2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio dom, noviembre 20, 2016 21:16:28
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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lll)

Al iniciar la tercera entrega de esta serie, considero necesario mencionar que debido a que las contradicciones que se generan en el modelo de economía de mercado capitalista han sido divulgadas a través de unos análisis que por su naturaleza no han llegado a una gran parte de la ciudadanía, sin obviar la representatividad que en un estudio serío hay que imputar a esta metodología (sobre todo si estos análisis son objetivos), considero pertinente hacer uso de unos gráficos que aunque no ajustados a las realidades que se dan en un proceso vivencial (y por tanto son exclusivamente indicativos), permitan asumir lo que en función de su manera de abordar dicho estudio no ha logrado motivar a esa mayor parte de los ciudadanos. En este contexto y con el fin de propiciar una mayor motivación a este abordamiento, saco a la palestra dos conceptos que al formar parte de nuestra cultura sociológica y conformar los fundamentos que deben caracterizar a toda economía, espero sirvan para materializar este objetivo: “la búsqueda del beneficio” y “la substantivación de la propiedad privada”

El gran problema que hace que esta economía no se desarrolle de la forma en la que debería hacerlo no se encuentra en abrogar la funcionalidad de una búsqueda de beneficios que son el leit motiv de una actividad económica (como ha quedado demostrado en los regímenes totalitarios); ni tampoco en la substantividad de una propiedad privada que es expresión del resultado que hayamos obtenido a través de la busca de unos beneficios. El gran problema está en la utilización que le damos a estos dos fundamentos de la economía.

Una vez aceptadas estas premisas podemos constatar que la causa por la cual en las economías de mercado se prostituyen tanto la representatividad de la búsqueda del beneficio como de la substantividad de la propiedad privada se encuentra en que una propiedad que vaya más allá de lo que debe ser una seguridad que trascienda al tiempo, está condicionando tanto la posibilidad de que esas substantividad puede ser potencialmente disfrutada por otros, como la derivada de que la búsqueda del beneficio que puedan obtener los que no hayan accedido a la consecución de esa propiedad lo tengan que alcanzar exclusivamente a través de los salarios.

En consecuencia y asumiendo los hechos, recurro a un gráfico que (como el representado por la Fig.1), recoge una parte cardinal de nuestras relaciones económicas.



Con independencia de otros factores que como los señalados en la figura 1 como A,B,C,D,E y G, los agentes que primigeniamente intervienen en un proceso productivo son las materias y la labor realizada para que éste pueda ser llevado a cabo. Y digo “primigenio” porque el ahorro, la inversión y sobre todo la acumulación constituyen factores que derivados de los resultados obtenidos de un proceso de creación de riquezas, no constituyen partes privativas de lo que por su génesis pueda sea esta creación. Tanto el consumo, los ahorros, la inversión, la acumulación e incluso los gravámenes que se le hayan impuesto a este proceso son derivadas de su materialización; y por tanto, aunque haya que tenerlas en cuenta en su desarrollo, al ser marginales, tan solo nos están demostrando los por qué en una economía en la que lo creado sea fruto de la obtención de un beneficio que ha sido conseguido más allá del factor que primigeniamente lo hizo posible, es una economía en la que los fundamentos que deberían avalar a una propiedad privada que está condicionando aquello de lo que surgió, ha perdido una gran parte de su predicamento.

Y para demostrar gráficamente lo que ocurre en esta economía de mercado vamos a hacer uso de otro gráfico en el que como el que se describe en la Fig. 2, de no ser por las derivadas que posteriormente se habrían de producir, nos muestra lo que supuestamente habría de ocurrir cuando siguiendo el espíritu del capitalismos manipulamos lo que el capital considera un factor de producción. Concretamente los salarios:



Sin pretender ajustarnos a la realidad, si observamos los espacios ocupados por estos sectores (incluso asumiendo un imaginario incremento del PIB), con una reducción de los salarios podrían ser deducidas las siguientes consecuencias:

Las empresas se habrán hecho más competitivas con respecto a las ubicadas en el Exterior; pero sólo en lo que se refiere a este sector. En el Interior lo que se habría alcanzado sería (G) una reducción de la capacidad adquisitiva de la población; lo cual conllevaría una desaceleración de la demanda interna que en lo que se refiere al anteriormente mencionado hipotético incremento del PIB estaría siendo compensada por el aumento de las exportaciones. Un incremento de los beneficios (B), representados en ahorro, acumulación o inversión potencial o real que habría sido logrado a tenor de haberle reducido (H) los salarios a aquéllos que llevaron a acabo este incremento.

