados a cancelar unos pasivos conformados exclusivamente por medio de unos apuntes contables. Y es que para ese Poder asesino y corrupto, de no ser satisfechas estas acreditaciones con dinero real; es decir, contante y sonante, como las hipotecas otorgadas habían sido vendidas al capital improductivo a través de titularizaciones, lo que en estos bancos figurara como colateral por dichas acreditaciones tendría que ser enjugado con los activos tangibles que estas entidades hipotéticamente pudieran poseer. Y esto es algo que no completa el proceso en el que nos han enclaustrado. Ocurre que (independientemente de que este gobierno estructurado a través de un partido podrido haya rescatado a estas entidades con cargo a lo público), el endeudamiento que la banca privada española había contraído con la banca extranjera tenía que ser cancelado con dinero contante y sonante, ceteris paribus, había que condenar al sector público (a través de recortes y privatizaciones) a que fueran los de abajo los que tuvieran que sufragar las consecuencias de una burbuja que según estos indeseables se había generar debido a que el pueblo había vivido por encima de sus posibilidades. Es decir, el capitalismo no sólo pretende asegurar el pago de los intereses de una deuda que es consciente no podrá ser abonada. El capitalismo, en tanto en cuanto las circunstancias no lo impidan (en función de que supuestamente las fuerzas represivas están comandadas por lo que hemos dado en llamar “el gobierno), obliga a éste no sólo a costear los intereses de una deuda pública que a tenor de ese “inconsecuente buen vivir” hemos venido disfrutando en los años anteriores a esta crisis, ha pasado de ser 439.771 millones de euros en 2008, a 1,07 billones al cierre del año 2015. No sólo a tener que pagar a esta nueva estructura del capital ocioso más de 35.000 millones al año de intereses, sino además, pagar lo que el mismo capital considera incobrable. Como vergonzosamente han hecho Francia y Alemania en Grecia después de haber sido transferidas las acreditaciones de los bancos a obligaciones del estado heleno. Lo de la reducción del déficit presupuestario es una milonga que sólo pueden aceptarla aquéllos que no entienda que su existencia está fundamentada prioritariamente en una desigualdad estructural; y secundariamente en un modelo de fiscalidad nacional y europea que no puede imputárseles a aquéllos que están obligados a afrontarlo.

Con la financiarización, los derivados, las titulizaciones, los swaps y demás engendros forjado por la banca en la sombra (actividades que han sido posible materializarlas por unas acumulaciones que domiciliadas en “rat holes” son expresión de lo que Thomas Harvey ha definido como “acumulación por desposesión”), el capitalismo ha llegado a un punto en el que sus manipulaciones, al carecen de credibilidad, él mismo no puede aceptarlas. Y si él no las acepta ¿cómo espera que podamos aceptarlas nosotros? El capitalismo es un endriago que a tenor de las fuerzas coercitivas que ha puesto a su servicio permanentemente nos está expoliando en función de estar utilizando una forma de obtener beneficios a través de una actividad que nada tiene que ver con el proceso productivo. Y este saqueo tenemos que pararlo. En este contexto, sin expresar las medidas y los medios que serán preciso utilizar para frenarlo (y no digo interrumpirlo, ya que al monstruo tendremos que seguir durante un tiempo echándole carnaza), será preciso que pongamos encima de la mesa la alternativa de que los intereses que tengamos que pagar por una deuda pública cuyo monto ni ha sido demandado por aquéllos que tienen que abonarla, ni otra cosa que el producto de una ingeniería financiera fundamentada en la desposesión por acumulación, sirvan para que progresivamente vayamos reduciendo las obligaciones en las que estos gobiernos tan “representativos” nos han endeudado. Se alegará que si planteáramos esta alternativa se habría “secado” la posibilidad de que a través de créditos futuros pudiera ser establecido lo que hubiera de ser una futura deuda pública auditada y consensuada por la ciudadanía. No obstante, a mi entender, este alegato carece de base. Es tan colosal el capital improductivo que deambula como un zombi apestoso en esta economía, que teniendo un aval que no podría ser cuestionado, lo que se hubiera de allegar constituiría otro de los factores que estarían presentes encima de la mesa.









  • Comentarios(0)//degregorio.unaeconomiasocial.es/#post70