2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio sáb, noviembre 26, 2016 19:58:41
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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lV)

Refiriéndonos ahora a lo que como tecnología constituye el segundo factor que con su utilización está determinando de forma marginal otra de las contradicciones que concurren en el capitalismo, no podemos dejar de advertir que con ella, las empresas, al estar reduciendo la tasa de empleo obtienen riquezas de una forma gratuita. Lo que ocurre es que con los robots y las máquinas inteligentes se puede estar incrementando nuestro PIB, pero al mismo tiempo no sólo se reduce el consumo que pudiera demandar el sector laboral; se necesita subsidiar a todos aquéllos que han perdido su trabajo. Se habrá conseguido una sociedad cada vez más rica, pero debido a que toda esa riqueza habrá ido a para a los dueños de los robots que la han propiciado, será preciso que el Estado establezca una legislación que amparando un régimen policial carente de autonomía hermenéutica reprima a los que se revelen ante las desigualdades. Es la única forma que al capital tiene para de siempre seguir adelante. Por el hecho de que trata de reducir a un mínimo el tiempo de trabajo que ha de ser abonado está dejando de entender que al ser el trabajo la única medida con la que socialmente se pueden repartir las riquezas creadas, de utilizarse un medio con el cual la mayor parte de la sociedad esté excluida (de no ocurrir lo que mucho antes de este estadio habría de acaecer), se está llevando a ésta a una situación en la que dicha sociedad no tiene salida. Los beneficios que pudiera obtener un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para asegurar el plusvalor que se puede obtener a través del trabajo tendría que ser el propio empresario el que hiciera las funciones del trabajador; que es lo que como fundamento racional se establece en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?

Pero es que hay más. Además ocurriría que para impedir que esa tecnología alcanzara una complejidad y autonomía que pusiera en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar, estas especificidades de lo tecnológico tendrían que ser supervisadas y consecuentemente controladas por unas entidades desvinculadas de la tecnología; es decir, unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojados de la facultad de ejercer el libre albedrío; (algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del modelo). Para lo cual, o bien se necesitaría recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse necesitarán a alguien que provisto de ese libre albedrío contrarreste las decisiones que se pudieran derivar de la máquina. Algo que obligaría a la bestia (aunque ésta, a pesar de saberlo se niega a aceptarlo), a tener que admitir lo peligroso que para ella es nuestra capacidad de deducir.

En concordancia con lo manifestado en el párrafo anterior, lo más curioso y al mismo tiempo lo más esperanzador de lo que, a través del supuesto contemplado nos habrá de ser dable alcanzar es que en lo que ha sido dicho tenemos la manera de poder soslayar su rigor. Y es que como ha sido mencionado el factor principal con el que el Capitalismo ejerce su imperio es el control. El control con el que fiscaliza y verifica las actividades de todos los que se hallen fuera de su esfera. Mientras que los de abajo nos encontramos controlados a través de la tecnología, los de arriba supervisan e intervienen el control; y consecuentemente eluden sus funciones. Pero el control se le está escapando de sus garras. Por muchas pseudos leyes con las que sus lacayos le quieran amparar, le habrá de acaecer lo mismo que ocurrió cuando se inventó la imprenta. A pesar de las leyes y las quemas de libros, la expansión del conocimiento fue y es tan imparable; como lo es la de la tecnología. Sobre todo si tenemos en cuenta que, como ha sido anteriormente señalado, para llevar a cabo ese control, el Capital necesitará de la colaboración de los de abajo. Incluida la de aquéllos embridados por la “obediencia debida”; es decir, el control tendrá que ser ejercido por unas entidades extrañas a lo que por su naturaleza está representando el Capital.

Por último hay que sacar a colación otra de las derivadas que dimanan de la utilización de la tecnología. Con ella me refiero a que si asumimos que para ser competitivas las empresas tiene que reducir de una manera relativa los gastos laborales con respecto a inversiones en innovación tecnológica; en función de esta busca de competitividad cada vez ha de ser mayor la diferencia que haya de concurrir entre los costos salariales y las inversiones en nueva maquinaria. Es decir, el ritmo de incremento en inversiones industriales tendrá que ser mucho más rápido que el invertido en mano de obra. De todo lo cual hemos de deducir que si la única fuente de beneficios proviene del trabajo, si la inversión en tecnología aumenta relativamente más que la fuente de donde provienen los beneficios, el ritmo de la obtención de éstos (como estamos viendo desde hace varias décadas) tiende a ralentizarse.

Por otra parte, cuando se compara un incremento puntual del PIB con el número de trabajadores y las remuneraciones salariales que éstos han recibido en su elaboración, el aumento de la productividad es un concepto extraño a lo que se trata de pontificar cuando se toma aquel incremento como la demostración de las diferencias de naturaleza positiva que han concurrido entre dos PIB consecutivos. La verdadera productividad, es decir, la que ha de ser considerada como un producto social seguiría incrementándose si se tomara como un resultado que dimanara de un trabajo asalariado asistido por una mayor tecnología. Lo que ocurriría sería que en un modelo en el que lo social es completamente secundario para seguir manteniéndola se precisa reducir la participación de los asalariados. Con lo cual la productividad sólo está al servicio de los que poseen los medios de producción y distribución. Lo único que ésta nos viene a demostrar son los por qué que justifican las diferencias que concurren entre el 1% y el 99%