A este respecto hemos de recordar que si la búsqueda del beneficio es uno de los dos factores fundamentales en los que se debe apoyar toda economía, el proceso que se materializa con esta política económica (en función de que la única búsqueda del beneficio que el obrero tiene, si podemos llamarla de esta forma es la que se substantiva en los salarios), constituye un latrocinio avalado por la substantividad del segundo factor en el que se debe apoyar cualquier economía: la propiedad privada. O mejor dicho, la utilización de una propiedad que condiciona la naturaleza de los beneficios que pueden obtener los trabajadores.

A mi entender, como expreso en la obra “Es posible otra economía de mercado?, “la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva.

A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.”

Una vez sacados a la palestra dos elementos tan fundamentales en toda economía como son la búsqueda del beneficio y la substantivación de la propiedad privada, considero necesario mencionar el por qué, debido a las derivadas que se recogen en la figura 2 (como son una reducción de los costos laborales y un aumento de los beneficios, ahorro y acumulación de los no asalariados), este proceso nos lleva a una situación que no tiene salida. Y para hacerlo, nada mejor que volver a observar lo que ocurre en el transcurso de las operaciones que se llevan a cabo en esta economía.

Sabemos que ante una disminución de la demanda y la subsecuente exigencia de contender por una cuota de mercado que obliga a las empresas a ser más competitivas, las soluciones que subyacen en esta economía mal llamada de libre mercados son por una parte , como ha sido mencionado con anterioridad, reducir los salarios y por otra, invertir en una tecnología que permita una menor utilización de mano de obra; exportar a otros países la producción que por falta de capacidad adquisitiva no sea demandada en la economía local; contrarrestar la disminución puntual de la demanda de consumo a través de una expansión del crédito que permita al solicitante llevar a cabo un consumo presente endeudando su futuro o el de aquéllos que las leyes determinen como responsables subsidiarios; conformar mega empresas que por su poder de compra y su logística de distribución expulsen del mercado a las de menor capacidad de satisfacer las demandas de los consumidores; descentralizar las empresas a lugares en los que los salarios sean de miseria; y por último, a través de un proceso de financiarización, conseguir reproducir los beneficios de una acumulación improductiva en función de una especulación completamente extraña a lo que debe ser considerado como una economía; una acumulación que sin generar riqueza e imposibilitando su propio desarrollo no es más que una guerra entre los que detentándola hace que unos simplemente pierdan para que ganen otros. En todos estos casos se generan unas situaciones que afectan al desarrollo de la economía. En los cuatro primeros, debido a una disminución de la demanda agregada derivada a una menor capacidad adquisitiva del sector laboral ; en el quinto, como consecuencia del incremento de los demandantes de un puesto de trabajo que habiendo sido expulsados del mercado como pequeñas empresas, o bien aumentan el número de los que buscan un puesto de trabajo, o se han de organizar como autónomos al servicio y provecho de las grandes empresas; en el sexto, convirtiendo a los trabajadores en una suerte de parias que, como una denuncia a lo pomposamente establecido en los artículos 35, 40, 41, 42 y 43 de nuestra accidental Constitución los ha convertido este modelo en unos suplicantes que ni siquiera tienen el delirante derecho de ser explotados; y por último, en el séptimo lugar, por medio de una metodología que siendo totalmente extraña a la naturaleza del proceso productivo, incrementa exponencialmente los problemas que con la penúltima huida hacia ninguna parte se ha pretendido superar.

Hemos tenido épocas en las que estos problemas y contradicciones fueron parcialmente eclipsados por el comportamiento keynesiano que desde la segunda guerra mundial hasta la llegada al poder de los dos gobernantes más nefastos que han protagonizado lo que como neoliberalismo ha venido imperando en el mundo occidental en las últimas décadas; lo cual nos obliga a tener que advertir que como todas las consecuciones que les podamos arrancar al capitalismo están fundamentadas en el poder de coacción con el que se las podamos imponer (como ocurrió con la representatividad que para Occidente encarnaba la URSS), cuando este poder desaparece volvemos a encontrarnos en el punto de salida. Ocurre que con este comportamiento keynesiano se reducen los buscados beneficios (o lo que viene a ser lo mismo, la rentabilidad de las empresas). Y esto es un atentado contra el primero de los puntales básicos que sostienen a cualquier economía. Lo que sin embargo asimismo acaece es que la rentabilidad de las empresas se encuentra a su vez sometida por los resultados que se derivan de otra de las contradicciones que patógenamente determinan la existencia del capitalismo; una acumulación de beneficios que socialmente cuestiona el segundo puntal de esta economía: la propiedad privada. En consecuencia, volviendo a hacer uso de aquellas siete derivadas que se generan en función de la búsqueda del beneficio y de la substantividad de la propiedad privada, vamos a tratar de escarbar un poco más en los fundamentos en los que estas derivadas se generan.

