2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VIl)

Origen y superacionPostado por degregorio mar, enero 24, 2017 19:12:11
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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VII)

Al observar el rastro que ha dejado tras sí el capitalismo no sólo hemos e preguntarnos la vigencia de aquello con lo que nos ilustró el Sr. Smith al decirnos que el beneficio que el individuo busca procurarse para sí constituye el beneficio que como resultado revierte en la sociedad. No sólo hemos de preguntarnos sobre las razones que impenitentemente defienden unos economistas ortodoxos, que siguiendo las pautas de un Böhn Bawerk, un Hayek, un Friedman y últimamente en España, un Ramón Rallo, consideran que el mercado marca sus propias reglas, y que por tanto toda interferencia que se pretenda imponer sobre él se traduce en una disfunción que los gobiernos deben evitar. No sólo hemos de preguntarnos qué es lo que éstos piensan o pensaron aquéllos que ya no pueden sostener sus teorías, tanto porque han resultado falsas como porque no están en situación de sostenerlas. Cuando una vez observadas las injusticias y estragos que ha propiciado el capitalismo lo más florido de la CEOE tiene la desvergüenza de decir que para salir de la crisis es necesario trabajar más y cobrar menos. Cuando instalada en idéntica categoría de la procacidad, la devota onubense nos informa de las bondades de la movilidad geográfica. Cuando blasonando de su liberalismo los monaguillo del capitalismo tienen el descaro de acudir al intervencionismo para reparar con cargo a lo público los destrozos que éste ha generado. En concordancia con todo lo expuesto hemos de preguntarnos ¿esta odisea se puede mantener mucho tiempo?

Con respecto a esta pregunta se abren ante nosotros dos respuestas que necesitan ser analizadas.

La primera es si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo de una forma directa; es decir, a la usanza a la que nos ha acostumbrado la historia.

En este ámbito soy sencillamente pesimista. Por una parte hemos de ser conscientes que ya sea por personalismos o por múltiples intereses subjetivos, es prácticamente imposible compatibilizar las opiniones de los que las estén configurando. Es lo que implícitamente Rousseau no se atrevió a decir en el Contrato Social. Aunque en este área estimo que hogaño, algo sí podemos hacer. Por otra, el Estado se ha investido con toda una suerte de resortes que han completamente metabolizado cualquier acción directa. Entre ellas, la catequización con la que justifica la existencia de una democracia "representativa" que como muchas otras doctrinas consumimos sin ni siquiera ponerla en cuestión. Una democracia que en función de la forma en la que se ha forjado, nos ha llevado a la politización de la justicia, la connivencia de los medios de comunicación, la total incapacitación para opinar sobre las actividades represivas con las que garantiza la existencia y la continuidad de estos "representantes"; y como resultado, la concienciación de que ante nuestra indefensión tenemos que asumir aquello de que "más vale malo conocido que bueno por conocer" Como nos muestra el comportamiento que ante el desconocimiento de lo que podría ocurrir con su voto caracteriza a los más desvalidos de nuestra sociedad.

