2015: El año del cambio

2015: El año del cambio

Objetivo

En todas las actividades concurre una motivación; racional o instintiva. En la confección de esta bitácora participan ambas; racional, porque con ella pretendo contribuir en el desarrollo de un modelo socioeconómico que esté a la altura de lo que creemos somos: instintiva, porque ante la reacción con la que de forma inconsciente repulsamos una situación dañosa, el que estamos padeciendo, sin que tenga que ser justificado, justifica nuestra opugnación. Espero que a través de los artículos que en esta bitácora pretendo adjuntar nos sea dable alcanzar tanto aquel objetivo, como hacer que lo que soportamos en nuestro inconsciente sea lo suficientemente fuerte como para que su incidencia nos lleva a actuar de forma consciente.

Sobre la TMM

Sobre la TMMPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:26:58

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TEeORIA MONETARIA MODERNA (lll)

Considerando que con los dos artículos que anteriormente he publicado había dicho todo lo que creí necesario decir sobre la TMM, acabo de recibir un correo en el que discrepando de lo que expuse en ellos me llevan a reconocer que sin desdecirme, a aquellos artículos había que darles un tanto más de consistencia. Cometido que para iniciarlo voy a hacer uso de una fábula atribuida a Michal Kalecki con la que se trata de justificar las bondades de la existencia del dinero (más allá de lo que esta existencia representa), como medio con el que saldar las deudas; dando a entender que una vez que se hubiera alcanzado un equilibrio entre acreedores y deudores, aquello que con su utilización había servido de base para que se hubiera producido el endeudamiento debería ser ...; pero no adelantemos acontecimientos.

El contenido de esta fábula es el siguiente:

En una empobrecida aldea judía, cuyos residentes estaban sumidos en el endeudamiento viviendo del crédito, un rico y pío judío llegó un día y se alojó en la posada local, tomando la precaución de pagar la factura por adelantado. El viernes, para no incumplir la prohibición del Sabbath de llevar dinero, entregó al posadero para que lo custodiase un billete de 100 dólares. El domingo al alba, el judío dejó la posada antes de que el posadero hubiese tenido ocasión de devolverle el billete.

Unos días después, el posadero decidió que el rico judío no regresaría, así que cogió el billete de 100 dólares y lo usó para saldar su deuda con el carnicero local. Encantado, el carnicero entregó el billete a su esposa para que lo custodiase. Esta lo utilizó para saldar sus deudas con una costurera local que le hacía vestidos. La costurera utilizó el dinero para pagar los atrasos de alquiler a su casero. El casero, contento de cobrar por fin, le entregó el dinero a su amante, que ya hacía tiempo le había estado prestando sus favores sin compensación. La amante utilizó el billete para saldar su deuda en la posada local donde de vez en cuando alquilaba una habitación.

Así ocurrió que el billete volvió al posadero. Aunque no se había celebrado ninguna transacción nueva ni se había creado ninguna renta, las deudas de la aldea habían sido saldadas y todos contemplaban el futuro con optimismo renovado.

Dos semanas después, el rico judío regresó a la posada y el posadero pudo devolverle el billete de 100 dólares. Para su asombro, el judío cogió el billete, le prendió fuego y lo usó para encenderse un cigarrillo. Al observar al posadero, el judío se rió y le explicó que el billete, de todos modos, era falso.

De esta fábula podemos extraer un buen número de corolarios. Entre ellos podemos citar que el dinero, como valor de cambio, sirve para saldar nuestras obligaciones; pero sobre todo nos alumbra, que como consecuencia de que con su utilización se suelen generar situaciones que son la base del endeudamiento (y que por tanto se precisan medidas que puedan revertirlas o en el mejor de los casos, impedirlas), la existencia del dinero debe ser debidamente controlada.

La situación que se genera con la utilización del dinero (aunque éste sea falso), es que, como valor de cambio está representando una singularidad que lo está identificando con aquello a lo que le está confiriendo un valor. Con lo cual, sólo M1, como expresión del dinero físico que pueda existir en una economía en un momento dado constituye unívocamente el valor de cambio de todos los bienes existentes en la misma. Las diferencias que concurren entre éste y M2 (y por supuesto con todas las demás Ms utilizadas en la economía), no son más que atribuciones extra-valorativas que no representan de una forma real los bienes que dicen estar representando. Y es por ello por lo que cuando se hace uso de las mismas de una manera que va más allá del estímulo que con ellas se pretende promover, al dejarse de confiar en ellas pierden una parte substancial de lo que como atribución, como unidad de cambio tenían. Con la utilización de un noúmeno que como el dinero virtual tiene una representatividad racional pero carece de representatividad real se estable una función de relación con lo que verdaderamente existe, que necesariamente ha de modificar lo que en su ausencia el dinero fiat hubiera estado representando. Pero esta representatividad es inestable. Tan inestable y tan espuria que solo cuando desaparece se vuelve a restaurar la que con su existencia hubiera generado en los medios de cambio.

Pero vayamos un poco más allá e indaguemos que es lo que acaece cuando con un incremento del déficit presupuestario que supuestamente habría de generar una reactivación económica con la que se habrían de crear los bienes que este incremento debería estar representando, ese incremento es utilizado en el sector público para con él exorcizar la representatividad de lo que conocemos como Nairu a través de la creación marginal de unas estructuras públicas o una mayor cobertura de servicios sociales.

A este respecto, lo primero que podemos observar es que en función de la propensión hacia el consumo (y yendo un paso más allá al supuesto contemplado por Kalecky, según el cual la clase trabajadora consume la totalidad de lo que perciben como salario), en el sector público, como todo se ha consumido, no se ha creado nada. Es cierto que en este sector se podrían haber forjado o mejorado su estructura; pero no es menos cierto que a tenor de una dicotomía capitalista en la que solo se contempla como un incremento de las riquezas, aquéllas que se hayan podido producir en el sector privado, esta creación y esta mejora constituyen algo exógeno a lo que tiene que ser el desarrollo de su economía. En el único sector en el que en función de la existencia del beneficio lo creado es demandable es en el privado. Como queda demostrado con la existencia de la plusvalía. En el público se podrán alcanzar muchas consecuciones, pero al no estar ninguna de ellas conformando una propiedad, estas consecuciones son extrañas al desarrollo de una economía capitalista. Para que un bien pueda ser valorado por su valor de cambio, ese bien ha de ser contemplado, al menos como una potencial propiedad. La construcción de una red ferroviaria figurará como un activo en las cuentas del Estado, pero como una propiedad no demandable (al menos mientras con ella no se lleve a cabo una actividad económica que como propiedad sea susceptible de generar un beneficio material o espiritual), es completamente independiente de las valoraciones que se suelen adscribir en el sector privado. Presta un servicio y en multitud de casos carga unos gastos que lo asume el sector público como lo hace cuando le abonas unos egresos a una empresa privada por un consumo que como se expresa en su definición ha de ser destruido. La única inversión del sector público que puede generar un consecuente que por su naturaleza esté vinculado con la economía real es aquella con la que se haya puesto en manos de la población y se hayan transferido como propiedad unas infraestructuras directamente relacionadas con la economía capitalista.

Como segunda observación tenemos que admitir que como esta inyección marginal de medios de cambio habría sido consumida en productos y servicios creados por el sector privado, debido a la búsqueda de un beneficio, con la totalidad de lo que con estos medios se hubiera adquirido y consumido no se iría a recrear unos productos y servicios equivalentes a los que con anterioridad se hubieran destruido. Con lo cual, en este proceso no solo se habrían reducido las riquezas de la comunidad, sino que a través de los salarios no abonados concurrentes en esta recreación se estarían incrementando las diferencias entre lo que tuvieran como rendimiento unas rentas del trabajo y los que solo tuvieran el trabajo como fuente de rentas. Con lo cual, volviendo a utilizar una expresión copulativa que exterioriza las consecuencias derivadas de esta inyección marginal, debido a que los resultados que se derivan de las propuestas incursas en la Teoría Monetaria Moderna solo constituyen unas consecuciones a corto plazo, no son ni siquiera el bálsamo de Fierabrás. Y es que ocurre que mientras que con la cancelación de las acreditaciones se destruye esa capacidad adquisitiva que en la fábula de Michal Kalecki se llevó a cabo con la quema de aquel billete de cien dólares, con la creación de un dinero fiat a través de un incremento del déficit presupuestario (al igual que ocurre con la creación de un dinero fiat por parte de la Administración que no se corresponda con los bienes y servicios que marginalmente se hubieran creado, necesariamente se ha de modificar el valor de una unidad de cambio que como determinante de los precios se traduce como una variable en el establecimiento del IPC.

Como tercera de estas observaciones, si a tenor de lo que ha sido mencionado y teniendo en cuenta que para superar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia los empresarios tratarían de utilizar ese incremento marginal de los medios de cambio que llegaran a sus manos como consecuencia de la implementación de la TMM en la adquisición de medios de producción que redujeran el volumen de la mano de obra, lo más lógico es que se produjera el resultado que ellos hubieran estado buscando; es decir, un desplazamiento relativo de los salarios hacia las ganancias. Con lo cual se llegaría a una situación en la que, como ya Marx predijo, por la acumulación de los medios de producción se estaría asegurando un mayor consumo a largo plazo. El problema que la producción en este proceso encontraría (y esto ya lo abordó Marx con su análisis sobre la plusvalía absoluta y relativa), estaría en el que al existir una gran disparidad entre la producción y la distribución, el consumo aborta esta secuencia en el mismo momento en la que se inicia.

Por último ha de ser tenido en cuenta lo que a tenor de las resultas que se generan como consecuencia de la desregulación financiera se conoce como efecto Minsky, Y es que ante la existencia en manos de los empresarios de unos medios de cambio marginales que debido asimismo al descenso de la tasa de ganancia no son muy proclives a utilizarlos en la producción y la distribución, su tendencia se ha de manifestar como una inclinación por emplearlos en operaciones que les rindan beneficios no ganados. Como son los que llevan a cabo a través de esas instituciones mafiosas que mafiosamente se autodenominan como entidades de crédito. Esto queda plenamente demostrado cuando a pesar de la flexibilización cuantitativa que perpetra la Fed y el BCE, amén de la instrumentalización de un interés cercano al cero y el establecimiento de unos intereses negativos para aquellos depósitos impuestos en la mencionada cueva, la reactivación económica brilla por su ausencia. Y es que la Fed, el BCE y la cohorte de conniventes instituciones al servicio del capitalismo que se denominan como Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y entre muchas otras Organización Mundial del Comercio, pueden llevar el caballo al agua, pero no le pueden obligar a que beba. En este contexto, no es de extrañar que el mercado de los derivados haya alcanzado en un año la suma de 600.000.000.000.000 de euros. Diez veces más que el PIB mundial anual. Todo lo cual se lo debemos a la política económica llevada a cabo por dos desacreditados Premios Nobel, la practicada por los dos más nefastos dirigentes que ha dado a luz el imperio anglosajón y las subsecuentes disposiciones de un Congreso de Washington patrocinado por los paladines de los rendimientos no ganados.

Como una resulta de todo lo que ha sido expuesto (una exposición en la que claramente se ve que todas las medidas que se puedan tomar en una economía en la que las diferencias entre la producción y la distribución sean tan brutales solo pueden resolver situaciones puntuales en el corto plazo), es necesario establecer una metodología que por tener como objetivo, como nos dijo Keynes, evitar que en el largo estemos todos muertos, no esté determinada por los parámetros de una política económica ortodoxa que ha sido diseñada y utilizada para facilitar los objetivos de los poderosos. Pero este es un tema que por su complejidad (y consecuentemente por el cansancio que habría de producir en el lector), considero que es mejor dejarlo para el desarrollo de la serie que estoy tratando de forjar. Una serie que he denominado "El Proyecto" con la que pretendo pergeñar unos parámetros entresacados de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? con los que, a mi entender podrían ser superadas las contradicciones que se generan en esta economía que no lo es. Por ahora lo que accesoriamente espero es que el que con su correo me comunicó sus discrepancias, tanto si me concede su reconocimiento, como si a pesar de lo que expongo, honestamente persiste en su postura, me haga saber qué es lo que piensa. Y es que es descorazonador tener que observar que cuando se manifiestan unos argumentos que ni siquiera son contestados, el que los ha realizado se encuentra en una situación en la que no solo se siente aislado; es que además, antes este aislamiento, como un ramalazo incontrolable pasa por su mente la interrogación de si lo que expone posee algún valor para la sociedad.



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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:10:41


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EL PROYECTO (lV)

Asambleas Cibernéticas de Base, ACBs



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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:03:46


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EL PROYECTO (lll)

b) Una vez esbozada (aunque naturalmente de forma somera), que la única manera de poder liberarnos de la utilización a la que nos somete el capital es adquiriendo a través de nuestros desistimientos de los medios con los que estructurar una economía diferenciada, como segunda de las premisas mencionadas con anterioridad tenemos que fundamentar los derechos que nos asisten para llevar a cabo la política económica que cohabitando, participando y respetando la que caracteriza a la convencional economía de mercado, segregada de ésta, ejerza una forma de llevar a cabo esta distribución como una norma de conducta que posibilite nuestra liberación. Y para ello voy a volver a transcribir otros pasajes de la mencionada obra. Dicen lo que sigue:

Si el Estado ha de velar por los intereses generales de la comunidad a la que esté representando, (y con ello vuelvo a reiterar lo que una y mil veces he venido señalando), esta tutela se debe asimismo ejercer, cuando debido a los condicionamientos que impone la posesión de las riquezas, se desmantelan las expectativas de la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad.

Esta manera de observar el dominio y el uso de las cosas, no sólo hemos de contemplarla cuando en nuestras sociedad se den los supuestos que Hobbes señaló. Se ha de tener en cuenta, cuando en nuestras sociedades permanezcan los fundamentos de unas estructuras que defiendan el lucro desmedido y el poder de los menos, y perpetúe el destino y la suerte de los más. Nosotros no podemos admitir la continuidad de un estamento que por el hecho de defender unas funciones de producción y de distribución determinadas, garantiza el bienestar de una manera no generalizada. La sociedad, a través del Estado, ha forjado una legislación que al no haberse sabido, o quizás aún peor, al no haberse querido elaborar en función de los derechos de la generalidad, se ha pretendido resolver a través de la catequización y el unto con los que se supo domesticar a aquéllos que intentaron impugnarla.

Ante la más que cuestionable arbitrariedad que se encierra en una toma de postura que como la que utiliza el capital constriñe y distorsiona tanto la libertad como las perspectivas de los individuos, tendremos que crear una jurisprudencia que nos permita hacer uso de una forma legal de lo que poseamos; de aquello que el capital, en su parcela, dispone y ejecuta como le viene en gana. Nosotros tendremos que aceptar que ni siquiera aquéllos que hayan producido las riquezas a través de la labor efectuada, puedan comandar sobre la utilización de su valor de cambio. A lo único que no podemos renunciar es a disponer del valor del trabajo que en la consecución de lo representado por el valor contractual (el valor de adquisición de los salarios), hayamos insertado en aquel valor de cambio. Lo que nosotros utilicemos del valor del trabajo no tiene que encontrarse sometido a una economía de la que sólo estamos sacando el sustento. Y si nosotros voluntariamente abdicamos a una parte de él, una vez ejercitadas nuestras labores de producción, no se nos puede imponer lo que con él vayamos a hacer. Si del valor de cambio no podemos detraer su valor contractual, del salario sí podemos hacerlo. Todo en él nos pertenece.

6.1.1.3.8. Reiterándome en lo dicho y ampliando su significación, tenemos que observar que a diferencia de lo que ocurre cuando al efectuar la compra de una mercancía, la relación que el vendedor pudiera tener con el objeto de su venta queda finiquitada en el momento de ser efectuado el pago, en el trabajo alienado en ningún momento se mantiene un lazo de identificación entre el objeto o el servicio materializado y el trabajador que los hubiera generado. Esta identificación solamente se dio en el empresario. Al serles sufragados al obrero sus salarios, no sólo se le deja de abonar lo que, aunque totalmente natural y lícito no puede percibir en función de que en este modelo el trabajador sólo ha sido un factor de producción; se le coloca en una situación en la que lo existente es completamente extraño a aquéllos que lo hubiera producido. Lo que nosotros podamos conseguir por la labor realizada (en tanto en cuanto esa labor se encuentre enajenada), es exclusivamente el pago de una capacidad de producción. Ante esta realidad, no se puede pretender que tengamos que identificarnos con lo que nunca nos emparentamos; el fruto de lo producido, constituye el haber de un modelo económico con el cual no nos reconocemos. Lo existente es algo que hemos producido, pero que nunca nos perteneció. En función de la naturaleza del modelo de economía de mercado, sólo nos fue posible recoger (ya que la mayor parte de lo que percibimos tuvimos que reintegrarlo a dicha economía) una retribución que sólo nos sirvió para poder seguir viviendo, o mejor dicho, produciendo. Lo que nosotros poseamos no tiene el mismo valor (al menos en su aspecto moral) que lo que el Capital detente. Nosotros lo hemos ahorrado del valor real de lo producido; el Capital del beneficio y de la plusvalía. Lo que pueda representar al Capital constituye una realidad extraña a nosotros mismos, y por lo tanto difícilmente se nos puede exigir que lo que hemos logrado allegar por engendrarlo, se tenga que mantener en el ámbito de lo que no nos pertenece. Si con lo creado hemos urdido una sociedad que no es la nuestra, para salir de ella e identificarnos con la que podamos modelar, hemos de recrearla.

c) Naturalmente, para llevar a cabo esta segregación tendremos asimismo que hacer uso de unos medios de cambio diferenciados de los que encontrándose fuera de nuestro dominio imposibilitarían los fines que se postulan en este proyecto. Uno de los cuales, al objeto de controlar los desmadres y las ocultaciones que se llevan a cabo en el capitalismo, tendría que ser de naturaleza digital, mientras que el otro, para entre otras muchas cosas facilitar las transacciones que se tuvieran que realizar en lugares donde no existieran puntos de pago donde materializarlas (y sobre todo para evitar que la ciudadanía no se encontrara determinada por las circunstancias que se pudieran generar como consecuencia de haber perdido su total dominio sobre la representatividad que tuviera que ejercer sobre la masa dineraria), estaría conformado por dinero fiat. Con la salvedad de que para que éste no constituyera un depósito de valor en el que mantener fuera de control las iniquidades que el subjetivismo suele llevar a cabo, este dinero fiat tendría que ser periódicamente transformado en dinero digital, para una vez registrada su pertenencia, opcionalmente volver a convertirse en fiat. A este respecto transcribo los siguientes párrafos de la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Unos medios que permitan el ejercicio de la iniciativa privada, el derecho a una propiedad que no sea excluyente, así como la obtención de los rendimientos que con esta propiedad sea dable obtener; una propiedad y unos rendimientos que al tener que ser consumidos no atropellen los derechos que habrían de asistir a los demás. A este respecto la estructura de estos medios de cambio tendría que ser la siguiente:

7.4.2.2. En su anverso habría de figurar la fecha en la que iniciaran su vigencia, así como los dígitos que reflejaran su cuantía. En su reverso constaría tachada su fecha de caducidad.

7.4.2.4. Todas las Udas (unidades dinerarias auxiliarias) puestas en circulación por el Banco Central del Sistema, BCS, tendrían que acomodarse a un período inicial y terminal de validez. Durante esta etapa (un transcurso que podría ser de tres años), todas las que se emitieran habrían de tener la misma fecha de vigencia que la que hubieran tenido al iniciarse este período. Una vez alcanzada su fecha de caducidad tendrían que ser renovadas en los Bgfs. (banca)

La razón que justifica esta disposición se encuentra en que si el BCS estuviera emitiéndolas con una fecha actualizada, los tres años de vigencia a los que anteriormente nos hemos referido conllevarían que estuvieran existiendo Udas con diferentes fechas de caducidad. Una circunstancialidad que habría de producir una disparidad de el valor entre las que tuvieran un plazo de validez más largo y aquéllas que fuera preciso ingresarlas en cuenta; y una desemejanza que al promover que pudieran seguir manteniéndose como un medio de cambio que por incontrolado se habría conformado como un depósito de valor, habría de malograr los fines que estamos pretendiendo acordarles.

7.4.2.5. En la conformación de esta renovación, sus tenedores tendrían que ingresarlas en sus Cuentas Personales, CPs, sus Cuentas Colectivas, CCs o sus Cuentas Unicelulares, CUs, con la misma paridad que el Seico. (moneda digital del Sistema Económico de Iniciativa COntrolada)

Para evitar las aglomeraciones que en los últimos momentos de este período de reconversión se habrían de producir, durante los dos meses siguientes a la maduración de su caducidad, las Udas no serían de obligada aceptación en el mercado; si bien seguirían manteniendo su valor en los Bancos de Gestión y de Financiación. (banca)

Con independencia de la cortesía que durante los dos primeros meses subsiguientes a la finalización de su vigencia hubieran de facilitar los Bgfs, en el mercado, a partir de la fecha de su caducidad, estos medios de cambio sufrirían una depreciación anual del 10% de su valor facial, quedando por lo tanto totalmente desprovistos de cotización a los diez años de la iniciación de este proceso.

d) Una vez decidido lo que hayamos de hacer y como consecuencia de su representatividad, substantivarla con la de defender lo que son nuestros derechos utilizando un medio que como el dinero nos proporcione una entidad tanto económica como jurídica, será preciso establecer lo que haya de ser la estructura orgánica de nuestro modelo. Sin olvidar que en la existencia de dos modelos económica y jurídicamente diferenciados, en función de la cohabitación que será preciso mantener, la política (especialmente la económica) tendrá que ser respetuosa con la de aquéllos con los que tengamos que compartir una comunidad. Un modelo que para ser, y siendo absolutamente democrático, tendrá que estar fundamentado en la gobernanza del por y para el pueblo a través de una serie de asambleas que a diferencia de las que hasta ahora hemos conocido conformarían una pirámide en la que su vértice superior estaría determinada tanto por su base como por el continente que la estuviera compendiando.

A mi entender, la estructura orgánica de un modelo al que en la obra publicada he denominado como Sistema tendría que ser de forma muy resumida la siguiente

* Unos Organismos para la Recepción de Bienes del Exterior, ORBEs, en el que se recogerían los desistimientos en el consumo que hubieran llevado a cabo los trabajadores en las actuales economías de mercado.

El derecho y la fuerza con la que se habría de ejercer la materialización de esta recepción de bienes, ver lo que en 6.1.1.3.8. anteriormente ha sido mentado en este mismo artículo.

* Una Organización para la Distribución y Orientación de los Bienes en el Interior, ODOBI, en la que se encontrarían insertadas una serie de empresas encargadas de llevar a cabo los diferentes cometidos que se les hubieran encomendado para llevar a cabo esta distribución y orientación. Unas empresas públicas que tendrían que dar cuenta de sus gastos y cometidos alcanzados.

* Unas Empresas Unicelulares, EUs, conformadas por una sola individuo y en las cuales toda labor ajena tendría que ser considerada como asalariada.

* Unas Empresas Colectivas, ECs, en las que los miembros que estuvieran conformándolas recibirían como retribuciones unos salarios, unas obvenciones integrales y en su caso, unas contributivas.

* Unas Empresas Públicas Institucionalizadas, EPIs, que como parte de las empresas colectivas estarían formando parte del organigrama operativo del Sistema.

* Unas Empresas Públicas de Mercado, EPMs, en las que como empresas asimismo colectivas se desarrollaría la mayor parte del proceso económico de este Sistema.

* Unas Cuentas Personales, CPs en las que se materializarían y estarían registradas todas operaciones que efectuaran se llevaran a cabo en Seicos por todos los miembros del Sistema.

* Unas Cuentas Colectivas, CCs, en las que asimismo figurarían todas las transacciones que se llevaran a cabo en las EPIs y en las EPMs.

* Unas Cuentas Unicelulares, CUs, representativas de las operaciones efectuadas en las EUs.

* Unos Puntos de Adquisición, PAs, en los que se efectuarían las compras que los miembros del Sistema realizaran tanto en Seicos como en Udas. Para lo cual estos puntos de adquisición tendrían que estar provistos de elementos informáticos en los que se registraran las operaciones efectuadas.

*Puntos de Pago, PPs, consistentes en dispositivos en los que las empresas podrían efectuar el pago tanto de las transacciones con otras empresas como el pago de salarios y otros egresos.

* Unos Bancos de Gestión y Financiación, BGFs, en los que como banca pública entre otras gestiones se materializarían la mayor parte de las operaciones del Sistema.

* Un Centro de Estudio Regulador de la Economía del Sistema, CERES, encargado de la gestión económica que en éste se hubiera de seguir.

* Un Banco Central del Sistema, BCS, encomendado entre otras muchas funciones con el control de las operaciones que se realizaran en los BGFs.

* Un Organismo para la Creación y Destrucción de Efectivo, OCDE, dependiente del BCS , encargado de supervisar la cuantía de los Fondos de Interés Variable, FIVs y de Deuda Pública relacionada con la creación y destrucción de la masa monetaria.

* Un sistema de Obvenciones Integrales en los que se recogerían los rendimientos de esta naturaleza obtenidos por los miembros de las empresas de las que formaran parte.

* Un sistema de Obvenciones Contributivas relativas a los intereses y otras retribuciones a las que estos miembros fueran acreedores en función de su aportación marginal al desarrollo de las empresas del Sistema.

* Un Censo de Bienes Ordinarios, CBO, en el que opcionalmente estarían reflejados los de naturaleza no registrable que ostentaran los miembros del Sistema.

* Un Censo de Bienes Registrables, CBR, en el que figuraría el valor y en su caso las características de estos bienes.

* Unas Declaraciones de los Rendimientos Económicos y del Patrimonio de las Empresas, DREPEs; deposiciones que en poder del CERES servirían para analizar y programar la economía de nuestra comunidad.

* Un Operador para la Informacion el Tanteo y el Retracto, OITR ubicados en los BGFs y a los que se podría entrar a través de las tarjetas identificativas de acceso a la Red.

* Unas Declaraciones de Bienes personales, DBPs, que en función de los valores a los que hubieran sido declarados podrían ser objeto de licitación a través de las funciones encomendadas al OITR.

* Una Acreditación a la Cuenta General de Pensiones, ACGP en la que figurarían las cantidades que por este concepto se mantuvieran caucionadas en las empresas hasta la jubilación de sus miembros y su remisión a la CGP. Unas cauciones que estarían garantizadas como consecuencia de las medidas que a este respecto se mencionan a lo largo de la obra citada.

* Una Cuenta General de Pensiones, CGP, en la que se recogerían y distribuirían las que por este concepto hubieran de recibir los miembros jubilados; así como en función de sus posibilidades, facilitar préstamos con los que marginalmente incorporar nuevos miembros al Sistema.

Como algo inevitable tenemos que prever que debido a esta batería de organismos y declaraciones, así como de muchos otros cometidos que por su prolijidad no han sido mencionados, tanto los de arriba como los medios de desinformación y los de desgobierno van a poner el grito en el cielo argumentando que con este proyecto estaríamos conformando una comunidad equiparable a la descrita en la obra de George Orwell. Ocultando que lo que los verdaderos dueños del cortijo no quieren es que a través de la información y de los medios que en esta obra se postulan, se sepa lo que están detentando, la utilización a la que someten a esa comunidad; y lo a través de esa utilización pretenden seguir acumulando. Sacarán a la palestra, proclamándose paladines de la misma, la palabra libertad. Una libertad que es totalmente incompatible con las dependencias que se generan cuando los hechos nos están mostrando la existencia y el continuo incremento de las diferencias. Como sepulcros blanqueados intentarán ocultar, que a diferencia del control con el que desde arriba determinan y expolian a los verdaderos ciudadanos, un control ejercido por éstos no puede ser en absoluto ni arbitrario ni dictatorial. Este control estaría asimismo controlado por la Voluntad General que informáticamente el pueblo ejerciera en las distintas asambleas a las que posteriormente nos referiremos. Y por tanto, si puntualmente, con la intervención de este control se pudiera lesionar algún derecho, con el control que el pueblo estuviera ejerciendo sobre el mismo se estarían reparando las consecuencias que puntualmente se hubieran podido ocasionar. Es el pueblo y no los de arriba lo que pueden substanciar la palabra libertad.

Hoy he leído en un artículo titulado "La cumbre de los muertos vivivientes" que teniendo en cuenta el hedor que despiden sus sepulcros, como hace muchos años me ha vuelto a impactar. Decía: Un espectro recorre Europa, dí que sí, Karl.





