2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio mar, marzo 14, 2017 12:15:15
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Sobre la Teoría Monetaria Moderna (ll)

Entre aquellas personas a las que les he enviado mi anterior artículo sobre la Teoría Monetaria Moderna no ha habido ninguna que me haya cuestionado lo que en el mismo expuse; y humildemente espero que la razón de esta carencia se encuentre más bien por considerar que estando en lo cierto, todo alegato resultaba inconsecuente que por estimar que por no estarlo habría de concurrir idéntica resulta. De todas formas, como creo en lo que creo, aunque puedan haber sido muchos los que sin haberlo expresado hayan estimado que lo que expuse constituye un desbarro, a fuer de creer que lo que expuse fue suficientemente consecuente, trataré de promover, junto a una pizca de interés, una serie de argumentos que quizás pudieran conseguir, si no modificar puntos de vista, al menos conferirles una pizca de recelo. Y para ello, utilizando un párrafo que figura en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? voy a hurgar en las diferencias que concurren entre las acreditaciones con las que las empresas facilitan sus ventas, como con la creación de dinero que se pretende promover a través de la TMM.

En el mismo se explicita lo siguiente:

7.16.5.8.2. La expansión de la capacidad adquisitiva no sólo ocurre en función del proceso crediticio que le hemos conferido a la banca. Cuando cualquier particular está vendiendo a crédito manteniendo en su Haber este crédito como un activo, genera una capacidad de compra que está ejerciendo las funciones del dinero. Conforma una expansión que sólo finaliza cuando a través de su pago se ha cancelado el crédito suscrito; constituye realmente una creación que nace y muere con el apunte y su cancelación en los libros contables. El hecho que nos muestra que estas actividades no constituyen una verdadera y definitiva creación de dinero, lo tenemos en que, en el caso que alguno de estos créditos resultara fallido, su falta de resolución no estaría acompañada por una disminución de la masa monetaria; constituiría una disipación que no iría más allá de la existencia de unas pérdidas. En la banca, este malogro terminaría con el registro de un evento que al tener que ser considerado como pérdida haría disminuir su capacidad de concesión de crédito. Con lo cual se induciría una cadena de destrucción de lo que habría sido una creación de dinero ficticio. A este respecto tenemos que añadir que tanto en una venta a crédito como en la creación del dinero bancario concurre la existencia de una deuda que ha de ser cancelada con las rentas que o bien nosotros, o nuestra descendencia hayamos de obtener en el futuro.

Por el contrario, en el caso de la TMM el endeudamiento del sector público a través de la financiación llevada a cabo con la creación del dinero fiat no parece que los defensores de esta teoría lo consideren como una deuda que haya de ser cancelada. Que en consecuencia sea una medida que haya de ser interrumpida. Y que en el hipotético caso que se pretendiera reducir, sólo podría realizarse en función de la imposición de gravámenes. Hecho que a tenor de las elusiones de la política fiscal y las relacionadas con la Seguridad Social que Mosler aconseja, difícilmente podría llevarse a cabo, ya que con la utilización de estos recursos (por no hablar de una quitada de esta financiación) disminuiría la incidencia de las medidas adoptadas con la TMM. Que esta situación tendría que ser resuelta juzgando que lo que se hubiera considerado como un incremento marginal del déficit publico habría de ser cancelado a través de una falacia de composición consistente en que (debido a que el sector público forma parte de la sociedad), con la depreciación sufrida por los bienes reales se habría cancelado lo que figurara como apunte en lo que fuera su contabilidad. A mi entender, el silogismo con el que se trata de acreditar los resultados dimanantes de la TMM se encuentra en considerar al componente involucrado en este proceso como una unidad de cuenta en detrimento de lo que también sería un depósito de valor. Lo que ocurre es que con independencia del efecto inflacionario real que se habría de producir en la economía, con este recurso no se superarían las contradicciones que concurren en ella. Y entre ellas hemos de señalar las siguientes:

a) ¿Qué utilización se le habría de dar a los medios de cambio dimanantes de una capacidad infinita de endeudarse? La pregunta que como ejemplo más actualizado nos es dable observar es la que se refiere a lo que está ocurriendo en Aragón con los presupuestos destinados a depuradoras. La que por su persistencia ha alcanzado la naturaleza de lo atemporal; la concepción con la que los que tienen en sus manos la cuchara consideran que lo público no es de nadie. Por lo que onsecuentemente se podrían utilizar los recursos creados para llevar a cabo megalomanías al servicio de aquéllos que con su potestad gobernativa los hubieran interpuesto.

b) ¿Es comprensible, como Warren Mosler sostiene, que el Estado puede determinar el nivel de los precios, ya que de la misma manera que en función de la cantidad de medios de pago que emita por aquellos bienes que haya de adquirir del sector privado, estará estableciendo la valoración que dichos bienes hayan de tener en el mercado? ¿ Qué será en función de la cuantía de estos medios la que dicho sector haya de pagar como impuestos?