En lo que se refiere a los salarios no creo que sea necesario validar la representatividad que en el proceso productivo tiene el plusvalor. Es tan evidente que considerándolo como personificación de la obtención del beneficio provenido de un desarrollo de producción asalariada, en su materialización se encierra una serie de concausas que son las que determinan las contradicciones que concurren en el capitalismo. No voy a prodigarme sobre el hecho de que a través de éste se producen las modificaciones gráficamente representadas entre las figuras 1 y 2. Y no voy a hacerlo porque como ha sido mencionado en otro lugar, sin la materialización del beneficio no podría existir una actividad económica. Por el momento sólo trataré de sacarlo a la palestra relacionándolo con una de las secuelas que con mayor incidencia lleva a esta economía de mercado a seguir una trayectoria que no puede ser más que una huida hacia ninguna parte. Me refiero en concreto a la inexcusable reducción de la tasa de ganancia. Y para ello nada mejor que hacerlo a través de la utilización de un gráfico en el que, como se recoge en la figura 3 se recogen los gastos en los que se incurre para llevar a cabo un proceso productivo.


Como todos sabemos, independientemente de los gastos fijos que representan la utilización de las mercancías y otros insumos, el relativo a los salarios es el que con mayor ahinco (por considerarlos que pueden ser arbitrados en función de múltiples circunstancias), tratan de reducir todas las empresas. Especialmente en aquellas economías en las que bajo el patrocinio y la tutela de entidades como la CEOE se recomendó por parte de uno de sus dirigentes actualmente encerrado en la cárcel que para salir de cualquier recesión se necesita trabajar más y ganar menos.

Imaginemos ahora que como consecuencia de la robótica y los progresos tecnológicos se hubieran eliminado todos los gastos salariales. A bote pronto los primeros resultados que aparentemente se habrían de producir serían los de haber conseguido una competitividad exponencial, o en su defecto un incremento de los beneficios de igual naturaleza. Lo que ocurre es que, puestos a imaginar, no podemos pretender que lo conjeturado vaya a afectar tan solo a los que lo utilicen. ¿Qué ocurriría (con independencia de que se habría eliminado la capacidad adquisitiva de los que solo tuvieran como beneficios los salarios), si esta reducción del gasto hubiera sido generalizada? Pues que al no haber tenido lugar en la producción un componente del que, como los salarios, no se habría podido detraer la diferencia que concurre entre lo que se hubiera pagado por la labor realizada y el valor que hubiera adquirido en el mercado el producto elaborado, los empresarios estarían compitiendo exclusivamente en función de lo que éstos hubieran tenido que pagar tanto por las mercancías utilizadas como por los gravámenes que estuviera imponiéndosele a la producción. En sus transacciones (como se muestra en la figura 4), sólo estaría interviniendo el valor de unos factores en los que por tener el mismo precio para todos no podría concurrir un beneficio.


En la asunción de que en estas transacciones no se hubiera aplicado una transformación que sólo podría llevarse a cabo por medio de un proceso laboral, los beneficios que obtuviera un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para que estos beneficios no estuvieran directamente relacionados con pérdidas, éstos tendrían que estar fundamentados en la bendita situación de que el trabajo personal que el empresario hubiera aplicado a lo que siendo un valor añadido y un incremento de lo producido fuera transaccionado. Lo cual a su vez nos viene a reafirmar que el trabajo es la única forma de lograr un beneficio que por haber sido una consecución real es completamente extraño al beneficio especulativo.

Unos bajos salarios no representan la única manera de alcanzar un bajo coste de la producción. Lo que con toda seguridad representan es una menor utilización de infraestructuras que posibiliten la capacidad productiva de los medios empleados; el ingenio y las iniciativas de los empresarios así como la uso de una ponderación responsable del riesgo.

La rentabilidad de una empresa no se puede alcanzar únicamente a través de una reducción de los salarios; ¿pero puede lograrse con la robotización y las innovaciones tecnológicas cuándo lo que éstas conllevan es una menor necesidad de mano de obra?

Aparentemente sí. Es la única respuesta que tiene el capitalismo para salir del callejón sin salida en el que él mismo se ha encerrado. Y sin embargo algo marcha mal con este posicionamiento. Y es ¿por qué desde que se empezó a hacer un uso intensivo de las innovaciones tecnológicas la tasa de ganancia de las empresas se ha ido reduciendo año tras año?

¿No será quizás porque si como ha sido señalado con anterioridad un verdadero beneficio sólo puede alcanzarse por medio de la parte no abonada que como plusvalor se obtiene en una producción asalariada, con el progresivo empleo de las innovaciones tecnológicas se están reduciendo las posibilidades de obtener plusvalor?

¿No representa esto que la única manera de encontrar una salida (como se establece en la obra “Es posible otra economía de mercado?), es asumiendo que el beneficio tendrá que dimanar exclusivamente del trabajo que invistamos de una manera personal en aquello que haya de producirse? O lo que viene a ser lo mismo, en una economía en la que el empresario y el trabajador sean la misma persona?





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