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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 11:01:19


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EL PROYECTO (ll)

En función de no estar dispuestos a tolerar que desde arriba se perpetúe la subjetiva interpretación con la que se ha asumido el Derecho Positivo, a mi entender hemos de colegir que la única manera de superar las disfunciones que se generan en la distribución de las riquezas es asumiendo y estando dispuestos a afrontar la conformación y la existencia de un modelo en el que el empresario y el obrero sean la misma persona. Y con ello, no me estoy refiriendo a la proliferación de unas cooperativas, que aunque mucho más sociales que las empresas que utilizan una mano de obra asalariada, conllevan una serie de rasgos que impiden la transformación integral de este modelo de economía de mercado. Aludo a una estructura, que cohabitando, participando y respetando la que caracteriza a este mercado, segregada de éste, ejerza una forma de llevar a cabo esta distribución, como una norma de conducta que sea totalmente incompatible con la naturaleza que caracteriza, a lo que ni es modelo, ni es economía de libre mercado. Exhorto a la estructuración de una economía, en la que sus miembros, formando parte de lo que sean sus empresas, determinen lo que tanto ellos como éstas hayan de ser; en la que los beneficios que en las mismas se puedan alcanzar, no sólo sirvan para asegurar su jubilación, sino para que con ellos se garantice el porvenir de los que como nuevos miembros se hayan de incorporar a esta economía. Sugiero el establecimiento de un paradigma, en el que lo conseguido, no se utilice para generar dependencias; que lo que hayamos obtenido, en lugar de erigir mausoleos a una trascendencia con la que se busca asegurar nuestras carencias presentes y futuras, en función de que tan solo asegura la inseguridad del futuro y del presente, sirva para vivir una vida digna; una vida que siendo temporal, es completamente extraña a esa identificación con la que de una forma absurda tratamos en otros de continuarla a través de una subjetivada trascendencia,. A este respecto vuelvo a sacar a colación otro pasaje de la primera parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado. En él se dice lo siguiente:

"El origen de todos los males que en lo social aquejan al mundo se encuentra en esa propensión de la que todos somos víctimas. En detentar, en arrancar y disfrutar lo deseado de quien pudiera real o potencialmente poseerlo. Una tendencia que podemos encontrarla en la explotación, en la apropiación, en el engaño, en la estafa, en la violación, en el robo y hasta en la enseñanza y el adoctrinamiento interesado."

"Parece por tanto natural, como ya hemos señalado, que para evitar que esta constante agresión pueda producirse, no basta con un decálogo, con una educación, ni con un buen corazón. Se precisa algo más tangible de lo que el hombre en sus demandas subjetivas está capacitado a utilizar. Se necesita de un control, que siendo material y estando universalmente aceptado por todos, impida que lo que haya sido establecido por consenso, pueda ser invalidado por los deseos interesados que de una forma natural tengan las singularidades."

"Para que una sociedad funcione son necesarios dos fundamentos. El primero es que exista una concienciación colectiva de cuáles son las reglas de conducta a seguir. Normas que lógicamente tienen que ir modificándose, en función de la transformación evolutiva a la que dicha sociedad se ha de ver sometida; pero que en todo momento tienen que plasmar una metodología que, fundamentada en una legislación, han de llenar de contenido las expectativas que todo ser humano tiende a considerar como esenciales. En segundo lugar, los condicionamientos físicos que como consecuencia de esta concienciación se hayan de establecer, tienen que estar completamente emancipados de la segura injerencia que sobre ellos se habrá de efectuar. Es necesaria la convicción de que esto tiene que ser así; pero asimismo se precisa que la capacidad de justificación y de transformación a las que nos puede llevar nuestro intelecto, se encuentren determinadas por unos condicionamientos que, siendo físicos, sólo sea factible modificarlos a través del consenso de la comunidad; unos impedimentos que al ser instituidos con un carácter de universalidad, se pueda poner en tela de juicio la procedencia de su establecimiento por las individualidades, pero nunca su validez en el ámbito de lo colectivo; que al igual de lo que ocurre con la existencia de una pendiente, sea enjuiciable que de vez en cuando, de acuerdo con nuestra manifiesta voluntad y asumiendo los riesgos que conlleva, podamos ascenderla a la carrera, pero que lo que es determinante, es que esta pendiente, en sí misma, constituye un condicionamiento incuestionable.

Fin de la cita

La primera vez que aprovechando la relación epistolar que con él mantenía envié hace ya varios años un ejemplar de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? a un economista que solía participar en un programa radiofónico, recibí un escueto "el contenido de esta obra es demasiado denso". La única opinión que formuló fue tan concisa que no me extraña que no se haya involucrado desde entonces en su análisis. La que posteriormente puse en manos de un versado entendido en el tema de los números fue, aunque sintética, más consiguiente. Su opinión fue que era demasiado utópica. Pero la que más me volvió a decepcionar fue la que tras unos prolongados y prolijos contactos, facilité a otro reputado economista, cuando después de haber mantenido un personal cambio de impresiones con él; al final del cual le entregué otro ejemplar de la mencionada obra, al igual que ocurrió con aquella primera relación epistolar, de ésta y de lo que en este libro se decía nunca más se supo. Con lo cual, a mi entender, queda demostrado, que el ser humano es un ente que por naturaleza se deja llevar por la inercia; que con independencia de las objeciones que conscientemente tenga sobre la idoneidad de lo establecido, lo que ha asumido, lo contempla como una realidad incuestionable. Ante el hecho de que no esté de acuerdo con lo que esta realidad representa, su falta de fervor con el que remediarla, ha llegado a forjar en su consciente, que como es imposible luchar contra fuerzas superiores, lo que no venga dado, hay que considerarlo como utópico. Y así nos va. Aunque vemos que nos engañan una y otra vez; seguimos asumiendo lo que nos dicen unos políticos, que salvo ocasiones difícilmente constatables, están al servicio de quienes les permiten estar y repetirse en sus posaderos.

Para llegar asegurar un modelo en el que los de abajo no sean sistemáticamente utilizados, será preciso establecer como más fundamentales las siguientes premisas:

a) Ser capaces de reconducir el convencimiento que siente la mayor parte de la población, de que personalmente somos incapaces de transformar el sistema en el que estamos inmersos. Concienciarnos de que si individualizadamente estamos en manos de un sistema que conscientemente sabemos nos está utilizando, colectivamente es ese mismo sistema, el que lo podemos poner a nuestro servicio. Somos nosotros los que "somos". Los que hemos de ser lo que "sea". Y lo que ese somos y ese sea hayan de ser no puede estar determinado por lo que individualizadamente le hemos permitido a ese sistema lo que es. Necesitamos la colaboración que L.Vigotski describió como la reacción simpático-primitiva que el individuo encuentra en la masa. Se necesita seguir las premisas que se manifiestan en un artículo que como "La Unidad Popular" entre otras cosas dice lo siguiente:

Una Unidad que no puede ser la exteriorización con la que se manifiesta la turba, sino por el contrario, una unidad que sea la resulta de lo que se haya alcanzado en las distintas Asambleas a que hago referencia en los artículos “Exceptuando todas las demás” (I) y (II). Y esta Unidad, y la manera de desarrollarla constituye un principal tan inconmensurable que para sí ya quisieran tenerlo aquéllos que sólo las riquezas tienen.

Fin de la cita.

Sólo si somos capaces de ponernos de acuerdo de que sólo a través del acuerdo nos habrá de ser dable desarrollar lo que deseamos ser, podremos alcanzar los objetivos que, más allá de subjetivismos personales todos deseamos. Y es por ello por lo que, tratando de expresar lo que de una manera plástica intentamos lograr, la única manera de superar las disfunciones que se generan en la distribución de las riquezas, es (volviendo a repetir lo que manifesté en otro lugar), asumiendo y estando dispuestos a afrontar la conformación y la existencia de un modelo en el que el empresario y el obrero sean la misma persona. Para lo cual tenemos que conquistar los recursos con los que adquirir los medios de producción que nos permitan conformar un modelo económico en el que la "utilización del ser humano" haya sido excluida. En este contexto vuelvo a insertar un par de párrafos de la obra anteriormente mencionada; unos párrafos en los que habiendo sido descartado que esta conquista no podría ser alcanzada con la acumulación de las dejaciones que pudiéramos hacer a través de un tiempo de trabajo marginal, tenemos que alcanzarla por medio de un sacrificio en el consumo. Dice lo siguiente:

"Pero es que además, si en el sector productivo, los empresarios estuvieran dispuestos a permitir esos minutos de trabajo adicional, como consecuencia de una sobreproducción que no encontraría demanda, su más lógica contramedida sería la de reducir el número de sus empleados. Lo que pudieran suplementariamente percibir los más afortunados, determinaría las posibilidades laborales de otros. Se tendrían que producir enfrentamientos entre los miembros de la clase trabajadora. Y éste no podría ser el mejor caldo de cultivo en el que labrar la colaboración que precisáramos."

"Con respecto a la segunda de aquellas dos alternativas; es decir, la relativa a la dejación en el consumo, hemos de señalar que siendo nuestra potestad la de invertir el producto de nuestro trabajo en aquellas opciones que más se acomoden a nuestros necesidades, lo que no podemos aceptar es que el Capital se inmiscuya en qué tipo de consumo tendremos que llevar a cabo. Y esto en función de que en una economía de libre mercado, los capitalistas no sólo no se encuentran constreñidos por esta imposición, sino porque además, no devuelven al mercado la totalidad de los beneficios obtenidos con la plusvalía. Ya que una parte importante de los mismos sigue continuando en su poder como consecuencia de haber obtenido con ellos bienes de producción o de naturaleza permanente. En este contexto y como consecuencia de nuestra disposición a hacer uso de los bienes que hubiéramos llegado a desistir en la adquisición de aquellos medios que pudieran liberarnos, se habría de producir una reestructuración de la producción; pero esta reestructuración, a diferencia de la que hemos contemplado con anterioridad, sí sería practicable. Habría que efectuar una reconversión que en el caso que ahora nos ocupa, contaría con suficientes argumentos para que pudiera llegar a producirse."

Fin de la cita.

Con lo cual se posibilitaría una financiación con la que adquirir los bienes con los que los nuevos miembros de este nuevo modelo económico pudieran ejercer sus funciones como trabajadores y a la vez como empresarios. Algo que según se explicita en la mencionada obra sólo se puede conseguir a través de la acumulación de un ahorro en el consumo que los trabajadores aún no liberados del modelo de economía de mercado puedan proporcionar. Constituye un proyecto en el que los trabajadores estarían forjando de una manera colectiva los mismos objetivos que los que individualizadamente lograron convertires en empresarios. Y esto podemos conseguirlo sin recurrir a un Mayo del 68; que como muchas otras rebeliones fueron desmanteladas por el ejercicio de unas fuerzas que nosotros mismos hemos dejado al libre albedrío de quienes con nuestro voto interpretan el significado de aquel Derecho Positivo. A mi entender podemos superar las aberraciones que están ocurriendo en esta sociedad (tanto económicas como morales e identitarias), sin asonadas; utilizando un atributo que generalmente no empleamos. El único rasgo que nos hace entender que lo que haya de ser ha de ser hecho; y que esto tenemos que hacerlo nosotros.

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El Proyecto

El ProyectoPostado por degregorio mié, julio 05, 2017 10:45:36
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EL PROYECTO (l)

Después de haber publicado y no haber podido distribuir la obra ¿Es posible otra economía de mercado?...; después de haber tratado a través de numerosos artículos darla a conocer en función de referencias que mencionadas en la misma contrastaban con las perversidades que concurren en el capitalismo...; y después de haber constatado que ni con lo expuesto en las crónicas difundidas en periódicos digitales, ni con los contactos que a nivel personal he mantenido con economistas que íntimamente se consideraban progresistas, haya conseguido que lo que expongo en la mencionada obra pueda ser considerado como objeto de debate, con esta serie que ahora inicio quiero ver si acentuando los contrastes que hasta ahora he venido utilizado y removiendo las consciencias de los que están demasiado ocupados, consigo emplearlos en un proyecto que a buen seguro va mucho más allá de lo que con la privativa dedicación que le adscriben a los suyos, a aquél le están negando. No estoy pidiendo mucho. Solicito tan solo someterlo a debate. No me conformo con aquello de que, como "No hay alternativa", lo que pueda alterar el normal desarrollo de lo anormal sea considerado como una utopía; una utopía, que rememorando aquella frase de Oscar Wilde, decía que un mapa en la que no figure ésta es un mapa que no merece ni siquiera ser mirado. Como le dije a uno de estos economistas, Colón les demostró a los doctos de su época, que el huevo se podía mantener verticalmente fragmentando tan solo aquella parte de éste que impedía que pudiera permanecer en pié y estable. Y lo más curioso fue que ni siquiera con este argumento pretendió entablar un debate. A pesar de ser tremendamente crítico con este modelo mal llamado de economía de libre mercado, su cátedra no le permitió cuestionar lo que a tenor de lo que ésta representaba constituía una heterodoxia.

Es cierto que para cascar el huevo sin que éste se destroce es necesario ser muy cuidadosos. Que hasta ahora, todo lo que consiguieron los que trataron de ponerlo en pié, fue convertirlo en algo que ni siquiera era, con todas sus imperfecciones, lo que fue. Ni lo consiguieron con la Revolución Francesa ni con la toma del Palacio de Invierno. Pero esto, siendo un tema de indudable relevancia, por trascender a lo que en el inicio de esta serie intento pergeñar, considero que es necesario dejarlo en el arcén. para ser analizado más adelante. Por el momento, lo más importante es dar a conocer el objetivo que a mi entender hemos de perseguir, para evitar los desencuentros que siempre nos han llevado a un desenlace en el que lo único que conseguimos fue la aparición de unas caras nuevas que al poco tiempo se convirtieron en unas cara viejas. Y para ello (aunque sé que al hacerlo, tanto el capitalismo como los medios de desinformación que subsisten debido a su tutela, van a hacer uso de mil argucias con las que desacreditarme), nada mejor que, para andar con paso firme, sacar a colación aquel dictamen en el que se decía que la plusvalía es aquella parte de la fuerza del trabajo que en la conformación de los bienes y servicios creados no había sido pagada. Un informe al que ya David Ricardo se refirió, pero que fue Marx el que fundamentó.

Una vez dicho esto, antes de continuar con el desarrollo del objetivo anteriormente mencionado, considero necesario abrir un pequeño paréntesis con el que desmontar algunas de las alegaciones con las que las Derechas tratan de impugnar la validez que Marx le adscribió a este dictamen. Con ello me refiero, entre otras cosas, a aquellas opiniones en las que se argumenta, que si la plusvalía sólo puede provenir de la creación de unos bienes y servicios por los cuales las fuerzas del trabajo no han sido pagadas ¿qué es lo que ocurre con esta creación si en su consecución no ha participado una mano de obra asalariada? Y en este contexto ¿cómo se puede entender, que en contraposición a lo que los Sraffians sostienen, sea el trabajo la única fuente de plusvalías,? ¿No es cierto que con los avances tecnológicos que actualmente utilizamos, estamos creando unos bienes que por su valor de cambio y la no participación de una trabajo asalariado hemos desvirtuado la vigencia e incluso la validez que impenitentemente pretendemos otorgarle a la plusvalía?

Con respecto a este argumento es preciso decir, que teniendo en cuenta que el valor de compra es el resultado de todos los factores que intervienen en la producción, mas la incorporación del beneficio, de no existir un trabajo asalariado al que no se le hubiera pagado el valor añadido que se le hubiera incorporado a lo creado, el valor de compra que el producto y los servicios hubieran adquirido estaría representando una valoración, que al comercializarse con aquellas entidades que estuvieran produciendo otros bienes y servicios, habría que imputarles la calificación de trueque; un intercambio donde tan solo se estaría mercadeando valores de compra. Y es que al haberse abonado exclusivamente el trabajo muerto invertido en su consecución, los rendimientos obtenidos por unas empresas serían las pérdidas que sufrieran otras. Ni siquiera con la participación de un trabajo implícito se podría conseguir un beneficio. Con una producción llevada a cabo por empresarios o unidades individualizadas en un proceso de esta naturaleza se estarían incrementando las riquezas; pero de no concurrir un incremento de la masa dineraria que hubiera de representar a esta producción, en la economía se produciría una reacción deflacionaria, originada por la enorme devaluación con la que esas riquezas se abrían de ofertar en el mercado. Y la única manera de superar esta vicisitud sería la de que la Administración adquiriera esa producción marginal de productos y servicios por medio de la creación de unos medios de cambio que se destinaran a subvenir las necesidades de los que no tuvieran un trabajo. Una adquisición que aunque habría servido para representar monetariamente el valor de esa producción marginal, y consecuentemente moderado la deflación que en su ausencia se hubiera producido, se habría llevado a cabo intercambiando ese producto por lo que no sería más que una promesa de pago. Una vicisitud que al ser algo inevitable obligaría a las empresas a emplear una mano de obra asalariada, que al no obtener el total del valor de cambio de lo que se haya creado, permite la continuidad de un proceso económico en el que el valor de cambio de lo producido sea la representación de la demanda efectuada por la clase trabajadora y el empresariado, así como la de los beneficios que se hubieran de emplear en ahorro e inversión. Y este es un algo que a nivel microeconómico los empresarios no han llegado a asimilar; que con la fórmula de minimizar los costes a través de la reducción del trabajo vivo, las empresas podrán incrementar su patrimonio depredando unas sobre otras; pero que el beneficio, como factor universal que permita que todas ellas acrecienten sus riquezas sólo les es dable conseguirlo a través de la parte no abonada a las fuerzas del trabajo. Es por ello por lo que disiento del argumento empleado por Marx a tenor de lo que él denominó como prueba negativa con la que justificar la no necesidad de tener que demostrar la existencia de la plusvalía. Y es que según él, el uso, aunque sea parcial de las maquinas, al ser éstas una acumulación de lo representado por las fuerzas del trabajo están formando parte de la mencionada plusvalía. Y vuelvo a disentir porque en contraposición con su argumentación como prueba positiva de que con la utilización de las maquinas se transferiría a lo producido un valor añadido que iría en detrimento de la depreciación que éstas sufrieran, no se justifica la rentabilidad que microeconómicamente el empresario obtiene con su utilización. De hecho, estas máquinas y todo lo representado por la tecnología utilizada en la moderna producción, son partes inequívocas de lo que el sector de los medios de producción se ha anexionado. Como lo son todas las demás detracciones que el capital le ha arrancado a las fuerzas del trabajo.

En concordancia con lo expuesto y con independencia de unos argumentos que como éstos, humildemente considero ni tuvieron la misma relevancia que el resto de sus análisis, ni por supuesto invalidan los que le llevaron a mostrarnos la existencia de la plusvalía, los economistas enganchados en la noria han utilizado otras argumentaciones con las que cuestionar la validez que Marx le adscribió a ésta. Entre ellas encontramos la de que el capitalismo se reproduce a sí mismo como una consecuencia natural del proceso productivo; una argumento que sólo podemos catalogarlo como cierto si asumimos como válido que fagocita en uno de los componentes que participa en esta reproducción. En su reproducción tiene lugar el establecimiento de una valoración contractual representada por unos salarios con los que es imposible adquirir lo que como valor de compra ha sido creado. Por lo que como axioma, nos es dable establecer, que en el ámbito de la producción y la distribución de los productos y servicios, se genera una dicotomía entre lo que como vivencia experimentan los que dependen de un salario y los que como empresarios llevan a cabo una exacción, con la que no solo cubren su consumo, sino que adicionalmente están forjando una acumulación, que es la que determina la naturaleza de su reproducción.

Es cierto que una igualdad total es incompatible con las disimilitudes que de una forma natural determinan a los individuos; como asimismo es cierto que sin la existencia de un beneficio estaríamos imposibilitando tanto la materialización de una labor, como el emprendimiento y el riesgo que en sí mismo conlleva cualquier actividad económica. Pero lo que tampoco es menos cierto se encuentra en que con la acumulación del beneficio se posibilitan una serie de condicionamientos que determinan la forma de desarrollarse que de forma natural caracterizan a esos individuos. Lo cual nos posa un tremendo problema. Porque por una parte tenemos que asumir la procedencia del beneficio, y por otra, la de que si sancionamos como válido que el beneficio tan solo nos es dable alcanzarlo a través de la plusvalía estamos condenados a tener que aceptar el continuado expolio que se perpetra con la misma. Y sin embargo, en este drama ha intervenido un actor, que con su comportamiento la convierte en un sainete; una pieza dramático-burlesca que podría ser contemplada como un desenlace aceptable.

Con ello me refiero a la concurrencia en esta tragedia de una forma de obtener el beneficio por medio de un trabajo implícito llevado a cabo a través de la conformación de una colectividad. un beneficio que como plusvalía, constituyendo el incentivo que es preciso adscribirle a toda actividad económica, estaría directamente relacionado con el valor de compra que en la conformación de sus actividades estuvieran ejerciendo el resto de colectividades.

Es cierto que en función de este proceso, y de no concurrir en este sainete otro actor regulador, sólo habríamos conseguido que la acumulación practicada por los empresarios la materializaran las colectividades. Pero este "sólo" nos coloca en una posición desde la que ese "qué hacer" de Lenin que ninguno encuentra la manera de poder llevarlo a cabo nos permite la adopción de una serie de medidas que por sus connotaciones que son precisas aplicar en la puesta en pié del huevo, hacen que las relaciones entre esas colectividades no tengan que estar enfrentadas como consecuencia de una producción una distribución antisocial.

A mi entender, ese "que hacer" tan solo se pueden materializar haciendo uso de una metodología que sin incidir en el derecho individual que como parte del derecho colectivo debe asistir a todo ser humano, condicione unas relaciones económicas que, como substrato de una relación intersocial, establezca el decurso que en todo momento la sociedad considere como más idóneo; cuando entendamos que una propiedad, que como posesión no nos puede trascender, nos está excluyendo de esa identificación que como ser social podríamos compartir en su sabia utilización con aquéllos con los que debiéramos identificarnos. La propiedad nos convierte en un ser que por no ser es un producto de su incapacidad para llegar a serlo. Con la propiedad se establece un permanente enfrentamiento entre los que la ostentan y los que (más allá de las regulaciones sociales con las que a través del Derecho Positivo se pretenden defender los derechos), y los que no pudiendo disfrutar de ella no disponen ni siquiera del derecho de que ese mismo Derecho Positivo regule y garantice lo que sea de ellos.

No creo que subjetivamente vayamos a asumir a bote pronto la representatividad de esta realidad. Y mucho menos esperar que los poseedores lo vayan a entender. Tan solo aguardo a que ante la falta de salida que en su desarrollo sigue el capitalismo, se generen convicciones que sin agredir a esa posesionalidad que ha venido amparando el derecho Positivo nos permitan transformar poco a poco las relaciones entre la producción y la distribución. Y como fundamento en el que apoyar lo que como proyecto pretendo seguir desarrollando, voy a sacar por primera vez a colación unos pasajes de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

"Si los animales no pueden valorar es porque forman parte de las cosas; porque son incapaces de valorarla de una forma consciente; porque al no advertir la existencia de los vínculos que los están condicionando, difícilmente pueden sentir la necesidad de asumirlos o impugnarlos."

"Pero es que si nosotros -independientemente de la potencialidad instintiva que podemos sentir hacia lo que nos puede proporcionar placer o la satisfacción de una necesidad biológica-, con nuestra capacidad de reflexión podemos ver las cosas como algo diferente de nosotros mismos, al tomarles medida y valorarlas, estamos intentando incorporar a nuestro propio ser algo que no es incorporable. Es decir, cuando los hombres evaluamos una cosa, en nuestra reflexión, “extrañamos” lo externo y (en función de nuestras dependencias instintivas), pretendemos resolverlo considerándolo como algo fusionable."

"Entiendo que la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva. A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.

Fin de la cita



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Manifiesto Deuda Pública

Manifiesto Deuda PúblicaPostado por degregorio vie, junio 02, 2017 12:49:04


...................... 2915 + 2 El año del cambio ....................

He estado leyendo últimamente un artículo de Enric Duran en el que se relataba el proceso que a lo largo de la historia se ha venido desarrollando con respecto a la deuda. De cómo, desde tiempos inmemoriales se tuvieron que cancelar las deudas, porque de mantenerlas, al detraer del proceso productivo a aquéllos que hubieran perdido los medios con los que materializarlo se estaba impidiendo la evolución de las economías, y abundando en un tema que como éste concita una serie de secuelas que nos muestran las contradicciones que concurren en el capitalismo, voy a sacar a colación una serie de pasajes que figuran en la segunda parte de una obra cuya primera parte fue publicada con el título ¿Es posible otra economía de mercado? y que por circunstancias que son dable asumir, no pudo ser distribuida. En ellos se dice lo siguiente:

7.20.1.4.2. La segunda es la que se refiere a la necesidad de tener que retribuir a un factor de producción, que como cualquier otro, ha de ser remunerado.

No vamos a entrar en la manida impugnación de que tendremos que trabajar para retribuir lo que exclusivamente habría sido una aportación de capitales. Un evento que aunque indudablemente entraña la forma de obtener un beneficio del esfuerzo que nosotros pudiéramos haber realizado, no por ello nos es dable alegremente recusarlo. Y no nos es factible, porque con independencia de las formas con las que sus poseedores los hayan obtenido, económicamente tenemos que pagar un precio por aquello que no perteneciéndonos, nos habría de servir para alcanzar nuestros designios. Cuando hayamos conseguido medios suficientes para no tener que requerir los de otros, habremos superado esas connotaciones con las que se ha pretendido remover nuestra conciencia ante una actividad que podemos calificar con bastante propiedad como de explotación.

Una vez dicho esto y en función de que lo que es es consecuencia de una obligada asunción, a tenor de la naturaleza de una obligación de la que hemos de manumitirnos, someto a vuestra consideración llevar a cabo un análisis de algunos de los factores que concurren en una economía en la que la deuda es una muestra más de sus consustanciales disfunciones.

El origen de la Deuda dimana de la existencia de la acumulación. La Deuda, (conjuntamente con los intereses que de la misma se derivan), conforma un constructo que a tenor de las demandas de aquello en lo que se origina, necesita estar constantemente retroalimentándose. Los acreedores necesitan seguir acumulando. Como Sísifo, aquella figura retórica que estaba condenada a hacer rodar una piedra cuesta arriba viendo cómo, al escapar indefectiblemente ésta cuesta abajo tenía que volver a remontarla, el poseedor de las riquezas no es más que un poseído por las mismas. Es por ello por lo que el problema no radica en que las deudas sean saldadas. La cuestión está en que como es una fuente de rentas en la que los acreedores no se tienen que implicar en un proceso que como el productivo se encuentra sometido por las posibles circunstancias adversas que tienen lugar en el desarrollo de la economía, no les interesa su cancelación. Sus preferencias se encuentran en seguir detrayendo unos intereses de un proceso que conocemos como capitalismo. La deuda, con independencia de que ésta sea pública o privada, constituye una obligatoriedad que (especialmente en el caso de la pública), nos es dable poner en tela de juicio, ya que en su mayor parte, con su pago tan solo se cancelan apuntes bancarios. No podemos dejar de observar que en caso de impago, las riquezas de la comunidad no se ven disminuidas. Lo que con ella se pretende (a través de una financiarización que la refuerza de una manera exponencial), es apoderarse del producto que en la sociedad se haya podido generar. El acreedor, después de haber acumulado unas ingentes sumas de beneficios que dimanantes de las plusvalías han posibilitado la existencia de las acumulaciones, con la utilización de éstas ha consolidado una estructura con la que se obliga al endeudado a tener que seguir abonando en intereses por el uso de un producto que se consiguió en función de no haberse abonado la diferencia entre el valor contractual y el valor de cambio; es decir, el pago abonado como salario por el producto elaborado y el valor que por este producto o servicio hay que pagar en el mercado.

Pero es que además, como lo que se demanda como rentas es algo que no existe y que por tanto hay que crear, se genera la obligatoriedad de inyectar en la economía unos medios de cambio que el acreedor, como receptor de dichas rentas va acumulando a las riquezas que ya anteriormente había detraído. No sólo se apodera de una parte substancial de los rendimientos que se hayan producido; en el caso de la Deuda Pública hipotecan el presente y el futuro de una sociedad que no ha tenido voz ni voto en que esta deuda se haya conformado. Y aquí es donde tenemos que examinar las causas por las que el capital se inclina por obtener sus rentas a través de unas acreditaciones que son expresión de lo que es la deuda; un examen que nos lleva a que la razón de esta preferencia se encuentra en el descenso que incontinentemente se produce en lo que se refiere a la tasa de ganancia que el capital trata de obtener con sus inversiones; una disminución de los beneficios que aunque en términos absolutos no solo no se ha reducido, sino que como vemos por los alcanzados por un sinnúmero de corporaciones se ha incrementado de una forma significativa, en términos relativos sí ha venido disminuyendo progresivamente. Lo cual obliga a que para superar esta minoración, las empresas recurran a incrementar su productividad a través de la utilización de nuevas tecnologías. Lo que ocurre es que en esta busca se generan dos circunstancias en extremo significativas.

