2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio vie, marzo 03, 2017 12:30:13

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SOBRE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA (l)

Siendo simplemente un estudioso de la economía que rechaza la mayor parte de los argumentos que sostienen los economistas autodenominados como liberales, entiendo que un incremento de la masa monetaria -siempre que esta creación llegue a mano de los consumidores-, necesariamente crea inflación. No la crea cuando la Q.E. (flexibilización cuantitativa), proporcionada por la Reserva Federal y el BCE es utilizada, en el primero de estos casos para, a través de los bonos del estado, proporcionar a la mayor parte de los países un medio de cambio que como una unidad dineraria que se ha adjudicado el patrocinio de moneda universal, ser mantenida como un depósito de valor; en el segundo caso, cuando en función de la generada crisis que estamos experimentando la banca europea lo crea y debido aa sus propias contradicciones no utiliza esa afluencia de dinero para con ella crear crédito. Hasta el momento en el que la criis ha vuelto a reventar la banca lo creaba de la nada. Una creación en la que participaban no solo los que tenían esta potestad, sino además el complejo entramado que a través de esta creación conformó la financiarización. Lo que ocurrió y volverá a ocurrir fue que como el proceso de financiarización que ha venido definiendo la naturaleza del neoliberalismo constituye un discurrir económico fundamentado en la existencia de unos activos exclusivamente virtuales al carecer de la debida representatividad fáctica tuvieron y volverá, a saltar por los aires.

Por el contrario, lo que se propone con la Teoría Monetaria Moderna (si bien a mi entender con una serie de connotaciones que siendo diferentes de las que dimanan de una flexibilización cuantitativa y una creación de dinero bancario, conlleva una serie de secuelas que tanto por sus derivaciones funcionales como por su imposibilidad de superar los objetivos estructurales que con ella se pretenden alcanzar no podemos contemplarla como la encarnación del Ave Fenix que logró resurgir de las cenizas en las que se encontró atrapada. Se trata de incentivar a través de un incremento del déficit presupuestario, un mayor gasto que habría de redundar en un mayor consumo, un aumento de la actividad de los medios de producción y consecuentemente una mayor contratación de mano de obra; una saga de eventos que subsidiariamente contribuiría a que se recaudan más impuestos. Pero para que esto ocurra (como no ocurrió en Japón en los últimos veinte años es necesario que el aumento de lo que se haya producido sea equiparable a la capacidad adquisitiva plasmada en el mayor consumo que a través de esta TMM se pretendería alcanzar. Y es aquí donde radica el hecho de que esta teoría constituye la programación una reactivación de la economía que en función de sus contradicciones, con independencia de haber incrementado el déficit presupuestario y originado un efecto inflacionario, habrá fagocitado los fundamentos en los que se posibilitó.

Los defensores de esta teoría aducen que si con esta afluencia se promueve un mejor desarrollo de la economía, con el mayor volumen de lo producido se estaría enjugando el mayor incremento del gasto inyectado en la economía; y que por tanto no podría concurrir un efecto inflacionario. Sin asumir que con la concurrencia de este supuesto mejor desarrollo (no podemos olvidar que una parte muy substancial de los mayores recursos que gestiona la Administración, a nivel económico son insuficientemente productivos), se han producido innumerables casos de hiperinflación. Conscientemente ignoran que el bien que ha de estar representando los bienes existentes no posee la categoría de un medio que como el oro tiene un valor consuetudinariamente aceptado por la sociedad. Que es la sociedad la que en función de la cuantía de medios de cambio con los que se esté representando un bien la que ha de establecer cuál es el valor que les ha de conferir a estos medios.

Es curioso que en detrimento de una aserto que apuntado por el profesor Rallo (con el cual discrepo desde la pe hasta la pa), defendía que al igual que en las anginas concurren factores que determinan un incremento de la fiebre, un aumento de M2 tiene necesariamente que materializarse como un aumento de la inflación, para recusarlo, a mi entender de una manera completamente inconsecuente con lo que se pretende argumentar es que (utilizando el símil de un rio en el que un incremento del caudal puede llegar desbordarlo), con lo que se propone con la TMM es imposible que ocurra esta avenida en función de que un gobierno que tenga la potestad de crear sus propios medios de cambio nunca puede incurrir en default. No se asume que un déficit, aun siendo presupuestario sigue siendo endógeno; que ha de conllevar una inflación; que con independencia de generar una mayor capacidad exportadora; y que con independencia de su efecto inflacionario, en función de la mayor capacidad adquisitiva derivada del incremento de la actividad económica, ésta ha de ocasionar un déficit exógeno que en lo que se refiere a la financiación de sus importaciones estaría condicionando el desarrollo de la economía. Conscientemente se intenta ignorar que un aumento de la masa dineraria tiene que estar determinado por un incremento marginal del PIN; y que para que esta masa no revierta en mayores acumulaciones este incremento marginal tiene que ser consumido. Es cierto que el déficit del sector público es el superavit del sector privado. Lo que no podemos caer es en la falacia de composición con la que se asegure que dos términos que son complementarios, en este caso pueden mantenerse indefinidamente.

Pero es que además, en este rio no participa sólo una mayor cuantía de dinero fiat. Siendo literalmente precisos, con la creación de medios de cambio se consuma una apropiación a través de la cual el que tiene la potestad de imprimirlos adquiere la capacidad de hacer uso de una parte substancial de los bienes que hayan sido aquistados a través del trabajo. Con lo cual y como consecuencia de que el mayor gasto no redundaría directamente en un mayor consumo, lo que se invirtiera en una mejora de las estructuras públicas estaría ralentizando una parte substancial de lo que con este gasto se hubiera tratado de alcanzar. Lo que tienen lugar con la creación de medios de cambio con la que la TMM pretende reactivar la economía y consecuentemente incrementar la contratación laboral conlleva una serie de secuelas que son comentadas en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ella se dice lo siguiente:

“Para analizar el protagonismo que ha de caracterizar a los distintos tipos de bienes, si un miembro del Sistema poseyera diez unidades en dinero, y otro miembro, otras diez en bienes materiales, de adquirir el primero cinco unidades del acervo material del segundo, entrambos entenderían poseer un patrimonio de veinte unidades. Cada uno pretendería comandar unas riquezas conformadas por cinco unidades en bienes materiales y otras cinco en unos medios investidos con un derecho demandable que presumiblemente tendría que ser real. Una asunción que aunque puntualmente tomamos como contrastada, en realidad no es más que un embeleco; una impostura que como certidumbre socialmente hemos asumido. Y es que si haciendo uso de la singularidad de los extremos contemplamos la posibilidad de que el poseedor de los medios de cambio adquiriera la totalidad de los bienes materiales ostentados por su otro congénere, éste se habría quedado sólo con una capacidad potencial de adquisición; una aptitud que sólo sería dable plasmarla como una pertenencia, en el supuesto de que hubiera otro que, al igual que el detentador de estos bienes exclusivamente nominales, compartiera lo que ambos estuvieran valorando” “Con el dinero hemos llegado a falsificar el truismo de que el todo es equivalente a la suma de sus partes. El que las individualidades contabilicen tanto dichas pertenencias como los medios de cambio que obren en su poder está fundamentado en el hecho de que, como estos medios constituyen un poder adquisitivo sobre los bienes tangibles que posean otras individualidades, se ha producido un desdoblamiento que ha adquirido per se naturaleza propia. El dinero es el sin par elemento que poseyendo todas las apreciaciones valorativas que le concedemos a lo material, trasciende sobre lo que cabría representara. Es un factor contable cuya naturaleza, al mismo tiempo que valora los medios materiales, personifica dicha valoración”



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