La tercera medida que las empresas utilizan para superar las disfunciones que concurren en una economía en la que lo producido no se corresponde con lo distribuido es la exportación. Lo que ocurre es que como ya le expuse a un destacado economista de este país, cuando con una estructura relativamente menos desarrollada los salarios son bajos (como acaece en aquéllas en las que sus empresarios no van más allá de utilizar esta medida para ser competitivos), y en cierta forma su endémica menor capacidad adquisitiva conlleva la existencia de unos precios que son relativamente inferiores a los existentes en economías más desarrolladas, la exportación comporta una diferencia entre el poder de adquisición de las mismas que se traduce en que al tener en otros mercados un mayor precio los bienes producidos, la diferencia de poder adquisitivo en estos últimos les permite adquirir en el menos conseguido una parte substancial de lo que sean sus riquezas. Como ha ocurrido siempre con las colonizaciones. Es algo parecido a lo que sucede con el cuarto factor que dimana de las disfunciones que concurren en un modelo que busca una salida en lo que ha sido denominado como la “descentralización de las empresas” Una planificación a través de la cual se utiliza la relativamente menor capacidad adquisitiva que en función de sus salarios concurriría en otros mercados para con el producto en ellos fabricados hacer uso del mayor poder de adquisición existente en el mercado de la empresa matriz.

Una vez llevada a cabo esta analogía considero necesario seguir ahondando en las secuelas que esta deslocalización de empresas comporta. Entre ellas podemos citar las siguientes:

Una búsqueda de beneficios a través de inversiones en otros mercados en función de que los que le es dable obtener en el propio progresivamente se está reduciendo. Sin ninguna consideración de que las inversiones que estas empresas sustraen de sus propios mercados no solo las han obtenido en el suyo propio, no solo que al hacerlo están empobreciendo aquel enclave en el que se forjaron, sino que además dejan en el paro a los artífices de esta forja.

Enmascaramiento de los beneficios y domiciliación de éstos en aquellos lugares menos gravosos para la imposición de gravámenes; cuando no una cuasi completa ocultación a través de una ingeniería financiera.

Al esgrimir permanentemente una amenaza de desplazarse a otros mercados, las grandes empresas (que son las que verdaderamente ostentan el Poder; y no los monaguillos que dicen estar representándonos), condicionan la política económica (y con ello me refiero no sólo a la impositiva), que se haya de hacer en el país. Esto, más allá de las coacciones que éstas ejercen sobre los que supuestamente deberían estar legislando lo observamos en su disposición a acoger en su buche a los que anteriormente estuvieron defendiendo y justificando sus desmanes. Esto es algo que vemos en la zorra que fue raptada y seducida. En esa cuadrilla de facinerosos que en la defensa de los poderosos no sólo han sumido en la miseria a millones de familias, sino además completamente destruido aquel espíritu de unión y de fraternidad que inserto en el himno con el que tratan de esconder sus miserias evocamos en aquella incipiente comunidad del carbón y del acero.

Una destrucción de un sector productivo que más allá de la contención de los precios se estaría personificando como un descenso de las inversiones, una consecuente desindustrialización (como especialmente ha ocurrido en los UEA); un incremento del ejército de parados que o bien tienen que ser subvencionados o emigrar a otras economías en la busca de un puesto de trabajo; una búsqueda que de ser llevada a cabo en el país en el que dicho desafuero se hubiera producido (exceptuado en aquellas empresas que por sus peculiaridades técnicas no se encontraran determinadas por una desigual competencia), se tendría que materializar a través de la prestaciones de unos servicios que por su naturaleza no estarían aportando a la economía un valor añadido que fuera tangible.

Un déficit en la cuanta de capitales de las balanzas de pago con el exterior que como consecuencia de los desequilibrios existentes en sus cuentas corrientes tendrían que ser compensados con un endeudamiento que últimamente se ha descubierto que hay que contrarrestar a través de recortes. Es lo que ocurre con una globalización que al estar al servicio exclusivo de las grandes empresas, por el poder que ejercen sobre los monaguillos son las únicas beneficiarias de engendros como el NAFTA, el TTP, el fallido TTIP, el malparido CETA y el felizmente el abortado ALCA. Con la globalización acaece lo mismo que con la conformación de la supuesta unificación de Europa. Los lobos, según Hobbes (a pesar de lo que traten de vendernos), no entienden de unificaciones. Los lobos, a menos que aparezca una pantera que sin entender de sus aullidos, según este filósofo los mantenga at bay, seguirán predando en una sociedad a la que consideran un pseudo cadáver hibernado. La unificación es imposible en tanto en cuanto existan unos subjetivismos que nos estén controlados. Unos subjetivismos que nos han llevada a la conformación de bloques no sólo económicos, sino en función de la incidencia que se deriva de la economía, a la estructuración de una geoestrategia que potencialmente nos está abriendo el camino a pasar de la penúltima, a materializar (o mejor sería decir, a inmaterializar), la última huida hacia ninguna parte.

Como quinta medida que entretanto lleva a este modelo a buscar esta salida fue inventado el establecimiento de unas acreditaciones con las que desplazar hacia el futuro las diferencias que en el presente concurren entre la producción y la distribución del sistema capitalista; pero esto es algo que por lo basto de la trayectoria que hay que recorrer, para mostrar sus consecuencias posponemos para el siguiente artículo.



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