La primera es la que con la utilización de esta tecnología necesariamente se han de reducir unas ofertas de trabajo que a su vez conllevan como resultado que este incremento de la tasa de ganancia ya no dimana de la extracción de plusvalías absolutas, sino tan solo de la utilización de mayores inversiones. Y esta mayor utilización representa que como su consecución va a estar exclusivamente relacionada con la utilización de capitales, a tenor de que esta política va a ser llevada a cabo por el resto de empresas, entre otras cosas, a lo que puede conducir es a que lo que puedan ganar unas estará determinando lo que pierdan otras. Podrán desencadenarse otros desenlaces, pero éstos, por no estar relacionados con el problema de la deuda, a pesar de su importancia hemos de posponerlos para más adelante.

La segunda es la que se refiere a lo que más allá de lo que contempla el diccionario definimos como beneficio.

A mi entender el beneficio se produce cuando concurre una detracción de algo que ha sido creado y por lo cual no se ha pagado. Cuando esta detracción se lleva a cabo sobre algo que ya se consideraba como existente, lo que tiene lugar es desposesión; una apropiación que sólo conlleva una transposición de bienes. El beneficio se produce a través de una creación en la que ha concurrido una plusvalía.

Si asumimos que como resultado de unas inagotables inversiones se hubiera suprimido la necesidad de hacer uso de una mano de obra asalariada, las empresas podrían incrementar sus inventarios (al igual que acaecería en el supuesto de que este incremento hubiera dimanado del trabajo implícito aplicado por los empresarios), pero al haberse abonado por todos los conceptos los egresos implicados en esta creación (incluyendo los esfuerzos relacionados con aquel trabajo implícito), lo conseguido no podría catalogarse como un beneficio. Y es que si homologándolo con lo que representa el concepto plusvalía, éste lo asumimos como aquella parte no abonada por lo que se ha creado, al no concurrir una salario ni en la inversión de capitales ni en el trabajo implícito, difícilmente podremos imputarle un beneficio al incremento que por otros factores hayan experimentado las empresas.

Los rendimientos que se obtienen a través de los endeudamientos, al igual que acaece con la plusvalía y a semejanza de lo que ocurre cuando se utiliza a los demás, podemos catalogarlo como beneficios; ganancias, como expresión de unos aprovechamientos en su acepción más peyorativa. Lo que ocurre, y aquí hemos de detenernos un momento para diferenciar un endeudamiento que como en el relacionado con la Deuda Privada se han asumido sus ventajas y sus riesgos (y a este respecto hay que tener en cuenta, como leí cierta vez en un artículo, que las deudas comerciales, por ser deudas en plata, no se cancelaban, pero que sí se hacía con las deudas en cebada para que las personas pudieran sobrevivir) y el de una Deuda Pública que ante nuestra propensión a considerar de una manera espuria que todo lo público nos pertenece, no llegamos a entender que esta pertenencia (como explicita claramente este “nos”), tiene que ser algo colectivo. En este contexto, preguntándonos sobre la naturaleza del producto y las ventajas que con el endeudamiento público hemos conseguido, tenemos que inquirirnos sobre cómo en el ámbito de las obligaciones podemos dejar en manos de esta pandilla que dice gobernarnos el tener que abonar anualmente en intereses 35.000M de euros. Un pago que, a diferencia de lo que ocurre con la Deuda Privada, en función de la existencia de un caballo que es extraño al ojo del amo, lo creado y las servidumbres han de ser puestas en tela de juicio.

La segunda, aún siendo menos compleja no por ello es menos insidiosa. Se trata de que si como consecuencia del proceso que hemos venido explicitando el capital entendiera que a través de inversiones y el trabajo de los empresarios podría obtener los rendimientos que precisara para su autoconsumo, a menos que gestara en su caletre la desaparición de la mayor parte de la humanidad (supuesto que en multitud de ocasiones le ha estado incentivando, como queda demostrado a tenor de su tendencia a la promoción de guerras y de hambrunas), ¿cómo podría obtener los rendimientos que le pudieran permitir subvencionar a la totalidad de la mano de obra que se hubiera librado de esta propensión? ¿Detrayéndolos de los que alcanzara a través de la utilización de las tecnologías que le permitieran prescindir de una mano de obra cesante? ¿No entiende que si lograra eliminar a los que tuvieran que ser subvenidos (como suele proceder con la elaboración de unas manipulaciones de la opinión pública que generan conflictos armados; orquestadas pandemias al servicio de las multinacionales farmacéuticas o, como norma generalizada la inmiseración de la población más desvalida), en el supuesto de que quedar como superviviente y adjudicatario de todo lo existente, sus miembros tendrían que seguir fagocitándose a sí mismo hasta que no quedando ningún adversario el vencedor hubiera logrado culminar el ciclo de sus contradicciones?

En función de la estructura de un modelo que para escapar de sí mismo necesita ir dando saltos, nosotros, como componentes de una estructura que por ser social se encuentra por encima de lo que haya de ser la económica, nos estamos viendo sometidos por una infame legislación laboral (y esto habría que recriminárselo a los que con su voto, ignorante, temeroso y en el peor de los casos colaboracionista coadyuvan a su mantenimiento), que al igual que ocurrió con lo promovido con la producción en cadena le permite incrementar la productividad a través de una devaluación interna; un acrecentamiento que como inicio de lo que supuestamente tendría que haber sido un nuevo ciclo está lastrado por la reaparición en la escena del crimen de un desarrollo inflacionario que es la secuela de la incipiente reactivación económica que ha propiciado la política laboral y fiscal de este gobierno; una aparente mejora que permitiendo a esa parte de la sociedad que se ha constituido como única beneficiaria, ha contribuido al incremento de unas diferencias entre sus ciudadanos que en una sociedad a la que consideran de modelo en Europa es una muestra más de las innatas desvergüenzas de quienes las pronuncian. El resultado de una política económica que nos lleva a las diferencias que estamos sufriendo, forzosamente ha de conducir a la existencia de un nuevo tipo de ciclo; un ciclo en el que al pretenderse superar con el sobreendeudamiento la disminuida tasa de ganancia relativa de las inversiones en el proceso productivo ha incrementado de una manera exponencial lo que en el ciclo clásico representó aquella pate que no pudo ser consumida debido a la diferencia entre el valor contractual y el valor de cambio. Estamos viendo que debido a esta variante, la trayectoria desde la cima del ciclo ya no conlleva al llegar a su valle la obligada recuperación de un proceso que por las circunstancias que concurren en su estado no encuentra fundamentos con los que reiniciarse. Con la proliferación de los endeudamientos que como novísima salida ha buscado el capital para superar la caída de la convencional tasa de ganancia hemos llegado a un punto en el que la recuperación ya no está determinada por una menor conflictividad laboral, y una producción estancada en inventarios. Ahora, como consecuencia de las rentas no ganadas que hay que abonar a los rentistas, la Deuda determina lo que ha de ser del ciclo. Ya la cresta no estará siendo representada por una economía en la que el incremento de la producción esté relativamente relacionado con la destrucción que conlleva el consumo. Ya está representando una economía en la que lo producido permanecerá como bienes contables. Hay más riquezas, pero estos bienes tienen nombre. Incrementan lo que ha de ser el PIB; pero esta acrecencia (en el peor significado que se le pueda conferir al término), constituye un incremento que ha sido aquistado a través de una drástica reducción en el consumo. Con independencia de que aquéllos que, debido a su posición en el proceso, no se vean afectados por ésta. En este contexto, asumiendo el incremento de estos bienes contables, el austericidio que dimana de la existencia de una Deuda Pública sólo sirve para aumentar las acumulaciones de los acreedores. Conlleva que a través de la política económica con la que el capital pretende superar sus contradicciones, lo que se tiene que abonar a los acreedores para incrementar la tasa de ganancia tiene que estar acompañado por una contracción del gasto.

Cuando una economía no funciona y sus insuficiencias se resuelven con una flexibilización cuantitativa que sólo sirve para, incrementando los beneficios de la banca, endeudar cada vez más a los estados y enmascarar de manera temporal los problemas que ella misma ha generado, lo único que se consigue es permitir la continuidad de unas actividades que al no estar dirigidas al proceso productivo han de tender a la especulación. Puede haber ocurrido una reactivación, pero ésta lleva en sí misma la semilla de su destrucción.

El capitalismo no puede encontrar una salida porque éstas siempre han de estar fundamentadas en la depredación de los más débiles y consecuentemente en el establecimiento de unas diferencias que son el origen de que, a semejanza de la impotencia a la que Sísifo fue condenado, infructuosa y permanentemente está condenado a seguir buscándola.

Es cierto que si tenemos obligatoriamente que asumir la vigencia de este modelo de economía de mercado tenemos que admitir sus resultados. Es algo similar a lo que acaeció con el huevo que Colón, impugnando los fundamentos que lo condicionaban a un equilibrio inestable, demostró que este equilibrio se podía alcanzar haciendo que su estabilidad se trasladara a un punto más bajo. Entre las soluciones que se han estado promoviendo se encuentran el establecimiento de una Renta Básica universal, la del Trabajo Garantizado, la de las subvenciones, la de una Teoría Monetaria Moderna xon la que se trata de solventar el problema del paro en función de un déficit presupuestario financiado por un Estado que había hecho dejación de ejercer como prestamista de última instancia, renunciado a la potestad de fijar el tipo de cambio y cedida su capacidad para fijar la tasa de interés de referencia. Sin olvidar por supuesto las que como solución entrañaban

la caridad, la fe y la esperanza. Pero con ninguna de ellas se agarra el problema por los huevos. Con lo cual, a tenor del proceso que sigue el capital lo único que se ha conseguido ha sido perpetuar una economía basada en la extracción de rentas que al no estar fundamentarlas en algo real (no podemos olvidar que en un modelo en el que lo conseguido no sea el producto de una creación, éste no puede ser más que una trasposición de bienes), obligatoriamente tiene que materializarse a través de un empobrecimiento tanto de los que como asalariados ven como a lo largo de los últimos cuarenta años han mermado sus salarios; de los que como jubilados dependen de lo que ha sido bautizado como "estabilización"; de los que no habiendo nunca encontrado un trabajo al menos se han ahorrado esta contrariedad, y de los que por su edad, encontrándose fuera del ciclo productivo ven como se reducen las prestaciones de una Sanidad y una Educación en función de los intereses no ganados que dimanan de la Deuda Pública.

Como una derivada de todo lo que ha sido expuesto hemos de hacernos las siguientes preguntas: ¿La situación a la que hemos llegado ha sido debida a que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, o es que las posibilidades en las que hemos vivido han sido las que el capitalismo generó en su búsqueda de una tasa de ganancia? ¿Y si éste consiguió incrementar sus beneficios a través de una salida que como tantas otras le resultó fallida, cómo es que este fracaso lo tenemos que sufrir los que fuimos utilizados como instrumentos con los que materializarla? ¿Cómo es posible que una Europa que no fue raptada, sino que voluntaria e ideológicamente yació en la cama de personajes como Hitler, Mussolini, Petain, Franco o Salazar se haya vuelto a amancebar de las manos de un tal Jean Claude, de un Dijsssemblöm, de una tal Merkel, de un Schäuble (entre una miríada de servidores del prostíbulo, como un Hollande y un Rajoy), cuando reconociendo las desgracias que sufrió, presuntamente pretendió regenerarse como una chica honesta? ¿Nos es dable entender que esta caterva que no va más allá de sus nacionalismos va reconstruir lo que nos separó? Porque haciendo uso exclusivamente de la Sexta Sinfonía tan solo nos están mostrando no ser más que una charanga que ni saben ni pueden hacer otra cosa que interpretar cacofónicamente La Patética.

¿Hasta cuándo tendremos que seguir pagándoles rentas a unos países que debido a que sus empresarios (a diferencia de la desvergüenza y el cortoplacismo que caracterizó a un tal Díaz Ferrán ; o al que en lugar de una abeja debería haber utilizado como emblema - con todas las connotaciones sociales y religiosas que el término conlleva -, una mantis religiosa), han conseguido un superávit comercial que a tenor del encorsetamiento de una moneda única está hundiendo Europa? Porque cuando llevando a cabo la política de empobrecer al vecino se consiguen unas acumulaciones que permiten vivir de la rentas que dimanan de las deudas poco podemos espera para reconstruir lo que nos separó. Cuando para enjugara un déficit hay que materializarlo a través de una canallesca legislación laboral que tiene que estar acompañada por una relajación fiscal, lo que marginalmente estemos produciendo y no cobrando sólo servirá para que aquella chica permanentemente crezca y se reproduzca en la cama que de siempre estuvo calentando. El lecho de los poderosos. Porque más allá de las diferencias existentes entre aquéllos y éstos, lo primero que se ha dejado de hacer ha sido impedir que haya disparidades que en el pasado surgieron del establecimiento de las lenguas; que estas diferencias se han seguido reafirmando a través de la trompeta y el tambor; sin entender que todas ellas, lenguas, trompetas, pabellones y lábaros, tenían por denominador común el objetivo que como poder confieren las riquezas. Esto es lo que hogaño impera en Europa y lo que desde siempre diseñó lo que hubiera de ser la convivencia.

Existen dos razones que determinan la existencia de la Deuda Pública. La primera, la falta de responsabilidad con la que los que dicen estar representándonos encubren sus incompetencias recurriendo a lo que no han sabido crear; la segunda, las coacciones de todo tipo que como consecuencia de la propia existencia de las acumulaciones se implementa sobre los deudores. Para hacerle frente a la primera hemos de establecer un modelo político en el que lo que haya de ser el presente y el futuro del pueblo lo determine el propio pueblo. En cuanto a la segunda, en nombre de este empoderamiento, forzar una moratoria que respetando las deudas que nos han impuesto los que supuestamente habrían tenido que ser nuestros gestores, exenta de intereses, en un tiempo futuro cancel lo que en el transcurso del tiempo pasado nos impuso el Capital. ¿O es que no es legítimo defenderse cuando la irresponsable deuda pública en la que los corruptos gobiernos de Grecia incurrieron fue transferida de los acreedores a la tutela de sus propios gobiernos, para que éstos, como demandantes ejercieran de manera vergonzosa su poder sobre los que como pueblo no habían sido partícipes en su conformación? ¿Dónde se encuentran ahora los Karammanlis, los Papandreus y los coroneles que como defensores de la patria y sobre todo de sus propios intereses endeudaron a Grecia con armas que ni entonces ni ahora la defienden?¿O lo que ha ocurrido en España cuando sus gobiernos han rescatado a la banca para asegurar el pago a unos acreedores que prestaron sin responsabilizarse de sus consecuencias? ¿O cuando a través de coacciones los acreedores incluso han llegado a obligar a estos dos partidos que han estado "gobernándonos" (y que no han sido tan extraños el uno del otro como se demuestra por sus trayectorias), a aceptar la imposición que se recoge en el amañado artículo 135 de la Constitución?

Esta ha sido la impotencia que se ha generado en Europa con este pervertido tratado de unión. Cuando esta unión tan sólo ha consistido en la creación de una moneda suministrada por un Banco Central, que como valor de unidad y de cambio está midiendo unos productos y servicios que en su producción y en su distribución entre los diferentes Estados conllevan valoraciones diferentes ¿ante una recesión o deflación, o un aumento del paro, con qué medidas que no sea una legislación laboral regresiva cuentan los gobiernos para sortear los desequilibrios que entre sus miembros se están produciendo? (una legislación que accesoriamente incide sobre la tasa de ganancia que incidentalmente obtiene el capital).

Llegados a este punto hemos de preguntarnos por qué es necesario hacernos las preguntas que anteriormente han sido formuladas. Y la respuesta, obviamente es porque hemos dejado que estas preguntas tengamos que hacérnoslas. Para evitarlo sólo tendríamos que haber observado las estructuras que han implementado los capitalistas para que nos encontremos en esta situación. Cómo a través del poder que sobre los demás se suele ejercer a través del dinero, incluso con una dación que supuestamente tendría que conllevar una independencia se está incrementando la supeditación. Y no voy a hacer uso del manido argumento según el cual con un endeudamiento comedido se pueden incrementar las riquezas y devolver tanto los intereses como lo prestado. Voy a hurgar en el hecho de que endeudando a través de los gobiernos a unas entidades que como los Estados, no solo se está endeudando al pueblo; por medio del poder que se despliega sobre sus gobernantes se establece una situación en la que éstos se convierten en lacayos de los que habiendo solicitado y aceptado unas acreditaciones tendrían que ser los responsables de este endeudamiento. En cómo las coacciones que dimanen de un estar o no estar, la economía pueda o no pueda seguir desenvolviéndose; en cómo el dinero, comprando a los medios, condiciona sus andanzas; en cómo, con su utilización se facilita la corrupción en los políticos, en la judicatura e incluso entre aquéllos que en función de una relajación de la moral, incidental o deliberadamente se han visto afectados; en cómo, con la desaparición de los valores, el pueblo, con independencia de ser objeto de la explotación que tienen lugar en el trabajo alienado, los anteriormente mencionados lo han convertido en el "pagano" de las tropelías que se han perpetrado.

Aprovechando su poder sobre todo lo que pueda ser comprado o coaccionado, al capital le basta con conformar una red y poner ésta a su servicio; una red aquistada a través de la colaboración connivente u obligada de aquéllos que tan solo políticamente detentan el poder; una trama que últimamente se ha completado como una UE, una entidad supranacional, que en la defensa de los capitalistas y sus formas obtener rentas sin necesidad de incurrir en problemas ha establecido un Banco Central que al proveer a la banca comercial convertida en financiera con fondos exentos de interés, facilita que el capitalismo que ésta representa pueda endeudar a los Estados; y unos Estados que por otra parte, con la conformación de un endeudamiento canallesco, además de contribuir a la ejecución de proyectos promovidos por intereses subjetivos, y por ende carentes de rentabilidad económica y social (verbi gratia, aeropuertos como el del abuelo; autopistas y tramos del Ave que no son utilizados; presupuestos militares que no se encuentran sometidos a ningún tipo de control; mantenimiento del lustre y esplendor de un sistema monárquico que más allá de aquello por lo que lo conocemos, en una sociedad del siglo XXl es una distopía; y sobre todo, el pago de unos intereses que por su cuantía - como podemos ver en el último gráfico de esta artículos -, suponen más de las dos terceras partes del nuevo endeudamiento). ¿Dónde radica la potestad con la que se ha investido la banca para creando dinero de la nada; es decir forjando algo que en realidad no existe, condicionar el desarrollo, el futuro y hasta las dependencias de aquellos países que habiendo contraído unas obligaciones, como contrapartida, en función de su naturaleza no podrían obligar? ¿Es racional; y además, es decente que a través del poder que ejerce el capital se pueda hacer uso de una materialización que como el dinero creado por la banca sólo tiene como contrapartida unos apuntes en el pasivo de sus balances? De todo lo cual hemos de deducir que más allá de la ilegalidad de un proceso que por su naturaleza ha de ser puesto en tela de juicio ¿tenemos que pagar unos intereses por unas transacciones que han sido implementadas en función de la potestad que a sí misma se ha conferido la banca? Unos intereses que en el caso de España representan desde el año 1998 un 64% de la actual deuda pública.

El capital ha logrado conformar una red con la que ha cerrado el círculo en el que está encerrada la Deuda Pública. Y lo ha cerrado porque eso era lo que el verdadero poder había buscado forzar. Establecer una compleja red con la que poner a su servicio las necesidades que el propio sistema había generado. Con el argumento de que la creación indiscriminada de medios de cambio a través de una entidad autóctona había repetidamente conllevado pavorosas depreciación de sus monedas, el capital concibió más positivo y al mismo tiempo más rentable, que la financiación que precisaran los Estado se materializara a través de un organismo "independiente" que proveyera a la banca privada con una financiación que al ser virtual, con la compra de deuda pública a un interés cercano al 7%, no sólo limitaría las veleidades expansivas de ciertos gobiernos; sino y sobre todo, con cargo a lo público obtendría pingües beneficios. Es la poca vergüenza que desde siempre han demostrado tanto el capital como sus mamporreros hacia los ciudadanos. De esta manera el capital asegura su tasa de ganancia y proporciona a aquéllos que por su ubicación en el gobierno del Estado asignan obras públicas, las mordidas y las posibilidades de estafar que últimamente han sido denominadas como operaciones extracontables. Y a su vez, el Estado financia unas redes con las que a través de la catequización mediática; una judicatura que está siendo puesta en entredicho y una represión legalizada que dimana de este cuestionamiento, adoctrinan al pueblo y controlan las disidencias. Todo esto ocurre sin que, como se ha pretendido justificar, se produzca una contención del endeudamiento del Estado. Y es que no solo es el capital el que selecciona, adereza y mete la cuchara en el puchero; son incontables los menestrales que se escancian del mismo. Lo que ocurre es que para volver a justificar lo injustificable, se alega que la situación que estamos viviendo se ha producido porque el pueblo (es decir, el que tiene que pagar la factura) ha vivido por encima de sus posibilidades. De todo lo cual tenemos que entender que ha sido preciso establecer unos Planes de Estabilización que sirvan para que esta impenitentemente consagrada prostituta satisfaga los orgasmos del Poder. De todo lo cual nos es dable asimismo colegir que, asumiendo aquello de que cada pueblo tiene el alcalde que se merece, lo que está ocurriendo en esta España de otros (y por extensión, en esta Europa de los mercaderes), no es más que el resultado del estado catatónico en el que se encuentra una parte significativa de la sociedad. Como queda fehacientemente demostrado por los resultados demoscópicos de un país, que como España, todavía no ha olvidado.





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Del dinero digital

Del dinero digitalPostado por degregorio vie, junio 02, 2017 12:07:21

................... 2015 + 1 El año del cambio ....................

El tema que hoy me ocupa ha sido tratado en numerosas ocasiones. Sin embargo, a mi entender, en ninguno de ellas se has esbozado las ominosas amenazas que su instauración habrá de conllevar: me refiero a la abolición del dinero en efectivo.

Todos sabemos las ventajas que concurren con la utilización del dinero digital al compararlas con las que acaecen cuando tenemos que hacer uso del dinero en metálico. Entre ellas se han citado el robo, la evasión y la elusión fiscal, el narcotráfico, el terrorismo, la trata de blancas, la prostitución, el mercado negro y la economía sumergida. Lo que no conocemos con la misma suficiencia son las consecuencias a las que nos veremos abocados por el uso de un dinero digital que no teniendo una representatividad fáctica, se encontrará bajo la potestad de una entidad sobre la que no podremos ejercer un control.

Todos sabemos que este modelo económico que fue denominado como capitalismo constituye un fracaso; que para persistir ha tenido que ir utilizando una serie de pautas que evitaran su merecida desaparición; desde la extracción de plusvalías absolutas a la financiarización, pasando por las encarnadas en el taylorismo; la mecanización y una incipiente hasta ahora robotizaciön; las relacionadas con unas acreditaciones que le permitieran superar la falta de demanda presente con una demanda pospuesta en el tiempo; las derivadas de una globalización que le facultara mantener su tasa de ganancia utilizando los bajos salarios existentes en otras partes del planeta. Lo que no conocemos con la misma precisión es que agotadas todas estas pautas (como queda demostrado por los fracasos que está experimentando en su intento de salir de esta larga y predeciblemente interminable crisis), es que en la busca de una solución que no puede ser resuelta por medio de pautas, a través de la desaparición del dinero en metálico está tratando de apropiarse a través de su gestión de un recurso que como el dinero, como unidad de valor, es aquello que está representando a las riquezas. Lo que no se nos dice es que ante las incertidumbres que habrán de seguir derivándose de un modelo económico que se desenvuelve en una permanente serie de crisis, los escardados no podrán sacar sus fondos de la banca para guardarlos debajo de un colchón. No podrán hacerlo porque el dinero sólo un apunte bancario. No podrá ocurrir un corralito porque el modelo ya se habrá convertido en un corral digitalizado. Se evitará la incapacidad que actualmente tienen los bancos centrales para reactivar la economía a través de una imposición de intereses negativos a los depósitos de la banca, porque al no disponer sus nominativos propietarios la capacidad de ponerlos a mejor recaudo, se verán motivados a un consumo de lo que sin esta imposición habría sido un ahorro. Con independencia de la alevosía con la que, en lo que se refiere a gravámenes y multas, la Administración se atribuye la facultad de saquear los fondos digitalizados que ostentan los depositantes de la banca, los que detenten el poder (que en este caso no será sólo la Administración) no sólo estarán inmiscuyéndose en la consubstancialidad del derecho a la propiedad; el buscado control con el que regular las monstruosidades que se generan con el uso del dinero en metálico estará acompañado por nuestra nula capacidad de controlar a los que hayan de ejercer el control. Como ocurre con los gastos que la banca detrae de nuestras cuentas y los cargos que por una u otra causa nos impone la Administración, el derecho a recusarlos sólo podremos impugnarlo en los tribunales. No nos será dable rechazarlos cambiándonos de banco, puesto que en todos ellos nos encontraremos con el mismo problema. Como siempre ocurre cuando desde arriba se nos ofrece implantar una tecnología que facilite nuestra vida (en este caso a través del encomio con el que exhortan la instauración del dinero digital), se nos está tomando la lana. Y no le estoy adscribiendo a este término un significado coloquial. Porque, cuándo dentro del aprisco (como a buen seguro habrá de ocurrir), desaparezca el privilegio de llevar a cabo transacciones sin cargos ni mantenimiento, ¿creéis que las exenciones con las que la banca promociona este proceso; los pagos electrónicos que efectuemos con la tarjeta Visa, y otros incentivos con los que actualmente nos están metiendo en el redil los van a mantener? ¡Todos a la majada! Que para eso papá Estado vela por los intereses de los que le han conferido con el balido voto una "representatividad" con la que incumpliendo sus promesas nos utiliza en nombre de la democracia..

Es cierto que haciendo uso de la digitalización podríamos conocer el trasiego de fondos con el que los grandes capitales evaden el control; pero ¿creéis que ante el poder que éstos ejercen sobre los que tendrían que regularlo, la digitalización podrán llevar a cabo esta encomienda? ¿Sois conscientes que la revalorización que está alcanzando el bitcoin (un incremento del valor que ya lo ha llevado a ser equiparables el de una onza de oro), está fundamentada exclusivamente en los 21 millones de estas unidades que como límite, afirman los limpios de corazón habrá de determinar a esta moneda? ¿No será más acertado (y aquí no voy a utilizar el adjetivo), que la razón de esta revalorización radica en la opacidad que acompaña a una digitalización que pretende imponerse sin que sin que conozcamos exactamente en qué puede derivar? ¿No están ya en el mercado unas tarjetas de débito que aseguran el anonimato de sus tenedores?

Todos sabemos que existe un Fondo de Garantía de Depósitos que "asegura" nuestras imposiciones en la banca; ¿pero si nuestro banco quiebra, este Fondo los está garantizando? ¿O es que no recordáis aquella frase del representante en Europa de Lehman Brother, y hoy re-putado ministro de economía, según la cual se tuvo que rescatar la banca para asegurar los depósitos de millones de ciudadanos? ¿Qué es lo que asegura lo que ha de ser asegurado si lo que se utiliza es un argumento de esta naturaleza? ¿Qué es lo que ocurriría si dependiendo exclusivamente de un dinero digitalizado se produjera un fallo en el suministro de energía; o en los sistemas informáticos; o en un cyberataque? ¿Tendríamos que esperar resolver nuestros problemas cuando estos probablemente implicarían la desaparición de toda la información que se hubiera recogido de manera digitalizada? ¿Si sois conscientes del espionaje que practican en la actualidad las grandes empresas para, conociendo los gustos e inclinaciones de los compradores establecer una política empresarial que condicionándolos y satisfaciéndolos les sirva para incrementar sus ventas, cuando con la digitalización de nuestras adquisiciones estamos mostrando unos rasgos de nuestras preferencias que atenta contra nuestras libertades personales? Por último ¿no es cierto que de no ser implantada esta digitalización de una forma universal (una instauración que a tenor de las diferencias estructurales e incluso sociológicas que concurren en la mayor parte de los países menos desarrollados resulta inviable), se produciría en los que la hubieran materializado la digitalización una afluencia de divisas con las que contrarrestar los condicionamientos con los que ésta nos estaría maniatando?

Pero esto, con ser indescriptible, no es ni mucho menos el mayor peligro que se yergue tras la completa digitalización del dinero. Lo más ominoso va a ser la prevaricación con la que los gobiernos, en su connivencia con los poderes económicos, van a colaborar en lo que se refiere a unas valoraciones que como consecuencia de las financiarizaciones que ha venido practicando la banca no se corresponde con las riquezas existentes. Obligatoriamente ha de llegar un momento en el que, para desembarazarse de lo que es tan solo humo habrán de equiparar el dinero digitalizado que estuviera representando a los bienes reales con el que figure en las cuentas de la banca como apuntes acreditados sus pasivos; es decir, en la nada.