Cuando no existe un prestamista de último recurso (a diferencia de lo que ocurre con unos medios que como los emitidos por la Reserva Federal son emulsionados en el resto de las economías y por tanto no afectan directamente a su índice de precios), los que se puedan inyectar en una economía que no tenga este privilegio, sólo pueden ser enjugados cuando esta política monetaria sea seguida en el resto de los demás países. Lo cual nos lleva a la tercera de estas contradicciones.

c) ¿En lo que se refiere a nuestras relaciones con el Exterior, no es cierto que como consecuencia de la diferencia comparativa que dimana de la depreciación promovida como consecuencia de la instauración de la TMM (al igual que ocurriría con una devaluación llevada a cabo por el Banco Central), con las divisas que con nuestras exportaciones hubiéramos obtenido podríamos mercar menos bienes reales que lo que desde el. Exterior se hubiera mercado? ¿Y no representa esto que tanto con un incremento de los precios como tras una devaluación, desde ese Exterior se están apoderando (como ocurrió y sigue ocurriendo con las colonizaciones) de nuestras riquezas? ¿No es ésta una muestra más de las consecuencias que se derivan de nuestra incompetencia relativa con respecto a otros mercados? ¿Y si hay que ser más competitivos, que futuro nos ofrece este modelo en lo que se refiere al de nuestro mercado laboral?

d) Aunque podríamos pensar que con una mayor cuantía de medios de cambio estaríamos materializando una depreciación de los bienes reales de aquéllos que los estuvieran detentando; y que por tanto habríamos conformado una sociedad más igualitaria, hemos de retrotraernos al supuesto mencionado en aquel primer artículo de esta serie en el que se contemplaba una situación en la que un miembro de una comunidad ostentaba diez unidades dinerarias en bienes reales y otro con una capacidad adquisitiva de otras diez unidades exclusivamente dinerarias. Y hemos de hacerlo porque en nuestro caso, la inmensa mayoría de las unidades dinerarias que se inyectaran a través de la TMM (en función de un necesario proceso productivo extraño a la distribución) quedarían en manos de los que estuvieran comandando dicho proceso; es decir, aquéllos que hubieran estado ostentando las riquezas de nuestra comunidad.

e) Lo cual nos lleva tener que hacernos la pregunta del millón. La que queda substanciada en el hecho de que en la economía convencional (con independencia de los rendimientos que se puedan obtener de una manera implícita; es decir, a través del trabajo que personalmente se haya efectuado), sólo existen dos formas de extraer un beneficio en función de la mayor cuantía de medios de cambio que se hayan inyectado en la economía. Bien a través de los salarios no abonados a las fuerzas del trabajo (lo que se conoce como plusvalía absoluta); bien a conquistarlo en función de la depredación que unas empresas perpetren sobre otras. En ambas concurre la pretensión de alcanzar una consecución que se ha de sustanciar a través de un incremento de la tasa de ganancia; un incremento que con independencia de las derivadas que se habrían de producir en lo relativo al interés, no estará ni primaria ni esencialmente dirigido a la formación y especialización de las plantillas de trabajadores, sino a la inversión de aquellos medios que reduciendo su participación en el proceso laboral conlleve como resultado un descenso substancial de los gastos; es decir, incrementar el uso de la plusvalía relativa. Con lo cual, una de las derivadas que estaríamos consiguiendo con la implantación de la Teoría Monetaria Moderna no sería otra cosa que acelerar todavía más el proceso de informatización y robotización. A que la progresiva desaparición de la plusvalía absoluta nos esté llevando a tener que contemplar como una maldición el que tenga que extinguirse lo que como condena fue explicitado en aquella frase que decía: comerás el pan con el sudor de tu frente.

En concordancia con lo expuesto, la respuesta a una pregunta que nos ha llevado a tener que ponderar lo que pudiendo ser un anatema debería ser una liberación se encuentra en un hecho extraordinariamente significativo: en que para que el trabajo no sea una condena, el trabajador y el empresario deben de ser la misma persona. Pero esto es algo que excede a lo que puede ser contemplado en este artículo.



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