La segunda es si esta transformación se habrá de producir ante el reconocimiento del propio capitalismo por la imposibilidad de no poder seguir imprimiendo su huella sobre la sociedad. Y ésta, ante la capacidad decisoria que le confiere su control y las razones que se concitan si no se produjera, al menos como tesis sí podría producirse. Lo estamos viendo con el proteccionismo que en contraposición al libre comercio está llevando a cabo algunos Estados; con el paso de un neoliberalismo globalizador a un nacionalismo marcadamente fascista; cuando observamos cómo la banca y las grandes empresas que incurren pérdidas abandonan sus posiciones neoliberales y demandan de los gobiernos la intervención estatal. Lo vemos en la aceptación con la que otros están admitiendo la instauración de una renta básica que reduzca la tensión ante un problema que como el paro es imposible de solucionar debido a que las empresas no pueden aceptar la reducción de una tasa de ganancia que como plusvalía relativa conlleva la reinversión. Se concreta cuando percibimos que para poner a buen recaudo lo que a pesar de esta reducción lleva implícita una desposeción, tienen que recurrir a una deslocalización de los beneficios extraídos, cuando no, a una huida al refugio que este capitalismo ha hecho posible con los paraísos fiscales. Lo que ocurre es que una cosa es lo que a tenor de la razón podríamos contemplar como previsible y otra lo que como consecuencia de la insaciable codicia con la que subjetivamente se suele inhabilitar la capacidad de razonar, el capitalismo encontrará la forma de al menos salvar parte de sus muebles. Ocurre que por lo que estamos viendo, a pesar de la necesidad de utilizar recursos que el mismo capital entiende no le llevan a ninguna parte, éste sigue buscando rutas alternativas que aunque en función de su naturaleza le han de llevar al mismo desenlace. Me estoy refiriendo a algo que se está convirtiendo en una praxis. Verso sobre el último recurso que en su intento de superar los desmanes que ha generado con la creación de unos apuntes bancarios que como colateral no es más que humo, está tratando de darle consistencia a sus manipulaciones a través de la completa desaparición de los medios de cambio y su sustitución por un dinero digital que serían otros los que adquirieran el dominio de lo que de estos medios hubieran de ser. A este respecto saco a colación un párrafo que figura en un artículo de la serie "La penúltima huida hacia ninguna parte" Dice lo siguiente:

Lo que ocurre es que al igual que este gobierno se vio obligado (más allá de su tácita o real procedencia) a crear valor adquisitivo con el que supuestamente satisfacer las exigencias con las que la banca le estaban obligando, con la creación de unos medios de cambio digitales, que por no estar determinados ni por las restricciones que les imponen unos depósitos como M1, M2 y M3, ni por un control de aquéllos que han de sufrir sus consecuencias, se estaría llevando a cabo la mayor homogeneización que fuera capaz de elucubrar cualquier persona decente. Se estaría equiparando el valor que como depósito de cambio debe caracterizar al cuasi-dinero con el valor virtual que tuviera toda la basura que atesora la banca como consecuencia de su confabulación con el capitalismo. Con lo cual todo el valor especulativo que esta simbiosis de la podredumbre habría acumulado a costa de la cofradía de creyentes que está siendo adoctrinada con las excelencias del dinero digital habría adquirido carta de naturaleza substantivada. Con esto acaecería algo parecido a lo que ocurre con la Reserva Federal norteamericana cuando con la enorme profusión de los billetes que imprime, inunda las economías de los demás estados; y con trozos de papel adquiere lo que como productos y servicios le permite su posesión de privilegio. Y esto, sin ser tenido en cuenta que con este volumen de oferta agregada (amén de la que proviene de su propia falta de competitividad (una situación que ellos mismos han generado a través del neoliberalismo y la globalización), lo que como interferencia en su propio proceso económico no pueden cubrir las empresas con salarios, lo tiene que compensar con enormes subvenciones su Administración.

Ante una tesitura que en el mejor de los casos nos habría de conducir a que lo que hubiera de ser el Poder, por la inalienable necesidad de tener que ejercerlo sobre alguien nos concediera el derecho de vivir subvencionados y en el peor a que ese Poder tuviera que consumir todas sus miserias encerrado en un bunker bajo tierra, hemos de replantarnos la opción de si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo. De si en la asunción de esta elección podríamos superar la visceralidad con la que desde siempre hemos pretendido alcanzar resultados racionales.

A este respecto ya dije que en este área, hogaño, algo sí podemos hacer. Pero esto es algo que necesita más espacio de lo que se puede insertar en un artículo. Así es que si tuviera la suerte de poder lograrlo trataré de establecer en el que siga a éste las bases con las que con un tanto de esfuerzo y un cuanto de honestidad, poder lograrlo.




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