Si tenemos en cuenta que lo que entre otras cosas han llevado a cabo estos malhechores ha sido comprar una parte substancial de la basura que han creado, cargando su valor nominal al sector público (eso sí, asegurando que "el rescate no nos costará un duro"), ¿van a dudar en apoderarse de lo que para volver a rescatarla ya les hayamos entregado? Lo que ahora están tratando de materializar es obligarnos a que ese poder adquisitivo que como unidad de valor nos permite comandar un dominio sobre lo que hayamos de adquirir, se encuentre enclaustrado en una cueva de ladrones al objeto de que, gestando los depósitos de un M2 e incluso un M3 que con ciertas salvedades podría ser real, sea progresivamente equiparados con derivados como los CDS y otras basuras colaterales que figuran en las cuentas del Gran Capitán. ¿Os imagináis lo que representaría la "substanciación" de esta niebla y este hollín en el volumen de la masa dineraria que hubiéramos puesto en manos de estos facinerosos? ¿En función de la enorme cantidad de basura, repito, que estos malhechores han creado, podéis imaginaros qué valor adquisitivo tendrán los depósitos que os están induciendo utilicéis a través de un dinero digital que estará secuestrado por gentuza de esta calaña?

A la espera de abundar en el próximo lo que estos bastardos nos están preparando, espero que con lo que he y habrá de ser expuesto podamos conjurar la encerrona con la que a través de la publicidad y de los incentivos nos están embaucando. Pero para ello sin rechazar la comodidad que representa utilizar una tarjeta como medio con el que llevar a cabo nuestros pagos, lo que nos hemos de oponer con todas nuestras fuerzas es que todas nuestras transacciones tengamos obligatoriamente que materializarlas de una manera digital.



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la renta básica

LA RENTA BÁSICAPostado por degregorio vie, abril 28, 2017 11:52:56

--------------- 2015 + 2 El año del cambio ----------------------

Que este modelo de economía está llamado a desaparecer es una apreciación que ya están contemplando los que detentan el poder. Con independencia de la bravuconería proferida por uno de los iconos que más se han enriquecido a través de la especulación, en el santuario de los que utilizando este modelo expolian al pueblo han tenido que reconocer que con su manera de entender lo que debe ser la economía se ha generado una situación que cada día es más insostenible; una situación que para solventarla no les es dable seguir catequizando a la población con lo que ésta "debe ser". Y ante el hecho de que con medidas que teóricamente racionalicen las disfunciones que tienen lugar en este modelo no les ha sido posible conseguirlo (en función de que todas ellas dificultarían el deseado desarrollo del mismo), ya han empezado a ponderar sobre la necesidad de establecer una renta básica que sustituyendo, o en su caso complementando las válvulas de escape con las que hasta ahora trataron de perpetuarlo.

Considerando que antes de pasar a pormenorizar sobre la representatividad de esta ponderación, así como lo que la misma significaría para sus beneficiarios, es necesario describir los por qué el derrumbe de este modelo es algo inevitable. Y a pesar de que con ello me voy a desviar un tanto de los fines perseguidos a través de estas líneas, para no dejar en el aire lo que para los implicados en el caso esta premonición sería tan sólo una conjetura, voy a sacar a la palestra situaciones que aunque repetidamente denunciadas por economistas no enganchados a la noria podrían considerarse como algo extraño a lo que con ellas pretendo señalar.

Si nos retrotraemos a lo que Marx denominó como plusvalía, todos estaremos acuerdo (aunque habrá alguno que tratará de emborronar la situación recurriendo a razonamientos que tratarían de impedirlo), en que lo que como valor concertado se abona a las fuerzas del trabajo, no es posible adquirir lo que como producto del trabajo conlleva un valor de cambio. Esto es algo tan incuestionable como consecuente es que no se pueda llevar a cabo un proceso productivo si con él no se obtiene un beneficio. Lo que hay que analizar, y esto es un cometido de primaria en economía, es que si existe esta diferencia entre el valor contractual y el de cambio es porque entre ellos ha tenido lugar la existencia de un factor que aunque totalmente necesario, instituye una realidad que necesariamente es excluyente; una realidad que al plasmarse por medio de estos beneficios como acumulación, nos ha llevado a las diferencias que concurren entre el valor contractual y el valor de cambio.

Entre aquéllos que como emborronadores anteriormente hicimos referencia tenemos aquel sujeto que urdiendo lo que él, (entre otros) muchos consideraba una salida al atasco en el que se encuentra este modelo dijo aquello de "por desgracia tenemos que acostumbrarnos a trabajar más y cobrar menos". Entre los otros, el presidente de la IEE (el think tank de la CEOE); el que en su encubierta defensa de la tasa de ganancia profirió: "Subiendo el salario mínimo no se consigue mejorar la calidad del empleo, sino que se merman las oportunidades de los trabajadores que podrían conseguir empleo en otras condiciones". Con lo cual, si por una parte abogaba por una mejora de la calidad del empleo (con la cual este modelo busca incrementar la productividad y con ello la tasa de ganancia), se sentía preocupado porque de subirles el salario mínimo, (los que por razones ajenas a este modelo no hubieran adquirido una especialización), tendrían que seguir siendo lo que Marx denominó como lumpen del proletariado. Un estado del cual sólo ellos serían los culpables. ¿Es que este personaje cree que el tener que depender en el mejor de los casos de un salario mínimo constituye un antojo? ¿Es decente abogar por un incremento per se de lo que haya de ser la especialización del capital humano, cuando al igual que ocurre con la posesión de los medios de producción, se insta a aquéllos que no la hayan adquirido, a alcanzar lo que el modelo les hurtó?

Llegados a este punto no creo que sea preciso catalogar el desarrollo que sigue este modelo. Considero mucho más interesante concienciar a los que lo posibilitan que esta trayectoria no pueden mantenerla. Prácticamente ya han utilizado todas las opciones con las que expoliar a la mayor parte de la, población. Con la institución de una nobleza que por la fuerza de las armas y la exclusión de la cultura que patrocinó la religión, mantuvo a ese pueblo sumido en la miseria y en la inopia; con el establecimiento de un sistema de producción en cadena que incrementando las tasas de ganancia, con independencia de reducir los puestos de trabajo nos ha venido demostrando que los rendimientos obtenidos con un aumento de la productividad sigue el mismo camino que el que tiene lugar entre el valor contractual y el valor de cambio; con un proceso que, como el de las acreditaciones, ante la falta de demanda de lo producido, pospone ad futuro lo que no es dable pagar en el presente; y elevando el desafuero a su enésima potencia, incluso llegando a acreditar unos valores que no se corresponden con la riqueza que dicen estar representando. Pero además de todo eso, como penúltimo recurso, este modelo ha ideado un artificio con el que pretendiendo controlar todos los contratiempos con los que tropieza, es mucho más conminativo que todos los que hasta ahora ha venido ensayando. Me refiero a la desaparición del dinero en efectivo. Una argucia que denuncio en los artículos “Del dinero y de la trampa que se está forjando con la digitalización (l) y (ll), que por la importancia de las derivadas que de la misma se habrán de originar considero necesario concederle una atención que de prestársela en este momento me llevaría a posponer lo que como un análisis de las aberraciones que concurren en el capitalismo tenemos que afrontar. Esa atención con la que éste está tratando de metabolizar que para poder continuar de una forma más o menos consensuada lo que hubiera de ser su desarrollo, tendrá que asumir un inasumible que le permita poder seguir haciéndolo. La concesión de una distribución de unos rendimientos que al par de posibilitar el futuro desarrollo de sus actividades, constituya un componente marginal que en cierta forma aminore los rebalses que se crean por una falta de demanda. Lo cual nos lleva a tener que hacer un análisis de las diferentes formas con las que esta concesión de la distribución de rendimientos tendremos que abordarla.

SOBRE LA NATURALEZA DE LA RENTA BÁSICA

Dos de los conceptos que con mayor nitidez han de ser establecidos son los que se refieren a la necesidad de precisar por una parte la representatividad de su institucionalización; y por otra, si con ella habríamos resuelto la situación que ha desembocado a tener que instituirla.

Con respecto a la primera de estas precisiones, independientemente de que el mismo modelo esté empezando a contemplarla como un remiendo funcional, lo que en éste no se ha llegado aún a asumir es que la Renta Básica, por su naturaleza ha de tener el rango de lo privativamente universal; una universalidad que no se refiere a lo que se define como planetario, sino a lo que como inalienabilidad dimana de lo humano.

En lo que se refiere a la segunda, ser consciente que con ella sólo estaríamos reduciendo las extremas situaciones en las que se encuentra una parte de nuestra sociedad. Como ha sido dicho con anterioridad, la Renta Básica (independientemente de que solventara una parte substancial de estas situaciones extremas), sólo sería un recurso que le permitiera al capital seguir una trayectoria que prevé inviable. Un augurio que aunque presciente intentara combatir tanto con la refutación de su objetividad como con la obcecación con la que subjetivamente se recurre a soluciones de naturaleza extrema. Y entre ellas se encontraría aquella que seguiría a la que anteriormente definimos como penúltimo recurso.

SOBRE SU FINANCIACIÓN

Más allá de los estudios que se han llevado a cabo en diferentes comunidades españolas con respecto a la factibilidad de que la Renta Básica sea financiada a través de las imposiciones al IRPF, la cuestión está en si como consecuencia de las derivadas que se habrían de producir en este modelo (entre las cuales estarían un incremento desaforado de la elusión de beneficios en función de una estructura financiera, o simplemente a través de la fuga de las empresas y los capitales), sería dable conseguir que las imposiciones con las que se hubieran de grabar a los sujetos impositivos podrían llevarse a cabo, o si por el contrario, para evitar en cierta forma esta incidencia, además de un control exhaustivo de sus actividades, una parte substancial de esta financiación tendría que materializarse bien por medio de la Deuda Pública, bien con un incremento de la masa dineraria. Opciones que entiendo hasta ahora no han sido contempladas suficientemente y que por su relevancia no sólo determinan las decisiones con las que tengan que asumirlas los que se sientan más perjudicados, sino asimismo los que tratando de dejar de serlo tengan que ponderar las formas con las que superar la situación con la que se estén enfrentando.

Conociendo como conocemos la respuesta que habría de dar el capital a los gravámenes que se habrían de imponer para posibilitar la Renta Básica y conociendo que un control absoluto de sus actividades nos habría de llevar a un totalitarismo que ni el capital ni los poderes que medrando lo sustentan de buena gana habrían de aceptar, no parece que la opción con la que hasta ahora se ha pretendido financiar la Renta Básica sea muy hacedera. Sólo nos quedaría la calle. Y la calle es una opción que por múltiples razones, ni al capital ni a nosotros mismos, nos puede interesar. A mi entender será preciso instituir la Renta Básica de una manera gradual y al mismo tiempo acompañada por la presión que en otros lugares ejercieran aquéllos que hubieran asimismo decidido utilizar el potencial compromiso de la calle. Es en este caso dónde por ser la llave con la que liberarse, la Renta Básica habría adquirido no solo la connotación sino la categoría de Universal.

Una vez asumido que el capital tendría que colaborar en la financiación de esta renta, examinemos la incidencia que a groso modo nos habría de ocasionar la que hubiera de llevarse a cabo a través de la emisión de Deuda Pública y la creación de más medios de cambio. Esta última elección en el supuesto de que hubiéramos recuperado nuestra política monetaria y enviado a la Troika, al FMI y a la OMC a las sentinas de las que salieron,

En lo que se refiere a la primera hemos de distinguir si esta Deuda sería de naturaleza interior o exterior. Y esto, en función de las servidumbres que para nuestra economía habría de representar una deuda contraída con un agente externo que por su naturaleza utilizaría esta dependencia para incrementar los resultados económicos y políticos que con ella pudiera obtener.

En este contexto y asumiendo que ésta fuera mayoritariamente una deuda endógena y con independencias de las injerencias que estos acreedores pudieran ejercer en la política económica de nuestra economía, lo que necesariamente habría que hacerle asumir al capital sería, que en función de que con esta fórmula se estaría posibilitando que su participación en la financiación de la Renta Básica sería un algo que estaría aminorando la incidencia económica que éste tuviera que soportar para llevarla a cabo, no podría considerarlo como otra más de las actividades extractivas que acostumbra materializar. Y es que si contemplando que para asegurar sus pertenencias y seguir llevando a cabo su trayectoria como detentador de los medios de producción y de distribución necesita evitar lo que ya considera inevitable, lo que no puede hacer es tratar de alcanzar una rentabilidad a su participación en la Deuda Pública que lo único que haría sería dificultar el desarrollo que quizás un tanto ingenuamente compartiéramos con él. En este contexto, para asegurar y asegurarse del buen fin que le tendría que conceder a este proyecto, por una parte, el interés que esta participación hubiera de obtener tendría que ser inferior al IPC (un IPC en cuya conformación ya se habría tenido en cuenta la existencia de unos beneficios), mientras por otra, su adquisición de Deuda Pública tendría que tener una duración mínima de 30 años. Es cierto que en su innata inconsciencia, sin haber asumido que ésta sería la única vía en la que poder perpetuarse trataría de encontrar mejores rendimiento; y es entonces cuando tanto los gobiernos como la calle tendrían que obligarle a desistir de dicho empeño.

Una vez enunciadas de manera somera las disposiciones que a mi entender tendrían que ser aplicadas, considerando los esfuerzos que el capital tendría que hacer, creo necesario mencionar una serie de ventajas que derivadas de las disposiciones anteriormente mencionadas le harían superar muchas de las dificultades que hogaño encuentra en el desarrollo de esta economía de mercado.

En primer lugar tendríamos que con una renta que garantizara un consumo digno, se incrementarían las ventas y consecuentemente los beneficios de las empresas; con lo cual y como consecuencia de las imposiciones con las que éstos se hubieran de gravar, se estaría reduciendo en cierta forma las que se tuvieran que imponer a través del IRPF. Y aunque es cierto que los resultados obtenidos con este aumento de las ventas y de los beneficios siempre serían menores que las imposiciones que para promoverlos se hubieran tenido que aplicar, no es menos cierto que ante la existencia de un requerimiento que como el de la implantación de una renta básica ha sido contemplado como inevitable, lo que siendo menor contribuyera a reducir su incidencia ha de ser contemplado como algo positivo.

En segundo lugar al estar incrementándose el consumo, las ventas y el empleo, estaría disminuyendo las enormes cuantías que la Administración tiene que abonar por su prestación; unas cuantías que si fueran aplicadas al proceso productivo en función de su incapacidad para satisfacer el derecho al trabajo, el desempleo no existiría. En este contexto, sin tratar de justificar una procedencia que nos habría de llevar a un modelo económico rayano en el totalitarismo, tampoco podemos obviar que este modelo de economía de mercado hace uso de un ejército de desocupados que por las condiciones en las que se encuentra no es menos totalitario que aquél que no hemos tratado de justificar.

Y en tercer lugar tendríamos que debido a un incremento del bienestar social que habría de conllevar una mayor educación y especialización de los trabajadores, las empresas podrían ser mucho más competitivas especialmente en lo que se refiere a los mercados exteriores; es decir, lo utilizado en la conformación de una renta básica estaría sirviendo para romper el paradigma que como prioridad caracteriza a muchos de nuestro empresarios: conseguir la máxima rentabilidad con las menores inversiones en un mínimo de tiempo.

Con respecto a la parcial cobertura de la renta básica a través de un incremento de la masa que a pesar de incidir sobre el déficit presupuestario constituiría un incentivo a la actividad económica y consecuentemente a la reducción del paro, me remito a lo expresado en los artículos Sobre la teoría monetaria moderna (l) y (ll); artículos en los que con independencia de las consecuciones y limitaciones que se derivan de la imposición de una renta básica, se manifiestan una serie de incidencias marginales que como realidad y como aditamento nos muestran que tanto la TMM como la RB no son más que unos artificios con los que se intenta superar las contradicciones que concurren en el capitalismo. Y que por tanto es preciso ir más allá. Pero esto es algo que habiendo sido diseñado en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?, al no haber podido ser publicitado solo poco a poco podremos ir forjándolo.



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la renta básica

LA RENTA BÁSICAPostado por degregorio vie, abril 28, 2017 11:49:03
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A Jordi Arcarons, Daniel Raventós, Lluís Torrens y todos aquéllos visionarios que, quizás sin ponderar suficientemente la naturaleza del endriago con el que se enfrentan, han venido defendiendo que los seres humanos están por encima de las ideologías y de las formas en las que se desarrolla el actual proceso económico.

El que se haya de considerar como necesaria la instauración de una Renta Básica es lo que se negaron asumir aquéllos que no previeron que en su búsqueda de un permanente incremento de la rentabilidad se iba a incrementar de tal manera las diferencias entre los poseedores y los desposeídos, que se ha considerado necesario solventar la situación a través de lo que con elaborada pertinacia han tratado de ignorar: el establecimiento de una Renta Básica que va más allá de las subvenciones con las que se quiere edulcorar las injusticias que dimanan de una proterva distribución de lo producido; una distribución que en función de ser una asignación asegurada, rompe todos los parámetros con los que se ha intentado enmascarar a través del socorro y la limosna las desigualdades que se producen en el capitalismo. Lo que ocurre es que el modelo de estos gestores, al par de irresponsable, es extremadamente tozudo. No pueden entender que con sus consecuciones se encuentran con haber parido un feto que no pueden socialmente bautizar. Tienen que conservarlo en formol. Eso sí, inscribiéndolo en sus Cartillas de Familia como el resultado natural de una concepción en la que el que se contempló a sí mismo como diferente había tenido que inscribirlo como un miembro de lo que no reconocía.

Una vez sacados a la palestra lo que este modelo ha pretendido mantener soterrado hemos de ponderar los que con el establecimiento de la Renta Básica tendremos que enfrentarnos. No sólo por la enorme cuantía de recursos materiales con los que este modelo acostumbra desaconsejar la procedencia de lo que se pretende modificar; ha de ser tenido en cuenta la ingente cantidad de personas que honesta o interesadamente, con razonamientos más o menos elaborados y consignas completamente discurridas, impugnan y desacreditan lo que pudiera poner en peligro una situación de privilegio.

No voy a detenerme en esa argucia liberal con la que, refutando las virtudes de la distribución de las riquezas, se pretende argumentar (como hace el señor Rallo), que en un mundo en el que todo fuera de todos, la libertad sólo podría manifestarse por licencia de la mayoría. Y no lo hago, porque la mayoría que él contempla, en función de las circunstancias que concurren en una economía de mercado, no es aquélla a la que se refirió Rousseau en su Contrato Social.

Tampoco voy a detenerme en lo que expone como Principio de Voluntariedad, o autonomía contractual. Y desisto de hacerlo porque esta voluntariedad contractual se encuentra sometida en los pactos por unas circunstancias asimismo derivadas de la existencia de un modelo que vulnera los derechos natural y positivo con los que razonadamente se debe regular la convivencia. Como dice el señor Raventós, en la relación entre ricos y pobres no existe libertad contractual.

No entiendo como el señor Rallo puede decir que la Renta Básica puede conculcar los derechos de las personas para realizarse vitalmente. A menos que esté obligado a conceder que para realizarse de una forma vital es requisito indispensable no haber sido receptor de aquellas armas con las que abrirse camino en la selva que ha conformado este modelo. No entiendo cómo si para alcanzar esta realización vital es necesario carecer de unos medios que podrían ayudarle a alcanzar este objetivo, no contempla asimismo que aquéllos que no precisan esta renta, para realizarse (entendiendo que esta realización conlleva el haber tenido que luchar para conseguirlo), deberían rehusar sus privilegios. Y no lo entiendo, porque a continuación arguye que con 625 euros se establece una relación en la que los que cobraran una renta básica se encontrarían determinados por los que obtuvieran unas mayores rentas.

Es cierto que con la renta básica no se solucionan las diferencias entre el valor contractual (entendido como el salario implicado en la elaboración de los bienes y servicios que han de ser utilizados), y el valor de cambio que se ha de pagar por esos bienes y servicios. Seguirían produciéndose acumulaciones. Lo que ocurriría es que con los gravámenes que se habrían de aplicar para posibilitarla se estarían reduciendo las diferencias que concurren entre ambos valores.

Como dice el señor Rallo, el capitalismo se basa en la acumulación. El capital es inversión. La inversión viene del ahorro. Y el ahorro viene de la reducción del consumo. Lo cual me lleva a pensar, si esto es así, ¿cómo se justifica una reflexión que como exhortación nos aconseja la reducción del consumo y el apego al ahorro cuando la actividad del capital esté prioritariamente fundamentada en inducirnos a un consumo compulsivo? Aunque ahora que lo pienso, olvidé que para el capitalismo nosotros somos algo extraño. Somos algo que hay que utilizar y esta utilización exige que seamos catequizados y utilizados como cosas. Somos exclusivamente células de un tejido que ni siquiera es social; células de las cuales se puede prescindir cuando en ese tejido han perdido su solo conjeturada representatividad. Y este modelo estima que el capital es algo más que un conjunto de células; y al entender que solamente constituyen un medio, se atribuye a sí mismo la interpretación de lo que debe ser el tejido social. Lo considera como un complemento necesario para que con su utilización, como juez, como diseñador y hasta como casero el capital pueda lucir en todo su esplendor. Y el capitalista se ha tomado tan en serio el papel que ha de representar, que ha transubstanciado su propia identidad en algo que necesitando un complemento considera que está exento de toda dependencia.

Teniendo en cuenta la enorme oposición que habrá de suscitar una R.B. que estaría obligando a este modelo a cotizar a sus decilas superiores unos gravámenes que el capital consideraría confiscatorios, a mi entender, lo primero que tenemos que hacer es ponderar de qué forma podemos obligar a quienes desde mucho antes de Espartaco sostienen por el mango la sartén en la que se cocina lo que se ha mantenido en la despensa. Sobre todo cuando es público y notorio que este modelo ha sodomizado a los gobiernos; y que por tanto, éstos, según sostiene el señor Rallo (aunque él lo dice por la existencia de unas regulaciones que a su entender importunan el deseado desarrollo del modelo neoliberal), no son más que una mafia organizada para apalear, secuestrar y robar a la gente.

La historia se ha venido inexorablemente repitiendo. Es como si no hubiéramos podido asimilar que con independencia de mantenernos eternamente vigilantes, todas las consecuciones que hemos podido arrancarle a este modelo, las hemos alcanzado a través de un toma y daca en el que se han venido ponderando las consecuencias que se habrían de derivar de un rechazo, que defendiendo algo puntual, podría estar poniendo en peligro la representatividad de lo global.

Pero es que además (y a esta adición hay que conferirle un énfasis elefantisíaco), no podemos olvidar la significación que para la ciudadanía habrá de tener una renta básica que al estar dirigida a todos los ciudadanos (incluidas las amas de casa, los parados y los estudiantes), en la lógica disposición a razonar sobre lo que hubiera de ser asignado se estaría sacando a la palestra aquéllas subvenciones que teniendo que cubrir los gastos de entidades tan transparentes y democráticas como son el ejército y la casa real, inexplicablemente podrían ser puestas en tela de juicio.

El mercado es el mercado. Incluso cuando ese mercado, como consecuencia del incremento de la tecnología cada vez demanda menos mano de obra. Porque esta disminución de los puestos de trabajo tendrá que ser cubierta con subsidios de paro…; y aunque es cierto que con subvenciones y con una buena dosis de mentiras y promesas se intenta remendar aquello de lo que se ha abusado, el mercado es el mercado; y sus principios (aunque quizás sería mejor decir, su abecedario) los ha expuesto con absoluta claridad el primer economista jefe del BCE, Omar Issing. El cual, al referirse a esta Europa de los mercaderes nos ha dicho:

"la actual falta de flexibilidad del mercado de trabajo unida a los incentivos “mal orientados” que proporciona la Seguridad Social y el Estado de Bienestar son incompatible con la moneda única”.

¡Pues que se vaya la moneda única al carajo!

Lo que este insigne primer economista jefe del BCE no ha llegado a digerir (quizás por su continua ingestión de las innumerables recomendaciones que le han proporcionado los lobbies que infestan Europa), es que si esta falta flexibilidad es incompatible con el desarrollo del euro, esta cuadrilla de facinerosos al servicio de los capitalistas hemos de mandarlos al lugar que por sus inmerecidos meritos les corresponde. Por ejemplo, al Tribunal de la Haya. Este insigne primer economista del BCE está bebiendo (y además lo esta haciendo hasta atiborrarse), en unas fuentes exclusivamente vinculadas con la consecución de unas riquezas dedicadas a la acumulación; unas riquezas que al no ser distribuidas entre todos los componentes de la sociedad son totalmente incompatibles con las funciones que debe desarrollar la economía. Este economista enganchado en la noria parece no entender que la flexibilización laboral que pretende el neoliberalismo (acompañada por la liberalización total de los mercados) conlleva la imposibilidad de que los trabajadores puedan cotizar y hacer posible sus jubilaciones. Y en lugar de asumir que en una economía cada vez más rica existen recursos suficientes, considera que es necesario que los trabajadores concierten con la banca (a semejanza de la mochila austriaca abanderada por el señor Rallo y un tal señor Linde), unos fondos con los que garantizar sus futuras pensiones. Utilizan el manido argumento de que la provisión de las pensiones está íntimamente vinculada con la disminución de la natalidad y no con la existencia de unas cotizaciones que debido a la nefasta legislación laboral de una tal Báñez, pasará a la posteridad como una muestra más de lo que es el elenco de este malgobierno. Utilizan el manoseado argumento de la natalidad y no se les cae la caras de vergüenza (será quizás porque por su dureza se encuentran firmemente ancladas en sus patéticas estructuras morfológicas), cuando alegando que en el futuro no habrá suficientes cotizantes, cínicamente no mencionan los cientos de miles, que al tener que emigrar, no pueden cotizar. No entienden (o quizás sería mejor decir, no han sopesado la importancia que tiene el entenderlo), que en la economía capitalista concurre una dicotomía entre los derechos y razonamiento que se adjudica el capital y los que racional y legislativamente tienen y deben ser adscritos a la ciudadanía.

Una vez asumida la situación en la que nos encontramos ¿es hacedero pretender (sin que esta pretensión sea secundada con unas rebeliones que hasta ahora sólo han conseguido la aparición de caras nuevas que con el tiempo se convirtieron en carátulas), que sólo con la convicción de que es preciso la instauración de una R.B. podremos alcanzar nuestro objetivo? A mi entender no es suficiente. Es necesario ir más allá. Y esto es algo que he tratado de desarrollar en la obra ¿Es posible otra economía de mercado? No obstante, con independencia de seguir acariciando la instauración de un proyecto como el de la renta básica, será preciso forjar una cultura en la que al individuo se le enseñe que como ente racional, ha de estar dispuesto a utilizar sus potencialidades conformando una estructura con la que independizarse de los sometimientos con los que le sojuzga el capital, los gobiernos y sus leyes. Un capital, unos gobiernos y unas leyes que a través de la culturización subjetivada que han tenido a bien imponernos, nos han convertido en algo que a tenor de nuestra actual incapacidad de comportarnos como lo que decimos somos, nos contemplan como algo que en nuestras manifestaciones sólo contamos como componentes demoscópicos. Hemos de concienciarnos que tenemos que conformar una estructura en la que nuestra capacidad de razonar nos permita establecer una forma de gobernar en la que sea el pueblo el actor y el objeto de lo que se decida; una estructura que ha de ser el fruto de un parto. Y este parto es tan doloroso para aquellos que evaden sus beneficios a través de una ingeniería financiera, que para darlo a luz, entre otras cosas será preciso interferir en las formas con las que la banca lleva a cabo sus mafiosas transacciones.

Últimamente (con independencias de las opugnaciones orquestadas por el señor Rallo) estamos viendo como, aunque de manera bien intencionada, se están manifestando unas refutaciones al establecimiento de la R.B. que a pesar de contener un germen que las justifican, en la mayor parte de los casos resultan infundadas. Con ello me refiero a que según éstos, la imposición de esta R.B. habría de provocar un efecto inflacionario impulsado por un mayor nivel de renta de las clases más desfavorecidas. Como si en contraposición al superior consumo que pudieran disfrutar estas inconsecuentes clases fueran un anatema que no se estaría produciendo como consecuencia del consumo de los mayores beneficios obtenidos por el capital. Como si con independencia de la existencia de una inflación provocada por una demanda marginal, el capital no hubiera sido el principal agente que la hubiera ocasionado al elevar los precios en la seguridad de obtener mayores beneficios. Se arguye que los autónomos y pequeñas empresas tendrían que desaparecer debido al establecimiento de una R.B. que estaría incrementando sus costos salariales; como si agobiados por la indefensión que estos pequeños empresarios estuvieran sufriendo con respecto a las grandes empresas la Administración no estuviera obligada a implementar los medios con los que mitigarla. Se podrá decir que esta orfandad constituye una realidad; pero si su vigencia es algo actual es porque a aquella indefensión hay que sumarle la nula oposición con la que estos pequeños empresarios defienden sus derechos. Todo lo que se deba de alcanzar ha de ser conseguido en función del derecho que haya de asistir a ese deber. El derecho se debe imponer. Aconsejablemente a tenor de esa actividad intelectiva que nos lleva a conocer de su existencia; marginalmente, haciendo uso de esa misma función, a través de coacciones que nos permitan materializarlo.

