2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Sobre la TMM

Sobre la TMMPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:26:58

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TEeORIA MONETARIA MODERNA (lll)

Considerando que con los dos artículos que anteriormente he publicado había dicho todo lo que creí necesario decir sobre la TMM, acabo de recibir un correo en el que discrepando de lo que expuse en ellos me llevan a reconocer que sin desdecirme, a aquellos artículos había que darles un tanto más de consistencia. Cometido que para iniciarlo voy a hacer uso de una fábula atribuida a Michal Kalecki con la que se trata de justificar las bondades de la existencia del dinero (más allá de lo que esta existencia representa), como medio con el que saldar las deudas; dando a entender que una vez que se hubiera alcanzado un equilibrio entre acreedores y deudores, aquello que con su utilización había servido de base para que se hubiera producido el endeudamiento debería ser ...; pero no adelantemos acontecimientos.

El contenido de esta fábula es el siguiente:

En una empobrecida aldea judía, cuyos residentes estaban sumidos en el endeudamiento viviendo del crédito, un rico y pío judío llegó un día y se alojó en la posada local, tomando la precaución de pagar la factura por adelantado. El viernes, para no incumplir la prohibición del Sabbath de llevar dinero, entregó al posadero para que lo custodiase un billete de 100 dólares. El domingo al alba, el judío dejó la posada antes de que el posadero hubiese tenido ocasión de devolverle el billete.

Unos días después, el posadero decidió que el rico judío no regresaría, así que cogió el billete de 100 dólares y lo usó para saldar su deuda con el carnicero local. Encantado, el carnicero entregó el billete a su esposa para que lo custodiase. Esta lo utilizó para saldar sus deudas con una costurera local que le hacía vestidos. La costurera utilizó el dinero para pagar los atrasos de alquiler a su casero. El casero, contento de cobrar por fin, le entregó el dinero a su amante, que ya hacía tiempo le había estado prestando sus favores sin compensación. La amante utilizó el billete para saldar su deuda en la posada local donde de vez en cuando alquilaba una habitación.

Así ocurrió que el billete volvió al posadero. Aunque no se había celebrado ninguna transacción nueva ni se había creado ninguna renta, las deudas de la aldea habían sido saldadas y todos contemplaban el futuro con optimismo renovado.

Dos semanas después, el rico judío regresó a la posada y el posadero pudo devolverle el billete de 100 dólares. Para su asombro, el judío cogió el billete, le prendió fuego y lo usó para encenderse un cigarrillo. Al observar al posadero, el judío se rió y le explicó que el billete, de todos modos, era falso.

De esta fábula podemos extraer un buen número de corolarios. Entre ellos podemos citar que el dinero, como valor de cambio, sirve para saldar nuestras obligaciones; pero sobre todo nos alumbra, que como consecuencia de que con su utilización se suelen generar situaciones que son la base del endeudamiento (y que por tanto se precisan medidas que puedan revertirlas o en el mejor de los casos, impedirlas), la existencia del dinero debe ser debidamente controlada.

La situación que se genera con la utilización del dinero (aunque éste sea falso), es que, como valor de cambio está representando una singularidad que lo está identificando con aquello a lo que le está confiriendo un valor. Con lo cual, sólo M1, como expresión del dinero físico que pueda existir en una economía en un momento dado constituye unívocamente el valor de cambio de todos los bienes existentes en la misma. Las diferencias que concurren entre éste y M2 (y por supuesto con todas las demás Ms utilizadas en la economía), no son más que atribuciones extra-valorativas que no representan de una forma real los bienes que dicen estar representando. Y es por ello por lo que cuando se hace uso de las mismas de una manera que va más allá del estímulo que con ellas se pretende promover, al dejarse de confiar en ellas pierden una parte substancial de lo que como atribución, como unidad de cambio tenían. Con la utilización de un noúmeno que como el dinero virtual tiene una representatividad racional pero carece de representatividad real se estable una función de relación con lo que verdaderamente existe, que necesariamente ha de modificar lo que en su ausencia el dinero fiat hubiera estado representando. Pero esta representatividad es inestable. Tan inestable y tan espuria que solo cuando desaparece se vuelve a restaurar la que con su existencia hubiera generado en los medios de cambio.