Mas allá de las situaciones que han sido contempladas, existen otras que la R. B., por ser ésta exclusivamente una medida adicional a las que para superar las disfunciones de este modelo se intenta aplicar, sólo puede conseguir una minoración de sus aberraciones. Entre ellas se encuentra la de que en multitud de casos, con el establecimiento de la R.B. muchos empresarios sopesarían la posibilidad de reducir salarios en función de los factores que pudieran concurrir con respecto a la situación en la que se encontraran los trabajadores. Una irrenunciable derivada que contemplo en la primera parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ella se dice lo siguiente:

Si observamos en toda su gélida crudeza el comportamiento del mercado laboral, podremos contemplar que esta manera de actuar no es más que la expresión de todo lo bueno y de todo lo malo que los humanos podemos hacer. Advertiremos que las ofertas y demandas laborales solicitadas tanto por las empresas como por los trabajadores, no suelen estar determinadas sólo en función de un valor o una escasez; que existe todo un cúmulo de factores, tanto físicos como psíquicos, que hacen que la situación en la que cada uno de ellos se encuentre, sea el determinante que mediatice la postura del otro.

Sacando a colación la archiconocida ley de la Oferta y la Demanda, el oferente de un puesto de trabajo es consciente de la situación en la que se pueden encontrar tanto la mujer como el que por primera vez solicita un empleo. El mundo empresarial conoce que las necesidades de éstos, generalmente son menores que las de un padre de familia. Y aunque en teoría, esta menor dependencia hacia lo que las empresas les pudieran ofrecer, tendría que incrementar el precio de sus ofertas, la realidad es que al materializarse esta demanda de forma indefectible (ya sea debido a los deseos que unos pudieran tener para realizarse en el trabajo, ya sea en otros la aspiración de conseguir mejoras), las empresas pueden contar como un factor determinante de su oferta, el hecho de que debido a su falta de necesidad, aquéllos aceptarán una menor retribución.

Sabemos lo que ocurre; y deploramos que haya de ser así; pero si respetando las leyes de un mercado que ha sido el único que ha demostrado una eficiencia y una capacidad para que en él pueda desarrollarse la libre iniciativa, queremos modelar su cara más humana, tendremos, tanto que provisionalmente admitir sus desafueros, como tratar de corregirlos. Si nosotros sabemos que una demanda laboral, que en igualdad de capacitación, y habiendo sido en principio considerada como marginal, al ser incorporada en el puesto demandado debió perder su marginalidad y con ella la diferenciación retributiva que hubiera tenido con respecto al resto de las fuerzas laborales, el que nosotros tengamos que aceptarla en la manera en que lo hacemos, es tanto el fruto del uso de la fuerza de unos, como del de la debilidad de otros. De una fuerza y una debilidad que no caducan, porque al seguir vigente esa menor necesidad y al mantenerse las demandas de estos colectivos, la relación sigue siendo la misma: la de que los demandantes se contenten con menos, y la de que los oferentes no tengan necesidad de ofrecer tampoco más por ellas.



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¡Al corral!

¡Al corral!Postado por degregorio jue, marzo 30, 2017 19:13:07

DEL DINERO Y DE LA TRAMPA QUE SE ESTÁ FORJANDO CON LA DIGITALIZACIÓN (ll)



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Al iniciar la segunda parte de un artículo en el que como en éste se pretende concienciar a la ciudadanos que los que dicen estar gobernándonos nos contemplan como simples instrumentos con los que alcanzar sus objetivos, y contemplándolos nosotros a ellos como lo que verdaderamente son, desenmascararlos y llevarlos ante una justicia verdadera, voy a sacar a colación un hecho que a pesar de ser evidente no le prestamos la atención que merece. Un hecho que lo podemos resumir de la siguiente forma:

Se dice que para que unos ganen es necesario que otros pierdan. Lo que ocurre es que esto sólo se puede decir cuando el poder o el mayor conocimiento que ejerza una de las partes involucradas en este desarrollo condicione el que pueda ejercer la otra parte. Cuando un comerciante gana vendiendo más caro que lo que costó, en esta transacción no se produce una pérdida para el comprador; tiene lugar una ganancia que al estar relacionada con el servicio que se ha prestado, con independencia de constituirse como un valor añadido no se puede contemplar como una pérdida. Por tanto esa ganancia está en el ahorro de esfuerzo, de espacio o de tiempo que el consumidor ha tenido que abonar. La ganancia y la pérdida se materializan tanto prestando un servicio a aquéllos que tienen que hacer uso de él, o modificando el estado de la naturaleza para crear productos que sean demandados. Lo que ocurre es que mientras que en la consecución de estos productos o servicios el capitalista pierde una parte de lo que ha detentado a través del consumo de lo que no ha abonado como plusvalía al resto de la sociedad, el verdadero creador de valor tiene que sufrir esta pérdida como una deducción de lo que éste recibe como valor contractual; es decir, la diferencia que concurre entre este valor y lo que tiene que pagar como valor de cambio. Y este hecho lo he sacado a colación para con él fundamentar lo que nos habrá de ocurrir cuando habiendo asumido que esta diferencia es el primer factor con el que se nos está condicionando, tengamos asimismo que asumir que con la obligada utilización del dinero digitalizado habremos perdido incluso nuestra potestad de contemplar la plusvalía como una exacción. Al igual que hemos tenido que asumir como un deseado objetivo lo que otrora se nos impuso como una maldición, en esta obligada y exclusiva utilización del dinero digitalizado habremos conseguido racionalizar el último de los derechos que como dominio hubiéramos tenido sobre el uso de lo que Paul Samuelson definió como el voto dinerario; un voto con el cual, en principio, aunque sólo sea en principio, desempeñamos tanto un derecho sobre lo que haya de ser producido, como lo que nos sea dable demandar; un voto que de estar condicionado por la estructura cibernética de lo digitalizado, permitirá a los artífices de esta estructura culminar la ejecución de sus miserables tropelías. A pesar de la seguridad con la que estos malhechores están garantizándola, lo seguro es que lo que hayamos tenido obligatoriamente que dejar consignado en la banca como dinero digitalizado (como ya han específicamente señalado al especificar los fundamentos que habrán de concurrir en la instauración del Biteuro), habrá pasado de ser un derecho sobre aquello que nos perteneciera, a ser exclusivamente un potencial al arbitrio de los que con incentivos y con publicidad nos están embaucando. Como muestra de lo que se nos viene encima, en función de lo manifestado en el segundo párrafo de este artículo, señalo lo que habrá de ocurrir ante una realidad que como la que tiene lugar en la banca, la existencia de unos activos que no se corresponden con su valor real necesitan (y tienen en proyecto conseguirlo a través de la digitalización), socializar las pérdidas que han acumulado. Cuando en el mencionado párrafo se dijo que "la ganancia se puede obtener tanto prestando un servicio a aquéllos que tienen que hacer uso de él, o modificando el estado de la naturaleza para crear productos que sean demandados." describimos una situación en la que concurrían unas prestaciones. Lo que curre es que en la relacionada con la implantación del dinero digitalizado se ejercita una imposición que en la busca de una enmienda a las contradicciones que se concitan en el capitalismo no tiene lugar una prestación. Aquí no se busca la creación de un beneficio asumido entre las partes; aquí lo que se persigue es equiparar la representatividad de unos haberes que están representando un "ser", con lo que exclusivamente es la contabilización de unos activos tóxicos; unos activos que como los derivados, los CDS y todo el estiércol que ha creado la banca en la sombra, sólo están respaldados por la credibilidad de aquéllos que con ellos estén especulando. Son apuntes que a diferencia del beneficio que el capital obtiene a través de aquella parte no abonada en el proceso productivo ni siquiera forma parte de lo que como valor de cambio entendemos constituye el valor de las riquezas. En este contexto lo que se nos pretende imponer establece una situación lo suficientemente pavorosa como para que tengamos que afrontarla antes de que se convierta en una realidad.

En este proyecto de digitalización se esconde una pretensión que no puede ser más que la dependencia en la que se tiene que desenvolver una casta que sabiéndose sirvientes del capital ha fermentado en sus pútridas esporas una estrategia con la que imponerse sobre el ejercicio de poder con el que el capital la está ninguneando. Y para ello, nada mejor que establecer un sistema representativo del valor de adquisición que como el dinero digitalizado, al estar controlado por los que estén ejerciendo el control, condicione las actividades que el capitalismo lleva a cabo con el dinero fiat. Una estrategia que, como el producto de un fermento en el que sólo se generan gases corrompidos (a pesar de los miles de asesores que tiene en nómina), no le es dable observar que lo que pretenden conseguir no podrá manumitirlos. Ante esta pretensión se yerguen unos resultados que estos sirvientes (como no podría ser de otra manera) seguirán sin poder controlar. Porque si la búsqueda de este proyecto consiste en comprar toda la basura existente en la banca y mantener secuestrado su importe en el Banco Central durante un determinado tiempo ¿qué sería lo que se tendría que hacer con las actividades que se seguirían llevando a cabo en la bolsa y en la banca privada? Porque lo que no se puede hacer es comprarla (como hasta ahora han estado haciendo con la flexibilización cuantitativa), y ante una falta de la buscada rentabilidad en el modelo productivo dejar su importe en la banca sufriendo unos intereses negativos. Con independencia de no poder ir más allá de controlar a los que desde siempre de una u otra forma lo han estado, lo que se pretende solventar con la instauración del dinero digitalizado constituye una búsqueda que por no involucrarse en la problemática que existe en su base se ha de perpetuar como un continuo parcheo. Y sobre todo ¿qué es lo que le ocurriría al dinero digitalizado de los depositantes cuando se liberara lo que se hubiera comprado y estuviera secuestrado en el Banco Central?

Si tenemos en cuenta la tesitura en la que se encuentra el capitalismo como consecuencia de que en la busca de un crecimiento sostenido que le permita mantener su tasa de ganancia está condicionado por la imposibilidad de que lo que se haya producido se pueda íntegramente consumir, es lógico entender que ante unas crisis que conllevan el continuado descenso de los beneficios, en lugar de invertir el capital acumulado como una incentivación del proceso productivo, lo divierta en la obtención de una tasa de ganancia como la que tiene lugar en la financiarización; una tasa que además, en la mayor parte de los casos se puede acrecentar en función de la intensidad que registren las crisis; y una diversión en la que podemos apreciar dos circunstancias en extremo negativas. La primera, la de que en concordancia con el espíritu de lo que se dijo en el segundo párrafo de este artículo, en una actividad en la que en lugar de unas prestaciones sólo exista la especulación, con independencia de que tienen que haber unos que pierdan para que otros ganen, lo cierto es que no se crea nada; es decir, las ganancias y las pérdidas sólo están avaladas y representadas por las circunstancias en las que las mismas se hayan generado. La segunda, la de que al capital le es imposible asimilar otra coyuntura que no sea el futuro que encuentre en el proceso darwiniano de subsistir en la depredación; aunque sea sacrificando una parte de sus propias estructuras. Lo que se ha dado en llamar destrucción creativa. Es lo que vimos con "el atentado al acorazado Maine perpetrado en la bahía de Cuba por los españoles"; o aquello de "las armas de destrucción masiva" y lo que con la colaboración de los que Jean Melenchon llamó "les chien de la presse" justificó el derrocamiento y el asesinado de un comprometido con su pueblo y un valiente como Salvador Allende (rasgos que en ningún caso concurren en los promotores de de estas canalladas), así como otras destrucciones creativas llevadas a cabo en el Cono Sur. Dicen que una vez le preguntaron a Platón qué quería ser cuando fuera mayor y éste dijo: un hombre. ¿Qué es lo que en su presente podrían responder los que por sus hecho solo puede ser catalogados como escoria?

En un intento de exorcizar lo que como seres subjetivos no sometidos a un control no tiene solución y que como seres pensantes impugnamos su vigencia, creo entender que para conseguirlo es necesario cuestionar tanto la utilización de un dinero fiat que no esté controlado, como la de unos medios de cambio cuyo control no se encuentre en nuestras manos. De otra forma seguiremos balando como lo que quizás, sin estar demasiado equivocados, esta canalla cree que somos. Y para ello someto a vuestra consideración lo que manifiesto en tres artículos de la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Artículos en los que se describe el uso de unos medios de cambio de naturaleza física que estando sometidos a ciertas restricciones denominé como Unidades Dinerarias Auxiliares, UDAS. Dicen lo siguiente:

7.4.2.2. En su anverso habría de figurar la fecha en la que iniciaran su vigencia, así como los dígitos que reflejaran su cuantía. En su reverso constaría tachada su fecha de caducidad.

7.4.2.4. Todas las Udas puestas en circulación por el Banco Central del Sistema, BCS, tendrían que acomodarse a un período inicial y terminal de validez. Durante esta etapa (un transcurso que podría ser de tres años), todas las que se emitieran habrían de tener la misma fecha de vigencia que la que hubieran tenido al iniciarse este período. Una vez alcanzada su fecha de caducidad tendrían que ser renovadas en los Bgfs. (banca)

La razón que justifica esta disposición se encuentra en que si el BCS estuviera emitiéndolas con una fecha actualizada, los tres años de vigencia a los que anteriormente nos hemos referido conllevarían que estuvieran existiendo Udas con diferentes fechas de caducidad. Una circunstancialidad que habría de producir una disparidad de el valor entre las que tuvieran un plazo de validez más largo y aquéllas que fuera preciso ingresarlas en cuenta; y una desemejanza que al promover que pudieran seguir manteniéndose como un medio de cambio que por incontrolado se habría conformado como un depósito de valor, habría de malograr los fines que estamos pretendiendo acordarles.

7.4.2.5. En la conformación de esta renovación, sus tenedores tendrían que ingresarlas en sus Cuentas Personales, CPs, sus Cuentas Colectivas, CCs o sus Cuentas Unicelulares, CUs, con la misma paridad que el Seico. (moneda digital)

(Con lo cual y con independencia de que posteriormente se volvieran a reconvertir en Udas, concurriría un control de los medios de cambio que existieran en la economía).

Para evitar las aglomeraciones que en los últimos momentos de este período de reconversión se habrían de producir, durante los dos meses siguientes a la maduración de su caducidad, las Udas no serían de obligada aceptación en el mercado; si bien seguirían manteniendo su valor en los Bancos de Gestión y de Financiación. (banca)

Con independencia de la cortesía que durante los dos primeros meses subsiguientes a la finalización de su vigencia hubieran de facilitar los Bgfs, en el mercado, a partir de la fecha de su caducidad, estos medios de cambio sufrirían una depreciación anual del 10% de su valor facial, quedando por lo tanto totalmente desprovistos de cotización a los diez años de la iniciación de este proceso.





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¡Al corral!

¡Al corral!Postado por degregorio lun, marzo 20, 2017 12:09:03

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DEL DINERO Y DE LA TRAMPA QUE SE ESTÁ FORJANDO CON LA DIGITALIZACIÓN (l)

El tema que hoy me ocupa ha sido tratado en numerosas ocasiones. Sin embargo, a mi entender, en ninguno de ellas se has esbozado las ominosas amenazas que su instauración habrá de conllevar: me refiero a la abolición del dinero en efectivo.

Todos sabemos las ventajas que concurren con la utilización del dinero digital al compararlas con las que acaecen cuando tenemos que hacer uso del dinero en metálico. Entre ellas se han citado el robo, la evasión y la elusión fiscal, el narcotráfico, el terrorismo, la trata de blancas, la prostitución, el mercado negro y la economía sumergida. Lo que no conocemos con la misma suficiencia son las consecuencias a las que nos veremos abocados por el uso de un dinero digital que no teniendo una representatividad fáctica, se encontrará bajo la potestad de una entidad sobre la que no podremos ejercer un control.

Todos sabemos que este modelo económico que fue denominado como capitalismo constituye un fracaso; que para persistir ha tenido que ir utilizando una serie de pautas que evitaran su merecida desaparición; desde la extracción de plusvalías absolutas a la financiarización, pasando por las encarnadas en el taylorismo; la mecanización y una incipiente hasta ahora robotizaciön; las relacionadas con unas acreditaciones que le permitieran superar la falta de demanda presente con una demanda pospuesta en el tiempo; las derivadas de una globalización que le facultara mantener su tasa de ganancia utilizando los bajos salarios existentes en otras partes del planeta. Lo que no conocemos con la misma precisión es que agotadas todas estas pautas (como queda demostrado por los fracasos que está experimentando en su intento de salir de esta larga y predeciblemente interminable crisis), es que en la busca de una solución que no puede ser resuelta por medio de pautas, a través de la desaparición del dinero en metálico está tratando de apropiarse a través de su gestión de un recurso que como el dinero, como unidad de valor, es aquello que está representando a las riquezas. Lo que no se nos dice es que ante las incertidumbres que habrán de seguir derivándose de un modelo económico que se desenvuelve en una permanente serie de crisis, los escardados no podrán sacar sus fondos de la banca para guardarlos debajo de un colchón. No podrá tener lugar porque el dinero sólo estará en los bancos. No podrá ocurrir un corralito porque el modelo ya se habrá convertido en un corral digitalizado. Se evitará la incapacidad que actualmente tienen los bancos centrales para reactivar la economía a través de una imposición de intereses negativos a los depósitos de la banca, porque al no disponer sus nominativos propietarios la capacidad de ponerlos a mejor recaudo, se verán motivados a un consumo de lo que sin esta imposición habría sido un ahorro. Con independencia de la alevosía con la que, en lo que se refiere a gravámenes y multas, la Administración se atribuye la facultad de saquear los fondos digitalizados que ostentan los depositantes de la banca, los que detenten el poder (que en este caso no será sólo la Administración) no sólo estarán inmiscuyéndose en la consubstancialidad del derecho a la propiedad; el buscado control con el que regular las monstruosidades que se generan con el uso del dinero en metálico estaría acompañado por nuestra nula capacidad de controlar a los que hubieran de ejercer el control. Como ocurre con los gastos que la banca detrae de nuestras cuentas y los cargos que por una u otra causa nos impone la Administración, el derecho a recusarlos sólo podríamos impugnarlo en los tribunales. No nos será dable rechazarlos cambiándonos de banco, puesto que en todos ellos nos encontraremos con el mismo problema. Como siempre ocurre cuando desde arriba se nos ofrece implantar una tecnología que facilite nuestra vida (en este caso a través del encomio con el que exhortan la instauración del dinero digital), se nos está tomando la lana. Y no le estoy adscribiendo a este término un significado coloquial. Porque, cuándo dentro del aprisco (como a buen seguro habrá de ocurrir), desaparezca el privilegio de llevar a cabo transacciones sin cargos ni mantenimiento, ¿creéis que las exenciones con las que la banca promociona este proceso; los pagos electrónicos que efectuemos con la tarjeta Visa, y otros incentivos con los que actualmente nos están metiendo en el redil los van a mantener? ¡Todos a la majada! Que para eso papá Estado vela por los intereses de los que le han conferido con el balido voto una "representatividad" con la que incumpliendo sus promesas nos utilizan en nombre de la democracia..

Es cierto que haciendo uso de la digitalización podríamos conocer el trasiego de fondos con el que los grandes capitales evaden el control; pero ¿creéis que ante el poder que éstos ejercen sobre los que tendrían que regularlo, la digitalización podrá llevar a cabo esta encomienda? ¿Sois conscientes que la revalorización que está alcanzando el bitcoin (un incremento del valor que ya lo ha llevado a ser equiparables el de una onza de oro), está fundamentada exclusivamente en los 21 millones de estas unidades que como límite, afirman los limpios de corazón habrá de determinar a esta moneda? ¿No será más acertado (y aquí no voy a utilizar el adjetivo), que la razón de esta revalorización radica en la opacidad que acompaña a una digitalización completamente despersonalizada? ¿No están ya en el mercado unas tarjetas de débito que aseguran el anonimato de sus tenedores?


Todos sabemos que existe un Fondo de Garantía de Depósitos que "asegura" nuestras imposiciones en la banca; ¿pero si nuestro banco quiebra, este Fondo los está garantizando? ¿O es que no recordáis aquella frase del representante en Europa de Lehman Brother, según la cual se tuvo que rescatar la banca para asegurar los depósitos de millones de ciudadanos? ¿Qué es lo que asegura lo que ha de ser asegurado si lo que se utiliza es un argumento de esta naturaleza? ¿Qué es lo que ocurriría si dependiendo exclusivamente de un dinero digitalizado se produjera un fallo en el suministro de energía; o en los sistemas informáticos; o en un cyberataque? ¿Tendríamos que esperar resolver nuestros problemas cuando estos probablemente implicarían la desaparición de toda la información que se hubiera recogido de manera digitalizada? ¿Si sois conscientes del espionaje que practican en la actualidad las grandes empresas para, conociendo los gustos e inclinaciones de los compradores, establecer una política empresarial que condicionándolos y satisfaciéndolos, les sirva para incrementar sus ventas, cuando con la digitalización de nuestras adquisiciones estamos mostrando unos rasgos de nuestras preferencias que atenta contra nuestras libertades personales? Por último ¿no es cierto que de no ser implantada esta digitalización de una forma universal (una instauración que a tenor de las diferencias estructurales e incluso sociológicas que concurren en la mayor parte de los países menos desarrollados resulta inviable), se produciría en los que la hubieran materializado la digitalización una afluencia de divisas con las que contrarrestar los condicionamientos con los que ésta nos estaría maniatando?

Pero esto, con ser indescriptible, no es ni mucho menos el mayor peligro que se yergue tras la completa digitalización del dinero. Lo más ominoso va a ser la prevaricación con la que los gobiernos, en su connivencia con los poderes económicos, van a colaborar en lo que se refiere a unas valoraciones que como consecuencia de las financiarizaciones que ha venido practicando la banca no se corresponde con las riquezas existentes. Algo que en función de lo que solo es aparente obligatoriamente ha de llegar a un punto crítico en el que, para desembarazarse de lo que es tan solo humo habrán de equiparar el dinero digitalizado que estuviera representando a los bienes reales con el que figure en las cuentas de la banca como apuntes acreditados en la nada.

Si tenemos en cuenta que lo que entre otras cosas han llevado a cabo estos malhechores ha sido comprar una parte substancial de la basura que han creado, cargando su valor nominal al sector público (eso sí, asegurando que "el rescate no nos costará un duro"), van a dudar en apoderarse de lo que para volver a rescatarla ya les hayamos entregado? Lo que ahora están tratando de materializar es obligarnos a que ese poder adquisitivo que como unidad de valor nos permite comandar un dominio sobre lo que hayamos de adquirir, se encuentre enclaustrado en una cueva de ladrones al objeto de que, gestando los depósitos de un M2 e incluso un M3 que con ciertas salvedades podría ser real, sea progresivamente equiparados con derivados como los CDS y otras basuras colaterales que figuran en las cuentas del Gran Capitán. ¿Os imagináis lo que representaría la "substanciación" de esta niebla y este hollín en el volumen de la masa dineraria que hubiéramos puesto en manos de estos facinerosos? ¿En función de la enorme cantidad de basura, repito, que estos malhechores han creado, podéis imaginaros qué valor adquisitivo tendrán los depósitos que os están induciendo utilicéis a través de un dinero digital que estará secuestrado en esta cueva de ladrones?

A la espera de abundar en el próximo lo que estos bastardos nos están preparando, espero que con lo que he y habrá de ser expuesto podamos conjurar la encerrona con la que a través de la publicidad y de los incentivos nos están embaucando. Pero para ello no sólo tendremos que rechazar la comodidad que representa utilizar una tarjeta como único medio con el que llevar a cabo nuestros pagos; sobre todo tendremos que dejar de balar.





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Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio mar, marzo 14, 2017 12:15:15
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Sobre la Teoría Monetaria Moderna (ll)

Entre aquellas personas a las que les he enviado mi anterior artículo sobre la Teoría Monetaria Moderna no ha habido ninguna que me haya cuestionado lo que en el mismo expuse; y humildemente espero que la razón de esta carencia se encuentre más bien por considerar que estando en lo cierto, todo alegato resultaba inconsecuente que por estimar que por no estarlo habría de concurrir idéntica resulta. De todas formas, como creo en lo que creo, aunque puedan haber sido muchos los que sin haberlo expresado hayan estimado que lo que expuse constituye un desbarro, a fuer de creer que lo que expuse fue suficientemente consecuente, trataré de promover, junto a una pizca de interés, una serie de argumentos que quizás pudieran conseguir, si no modificar puntos de vista, al menos conferirles una pizca de recelo. Y para ello, utilizando un párrafo que figura en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? voy a hurgar en las diferencias que concurren entre las acreditaciones con las que las empresas facilitan sus ventas, como con la creación de dinero que se pretende promover a través de la TMM.

En el mismo se explicita lo siguiente:

7.16.5.8.2. La expansión de la capacidad adquisitiva no sólo ocurre en función del proceso crediticio que le hemos conferido a la banca. Cuando cualquier particular está vendiendo a crédito manteniendo en su Haber este crédito como un activo, genera una capacidad de compra que está ejerciendo las funciones del dinero. Conforma una expansión que sólo finaliza cuando a través de su pago se ha cancelado el crédito suscrito; constituye realmente una creación que nace y muere con el apunte y su cancelación en los libros contables. El hecho que nos muestra que estas actividades no constituyen una verdadera y definitiva creación de dinero, lo tenemos en que, en el caso que alguno de estos créditos resultara fallido, su falta de resolución no estaría acompañada por una disminución de la masa monetaria; constituiría una disipación que no iría más allá de la existencia de unas pérdidas. En la banca, este malogro terminaría con el registro de un evento que al tener que ser considerado como pérdida haría disminuir su capacidad de concesión de crédito. Con lo cual se induciría una cadena de destrucción de lo que habría sido una creación de dinero ficticio. A este respecto tenemos que añadir que tanto en una venta a crédito como en la creación del dinero bancario concurre la existencia de una deuda que ha de ser cancelada con las rentas que o bien nosotros, o nuestra descendencia hayamos de obtener en el futuro.

Por el contrario, en el caso de la TMM el endeudamiento del sector público a través de la financiación llevada a cabo con la creación del dinero fiat no parece que los defensores de esta teoría lo consideren como una deuda que haya de ser cancelada. Que en consecuencia sea una medida que haya de ser interrumpida. Y que en el hipotético caso que se pretendiera reducir, sólo podría realizarse en función de la imposición de gravámenes. Hecho que a tenor de las elusiones de la política fiscal y las relacionadas con la Seguridad Social que Mosler aconseja, difícilmente podría llevarse a cabo, ya que con la utilización de estos recursos (por no hablar de una quitada de esta financiación) disminuiría la incidencia de las medidas adoptadas con la TMM. Que esta situación tendría que ser resuelta juzgando que lo que se hubiera considerado como un incremento marginal del déficit publico habría de ser cancelado a través de una falacia de composición consistente en que (debido a que el sector público forma parte de la sociedad), con la depreciación sufrida por los bienes reales se habría cancelado lo que figurara como apunte en lo que fuera su contabilidad. A mi entender, el silogismo con el que se trata de acreditar los resultados dimanantes de la TMM se encuentra en considerar al componente involucrado en este proceso como una unidad de cuenta en detrimento de lo que también sería un depósito de valor. Lo que ocurre es que con independencia del efecto inflacionario real que se habría de producir en la economía, con este recurso no se superarían las contradicciones que concurren en ella. Y entre ellas hemos de señalar las siguientes:

a) ¿Qué utilización se le habría de dar a los medios de cambio dimanantes de una capacidad infinita de endeudarse? La pregunta que como ejemplo más actualizado nos es dable observar es la que se refiere a lo que está ocurriendo en Aragón con los presupuestos destinados a depuradoras. La que por su persistencia ha alcanzado la naturaleza de lo atemporal; la concepción con la que los que tienen en sus manos la cuchara consideran que lo público no es de nadie. Por lo que onsecuentemente se podrían utilizar los recursos creados para llevar a cabo megalomanías al servicio de aquéllos que con su potestad gobernativa los hubieran interpuesto.

b) ¿Es comprensible, como Warren Mosler sostiene, que el Estado puede determinar el nivel de los precios, ya que de la misma manera que en función de la cantidad de medios de pago que emita por aquellos bienes que haya de adquirir del sector privado, estará estableciendo la valoración que dichos bienes hayan de tener en el mercado? ¿ Qué será en función de la cuantía de estos medios la que dicho sector haya de pagar como impuestos?

Cuando no existe un prestamista de último recurso (a diferencia de lo que ocurre con unos medios que como los emitidos por la Reserva Federal son emulsionados en el resto de las economías y por tanto no afectan directamente a su índice de precios), los que se puedan inyectar en una economía que no tenga este privilegio, sólo pueden ser enjugados cuando esta política monetaria sea seguida en el resto de los demás países. Lo cual nos lleva a la tercera de estas contradicciones.

c) ¿En lo que se refiere a nuestras relaciones con el Exterior, no es cierto que como consecuencia de la diferencia comparativa que dimana de la depreciación promovida como consecuencia de la instauración de la TMM (al igual que ocurriría con una devaluación llevada a cabo por el Banco Central), con las divisas que con nuestras exportaciones hubiéramos obtenido podríamos mercar menos bienes reales que lo que desde el. Exterior se hubiera mercado? ¿Y no representa esto que tanto con un incremento de los precios como tras una devaluación, desde ese Exterior se están apoderando (como ocurrió y sigue ocurriendo con las colonizaciones) de nuestras riquezas? ¿No es ésta una muestra más de las consecuencias que se derivan de nuestra incompetencia relativa con respecto a otros mercados? ¿Y si hay que ser más competitivos, que futuro nos ofrece este modelo en lo que se refiere al de nuestro mercado laboral?

d) Aunque podríamos pensar que con una mayor cuantía de medios de cambio estaríamos materializando una depreciación de los bienes reales de aquéllos que los estuvieran detentando; y que por tanto habríamos conformado una sociedad más igualitaria, hemos de retrotraernos al supuesto mencionado en aquel primer artículo de esta serie en el que se contemplaba una situación en la que un miembro de una comunidad ostentaba diez unidades dinerarias en bienes reales y otro con una capacidad adquisitiva de otras diez unidades exclusivamente dinerarias. Y hemos de hacerlo porque en nuestro caso, la inmensa mayoría de las unidades dinerarias que se inyectaran a través de la TMM (en función de un necesario proceso productivo extraño a la distribución) quedarían en manos de los que estuvieran comandando dicho proceso; es decir, aquéllos que hubieran estado ostentando las riquezas de nuestra comunidad.

e) Lo cual nos lleva tener que hacernos la pregunta del millón. La que queda substanciada en el hecho de que en la economía convencional (con independencia de los rendimientos que se puedan obtener de una manera implícita; es decir, a través del trabajo que personalmente se haya efectuado), sólo existen dos formas de extraer un beneficio en función de la mayor cuantía de medios de cambio que se hayan inyectado en la economía. Bien a través de los salarios no abonados a las fuerzas del trabajo (lo que se conoce como plusvalía absoluta); bien a conquistarlo en función de la depredación que unas empresas perpetren sobre otras. En ambas concurre la pretensión de alcanzar una consecución que se ha de sustanciar a través de un incremento de la tasa de ganancia; un incremento que con independencia de las derivadas que se habrían de producir en lo relativo al interés, no estará ni primaria ni esencialmente dirigido a la formación y especialización de las plantillas de trabajadores, sino a la inversión de aquellos medios que reduciendo su participación en el proceso laboral conlleve como resultado un descenso substancial de los gastos; es decir, incrementar el uso de la plusvalía relativa. Con lo cual, una de las derivadas que estaríamos consiguiendo con la implantación de la Teoría Monetaria Moderna no sería otra cosa que acelerar todavía más el proceso de informatización y robotización. A que la progresiva desaparición de la plusvalía absoluta nos esté llevando a tener que contemplar como una maldición el que tenga que extinguirse lo que como condena fue explicitado en aquella frase que decía: comerás el pan con el sudor de tu frente.

En concordancia con lo expuesto, la respuesta a una pregunta que nos ha llevado a tener que ponderar lo que pudiendo ser un anatema debería ser una liberación se encuentra en un hecho extraordinariamente significativo: en que para que el trabajo no sea una condena, el trabajador y el empresario deben de ser la misma persona. Pero esto es algo que excede a lo que puede ser contemplado en este artículo.



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Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Sobre la TMMPostado por degregorio vie, marzo 03, 2017 12:30:13

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SOBRE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA (l)

Siendo simplemente un estudioso de la economía que rechaza la mayor parte de los argumentos que sostienen los economistas autodenominados como liberales, entiendo que un incremento de la masa monetaria -siempre que esta creación llegue a mano de los consumidores-, necesariamente crea inflación. No la crea cuando la Q.E. (flexibilización cuantitativa), proporcionada por la Reserva Federal y el BCE es utilizada, en el primero de estos casos para, a través de los bonos del estado, proporcionar a la mayor parte de los países un medio de cambio que como una unidad dineraria que se ha adjudicado el patrocinio de moneda universal, ser mantenida como un depósito de valor; en el segundo caso, cuando en función de la generada crisis que estamos experimentando la banca europea lo crea y debido aa sus propias contradicciones no utiliza esa afluencia de dinero para con ella crear crédito. Hasta el momento en el que la criis ha vuelto a reventar la banca lo creaba de la nada. Una creación en la que participaban no solo los que tenían esta potestad, sino además el complejo entramado que a través de esta creación conformó la financiarización. Lo que ocurrió y volverá a ocurrir fue que como el proceso de financiarización que ha venido definiendo la naturaleza del neoliberalismo constituye un discurrir económico fundamentado en la existencia de unos activos exclusivamente virtuales al carecer de la debida representatividad fáctica tuvieron y volverá, a saltar por los aires.

Por el contrario, lo que se propone con la Teoría Monetaria Moderna (si bien a mi entender con una serie de connotaciones que siendo diferentes de las que dimanan de una flexibilización cuantitativa y una creación de dinero bancario, conlleva una serie de secuelas que tanto por sus derivaciones funcionales como por su imposibilidad de superar los objetivos estructurales que con ella se pretenden alcanzar no podemos contemplarla como la encarnación del Ave Fenix que logró resurgir de las cenizas en las que se encontró atrapada. Se trata de incentivar a través de un incremento del déficit presupuestario, un mayor gasto que habría de redundar en un mayor consumo, un aumento de la actividad de los medios de producción y consecuentemente una mayor contratación de mano de obra; una saga de eventos que subsidiariamente contribuiría a que se recaudan más impuestos. Pero para que esto ocurra (como no ocurrió en Japón en los últimos veinte años es necesario que el aumento de lo que se haya producido sea equiparable a la capacidad adquisitiva plasmada en el mayor consumo que a través de esta TMM se pretendería alcanzar. Y es aquí donde radica el hecho de que esta teoría constituye la programación una reactivación de la economía que en función de sus contradicciones, con independencia de haber incrementado el déficit presupuestario y originado un efecto inflacionario, habrá fagocitado los fundamentos en los que se posibilitó.

Los defensores de esta teoría aducen que si con esta afluencia se promueve un mejor desarrollo de la economía, con el mayor volumen de lo producido se estaría enjugando el mayor incremento del gasto inyectado en la economía; y que por tanto no podría concurrir un efecto inflacionario. Sin asumir que con la concurrencia de este supuesto mejor desarrollo (no podemos olvidar que una parte muy substancial de los mayores recursos que gestiona la Administración, a nivel económico son insuficientemente productivos), se han producido innumerables casos de hiperinflación. Conscientemente ignoran que el bien que ha de estar representando los bienes existentes no posee la categoría de un medio que como el oro tiene un valor consuetudinariamente aceptado por la sociedad. Que es la sociedad la que en función de la cuantía de medios de cambio con los que se esté representando un bien la que ha de establecer cuál es el valor que les ha de conferir a estos medios.

Es curioso que en detrimento de una aserto que apuntado por el profesor Rallo (con el cual discrepo desde la pe hasta la pa), defendía que al igual que en las anginas concurren factores que determinan un incremento de la fiebre, un aumento de M2 tiene necesariamente que materializarse como un aumento de la inflación, para recusarlo, a mi entender de una manera completamente inconsecuente con lo que se pretende argumentar es que (utilizando el símil de un rio en el que un incremento del caudal puede llegar desbordarlo), con lo que se propone con la TMM es imposible que ocurra esta avenida en función de que un gobierno que tenga la potestad de crear sus propios medios de cambio nunca puede incurrir en default. No se asume que un déficit, aun siendo presupuestario sigue siendo endógeno; que ha de conllevar una inflación; que con independencia de generar una mayor capacidad exportadora; y que con independencia de su efecto inflacionario, en función de la mayor capacidad adquisitiva derivada del incremento de la actividad económica, ésta ha de ocasionar un déficit exógeno que en lo que se refiere a la financiación de sus importaciones estaría condicionando el desarrollo de la economía. Conscientemente se intenta ignorar que un aumento de la masa dineraria tiene que estar determinado por un incremento marginal del PIN; y que para que esta masa no revierta en mayores acumulaciones este incremento marginal tiene que ser consumido. Es cierto que el déficit del sector público es el superavit del sector privado. Lo que no podemos caer es en la falacia de composición con la que se asegure que dos términos que son complementarios, en este caso pueden mantenerse indefinidamente.

Pero es que además, en este rio no participa sólo una mayor cuantía de dinero fiat. Siendo literalmente precisos, con la creación de medios de cambio se consuma una apropiación a través de la cual el que tiene la potestad de imprimirlos adquiere la capacidad de hacer uso de una parte substancial de los bienes que hayan sido aquistados a través del trabajo. Con lo cual y como consecuencia de que el mayor gasto no redundaría directamente en un mayor consumo, lo que se invirtiera en una mejora de las estructuras públicas estaría ralentizando una parte substancial de lo que con este gasto se hubiera tratado de alcanzar. Lo que tienen lugar con la creación de medios de cambio con la que la TMM pretende reactivar la economía y consecuentemente incrementar la contratación laboral conlleva una serie de secuelas que son comentadas en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ella se dice lo siguiente:

“Para analizar el protagonismo que ha de caracterizar a los distintos tipos de bienes, si un miembro del Sistema poseyera diez unidades en dinero, y otro miembro, otras diez en bienes materiales, de adquirir el primero cinco unidades del acervo material del segundo, entrambos entenderían poseer un patrimonio de veinte unidades. Cada uno pretendería comandar unas riquezas conformadas por cinco unidades en bienes materiales y otras cinco en unos medios investidos con un derecho demandable que presumiblemente tendría que ser real. Una asunción que aunque puntualmente tomamos como contrastada, en realidad no es más que un embeleco; una impostura que como certidumbre socialmente hemos asumido. Y es que si haciendo uso de la singularidad de los extremos contemplamos la posibilidad de que el poseedor de los medios de cambio adquiriera la totalidad de los bienes materiales ostentados por su otro congénere, éste se habría quedado sólo con una capacidad potencial de adquisición; una aptitud que sólo sería dable plasmarla como una pertenencia, en el supuesto de que hubiera otro que, al igual que el detentador de estos bienes exclusivamente nominales, compartiera lo que ambos estuvieran valorando” “Con el dinero hemos llegado a falsificar el truismo de que el todo es equivalente a la suma de sus partes. El que las individualidades contabilicen tanto dichas pertenencias como los medios de cambio que obren en su poder está fundamentado en el hecho de que, como estos medios constituyen un poder adquisitivo sobre los bienes tangibles que posean otras individualidades, se ha producido un desdoblamiento que ha adquirido per se naturaleza propia. El dinero es el sin par elemento que poseyendo todas las apreciaciones valorativas que le concedemos a lo material, trasciende sobre lo que cabría representara. Es un factor contable cuya naturaleza, al mismo tiempo que valora los medios materiales, personifica dicha valoración”



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La indecencia

La indecenciaPostado por degregorio jue, febrero 09, 2017 13:36:57
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LA INDECENCIA QUE SE OCULTA TRAS EL DISFRAZ DE UNOS DATOS BARNIZADOS

No acostumbro dedicar demasiado tiempo a la televisión. Y es que, a mi entender (y creo que a la mayor parte de nosotros), más allá de ciertos programas de divulgación, prácticamente el resto de lo que en ella se nos muestra es una manipulación con la que, desde ciertas instancias se estructura lo que haya de ser nuestra cultura. No obstante, hoy, en uno de esos momentos en los que me he dejado llevar por la improvisación, o quizás sería mejor decir, por ese incomprensible masoquismo que nos obliga a sentir en nuestras carnes lo que como desgracia están sintiendo otras, me detuve a contemplar lo que como realidad, que no como noticia, se estaba divulgando en las ondas. Vi cómo una pobre madre, superando sus vergüenzas, le contaba a la audiencia, que su hijo, la mayor parte de los días tenía que ir a la escuela sin haber tomado ni siquiera un vaso de leche. Que ante la posibilidad de encontrar un trabajo, se debatía en la angustia de no saber si cuando regresara podría ofrecerle algo de comer. No se preocupaba por ella, se acongojaba por su hijo. Con esa indescriptible proyección con la que los humanos (e incluso aquellos que por no pertenecer a este género desconocen el significado de lo que representa la inhumanidad), solemos identificarnos con aquello que se encuentra más allá de nuestro propio ser. Y como humano, vi cómo una serie de televidentes se ofrecieron a ayudar a esta madre angustiada. Ví cómo algunos de ellos se brindaron ¡ojo al dato! a mandarle durante varios meses la increíble suma de cincuenta euros. Y he dicho increíble, porque estimo que las posibilidades de los que se implicaban eran directamente proporcionales al tiempo en el que creían que se podrían comprometer a enviarle dicha ayuda. No voy a sacar a colación que algunos otros contribuyeran con mayor cuantía. Lo que pretendo reseñar es que, salvo raras excepciones (y en ellas, las auxilios, o bien son una forma de encumbrarse, o un a manera de justificarse ante uno mismo), los que menos están determinados por esta necesidad de aplazamientos son los que menos inclinados se encuentran a prestarle atención a estas vivencias. Es la razón del por qué estamos como estamos. Porque en vez de dedicar todos nuestros esfuerzos en alcanzar la justicia social, nos conformamos con la beneficencia. Es lo que nos demuestra que en una economía en la que lo detentado sólo conlleva la pretensión de posibilitar un estado de cosas en el que dicha situación continúe crónicamente incrementándose, la solidaridad acostumbran a ejercerla los que verdaderamente sintieron su inclemencia. El que tiene más de lo que necesita, necesita más de lo que tiene. Lo que no es asumido como inevitable (y esto es lo que pretendo patentizar en estas líneas) es que con independencia de generar desigualdades e injusticias, este desarrollo está determinado por una proyección que Marx auguró hace ya siglo y medio: la de que las injusticias y las desigualdades irremisiblemente tienen que provocar el espectro que se cierne sobre el capitalismo. Y para patentizar la evidencia de esta conjetura, nada mejor observar la trayectoria que desde que tenemos datos fehacientes ha seguido este modelo que conocemos como economía de libre mercado.

No podemos negar las bondades que adornaron a un modelo en el que la propiedad privada, a través del sedentarismo que conllevaba el trabajo de la tierra, fue generalizándose; una propiedad y una acumulación que hizo posible el desarrollo de la iniciativa privada. Lo que acaece es que la propiedad y la acumulación son dos conceptos tan elásticos y tan acomodaticios, que cuando condicionados por el subjetivismo dejan atrás esa seguridad que permitió ejercer la iniciativa, el esquema se rompe; y lo que anteriormente había sido bondad se convierte en perversión. Esto es lo que ocurrió cuando como consecuencia de la Revolución Industrial, el poder económico se concentró en un sector muy reducido de la población. Debido a las resultas que dimanan de una propiedad y una acumulación con las que se establece lo que debe producirse (sin asumir como determinante lo que se debe consumir), se generaron una serie de disturbios que obligaron a los que habían acumulado a tener que aceptar la jornada laboral de ocho horas. Es decir, tuvieron que admitir que para reducir la inestabilidad era preciso hacer una distribución más generalizada de lo que hubieran de ser los beneficios. Algo que en el presente parece que el capitalismo ha olvidado; y que inevitablemente le ha de pasar factura. Y esto ocurre no sólo porque en el presente, las fuerzas represoras y el cuarto poder nos condicionan de una forma científicamente elaborada, sino también porque además, acostumbrados al bienestar social que mientras pudimos imponérselo le arrancamos al capitalismo, el temor a perder lo adquirido nos impide luchar por defenderlo.

Es cierto que en el modelo de economía que espuriamente denominamos de libre mercado hemos tenido personajes que entendiendo lo que representan la desigualdad en la distribución y consecuentemente la pobreza, han tratado de conferirle un rostro más humano. Y entre ellos voy a citar a uno que siendo defensor de la economía convencional, por tratar de viabilizarla recurrió a una serie de premisas que por ser consideradas anatema, ni fueron del agrado de los poderosos, ni como solución han sido efectivas. En consecuencia no voy a defender como absolutas las ventajas y virtudes que concurren en el keynesianismo. Y no voy a hacerlo porque ante el hecho de que lo que verdaderamente puede mantener boyante una economía es que su sistema de producción y de distribución sean un todo eficiente, el hecho de que las disfunciones que acaecen en ella tengan que ser subvenidas con los impuestos que colecte el Estado nos dan fe de su falta de eficiencia.

Keynes fue un excelso economista; pero ante todo, como conservador que conocía las arbitrariedades que se producen en las economías, su celo estuvo dirigido a "racionalizarlas". Y el hecho de que no lo consiguiera lo tenemos en que hasta que no se desencadenó la Segunda Guerra (y con ella una producción masiva que lógicamente tenía que estar fundamentada en un incremento de la Deuda), no pudieron subsanarse los niveles del paro. Lo cual, sin desdecir un ápice la importancia de una "racionalización" que no podía ser considerada cien por cien efectiva, proporcionó a nuestra sociedad los mejores treinta años de la historia.

Es cierto que para que esta economía se desarrolle de una forma optima necesita de las expectativas que les pueda brindar la obtención de marginales beneficios. Con lo cual, aquello de que la administración intervenga en el mercado (especialmente el laboral). Según las tesis de los empresarios, en las actividades económicas la utilización del keynesianismo resulta una fórmula fallida. Con ella se violan los sacrosantos fundamentos que figuran en la base de la economía. Ocurre que con los impuestos que se detraigan de los beneficios y sean consumidos sin que con su consumo se genere una nueva creación, se produce una disminución de las posibilidades de invertir; y en consecuencia la economía tiene que resentirse. Como la inversión sólo puede materializarse a través de la consecución del beneficio; y para que éste se produzca ha de salir de la diferencia entre el valor contractual y el de compra, según ellos, con el keynesianismo se reduce la actividad inversora. y con ella las ofertas de trabajo .Y para reafirmar este discernimiento, aducen (en la más descarada falacia de composición que le es dable formular a los que utilizan su capacidad de razonar exclusivamente de una manera subjetiva), que como las cuantías que se han de destinar a cubrir las necesidades que no pueden ser cubiertas por la existencia de un paro estructural siempre son inferiores a lo que se hubiera de abonar por los salarios no abonados como consecuencia de esta falta de inversión, el consumo también ha de ser inferior a lo que en la ausencia de gravámenes se pudiera conseguir. Olvidando decir, en una muestra más de la indecencia que cobija este aserto, que si existe el paro, es porque con unas inversiones que han dimanado de unas acumulaciones que dan fe de la inicua distribución de lo que ha sido producido se genera un proceso de producción y de distribución que a través de las plusvalías detraen del consuma una parte significativa de lo producido; una disminución en el conjunto que es en última instancia el causante de que se produzca el paro. La indecencia está en que se diga que debido a la política económica seguida por el desgobierno se ha incrementado el P.I.B en un 3,2%, y no se mencione los miles de horas que como consecuencia de la nueva legislación laboral (como producto final del "descenso del paro") se han dejado de trabajar en el mismo periodo de tiempo. Que se haya producido más con menos trabajo. Es decir que se haya incrementado la para el común de los mortales desconocida productividad. Lo cual explica los por qué de esta indecencia. El que esa pobre mujer (como otros muchos miles de los que este gobierno dice estar representando), tenga asegurada la indigencia y el por qué de que durante esta crisis se haya incrementado el número de los mil millonarios.

Y con ello (los italianos, que sarcásticamente utilizan el término más apropiado para definir lo inapropiado), hemos llegado casi al fin de la trágica trayectoria que ha desarrollado esta "porca gobernanza". Y digo "casi al fin", porque a la vista de lo que está ocurriendo en esta España nuestra; esta España, que más que nuestra es de "ellos", ese "casi" está estrechamente determinado por nuestra inclinación a seguir con el culo pegado al asiento.



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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VIl)

Origen y superacionPostado por degregorio mar, enero 24, 2017 19:12:11
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Origen, patología, evolución y superación del capitalismo (VII)

Al observar el rastro que ha dejado tras sí el capitalismo no sólo hemos e preguntarnos la vigencia de aquello con lo que nos ilustró el Sr. Smith al decirnos que el beneficio que el individuo busca procurarse para sí constituye el beneficio que como resultado revierte en la sociedad. No sólo hemos de preguntarnos sobre las razones que impenitentemente defienden unos economistas ortodoxos, que siguiendo las pautas de un Böhn Bawerk, un Hayek, un Friedman y últimamente en España, un Ramón Rallo, consideran que el mercado marca sus propias reglas, y que por tanto toda interferencia que se pretenda imponer sobre él se traduce en una disfunción que los gobiernos deben evitar. No sólo hemos de preguntarnos qué es lo que éstos piensan o pensaron aquéllos que ya no pueden sostener sus teorías, tanto porque han resultado falsas como porque no están en situación de sostenerlas. Cuando una vez observadas las injusticias y estragos que ha propiciado el capitalismo lo más florido de la CEOE tiene la desvergüenza de decir que para salir de la crisis es necesario trabajar más y cobrar menos. Cuando instalada en idéntica categoría de la procacidad, la devota onubense nos informa de las bondades de la movilidad geográfica. Cuando blasonando de su liberalismo los monaguillo del capitalismo tienen el descaro de acudir al intervencionismo para reparar con cargo a lo público los destrozos que éste ha generado. En concordancia con todo lo expuesto hemos de preguntarnos ¿esta odisea se puede mantener mucho tiempo?

Con respecto a esta pregunta se abren ante nosotros dos respuestas que necesitan ser analizadas.

La primera es si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo de una forma directa; es decir, a la usanza a la que nos ha acostumbrado la historia.

En este ámbito soy sencillamente pesimista. Por una parte hemos de ser conscientes que ya sea por personalismos o por múltiples intereses subjetivos, es prácticamente imposible compatibilizar las opiniones de los que las estén configurando. Es lo que implícitamente Rousseau no se atrevió a decir en el Contrato Social. Aunque en este área estimo que hogaño, algo sí podemos hacer. Por otra, el Estado se ha investido con toda una suerte de resortes que han completamente metabolizado cualquier acción directa. Entre ellas, la catequización con la que justifica la existencia de una democracia "representativa" que como muchas otras doctrinas consumimos sin ni siquiera ponerla en cuestión. Una democracia que en función de la forma en la que se ha forjado, nos ha llevado a la politización de la justicia, la connivencia de los medios de comunicación, la total incapacitación para opinar sobre las actividades represivas con las que garantiza la existencia y la continuidad de estos "representantes"; y como resultado, la concienciación de que ante nuestra indefensión tenemos que asumir aquello de que "más vale malo conocido que bueno por conocer" Como nos muestra el comportamiento que ante el desconocimiento de lo que podría ocurrir con su voto caracteriza a los más desvalidos de nuestra sociedad.

La segunda es si esta transformación se habrá de producir ante el reconocimiento del propio capitalismo por la imposibilidad de no poder seguir imprimiendo su huella sobre la sociedad. Y ésta, ante la capacidad decisoria que le confiere su control y las razones que se concitan si no se produjera, al menos como tesis sí podría producirse. Lo estamos viendo con el proteccionismo que en contraposición al libre comercio está llevando a cabo algunos Estados; con el paso de un neoliberalismo globalizador a un nacionalismo marcadamente fascista; cuando observamos cómo la banca y las grandes empresas que incurren pérdidas abandonan sus posiciones neoliberales y demandan de los gobiernos la intervención estatal. Lo vemos en la aceptación con la que otros están admitiendo la instauración de una renta básica que reduzca la tensión ante un problema que como el paro es imposible de solucionar debido a que las empresas no pueden aceptar la reducción de una tasa de ganancia que como plusvalía relativa conlleva la reinversión. Se concreta cuando percibimos que para poner a buen recaudo lo que a pesar de esta reducción lleva implícita una desposeción, tienen que recurrir a una deslocalización de los beneficios extraídos, cuando no, a una huida al refugio que este capitalismo ha hecho posible con los paraísos fiscales. Lo que ocurre es que una cosa es lo que a tenor de la razón podríamos contemplar como previsible y otra lo que como consecuencia de la insaciable codicia con la que subjetivamente se suele inhabilitar la capacidad de razonar, el capitalismo encontrará la forma de al menos salvar parte de sus muebles. Ocurre que por lo que estamos viendo, a pesar de la necesidad de utilizar recursos que el mismo capital entiende no le llevan a ninguna parte, éste sigue buscando rutas alternativas que aunque en función de su naturaleza le han de llevar al mismo desenlace. Me estoy refiriendo a algo que se está convirtiendo en una praxis. Verso sobre el último recurso que en su intento de superar los desmanes que ha generado con la creación de unos apuntes bancarios que como colateral no es más que humo, está tratando de darle consistencia a sus manipulaciones a través de la completa desaparición de los medios de cambio y su sustitución por un dinero digital que serían otros los que adquirieran el dominio de lo que de estos medios hubieran de ser. A este respecto saco a colación un párrafo que figura en un artículo de la serie "La penúltima huida hacia ninguna parte" Dice lo siguiente:

Lo que ocurre es que al igual que este gobierno se vio obligado (más allá de su tácita o real procedencia) a crear valor adquisitivo con el que supuestamente satisfacer las exigencias con las que la banca le estaban obligando, con la creación de unos medios de cambio digitales, que por no estar determinados ni por las restricciones que les imponen unos depósitos como M1, M2 y M3, ni por un control de aquéllos que han de sufrir sus consecuencias, se estaría llevando a cabo la mayor homogeneización que fuera capaz de elucubrar cualquier persona decente. Se estaría equiparando el valor que como depósito de cambio debe caracterizar al cuasi-dinero con el valor virtual que tuviera toda la basura que atesora la banca como consecuencia de su confabulación con el capitalismo. Con lo cual todo el valor especulativo que esta simbiosis de la podredumbre habría acumulado a costa de la cofradía de creyentes que está siendo adoctrinada con las excelencias del dinero digital habría adquirido carta de naturaleza substantivada. Con esto acaecería algo parecido a lo que ocurre con la Reserva Federal norteamericana cuando con la enorme profusión de los billetes que imprime, inunda las economías de los demás estados; y con trozos de papel adquiere lo que como productos y servicios le permite su posesión de privilegio. Y esto, sin ser tenido en cuenta que con este volumen de oferta agregada (amén de la que proviene de su propia falta de competitividad (una situación que ellos mismos han generado a través del neoliberalismo y la globalización), lo que como interferencia en su propio proceso económico no pueden cubrir las empresas con salarios, lo tiene que compensar con enormes subvenciones su Administración.

Ante una tesitura que en el mejor de los casos nos habría de conducir a que lo que hubiera de ser el Poder, por la inalienable necesidad de tener que ejercerlo sobre alguien nos concediera el derecho de vivir subvencionados y en el peor a que ese Poder tuviera que consumir todas sus miserias encerrado en un bunker bajo tierra, hemos de replantarnos la opción de si la transformación del capitalismo podrá ser llevada a cabo por el pueblo. De si en la asunción de esta elección podríamos superar la visceralidad con la que desde siempre hemos pretendido alcanzar resultados racionales.

A este respecto ya dije que en este área, hogaño, algo sí podemos hacer. Pero esto es algo que necesita más espacio de lo que se puede insertar en un artículo. Así es que si tuviera la suerte de poder lograrlo trataré de establecer en el que siga a éste las bases con las que con un tanto de esfuerzo y un cuanto de honestidad, poder lograrlo.




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El Fondo de Pensiones

El Fondo de PensionesPostado por degregorio mar, enero 24, 2017 19:04:25

EN RECONSTRUCCIÓN

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la renta básica

LA RENTA BÁSICAPostado por degregorio mar, enero 24, 2017 19:00:18


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LA RENTA BÁSICA TIENE QUE SER RESULTADO DE UN PARTO (l)

degregorio.unaeconomiasocial.es

A Jordi Arcarons, Daniel Raventós, Lluís Torrens y todos aquéllos visionarios que, quizás sin ponderar suficientemente la naturaleza del endriago con el que se enfrentan, han venido defendiendo que los seres humanos están por encima de las ideologías y de las formas en las que se desarrolla el actual proceso económico.