Pero vayamos un poco más allá e indaguemos que es lo que acaece cuando con un incremento del déficit presupuestario que supuestamente habría de generar una reactivación económica con la que se habrían de crear los bienes que este incremento debería estar representando, ese incremento es utilizado en el sector público para con él exorcizar la representatividad de lo que conocemos como Nairu a través de la creación marginal de unas estructuras públicas o una mayor cobertura de servicios sociales.

A este respecto, lo primero que podemos observar es que en función de la propensión hacia el consumo (y yendo un paso más allá al supuesto contemplado por Kalecky, según el cual la clase trabajadora consume la totalidad de lo que perciben como salario), en el sector público, como todo se ha consumido, no se ha creado nada. Es cierto que en este sector se podrían haber forjado o mejorado su estructura; pero no es menos cierto que a tenor de una dicotomía capitalista en la que solo se contempla como un incremento de las riquezas, aquéllas que se hayan podido producir en el sector privado, esta creación y esta mejora constituyen algo exógeno a lo que tiene que ser el desarrollo de su economía. En el único sector en el que en función de la existencia del beneficio lo creado es demandable es en el privado. Como queda demostrado con la existencia de la plusvalía. En el público se podrán alcanzar muchas consecuciones, pero al no estar ninguna de ellas conformando una propiedad, estas consecuciones son extrañas al desarrollo de una economía capitalista. Para que un bien pueda ser valorado por su valor de cambio, ese bien ha de ser contemplado, al menos como una potencial propiedad. La construcción de una red ferroviaria figurará como un activo en las cuentas del Estado, pero como una propiedad no demandable (al menos mientras con ella no se lleve a cabo una actividad económica que como propiedad sea susceptible de generar un beneficio material o espiritual), es completamente independiente de las valoraciones que se suelen adscribir en el sector privado. Presta un servicio y en multitud de casos carga unos gastos que lo asume el sector público como lo hace cuando le abonas unos egresos a una empresa privada por un consumo que como se expresa en su definición ha de ser destruido. La única inversión del sector público que puede generar un consecuente que por su naturaleza esté vinculado con la economía real es aquella con la que se haya puesto en manos de la población y se hayan transferido como propiedad unas infraestructuras directamente relacionadas con la economía capitalista.

Como segunda observación tenemos que admitir que como esta inyección marginal de medios de cambio habría sido consumida en productos y servicios creados por el sector privado, debido a la búsqueda de un beneficio, con la totalidad de lo que con estos medios se hubiera adquirido y consumido no se iría a recrear unos productos y servicios equivalentes a los que con anterioridad se hubieran destruido. Con lo cual, en este proceso no solo se habrían reducido las riquezas de la comunidad, sino que a través de los salarios no abonados concurrentes en esta recreación se estarían incrementando las diferencias entre lo que tuvieran como rendimiento unas rentas del trabajo y los que solo tuvieran el trabajo como fuente de rentas. Con lo cual, volviendo a utilizar una expresión copulativa que exterioriza las consecuencias derivadas de esta inyección marginal, debido a que los resultados que se derivan de las propuestas incursas en la Teoría Monetaria Moderna solo constituyen unas consecuciones a corto plazo, no son ni siquiera el bálsamo de Fierabrás. Y es que ocurre que mientras que con la cancelación de las acreditaciones se destruye esa capacidad adquisitiva que en la fábula de Michal Kalecki se llevó a cabo con la quema de aquel billete de cien dólares, con la creación de un dinero fiat a través de un incremento del déficit presupuestario (al igual que ocurre con la creación de un dinero fiat por parte de la Administración que no se corresponda con los bienes y servicios que marginalmente se hubieran creado, necesariamente se ha de modificar el valor de una unidad de cambio que como determinante de los precios se traduce como una variable en el establecimiento del IPC.