El que se haya de considerar como necesaria la instauración de una Renta Básica es lo que se negaron asumir aquéllos que no previeron que en su búsqueda de un permanente incremento de la rentabilidad se iba a incrementar de tal manera las diferencias entre los poseedores y los desposeídos, que se ha considerado necesario solventar la situación a través de lo que con elaborada pertinacia han tratado de ignorar: el establecimiento de una Renta Básica que va más allá de las subvenciones con las que se quiere edulcorar las injusticias que dimanan de una proterva distribución de lo producido; una distribución que en función de ser una asignación asegurada, rompe todos los parámetros con los que se ha intentado enmascarar a través del socorro y la limosna las desigualdades que se producen en el capitalismo. Lo que ocurre es que el modelo de estos gestores, al par de irresponsable, es extremadamente tozudo. No pueden entender que con sus consecuciones se encuentran con haber parido un feto que no pueden socialmente bautizar. Tienen que conservarlo en formol. Eso sí, inscribiéndolo en sus Cartillas de Familia como el resultado natural de una concepción en la que el que se contempló a sí mismo como diferente había tenido que inscribirlo como un miembro de lo que no reconocía.

Una vez sacados a la palestra lo que este modelo ha pretendido mantener soterrado hemos de ponderar los que con el establecimiento de la Renta Básica tendremos que enfrentarnos. No sólo por la enorme cuantía de recursos materiales con los que este modelo acostumbra desaconsejar la procedencia de lo que se pretende modificar; ha de ser tenido en cuenta la ingente cantidad de personas que honesta o interesadamente, con razonamientos más o menos elaborados y consignas completamente discurridas, impugnan y desacreditan lo que pudiera poner en peligro una situación de privilegio.

No voy a detenerme en esa argucia liberal con la que, refutando las virtudes de la distribución de las riquezas, se pretende argumentar (como hace el señor Rallo), que en un mundo en el que todo fuera de todos, la libertad sólo podría manifestarse por licencia de la mayoría. Y no lo hago, porque la mayoría que él contempla, en función de las circunstancias que concurren en una economía de mercado, no es aquélla a la que se refirió Rousseau en su Contrato Social.

Tampoco voy a detenerme en lo que expone como Principio de Voluntariedad, o autonomía contractual. Y desisto de hacerlo porque esta voluntariedad contractual se encuentra sometida en los pactos por unas circunstancias asimismo derivadas de la existencia de un modelo que vulnera los derechos natural y positivo con los que razonadamente se debe regular la convivencia. Como dice el señor Raventós, en la relación entre ricos y pobres no existe libertad contractual.

No entiendo como el señor Rallo puede decir que la Renta Básica puede conculcar los derechos de las personas para realizarse vitalmente. A menos que esté obligado a conceder que para realizarse de una forma vital es requisito indispensable no haber sido receptor de aquellas armas con las que abrirse camino en la selva que ha conformado este modelo. No entiendo cómo si para alcanzar esta realización vital es necesario carecer de unos medios que podrían ayudarle a alcanzar este objetivo, no contempla asimismo que aquéllos que no precisan esta renta, para realizarse (entendiendo que esta realización conlleva el haber tenido que luchar para conseguirlo), deberían rehusar sus privilegios. Y no lo entiendo, porque a continuación arguye que con 625 euros se establece una relación en la que los que cobraran una renta básica se encontrarían determinados por los que obtuvieran unas mayores rentas.

Es cierto que con la renta básica no se solucionan las diferencias entre el valor contractual (entendido como el salario implicado en la elaboración de los bienes y servicios que han de ser utilizados), y el valor de cambio que se ha de pagar por esos bienes y servicios. Seguirían produciéndose acumulaciones. Lo que ocurriría es que con los gravámenes que se habrían de aplicar para posibilitarla se estarían reduciendo las diferencias que concurren entre ambos valores.

Como dice el señor Rallo, el capitalismo se basa en la acumulación. El capital es inversión. La inversión viene del ahorro. Y el ahorro viene de la reducción del consumo. Lo cual me lleva a pensar, si esto es así, ¿cómo se justifica una reflexión que como exhortación nos aconseja la reducción del consumo y el apego al ahorro cuando la actividad del capital esté prioritariamente fundamentada en inducirnos a un consumo compulsivo? Aunque ahora que lo pienso, olvidé que para el capitalismo nosotros somos algo extraño. Somos algo que hay que utilizar y esta utilización exige que seamos catequizados y utilizados como cosas. Somos exclusivamente células de un tejido que ni siquiera es social; células de las cuales se puede prescindir cuando en ese tejido han perdido su solo conjeturada representatividad. Y este modelo estima que el capital es algo más que un conjunto de células; y al entender que solamente constituyen un medio, se atribuye a sí mismo la interpretación de lo que debe ser el tejido social. Lo considera como un complemento necesario para que con su utilización, como juez, como diseñador y hasta como casero el capital pueda lucir en todo su esplendor. Y el capitalista se ha tomado tan en serio el papel que ha de representar, que ha transubstanciado su propia identidad en algo que necesitando un complemento considera que está exento de toda dependencia.

Teniendo en cuenta la enorme oposición que habrá de suscitar una R.B. que estaría obligando a este modelo a cotizar a sus decilas superiores unos gravámenes que el capital consideraría confiscatorios, a mi entender, lo primero que tenemos que hacer es ponderar de qué forma podemos obligar a quienes desde mucho antes de Espartaco sostienen por el mango la sartén en la que se cocina lo que se ha mantenido en la despensa. Sobre todo cuando es público y notorio que este modelo ha sodomizado a los gobiernos; y que por tanto, éstos, según sostiene el señor Rallo (aunque él lo dice por la existencia de unas regulaciones que a su entender importunan el deseado desarrollo del modelo neoliberal), no son más que una mafia organizada para apalear, secuestrar y robar a la gente.

La historia se ha venido inexorablemente repitiendo. Es como si no hubiéramos podido asimilar que con independencia de mantenernos eternamente vigilantes, todas las consecuciones que hemos podido arrancarle a este modelo, las hemos alcanzado a través de un toma y daca en el que se han venido ponderando las consecuencias que se habrían de derivar de un rechazo, que defendiendo algo puntual, podría estar poniendo en peligro la representatividad de lo global.

Pero es que además (y a esta adición hay que conferirle un énfasis elefantisíaco), no podemos olvidar la significación que para la ciudadanía habrá de tener una renta básica que al estar dirigida a todos los ciudadanos (incluidas las amas de casa, los parados y los estudiantes), en la lógica disposición a razonar sobre lo que hubiera de ser asignado se estaría sacando a la palestra aquéllas subvenciones que teniendo que cubrir los gastos de entidades tan transparentes y democráticas como son el ejército y la casa real, inexplicablemente podrían ser puestas en tela de juicio.

El mercado es el mercado. Incluso cuando ese mercado, como consecuencia del incremento de la tecnología cada vez demanda menos mano de obra. Porque esta disminución de los puestos de trabajo tendrá que ser cubierta con subsidios de paro…; y aunque es cierto que con subvenciones y con una buena dosis de mentiras y promesas se intenta remendar aquello de lo que se ha abusado, el mercado es el mercado; y sus principios (aunque quizás sería mejor decir, su abecedario) los ha expuesto con absoluta claridad el primer economista jefe del BCE, Omar Issing. El cual, al referirse a esta Europa de los mercaderes nos ha dicho:

"la actual falta de flexibilidad del mercado de trabajo unida a los incentivos “mal orientados” que proporciona la Seguridad Social y el Estado de Bienestar son incompatible con la moneda única”.

¡Pues que se vaya la moneda única al carajo!

Lo que este insigne primer economista jefe del BCE no ha llegado a digerir (quizás por su continua ingestión de las innumerables recomendaciones que le han proporcionado los lobbies que infestan Europa), es que si esta falta flexibilidad es incompatible con el desarrollo del euro, esta cuadrilla de facinerosos al servicio de los capitalistas hemos de mandarlos al lugar que por sus inmerecidos meritos les corresponde. Por ejemplo, al Tribunal de la Haya. Este insigne primer economista del BCE está bebiendo (y además lo esta haciendo hasta atiborrarse), en unas fuentes exclusivamente vinculadas con la consecución de unas riquezas dedicadas a la acumulación; unas riquezas que al no ser distribuidas entre todos los componentes de la sociedad son totalmente incompatibles con las funciones que debe desarrollar la economía. Este economista enganchado en la noria parece no entender que la flexibilización laboral que pretende el neoliberalismo (acompañada por la liberalización total de los mercados) conlleva la imposibilidad de que los trabajadores puedan cotizar y hacer posible sus jubilaciones. Y en lugar de asumir que en una economía cada vez más rica existen recursos suficientes, considera que es necesario que los trabajadores concierten con la banca (a semejanza de la mochila austriaca abanderada por el señor Rallo y un tal señor Linde), unos fondos con los que garantizar sus futuras pensiones. Utilizan el manido argumento de que la provisión de las pensiones está íntimamente vinculada con la disminución de la natalidad y no con la existencia de unas cotizaciones que debido a la nefasta legislación laboral de una tal Báñez, pasará a la posteridad como una muestra más de lo que es el elenco de este malgobierno. Utilizan el manoseado argumento de la natalidad y no se les cae la caras de vergüenza (será quizás porque por su dureza se encuentran firmemente ancladas en sus patéticas estructuras morfológicas), cuando alegando que en el futuro no habrá suficientes cotizantes, cínicamente no mencionan los cientos de miles, que al tener que emigrar, no pueden cotizar. No entienden (o quizás sería mejor decir, no han sopesado la importancia que tiene el entenderlo), que en la economía capitalista concurre una dicotomía entre los derechos y razonamiento que se adjudica el capital y los que racional y legislativamente tienen y deben ser adscritos a la ciudadanía.

Una vez asumida la situación en la que nos encontramos ¿es hacedero pretender (sin que esta pretensión sea secundada con unas rebeliones que hasta ahora sólo han conseguido la aparición de caras nuevas que con el tiempo se convirtieron en carátulas), que sólo con la convicción de que es preciso la instauración de una R.B. podremos alcanzar nuestro objetivo? A mi entender no es suficiente. Es necesario ir más allá. Y esto es algo que he tratado de desarrollar en la obra ¿Es posible otra economía de mercado? No obstante, con independencia de seguir acariciando la instauración de un proyecto como el de la renta básica, será preciso forjar una cultura en la que al individuo se le enseñe que como ente racional, ha de estar dispuesto a utilizar sus potencialidades conformando una estructura con la que independizarse de los sometimientos con los que le sojuzga el capital, los gobiernos y sus leyes. Un capital, unos gobiernos y unas leyes que a través de la culturización subjetivada que han tenido a bien imponernos, nos han convertido en algo que a tenor de nuestra actual incapacidad de comportarnos como lo que decimos somos, nos contemplan como algo que en nuestras manifestaciones sólo contamos como componentes demoscópicos. Hemos de concienciarnos que tenemos que conformar una estructura en la que nuestra capacidad de razonar nos permita establecer una forma de gobernar en la que sea el pueblo el actor y el objeto de lo que se decida; una estructura que ha de ser el fruto de un parto. Y este parto es tan doloroso para aquellos que evaden sus beneficios a través de una ingeniería financiera, que para darlo a luz, entre otras cosas será preciso interferir en las formas con las que la banca lleva a cabo sus mafiosas transacciones.

Últimamente (con independencias de las opugnaciones orquestadas por el señor Rallo) estamos viendo como, aunque de manera bien intencionada, se están manifestando unas refutaciones al establecimiento de la R.B. que a pesar de contener un germen que las justifican, en la mayor parte de los casos resultan infundadas. Con ello me refiero a que según éstos, la imposición de esta R.B. habría de provocar un efecto inflacionario impulsado por un mayor nivel de renta de las clases más desfavorecidas. Como si en contraposición al superior consumo que pudieran disfrutar estas inconsecuentes clases fueran un anatema que no se estaría produciendo como consecuencia del consumo de los mayores beneficios obtenidos por el capital. Como si con independencia de la existencia de una inflación provocada por una demanda marginal, el capital no hubiera sido el principal agente que la hubiera ocasionado al elevar los precios en la seguridad de obtener mayores beneficios. Se arguye que los autónomos y pequeñas empresas tendrían que desaparecer debido al establecimiento de una R.B. que estaría incrementando sus costos salariales; como si agobiados por la indefensión que estos pequeños empresarios estuvieran sufriendo con respecto a las grandes empresas la Administración no estuviera obligada a implementar los medios con los que mitigarla. Se podrá decir que esta orfandad constituye una realidad; pero si su vigencia es algo actual es porque a aquella indefensión hay que sumarle la nula oposición con la que estos pequeños empresarios defienden sus derechos. Todo lo que se deba de alcanzar ha de ser conseguido en función del derecho que haya de asistir a ese deber. El derecho se debe imponer. Aconsejablemente a tenor de esa actividad intelectiva que nos lleva a conocer de su existencia; marginalmente, haciendo uso de esa misma función, a través de coacciones que nos permitan materializarlo.

Mas allá de las situaciones que han sido contempladas, existen otras que la R. B., por ser ésta exclusivamente una medida adicional a las que para superar las disfunciones de este modelo se intenta aplicar, sólo puede conseguir una minoración de sus aberraciones. Entre ellas se encuentra la de que en multitud de casos, con el establecimiento de la R.B. muchos empresarios sopesarían la posibilidad de reducir salarios en función de los factores que pudieran concurrir con respecto a la situación en la que se encontraran los trabajadores. Una irrenunciable derivada que contemplo en la primera parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? En ella se dice lo siguiente:

Si observamos en toda su gélida crudeza el comportamiento del mercado laboral, podremos contemplar que esta manera de actuar no es más que la expresión de todo lo bueno y de todo lo malo que los humanos podemos hacer. Advertiremos que las ofertas y demandas laborales solicitadas tanto por las empresas como por los trabajadores, no suelen estar determinadas sólo en función de un valor o una escasez; que existe todo un cúmulo de factores, tanto físicos como psíquicos, que hacen que la situación en la que cada uno de ellos se encuentre, sea el determinante que mediatice la postura del otro.

Sacando a colación la archiconocida ley de la Oferta y la Demanda, el oferente de un puesto de trabajo es consciente de la situación en la que se pueden encontrar tanto la mujer como el que por primera vez solicita un empleo. El mundo empresarial conoce que las necesidades de éstos, generalmente son menores que las de un padre de familia. Y aunque en teoría, esta menor dependencia hacia lo que las empresas les pudieran ofrecer, tendría que incrementar el precio de sus ofertas, la realidad es que al materializarse esta demanda de forma indefectible (ya sea debido a los deseos que unos pudieran tener para realizarse en el trabajo, ya sea en otros la aspiración de conseguir mejoras), las empresas pueden contar como un factor determinante de su oferta, el hecho de que debido a su falta de necesidad, aquéllos aceptarán una menor retribución.

Sabemos lo que ocurre; y deploramos que haya de ser así; pero si respetando las leyes de un mercado que ha sido el único que ha demostrado una eficiencia y una capacidad para que en él pueda desarrollarse la libre iniciativa, queremos modelar su cara más humana, tendremos, tanto que provisionalmente admitir sus desafueros, como tratar de corregirlos. Si nosotros sabemos que una demanda laboral, que en igualdad de capacitación, y habiendo sido en principio considerada como marginal, al ser incorporada en el puesto demandado debió perder su marginalidad y con ella la diferenciación retributiva que hubiera tenido con respecto al resto de las fuerzas laborales, el que nosotros tengamos que aceptarla en la manera en que lo hacemos, es tanto el fruto del uso de la fuerza de unos, como del de la debilidad de otros. De una fuerza y una debilidad que no caducan, porque al seguir vigente esa menor necesidad y al mantenerse las demandas de estos colectivos, la relación sigue siendo la misma: la de que los demandantes se contenten con menos, y la de que los oferentes no tengan necesidad de ofrecer tampoco más por ellas.



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La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio vie, enero 20, 2017 02:00:48

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LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (?)

Mucho es lo que se ha escrito sobre economía y mucha las mentiras con las que se ha enaltecido la realidad para mostrarnos las excelencias de un proceso que al ser puesto al servicio de una mano invisible sólo lo fue por estar ésta recubierta de basura. Mucho lo que se ha apuntado para intentar sensibilizar a la ciudadanía de que todos los gobiernos; absolutamente todos, están rebozados por la misma inmundicia de aquéllos a los que protegen. No se puede ser cómplice y al mismo tiempo pretender que lo que están haciendo lo llevan a cabo en nombre del pueblo. Hay una cita bíblica que dice "Por sus hechos los conoceréis". Lo que ocurre es que si el templo en el que ésta se produjo estaba lleno de sepulcros blanqueados, ya podéis imaginaros lo que ocurre en una sociedad en la que como consecuencia de la corrupción, el nepotismo y la desigualdad, el color de los sepulcros, en función de su hedor carece de importancia. Como exegetas y docentes de la doctrina que se genera en la existencia del dinero, como escribas y como fariseos se han trajeado con túnicas blancas tratando de ocultar que su "representatividad" no es otra cosa que es la encarnación de hasta dónde puede llegar la estupidez de los que los han elegido y los mantienen con su voto. Una estulticia que nos viene a mostrar que con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, ni sabemos lo que verdaderamente son, ni lo que nosotros mismos somos.

No voy a hacer una relación ni de las mentiras con las que tratan de justificar sus actos, ni de las consecuencias que estos actos tendrían que procurarles. Son tan evidentes y tan numerosas, que a pesar del adoctrinamiento con el que las asumimos, existen situaciones en las que lo innegable debería producir algo más que una manifestación reprobatoria. Que es lo que impenitentemente solemos hacer. No voy a hacerlo porque como dije con anterioridad, mucho se ha escrito sobre el tema y mucha la indolencia con la que nos llevan a la cama. Voy tan solo a relatar que a la larga, el futuro de esta sociedad, conjuntamente con el de estos rufianes; así como de los mentores que proveen el burdel, los enseres y la cama, como me comprometo demostrar en este artículo, vamos a tener que convivir como si de una familia más o menos decente se tratara. Lo único que en este devenir me decepciona y temo, es que lo que haya de ser en el futuro no lo habremos conseguido en el ejercicio de nuestra hominidad y nuestros derechos. Será el resultado de un proceso que por estar podrido tendrá que encontrar la manera de modificar su desenvolvimiento. Digo que me decepciona y temo, porque lo que no se alcanza con una conquista dice mucho de la naturaleza de los que ni siquiera participaron en su consecución.

Y entretanto los promotores y arquitectos que financiaron y diseñaron este nuevo templo siguen engrosando las filas y obligando a estos execrables dominguillos a justificar y difundir que los cimientos diseñados mantienen un edificio que juzgan será eterno. Sin entender que en la cúpula de este diseño cada vez caben menos; y cada vez se mueve más la basa que tendría que sostenerlos. Porque cada vez es mayor el peso que han de sostener las espaldas. Y es que el capital ya no se conforma con exarcir una plusvalía absoluta que es la única forma de obtener un beneficio no transaccional; ni siquiera utilizando una plusvalía relativa que reduciendo el número de los expoliados, junto con la producción en cadena y la robotización aseguran la obtención de dicho beneficio. Ha superado la incapacidad de que los trabajadores no puedan consumir con sus salarios aquello que hubieran creado recurriendo al establecimiento de un consumo que a través del crédito tiene que ser pagado no se sabe cómo en el futuro. Con lo cual, al haber endeudado a la ciudadanía, con estas deudas y los intereses que con las mismas se generan, se establece una situación en la que lo que se ha subsanado en el presente hipoteca en el futuro el propio desarrollo del capitalismo.

Esto es algo que el capital conoce y aunque con reluctancia lo tiene que asumir, se encuentra maniatado por lo que como propensión conductual se encuentra implícito en sus genes. En consecuencia y en su busca de evadir lo que lo está determinando, últimamente ha recurrido a la globalización, al desplazamiento de capitales y de empresas, a tratar de justificar la necesidad de establecer un fondo de pensiones, así como, a través de un incremento masivo de acreditaciones carentes de representatividad física, seguir obteniendo unas tasas de retorno que junto con su principal sólo pueden mantenerse en la existencia de una banca corrupta que al estar respaldada por unos gobiernos de igual naturaleza garantizan el mantenimiento de lo que no es más que una estructura piramidal.

Lo que ocurre es que el capital también conoce que como consecuencia de que el valor de estas acreditaciones es muy superior a su valor real, su patrimonio esta inmerso en un proceso insostenible. Y para exorcisar esta incidencia su penúltimo recurso está siendo el de superar esta insostenibilidad eliminando la representatividad que posee el dinero físico.

Entre la multitud de datos que es dable reseñar como consecuencia de la instauración de este tipo de dinero digital se encuentran los siguientes:

a) Si con la imposición de intereses negativos al capital ocioso se favorece la inversión y consecuentemente la reactivación de la economía, con la completa digitalización del poder adquisitivo podría obligar a todos sus depositantes a tener que gastar más allá de lo que como ahorro hubieran tenido en sus cuentas. Es decir, habrían perdido su potestad para ejercer un dominio sobre aquello que económica y socialmente hubiera de pertenecerles. Sería una proyección corregida y aumentada de lo que actualmente sucede cuando en función de las facultades que a sí mismo se atribuye el Poder entra a saco en las cuentas para cobrar un impuesto una multa o una exacción. Pero esto, como podremos ver más adelante sería tan sólo un supuesto que se completaría con la concurrencia de otros factores que contemplaremos con posterioridad. Esta hipótesis no podemos asumirla como aceptable.

b) Habiéndose convertido la banca en la gestora de los fondos en ella depositados, ésta habría adquirido la potestad de impedir o cuestionar el pago de aquellas adquisiciones que el Capital que es el que (a través de la banca y los gobiernos) verdaderamente detenta el Poder, considerara procedentes. Un sueño fascista que debido a nuestra pasividad ovina lo tenemos a la vuelta de la esquina.

c) Pero lo que con mayor incidencia afectará a lo que haya de ser esta sociedad en el futuro, tanto económica como moralmente, lo tenemos en el imperio que tendrá el Capital para a través de los partícipes anteriormente mencionados hacer comunero de todos sus expolios a la mayor parte de la humanidad. Con ello me refiero a la desaparición del dinero físico. Haciendo que todas las transacciones que se hayan de efectuar sean de la misma naturaleza que lo que como patrimonio carece de representatividad fáctica. Eliminando la representatividad adquisitiva de los medios de cambio físicos y generando la utilización de unos medios digitalizados que al estar sometidos a y regulados por una personificación del capital como es la banca, a través de las manipulaciones que en ésta se llevaran a cabo se estarían superando todas las determinantes que se establecen con lo físico. Porque ¿cómo podremos mantener la medida de depósito de valor que es una de las tres funciones que han de caracterizar al dinero fiat si éste ha de estar representado por un medio digitalizado que por su utilización será virtual? ¿Qué es lo que ocurre en la actualidad cuando un banco, más allá de su efectivo en caja, concede un crédito que tiene como contrapartida en su balance exclusivamente el débito que ha contraído su acreedor? ¿No está incrementando una capacidad adquisitiva que hasta que no sea reintegrado no se corresponde con la existencia de las riquezas que esta capacidad estaría comandando? ¿No es cierto que con estas acreditaciones - a diferencia de la creación de un dinero fiat que esté relacionado con el incremento del PIN -, independientemente de sus connotaciones positivas, se está atentando contra la medida de depósito de valor que el dinero supuestamente debería tener?

Atendiendo a los argumentos que sostiene Warren Mosler; según los cuales y en total desacuerdo con la TMM postula que tanto el desempleo como la retraída demanda agregada en los EE.UU. podría superarse a través de la potestad que tiene la Resera Federal para imprimir medios de cambio de una manera ilimitada, (amén de sugerir que los tipos de interés a los que se debería financiar a la banca deberían ser de forma permanente el 0%), creo entender que en el universo de los economistas (utilizando un término empleado por Paul Samuelson) hay tantos "cranks" como desnortados hay entre los académicos y grúas existen en el muelle de Rotterdam.

Resulta incomprensible que su visión no vaya más allá del argumento de que "los impuestos no son una herramienta para pagar las deudas o incluso para hacer frente a los desembolsos corrientes, sino la palanca con la que cuenta el Estado para retirar dinero de la circulación y enfriar la demanda" Es decir, los impuestos son tan solo el antídoto con el que controlar las toxinas que se puedan haber generado en la economía debido al resultado de un proceso económico que se habría envenenado como consecuencia de un descontrol de la masa monetaria. Aunque ahora que lo pienso, si tenemos en cuenta las atribuciones que a si mismo se han dado los EE.UU. para a través de la Reserva Federal crear de la nada cuantos medios de cambio les a apetezcan, su incomprensibilidad no resulta tan, digamos exótica. Mientras que el mundo mundial siga aceptando la avenida de una moneda que es el medio de pago con el que se materializan transacciones tan importantes como las relacionadas con las fuentes de energía le acompaña no sólo la lógica, sino incluso la escolta de la fuerza. lo que ocurre es que esta ingente suma no sólo se conforma como un déficit monumental, genera toda una serie de efectos financieros que hacen que lo que se ha creado sea una parte infinitesimal de las operaciones que habiéndose gestado en algo tan etéreo como fue su génesis se ha convertido en una amenaza real.

Y es que sabiendo que la inmensa mayoría de las transacciones económicas que se llevan a cabo no intervienen los medios de cambio, a través de acreditaciones que posteriormente han forjado un entramado que las ha elevado a la enésima potencia lo que se ha transaccionado se ha prácticamente substanciándolo en unos apuntes contables.

En la base monetaria están fundamentadas todas las actividades financieras que se puedan llevar a cabo en una economía. En ella se apoya el total desarrollo las magnitudes crediticias y financieras; y si ésta se ha multiplicado por tres en los últimos diez años fehacientemente nos está demostrando que la mayor parte de estas actividades nada tienen que ver con lo que como poder adquisitivo deberían estar representando.

El problema no escapa a la representatividad que es necesario adscribirle a los medios de cambio; el problema está en que hemos hecho uso de unos artificios que sin desdecir un ápice dicha representatividad le atribuimos una facticidad per se de la que per se carecen. Y la prueba la tenemos en que todo lo que esos apuntes tratan sus detentadores de representar es infinitamente más que lo verdaderamente representan.

Si con los medios de cambio físicos que los ciudadanos utilizan en sus transacciones (así como con los coeficientes de caja con los que de alguna forma se pueden limitar los excesos) la banca en cierta forma esta supeditada a su existencia (ya que incluso con el uso de tarjetas de pago, éste supuestamente tendría que tener como contrapartida la existencia de un depósito), con unos digitalizados se habría liberado de que una parte substancial de sus actividades se vieran constreñidas por la existencia de unos depósitos.

Cuando debido a las reparaciones que los aliados le impusieron a Alemania tras la Primera Guerra Mundial el gobierno de Weimer recurrió al Papiermark (y con él, a la inviabilidad de que éste estuviera representando el valor de cambio que tuvieran las riquezas del país) se produjo la hiperinflación que todos conocemos. Lo que ocurre es que al igual que este gobierno se vio obligado (más allá de su tácita o real procedencia) a crear valor adquisitivo con el que supuestamente satisfacer las exigencias que le estaban obligando, con la creación de unos medios de cambio digitales, que por no estar determinados ni por las restricciones que les imponen unos depósitos como M1, M2 y M3, ni por un control de aquéllos que han de sufrir sus consecuencias, se estaría llevando a cabo la mayor homogeneización que fuera capaz de elucubrar cualquier persona decente. Se estaría equiparando el valor que como depósito de cambio debe caracterizar al cuasi-dinero con el valor virtual que tuviera toda la basura que atesora la banca como consecuencia de su confabulación con el capitalismo. Con lo cual todo el valor especulativo que esta simbiosis de la podredumbre habría acumulado a costa de la cofradía de creyentes que está siendo adoctrinada con las excelencias del dinero digital habría adquirido carta de naturaleza substantivada. Con esto acaecería algo parecido a lo que ocurre con la Reserva Federal norteamericana cuando con la enorme profusión de los billetes que imprime, inunda las economías de los demás estados; y con trozos de papel adquiere lo que como productos y servicios le permite su posesión de privilegio. Y esto, sin ser tenido en cuenta que con este volumen de oferta agregada (amén de la que proviene de su propia falta de competitividad (una situación que ellos mismos han generado a través del neoliberalismo y la globalización), lo que como interferencia en su propio proceso económico no pueden cubrir las empresas con salarios, lo tiene que compensar con enormes subvenciones su Administración. Unas subvenciones que aunque incrementan su deuda exterior, a diferencia de lo que ocurre en otros estados, en función de la situación de privilegio anteriormente mencionada no tiene la misma representatividad con la que a éstos les conmina. En el caso de los demás países esta situación constituiría una simbiosis que al no corresponderse con las riquezas existentes ocasionaría una tormenta inflacionaria que aunque dañosa para unos promotores que tan solo habrían sido propietarios de humo, para los que practican la fe y la esperanza, además de haberles hundido, les estaría mostrando hasta donde acostumbra llegar la estulticia del ovino. Porque lo indiscutible es que le seguirán dirigiendo hacia el hato. No sólo a través de llamadas. Cargando comisiones bancarias a nuestras actuales transacciones bancarias y eliminando gastos a aquéllas que se hacen de manera digital nos cierran y nos abren la puerta del redil. Mientras tanto unos con otros seguimos balando.


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Sin embargo hay algo más allá de lo que ha sido dicho que considero es preciso mencionar. Con ello en primer lugar me refiero a aquella cita que mencionada con anterioridad decía “a tenor de otros factores que contemplaremos con posterioridad, esta hipótesis no podemos asumirla como aceptable” Y es que si a pesar del surgimiento de una contestación que firmemente se opusiera a su implementación, tanto el capitalismo como estos malhechores se empecinaran en continuar estableciendo medidas con las que conseguir eliminar los actuales medios de cambio, a mi entender, el que dispusiera de ahorros en el lupanar bancario utilizaría sus diferentes formas de cuasi-dinero en la adquisición de bienes tangibles de un valor duradero; es decir, no empleados en un proceso económico que estuviera determinado por unas actividades y unos rendimientos que adquirieran una naturaleza digital. En segundo lugar tendríamos el hecho de que si al dinero tenemos que concederle las funciones de unidad de cuenta, depósito de valor y medio de pago, el dinero digital de un país determinado (debido a la falta de control que sobré él tendría que ejercer los afectados) carecería de representatividad en otros países. Sólo a través de la unificación mundial de todas las economías se podría superar esta mutilación en el intercambio comercial. En realidad éstos serían los únicos obstáculos que les impedirían a estos bellacos materializar sus miserables pretensiones.

Con respecto a su última huida hacia delante prefiero no manifestarme. Resultaría tan macabra que sólo podría ser producto de mentes paranoicas. ¿Qué digo mentes? Sería mejor decir estructuras en las que todo fuera estómago.





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La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio sáb, noviembre 26, 2016 19:58:41
.............................. 2015+1 El año del cambio .....................

LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lV)

Refiriéndonos ahora a lo que como tecnología constituye el segundo factor que con su utilización está determinando de forma marginal otra de las contradicciones que concurren en el capitalismo, no podemos dejar de advertir que con ella, las empresas, al estar reduciendo la tasa de empleo obtienen riquezas de una forma gratuita. Lo que ocurre es que con los robots y las máquinas inteligentes se puede estar incrementando nuestro PIB, pero al mismo tiempo no sólo se reduce el consumo que pudiera demandar el sector laboral; se necesita subsidiar a todos aquéllos que han perdido su trabajo. Se habrá conseguido una sociedad cada vez más rica, pero debido a que toda esa riqueza habrá ido a para a los dueños de los robots que la han propiciado, será preciso que el Estado establezca una legislación que amparando un régimen policial carente de autonomía hermenéutica reprima a los que se revelen ante las desigualdades. Es la única forma que al capital tiene para de siempre seguir adelante. Por el hecho de que trata de reducir a un mínimo el tiempo de trabajo que ha de ser abonado está dejando de entender que al ser el trabajo la única medida con la que socialmente se pueden repartir las riquezas creadas, de utilizarse un medio con el cual la mayor parte de la sociedad esté excluida (de no ocurrir lo que mucho antes de este estadio habría de acaecer), se está llevando a ésta a una situación en la que dicha sociedad no tiene salida. Los beneficios que pudiera obtener un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para asegurar el plusvalor que se puede obtener a través del trabajo tendría que ser el propio empresario el que hiciera las funciones del trabajador; que es lo que como fundamento racional se establece en la obra ¿Es posible otra economía de mercado?

Pero es que hay más. Además ocurriría que para impedir que esa tecnología alcanzara una complejidad y autonomía que pusiera en peligro la subordinación que supuestamente hubiera de desarrollar, estas especificidades de lo tecnológico tendrían que ser supervisadas y consecuentemente controladas por unas entidades desvinculadas de la tecnología; es decir, unos seres provistos de una capacidad de raciocinio y al mismo tiempo despojados de la facultad de ejercer el libre albedrío; (algo parecido a la obediencia debida que se exige a los que han de asegurar el mantenimiento del modelo). Para lo cual, o bien se necesitaría recurrir a una elaborada química, o a unas clonaciones a lo Huxley. Porque lo cierto es que a la velocidad y la irreversibilidad con la que está evolucionando la tecnología, en un futuro a la vuelta de la esquina, los algoritmos con los que procesar su desarrollo estarán haciendo uso de tal cantidad de datos que al poder contrastarse necesitarán a alguien que provisto de ese libre albedrío contrarreste las decisiones que se pudieran derivar de la máquina. Algo que obligaría a la bestia (aunque ésta, a pesar de saberlo se niega a aceptarlo), a tener que admitir lo peligroso que para ella es nuestra capacidad de deducir.

En concordancia con lo manifestado en el párrafo anterior, lo más curioso y al mismo tiempo lo más esperanzador de lo que, a través del supuesto contemplado nos habrá de ser dable alcanzar es que en lo que ha sido dicho tenemos la manera de poder soslayar su rigor. Y es que como ha sido mencionado el factor principal con el que el Capitalismo ejerce su imperio es el control. El control con el que fiscaliza y verifica las actividades de todos los que se hallen fuera de su esfera. Mientras que los de abajo nos encontramos controlados a través de la tecnología, los de arriba supervisan e intervienen el control; y consecuentemente eluden sus funciones. Pero el control se le está escapando de sus garras. Por muchas pseudos leyes con las que sus lacayos le quieran amparar, le habrá de acaecer lo mismo que ocurrió cuando se inventó la imprenta. A pesar de las leyes y las quemas de libros, la expansión del conocimiento fue y es tan imparable; como lo es la de la tecnología. Sobre todo si tenemos en cuenta que, como ha sido anteriormente señalado, para llevar a cabo ese control, el Capital necesitará de la colaboración de los de abajo. Incluida la de aquéllos embridados por la “obediencia debida”; es decir, el control tendrá que ser ejercido por unas entidades extrañas a lo que por su naturaleza está representando el Capital.

Por último hay que sacar a colación otra de las derivadas que dimanan de la utilización de la tecnología. Con ella me refiero a que si asumimos que para ser competitivas las empresas tiene que reducir de una manera relativa los gastos laborales con respecto a inversiones en innovación tecnológica; en función de esta busca de competitividad cada vez ha de ser mayor la diferencia que haya de concurrir entre los costos salariales y las inversiones en nueva maquinaria. Es decir, el ritmo de incremento en inversiones industriales tendrá que ser mucho más rápido que el invertido en mano de obra. De todo lo cual hemos de deducir que si la única fuente de beneficios proviene del trabajo, si la inversión en tecnología aumenta relativamente más que la fuente de donde provienen los beneficios, el ritmo de la obtención de éstos (como estamos viendo desde hace varias décadas) tiende a ralentizarse.

Por otra parte, cuando se compara un incremento puntual del PIB con el número de trabajadores y las remuneraciones salariales que éstos han recibido en su elaboración, el aumento de la productividad es un concepto extraño a lo que se trata de pontificar cuando se toma aquel incremento como la demostración de las diferencias de naturaleza positiva que han concurrido entre dos PIB consecutivos. La verdadera productividad, es decir, la que ha de ser considerada como un producto social seguiría incrementándose si se tomara como un resultado que dimanara de un trabajo asalariado asistido por una mayor tecnología. Lo que ocurriría sería que en un modelo en el que lo social es completamente secundario para seguir manteniéndola se precisa reducir la participación de los asalariados. Con lo cual la productividad sólo está al servicio de los que poseen los medios de producción y distribución. Lo único que ésta nos viene a demostrar son los por qué que justifican las diferencias que concurren entre el 1% y el 99%

La tercera medida que las empresas utilizan para superar las disfunciones que concurren en una economía en la que lo producido no se corresponde con lo distribuido es la exportación. Lo que ocurre es que como ya le expuse a un destacado economista de este país, cuando con una estructura relativamente menos desarrollada los salarios son bajos (como acaece en aquéllas en las que sus empresarios no van más allá de utilizar esta medida para ser competitivos), y en cierta forma su endémica menor capacidad adquisitiva conlleva la existencia de unos precios que son relativamente inferiores a los existentes en economías más desarrolladas, la exportación comporta una diferencia entre el poder de adquisición de las mismas que se traduce en que al tener en otros mercados un mayor precio los bienes producidos, la diferencia de poder adquisitivo en estos últimos les permite adquirir en el menos conseguido una parte substancial de lo que sean sus riquezas. Como ha ocurrido siempre con las colonizaciones. Es algo parecido a lo que sucede con el cuarto factor que dimana de las disfunciones que concurren en un modelo que busca una salida en lo que ha sido denominado como la “descentralización de las empresas” Una planificación a través de la cual se utiliza la relativamente menor capacidad adquisitiva que en función de sus salarios concurriría en otros mercados para con el producto en ellos fabricados hacer uso del mayor poder de adquisición existente en el mercado de la empresa matriz.

Una vez llevada a cabo esta analogía considero necesario seguir ahondando en las secuelas que esta deslocalización de empresas comporta. Entre ellas podemos citar las siguientes:

Una búsqueda de beneficios a través de inversiones en otros mercados en función de que los que le es dable obtener en el propio progresivamente se está reduciendo. Sin ninguna consideración de que las inversiones que estas empresas sustraen de sus propios mercados no solo las han obtenido en el suyo propio, no solo que al hacerlo están empobreciendo aquel enclave en el que se forjaron, sino que además dejan en el paro a los artífices de esta forja.

Enmascaramiento de los beneficios y domiciliación de éstos en aquellos lugares menos gravosos para la imposición de gravámenes; cuando no una cuasi completa ocultación a través de una ingeniería financiera.

Al esgrimir permanentemente una amenaza de desplazarse a otros mercados, las grandes empresas (que son las que verdaderamente ostentan el Poder; y no los monaguillos que dicen estar representándonos), condicionan la política económica (y con ello me refiero no sólo a la impositiva), que se haya de hacer en el país. Esto, más allá de las coacciones que éstas ejercen sobre los que supuestamente deberían estar legislando lo observamos en su disposición a acoger en su buche a los que anteriormente estuvieron defendiendo y justificando sus desmanes. Esto es algo que vemos en la zorra que fue raptada y seducida. En esa cuadrilla de facinerosos que en la defensa de los poderosos no sólo han sumido en la miseria a millones de familias, sino además completamente destruido aquel espíritu de unión y de fraternidad que inserto en el himno con el que tratan de esconder sus miserias evocamos en aquella incipiente comunidad del carbón y del acero.

Una destrucción de un sector productivo que más allá de la contención de los precios se estaría personificando como un descenso de las inversiones, una consecuente desindustrialización (como especialmente ha ocurrido en los UEA); un incremento del ejército de parados que o bien tienen que ser subvencionados o emigrar a otras economías en la busca de un puesto de trabajo; una búsqueda que de ser llevada a cabo en el país en el que dicho desafuero se hubiera producido (exceptuado en aquellas empresas que por sus peculiaridades técnicas no se encontraran determinadas por una desigual competencia), se tendría que materializar a través de la prestaciones de unos servicios que por su naturaleza no estarían aportando a la economía un valor añadido que fuera tangible.

Un déficit en la cuanta de capitales de las balanzas de pago con el exterior que como consecuencia de los desequilibrios existentes en sus cuentas corrientes tendrían que ser compensados con un endeudamiento que últimamente se ha descubierto que hay que contrarrestar a través de recortes. Es lo que ocurre con una globalización que al estar al servicio exclusivo de las grandes empresas, por el poder que ejercen sobre los monaguillos son las únicas beneficiarias de engendros como el NAFTA, el TTP, el fallido TTIP, el malparido CETA y el felizmente el abortado ALCA. Con la globalización acaece lo mismo que con la conformación de la supuesta unificación de Europa. Los lobos, según Hobbes (a pesar de lo que traten de vendernos), no entienden de unificaciones. Los lobos, a menos que aparezca una pantera que sin entender de sus aullidos, según este filósofo los mantenga at bay, seguirán predando en una sociedad a la que consideran un pseudo cadáver hibernado. La unificación es imposible en tanto en cuanto existan unos subjetivismos que nos estén controlados. Unos subjetivismos que nos han llevada a la conformación de bloques no sólo económicos, sino en función de la incidencia que se deriva de la economía, a la estructuración de una geoestrategia que potencialmente nos está abriendo el camino a pasar de la penúltima, a materializar (o mejor sería decir, a inmaterializar), la última huida hacia ninguna parte.

Como quinta medida que entretanto lleva a este modelo a buscar esta salida fue inventado el establecimiento de unas acreditaciones con las que desplazar hacia el futuro las diferencias que en el presente concurren entre la producción y la distribución del sistema capitalista; pero esto es algo que por lo basto de la trayectoria que hay que recorrer, para mostrar sus consecuencias posponemos para el siguiente artículo.



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La penúltima huida

La huidaPostado por degregorio dom, noviembre 20, 2016 21:16:28
.............................. 2015+1 El año del cambio .....................

LA PENÚLTIMA HUIDA HACIA NINGUNA PARTE (lll)

Al iniciar la tercera entrega de esta serie, considero necesario mencionar que debido a que las contradicciones que se generan en el modelo de economía de mercado capitalista han sido divulgadas a través de unos análisis que por su naturaleza no han llegado a una gran parte de la ciudadanía, sin obviar la representatividad que en un estudio serío hay que imputar a esta metodología (sobre todo si estos análisis son objetivos), considero pertinente hacer uso de unos gráficos que aunque no ajustados a las realidades que se dan en un proceso vivencial (y por tanto son exclusivamente indicativos), permitan asumir lo que en función de su manera de abordar dicho estudio no ha logrado motivar a esa mayor parte de los ciudadanos. En este contexto y con el fin de propiciar una mayor motivación a este abordamiento, saco a la palestra dos conceptos que al formar parte de nuestra cultura sociológica y conformar los fundamentos que deben caracterizar a toda economía, espero sirvan para materializar este objetivo: “la búsqueda del beneficio” y “la substantivación de la propiedad privada”

El gran problema que hace que esta economía no se desarrolle de la forma en la que debería hacerlo no se encuentra en abrogar la funcionalidad de una búsqueda de beneficios que son el leit motiv de una actividad económica (como ha quedado demostrado en los regímenes totalitarios); ni tampoco en la substantividad de una propiedad privada que es expresión del resultado que hayamos obtenido a través de la busca de unos beneficios. El gran problema está en la utilización que le damos a estos dos fundamentos de la economía.

Una vez aceptadas estas premisas podemos constatar que la causa por la cual en las economías de mercado se prostituyen tanto la representatividad de la búsqueda del beneficio como de la substantividad de la propiedad privada se encuentra en que una propiedad que vaya más allá de lo que debe ser una seguridad que trascienda al tiempo, está condicionando tanto la posibilidad de que esas substantividad puede ser potencialmente disfrutada por otros, como la derivada de que la búsqueda del beneficio que puedan obtener los que no hayan accedido a la consecución de esa propiedad lo tengan que alcanzar exclusivamente a través de los salarios.

En consecuencia y asumiendo los hechos, recurro a un gráfico que (como el representado por la Fig.1), recoge una parte cardinal de nuestras relaciones económicas.



Con independencia de otros factores que como los señalados en la figura 1 como A,B,C,D,E y G, los agentes que primigeniamente intervienen en un proceso productivo son las materias y la labor realizada para que éste pueda ser llevado a cabo. Y digo “primigenio” porque el ahorro, la inversión y sobre todo la acumulación constituyen factores que derivados de los resultados obtenidos de un proceso de creación de riquezas, no constituyen partes privativas de lo que por su génesis pueda sea esta creación. Tanto el consumo, los ahorros, la inversión, la acumulación e incluso los gravámenes que se le hayan impuesto a este proceso son derivadas de su materialización; y por tanto, aunque haya que tenerlas en cuenta en su desarrollo, al ser marginales, tan solo nos están demostrando los por qué en una economía en la que lo creado sea fruto de la obtención de un beneficio que ha sido conseguido más allá del factor que primigeniamente lo hizo posible, es una economía en la que los fundamentos que deberían avalar a una propiedad privada que está condicionando aquello de lo que surgió, ha perdido una gran parte de su predicamento.

Y para demostrar gráficamente lo que ocurre en esta economía de mercado vamos a hacer uso de otro gráfico en el que como el que se describe en la Fig. 2, de no ser por las derivadas que posteriormente se habrían de producir, nos muestra lo que supuestamente habría de ocurrir cuando siguiendo el espíritu del capitalismos manipulamos lo que el capital considera un factor de producción. Concretamente los salarios:



Sin pretender ajustarnos a la realidad, si observamos los espacios ocupados por estos sectores (incluso asumiendo un imaginario incremento del PIB), con una reducción de los salarios podrían ser deducidas las siguientes consecuencias:

Las empresas se habrán hecho más competitivas con respecto a las ubicadas en el Exterior; pero sólo en lo que se refiere a este sector. En el Interior lo que se habría alcanzado sería (G) una reducción de la capacidad adquisitiva de la población; lo cual conllevaría una desaceleración de la demanda interna que en lo que se refiere al anteriormente mencionado hipotético incremento del PIB estaría siendo compensada por el aumento de las exportaciones. Un incremento de los beneficios (B), representados en ahorro, acumulación o inversión potencial o real que habría sido logrado a tenor de haberle reducido (H) los salarios a aquéllos que llevaron a acabo este incremento.

A este respecto hemos de recordar que si la búsqueda del beneficio es uno de los dos factores fundamentales en los que se debe apoyar toda economía, el proceso que se materializa con esta política económica (en función de que la única búsqueda del beneficio que el obrero tiene, si podemos llamarla de esta forma es la que se substantiva en los salarios), constituye un latrocinio avalado por la substantividad del segundo factor en el que se debe apoyar cualquier economía: la propiedad privada. O mejor dicho, la utilización de una propiedad que condiciona la naturaleza de los beneficios que pueden obtener los trabajadores.

A mi entender, como expreso en la obra “Es posible otra economía de mercado?, “la actividad racional del individuo se mueve por la identificación que en él suscita lo que puede ser aprehendido. Sin embargo, esta racionalización, al pretender trascender en el tiempo, incorpora al proceso un componente que perturbando la interinidad que debiéramos asociar a dicha identificación, va más allá de lo que ésta debería estar representando. Se está ejerciendo sobre ella una injerencia de naturaleza posesiva.

A mi entender, de la misma manera que somos capaces de considerar un bien y, reflexivamente pretender resolver su bondad “anexionándonoslo”, es dable conseguir que esa concienciación que nos identifica con el mismo podemos despejarla, si la proyección que en el espacio y en el tiempo representa, la sabemos encauzar de forma que en sus efectos desempeñe una influencia exclusivamente temporal. Estimo que la tendencia hacia la posesión, esa sempiterna inclinación en la que todos estamos implicados, podemos controlarla, siempre que la tengamos que asumir como algo utilizable; algo que al fundirse en nosotros en su uso, unifique y armonice nuestra realidad con la realidad en la que tengamos que desenvolvernos.”

Una vez sacados a la palestra dos elementos tan fundamentales en toda economía como son la búsqueda del beneficio y la substantivación de la propiedad privada, considero necesario mencionar el por qué, debido a las derivadas que se recogen en la figura 2 (como son una reducción de los costos laborales y un aumento de los beneficios, ahorro y acumulación de los no asalariados), este proceso nos lleva a una situación que no tiene salida. Y para hacerlo, nada mejor que volver a observar lo que ocurre en el transcurso de las operaciones que se llevan a cabo en esta economía.

Sabemos que ante una disminución de la demanda y la subsecuente exigencia de contender por una cuota de mercado que obliga a las empresas a ser más competitivas, las soluciones que subyacen en esta economía mal llamada de libre mercados son por una parte , como ha sido mencionado con anterioridad, reducir los salarios y por otra, invertir en una tecnología que permita una menor utilización de mano de obra; exportar a otros países la producción que por falta de capacidad adquisitiva no sea demandada en la economía local; contrarrestar la disminución puntual de la demanda de consumo a través de una expansión del crédito que permita al solicitante llevar a cabo un consumo presente endeudando su futuro o el de aquéllos que las leyes determinen como responsables subsidiarios; conformar mega empresas que por su poder de compra y su logística de distribución expulsen del mercado a las de menor capacidad de satisfacer las demandas de los consumidores; descentralizar las empresas a lugares en los que los salarios sean de miseria; y por último, a través de un proceso de financiarización, conseguir reproducir los beneficios de una acumulación improductiva en función de una especulación completamente extraña a lo que debe ser considerado como una economía; una acumulación que sin generar riqueza e imposibilitando su propio desarrollo no es más que una guerra entre los que detentándola hace que unos simplemente pierdan para que ganen otros. En todos estos casos se generan unas situaciones que afectan al desarrollo de la economía. En los cuatro primeros, debido a una disminución de la demanda agregada derivada a una menor capacidad adquisitiva del sector laboral ; en el quinto, como consecuencia del incremento de los demandantes de un puesto de trabajo que habiendo sido expulsados del mercado como pequeñas empresas, o bien aumentan el número de los que buscan un puesto de trabajo, o se han de organizar como autónomos al servicio y provecho de las grandes empresas; en el sexto, convirtiendo a los trabajadores en una suerte de parias que, como una denuncia a lo pomposamente establecido en los artículos 35, 40, 41, 42 y 43 de nuestra accidental Constitución los ha convertido este modelo en unos suplicantes que ni siquiera tienen el delirante derecho de ser explotados; y por último, en el séptimo lugar, por medio de una metodología que siendo totalmente extraña a la naturaleza del proceso productivo, incrementa exponencialmente los problemas que con la penúltima huida hacia ninguna parte se ha pretendido superar.

Hemos tenido épocas en las que estos problemas y contradicciones fueron parcialmente eclipsados por el comportamiento keynesiano que desde la segunda guerra mundial hasta la llegada al poder de los dos gobernantes más nefastos que han protagonizado lo que como neoliberalismo ha venido imperando en el mundo occidental en las últimas décadas; lo cual nos obliga a tener que advertir que como todas las consecuciones que les podamos arrancar al capitalismo están fundamentadas en el poder de coacción con el que se las podamos imponer (como ocurrió con la representatividad que para Occidente encarnaba la URSS), cuando este poder desaparece volvemos a encontrarnos en el punto de salida. Ocurre que con este comportamiento keynesiano se reducen los buscados beneficios (o lo que viene a ser lo mismo, la rentabilidad de las empresas). Y esto es un atentado contra el primero de los puntales básicos que sostienen a cualquier economía. Lo que sin embargo asimismo acaece es que la rentabilidad de las empresas se encuentra a su vez sometida por los resultados que se derivan de otra de las contradicciones que patógenamente determinan la existencia del capitalismo; una acumulación de beneficios que socialmente cuestiona el segundo puntal de esta economía: la propiedad privada. En consecuencia, volviendo a hacer uso de aquellas siete derivadas que se generan en función de la búsqueda del beneficio y de la substantividad de la propiedad privada, vamos a tratar de escarbar un poco más en los fundamentos en los que estas derivadas se generan.

En lo que se refiere a los salarios no creo que sea necesario validar la representatividad que en el proceso productivo tiene el plusvalor. Es tan evidente que considerándolo como personificación de la obtención del beneficio provenido de un desarrollo de producción asalariada, en su materialización se encierra una serie de concausas que son las que determinan las contradicciones que concurren en el capitalismo. No voy a prodigarme sobre el hecho de que a través de éste se producen las modificaciones gráficamente representadas entre las figuras 1 y 2. Y no voy a hacerlo porque como ha sido mencionado en otro lugar, sin la materialización del beneficio no podría existir una actividad económica. Por el momento sólo trataré de sacarlo a la palestra relacionándolo con una de las secuelas que con mayor incidencia lleva a esta economía de mercado a seguir una trayectoria que no puede ser más que una huida hacia ninguna parte. Me refiero en concreto a la inexcusable reducción de la tasa de ganancia. Y para ello nada mejor que hacerlo a través de la utilización de un gráfico en el que, como se recoge en la figura 3 se recogen los gastos en los que se incurre para llevar a cabo un proceso productivo.


Como todos sabemos, independientemente de los gastos fijos que representan la utilización de las mercancías y otros insumos, el relativo a los salarios es el que con mayor ahinco (por considerarlos que pueden ser arbitrados en función de múltiples circunstancias), tratan de reducir todas las empresas. Especialmente en aquellas economías en las que bajo el patrocinio y la tutela de entidades como la CEOE se recomendó por parte de uno de sus dirigentes actualmente encerrado en la cárcel que para salir de cualquier recesión se necesita trabajar más y ganar menos.

Imaginemos ahora que como consecuencia de la robótica y los progresos tecnológicos se hubieran eliminado todos los gastos salariales. A bote pronto los primeros resultados que aparentemente se habrían de producir serían los de haber conseguido una competitividad exponencial, o en su defecto un incremento de los beneficios de igual naturaleza. Lo que ocurre es que, puestos a imaginar, no podemos pretender que lo conjeturado vaya a afectar tan solo a los que lo utilicen. ¿Qué ocurriría (con independencia de que se habría eliminado la capacidad adquisitiva de los que solo tuvieran como beneficios los salarios), si esta reducción del gasto hubiera sido generalizada? Pues que al no haber tenido lugar en la producción un componente del que, como los salarios, no se habría podido detraer la diferencia que concurre entre lo que se hubiera pagado por la labor realizada y el valor que hubiera adquirido en el mercado el producto elaborado, los empresarios estarían compitiendo exclusivamente en función de lo que éstos hubieran tenido que pagar tanto por las mercancías utilizadas como por los gravámenes que estuviera imponiéndosele a la producción. En sus transacciones (como se muestra en la figura 4), sólo estaría interviniendo el valor de unos factores en los que por tener el mismo precio para todos no podría concurrir un beneficio.


En la asunción de que en estas transacciones no se hubiera aplicado una transformación que sólo podría llevarse a cabo por medio de un proceso laboral, los beneficios que obtuviera un empresario serían las pérdidas sufridas por otros. Lo cual nos lleva a tener que asumir que para que estos beneficios no estuvieran directamente relacionados con pérdidas, éstos tendrían que estar fundamentados en la bendita situación de que el trabajo personal que el empresario hubiera aplicado a lo que siendo un valor añadido y un incremento de lo producido fuera transaccionado. Lo cual a su vez nos viene a reafirmar que el trabajo es la única forma de lograr un beneficio que por haber sido una consecución real es completamente extraño al beneficio especulativo.

Unos bajos salarios no representan la única manera de alcanzar un bajo coste de la producción. Lo que con toda seguridad representan es una menor utilización de infraestructuras que posibiliten la capacidad productiva de los medios empleados; el ingenio y las iniciativas de los empresarios así como la uso de una ponderación responsable del riesgo.

La rentabilidad de una empresa no se puede alcanzar únicamente a través de una reducción de los salarios; ¿pero puede lograrse con la robotización y las innovaciones tecnológicas cuándo lo que éstas conllevan es una menor necesidad de mano de obra?

Aparentemente sí. Es la única respuesta que tiene el capitalismo para salir del callejón sin salida en el que él mismo se ha encerrado. Y sin embargo algo marcha mal con este posicionamiento. Y es ¿por qué desde que se empezó a hacer un uso intensivo de las innovaciones tecnológicas la tasa de ganancia de las empresas se ha ido reduciendo año tras año?

¿No será quizás porque si como ha sido señalado con anterioridad un verdadero beneficio sólo puede alcanzarse por medio de la parte no abonada que como plusvalor se obtiene en una producción asalariada, con el progresivo empleo de las innovaciones tecnológicas se están reduciendo las posibilidades de obtener plusvalor?

¿No representa esto que la única manera de encontrar una salida (como se establece en la obra “Es posible otra economía de mercado?), es asumiendo que el beneficio tendrá que dimanar exclusivamente del trabajo que invistamos de una manera personal en aquello que haya de producirse? O lo que viene a ser lo mismo, en una economía en la que el empresario y el trabajador sean la misma persona?





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