Como tercera de estas observaciones, si a tenor de lo que ha sido mencionado y teniendo en cuenta que para superar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia los empresarios tratarían de utilizar ese incremento marginal de los medios de cambio que llegaran a sus manos como consecuencia de la implementación de la TMM en la adquisición de medios de producción que redujeran el volumen de la mano de obra, lo más lógico es que se produjera el resultado que ellos hubieran estado buscando; es decir, un desplazamiento relativo de los salarios hacia las ganancias. Con lo cual se llegaría a una situación en la que, como ya Marx predijo, por la acumulación de los medios de producción se estaría asegurando un mayor consumo a largo plazo. El problema que la producción en este proceso encontraría (y esto ya lo abordó Marx con su análisis sobre la plusvalía absoluta y relativa), estaría en el que al existir una gran disparidad entre la producción y la distribución, el consumo aborta esta secuencia en el mismo momento en la que se inicia.

Por último ha de ser tenido en cuenta lo que a tenor de las resultas que se generan como consecuencia de la desregulación financiera se conoce como efecto Minsky, Y es que ante la existencia en manos de los empresarios de unos medios de cambio marginales que debido asimismo al descenso de la tasa de ganancia no son muy proclives a utilizarlos en la producción y la distribución, su tendencia se ha de manifestar como una inclinación por emplearlos en operaciones que les rindan beneficios no ganados. Como son los que llevan a cabo a través de esas instituciones mafiosas que mafiosamente se autodenominan como entidades de crédito. Esto queda plenamente demostrado cuando a pesar de la flexibilización cuantitativa que perpetra la Fed y el BCE, amén de la instrumentalización de un interés cercano al cero y el establecimiento de unos intereses negativos para aquellos depósitos impuestos en la mencionada cueva, la reactivación económica brilla por su ausencia. Y es que la Fed, el BCE y la cohorte de conniventes instituciones al servicio del capitalismo que se denominan como Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y entre muchas otras Organización Mundial del Comercio, pueden llevar el caballo al agua, pero no le pueden obligar a que beba. En este contexto, no es de extrañar que el mercado de los derivados haya alcanzado en un año la suma de 600.000.000.000.000 de euros. Diez veces más que el PIB mundial anual. Todo lo cual se lo debemos a la política económica llevada a cabo por dos desacreditados Premios Nobel, la practicada por los dos más nefastos dirigentes que ha dado a luz el imperio anglosajón y las subsecuentes disposiciones de un Congreso de Washington patrocinado por los paladines de los rendimientos no ganados.

Como una resulta de todo lo que ha sido expuesto (una exposición en la que claramente se ve que todas las medidas que se puedan tomar en una economía en la que las diferencias entre la producción y la distribución sean tan brutales solo pueden resolver situaciones puntuales en el corto plazo), es necesario establecer una metodología que por tener como objetivo, como nos dijo Keynes, evitar que en el largo estemos todos muertos, no esté determinada por los parámetros de una política económica ortodoxa que ha sido diseñada y utilizada para facilitar los objetivos de los poderosos. Pero este es un tema que por su complejidad (y consecuentemente por el cansancio que habría de producir en el lector), considero que es mejor dejarlo para el desarrollo de la serie que estoy tratando de forjar. Una serie que he denominado "El Proyecto" con la que pretendo pergeñar unos parámetros entresacados de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? con los que, a mi entender podrían ser superadas las contradicciones que se generan en esta economía que no lo es. Por ahora lo que accesoriamente espero es que el que con su correo me comunicó sus discrepancias, tanto si me concede su reconocimiento, como si a pesar de lo que expongo, honestamente persiste en su postura, me haga saber qué es lo que piensa. Y es que es descorazonador tener que observar que cuando se manifiestan unos argumentos que ni siquiera son contestados, el que los ha realizado se encuentra en una situación en la que no solo se siente aislado; es que además, antes este aislamiento, como un ramalazo incontrolable pasa por su mente la interrogación de si lo que expone posee algún valor para la sociedad.



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